Violentas protestas y discursos encendidos dan cuenta de la explosiva irrupción de la generación “Cristián Cuevas” en el movimiento sindical chileno. El dirigente, que surgió a la luz pública a raíz del conflicto con Codelco, forma parte de un núcleo que amenaza la estabilidad de industrias tan importantes como la minería, la forestal y la salmonicultura.

  • 11 marzo, 2008

Violentas protestas y discursos encendidos dan cuenta de la explosiva irrupción de la generación “Cristián Cuevas” en el movimiento sindical chileno. El dirigente, que surgió a la luz pública a raíz del conflicto con Codelco, forma parte de un núcleo que amenaza la estabilidad de industrias tan importantes como la minería, la forestal y la salmonicultura. Por Cristián Rivas N.

El mundo sindical chileno está cambiando.Una nueva generación de dirigentes, más jóvenes y con un claro acento activista, ha conseguido posicionarse al interior de varios sectores productivos, de la mano de un discurso tan radical como efectista y, por lo mismo, atrayente para los medios de comunicación masivos.

Su estandarte, a viva voz, es la radicalización de los conflictos y están dispuestos a todo con tal de lograr sus objetivos. Son varias las empresas que han enfrentado movilizaciones y huelgas bajo este nuevo concepto, con imágenes que los canales de televisión no se han cansado de transmitir y en los que han predominado enfrentamientos con Carabineros, destrozos en la propiedad privada, tomas de carreteras y quemas de vehículos.

Es la generación “Cristián Cuevas”, como muchos en el sector privado la describen, haciendo alusión al “pionero” de esta camada. Jóvenes dirigentes de 30 años, que no vivieron la derrota de la Unidad Popular ni protagonizaron la caída del régimen militar; que son críticos de la economía liberal y que no están satisfechos con la operación del actual modelo democrático.

Cuevas (39) adquirió fama en 2005, cuando comenzó su campaña por el trato que Codelco otorgaba a los trabajadores de empresas contratistas, exigiendo para ellos un bono de 500 mil pesos, entre otros beneficios justificados –a su juicio– por el alza en el precio del cobre. Tras varios meses de disputas, lo consiguió. Incluso creó un movimiento tan grande, que la Confederación de Trabajadores del Cobre (CTC), que formó y sigue dirigiendo, ya cuenta con más de 20 mil trabajadores adheridos: una de las cifras de afiliación más altas del país.

Fue el comienzo de un cambio sindical que traspasó las fronteras de la minería y que hoy tiene instalados a dirigentes similares –aunque todavía no tan reconocidos a nivel nacional– en el sector salmonero y el retail. “Todos ellos, manejados y dirigidos por el Partido Comunista”, como califica en el acto un alto ejecutivo del mundo acuícola, para quien no hay duda de que estas redes continuarán tendiéndose hacia otras industrias, como transporte y forestal. Incluso, el propio Cuevas afirma que también están comenzando a ocupar espacios de influencia en el sector público; específicamente, al interior de las organizaciones de profesores,aunque aún sin cargos relevantes.


Cuevas busca el recambio

Cristián Cuevas explica esta “evolución sindical” a Capital. Recalca que el perfil de los nuevos dirigentes es más instruido que antes y que casi todos son avezados usuarios de nuevas tecnologías, como Internet. El mismo retomará este año sus estudios de Trabajo Social en la Universidad Arcis, donde tiene una beca.

Como la cara más visible de este movimiento, es necesario decir que se inició en las lides sindicales en 1997, cuando trabajaba para la firma de servicios Sodexho en la división Andina de Codelco. Dice que es hijo del carbón, pues nació en Coronel, y que de ahí proviene su veta sindical.

Su paso por la empresa de alimentación contratada por Codelco culminó en 2003, cuando ingresó a una empresa de comunicaciones, también colaboradora de la estatal. Fue en 2004 cuando encabezó las primeras movilizaciones de contratistas en esa división, incluyendo el bloqueo de la carretera a Mendoza. Al año siguiente surgiría la CTC.

Sin tapujos ni rodeos plantea que su opción personal es validar acciones de fuerza como mecanismo para alcanzar mejores condiciones laborales. Por eso, ha apoyado varios movimientos que se han ido generando en otros sectores. Se le vio en conversaciones con los dirigentes sindicales de Celulosa Arauco el año pasado, y en enero de este año comenzó a reunirse constantemente con líderes del salmón. Sin embargo, dice que no los lidera y que sólo les ha brindado apoyo y un poco de asesoría, aprovechando la cercanía que tiene con varios de ellos a través del Partido Comunista.

Recalca que ahora su meta es más amplia. Que aspira a tomar otros caminos en el mundo sindical y, en una de esas, también en el político, en su calidad de militante activo del Partido Comunista. Aunque por ahora no quiere revelar sus próximos pasos, está preparando el terreno para la aparición de sus sucesores en la CTC, entre los que sobresalen Manuel Ahumada y Julio Araya, de las divisiones El Teniente y Ventanas, con más o menos su mismo perfil y edad.

Salmones controvertidos

Marcaron la tónica de las protestas sindicales a fines de 2007 y comienzos de este año. Dirigentes jóvenes exigiendo, con medidas desproporcionadas, condiciones laborales a una industria que ha traído un auge industrial y laboral impensado para la zona austral de Chile.

Entre los más conocidos están losen hermanos Juan y Benjamín Teneb –de 33 y 36 años, respectivamente–, que movilizaron un sindicato de 650 socios hasta paralizar las faenas de la salmonera Aguas Claras, empresa de las familias Fischer y Puchi.

Aunque no militan en el PC, son afines a esa colectividad y están muy apegados a los representantes que, por estos días, se han radicado en Puerto Montt. Incluso iniciaron este año una amistad con Cuevas, a quien invitaron a exponer en una de sus reuniones ampliadas.

Estuvieron a la cabeza de la formación del sindicato en Aguas Claras, el más grande de los que existen en la acuicultura, y en sólo siete años han incrementado progresivamente el número de socios. “Hoy se nos toma como un referente”, explica Juan Teneb y añade, tajante, que pelean por sus reivindicaciones, con acciones de fuerza, si es necesario. Entre sus actividades sui generis, se cuenta la organización de una “tallarinata” en Puerto Varas (donde vive la mayor parte de los ejecutivos del salmón), una actividad poco frecuente para este destino marcado por el turismo y la vida tranquila. “En eso somos bien parecidos al sindicalismo de los 70”, añade.

Lo más preocupante en el sector acuícola es que todo indica que el movimiento traspasará las fronteras de Aguas Claras. Teneb reconoce que ya se ha contactado con dirigentes de otras salmoneras, como Marine Harvest, Multiexport y Robinson Crusoe, y que podrían venir movilizaciones muy similares a las que se desarrollan por estos días en el sur. “El temor del empresariado, en general, es que de lo que hagamos y logremos nosotros dependen todas las negociaciones que se vengan en el sector. Somos emblemáticos para el resto”, sostiene.

El retail, cuento aparte

En el retail, Falabella Pro fue el escenario más reciente de un conflicto entre empresa y sindicatos, hasta con una huelga de hambre por parte de las tres dirigentes que comandaban la negociación. Ellas estaban siendo asesoradas por Carlos Cano, personaje que aparece como uno de los ejes centrales en el movimiento que se está generando en esta industria.

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Cano pertenece a una ONG llamada Cetra, fundada hace unos 30 años por un sacerdote francés, pero que sólo desde mediados de los 90 se dedica a asesorar en temas laborales a sindicatos. Su fuerte en los últimos años son las grandes tiendas, trabajando a la fecha con al menos 30 sindicatos de Falabella, Ripley y Paris. El mismo Cano advierte sobre su “perfil negociador”: no son todos los sindicatos de estas multitiendas, pero sí los más duros, explica. Añade que ahora también están introduciéndose a los supermercados Jumbo y Lider.

Cano está detrás de la Coordinadora de Sindicatos del Comercio que ayudó a formar en noviembre pasado y que ya agrupa a unos 7.000 trabajadores. La idea en el corto plazo, relata, es superar los 10.000 socios y están preparando el camino para convertirse en Federación, lo que debería culminar durante marzo y que les traería un mayor poder de negociación.

Se define como simpatizante de la izquierda, aunque no milita en ningún partido. Es historiador con estudios en Paris, y su especialidad es la asesoría laboral en las etapas de transformación de empresas. Trabaja con abogados e ingenieros comerciales y su táctica la resume como actuación en bloque. “Nosotros hacemos coincidir contratos colectivos de distintos sindicatos para actuar más en bloque y así obtener mayor apoyo. No es lo mismo tener tres dirigentes en la calle que 50, de distintos sindicatos y empresas. Hay más efectividad en los logros y respondemos con más energía”, explica.

Cano no es el único asesor en el retail. Cuevas reconoce que también ha sido contactado por algunos dirigentes sindicales de Lider, aunque hasta ahora no ha avanzado mucho por ese camino. “Casi todos los que me han llamado de distintos lados lo hacen porque creen que se puede hacer lo mismo que en la minería. Yo les digo que todo no se puede reproducir exactamente igual. La fuerza de los trabajadores es distinta y por eso me he dedicado más que todo a explicarles criterios de negociación”.

Así como en el retail, también en la agroindustria se está comenzando a evidenciar el surgimiento de un nuevo referente. Según Cuevas, se trata de Erasmo Correa, quien estaría formando una coordinadora de los trabajadores de esta industria.

El PC y las redes

El Partido Comunista es una de las piedras angulares cuando se trata de buscar responsables de este movimiento sindical. Dirigentes de distintas colectividades políticas y de algunas agrupaciones sindicales, además de empresarios, creen que la proliferación de conflictos y su agudización ha estado ligada a la decisión del PC de poner en su agenda el movimiento sindical como prioridad.

Incluso, el partido ha colocado militantes en distintas zonas, que no son dirigentes reales de los sindicatos, para que se sumerjan en estas organizaciones con el claro objetivo de radicalizar las posturas en los procesos de negociación colectiva. Entre los ejemplos está el intento por introducirse en las conversaciones que el año pasado realizó Celulosa Arauco con sus sindicatos.

Otro caso es Andrómaco, donde militantes del partido asesoraron a dirigentes para que en diciembre pasado optaran por votar la huelga; la misma que, finalmente, los dejó muy insatisfechos y con serias disputas internas.

En el último tiempo uno de los rostros más visibles de este esfuerzo es José Ortiz, dirigente de la colectividad que por estos días está instalado en Puerto Montt asesorando a los trabajadores salmoneros, y que también es miembro de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT).

Al interior de algunas organizaciones sindicales explican que la decisión del PC de penetrar en las disputas laborales obedece a una intención política de captar adherentes. Acusan que se financian estos movimientos con dineros que, incluso, provienen de un mal aprovechamiento de recursos públicos, como la adjudicación de proyectos provenientes de distintas instancias que maneja el Ministerio del Trabajo, tales como los fondos de Diálogo Social y de Extensión Sindical. En ellos, la cara visible del Partido Comunista que obtiene varios de estos recursos es el Instituto Alejandro Lipschutz, que se dedica a la asesoría de sindicatos en temas como el fortalecimiento organizacional, la legislación laboral y la negociación colectiva.

En este contexto, las críticas privadas alcanzan al ministro del Trabajo Osvaldo Andrade, a quien perciben como un verdadero promotor de la causa contratista; y no son pocos los que aún tienen en la retina su abrazo con Cuevas cuando culminó la negociación con Codelco. Amigos o no, la mayor parte de los dirigentes dice que aunque pueden tener cercanía con políticos o gente de gobierno, sus decisiones trascienden a estas amistades y que éstas no restringen la capacidad de organizarse y protestar. Porque en la medida que las empresas no atiendan sus requerimientos, no dudan en amenazar con que sus movilizaciones continuarán.

 

 

Andrés Concha. Secretario General de la Sofofa
“Es lamentable que la disposición al diálogo del gobierno se interprete como licencia para cometer ilegalidades”


-¿Cómo ve el mundo privado el movimiento sindical que ha surgido al amparo de estos nuevos líderes?

-Estimamos que han equivocado el camino. Este nivel de conflictividad tiende a frenar el funcionamiento del proceso virtuoso inversión-empleo-educación y capacitación, que conduce al aumento de la productividad y mayores remuneraciones sustentables en el tiempo. La inmensa mayoría de los sindicatos de empresas practica esta otra doctrina, que genera mayor competitividad y, con ello, permite garantizar estabilidad, oportunidades y mejores remuneraciones en los lugares de trabajo.

-Teniendo en cuenta los duros enfrentamientos en negociaciones de la minería, forestal y salmoneros ¿Cree que seguirán conflictos en otras áreas o en una mayor cantidad de empresas?
-Dependerá de cómo se defina el gobierno frente al tema de las negociaciones colectivas. Por ejemplo, si decide eliminar el derecho que tienen los empleadores de reemplazar a huelguistas y modifica el concepto de empresa a fin de fomentar las negociaciones supraempresa, por señalar dos iniciativas que han sido mencionadas, los conflictos aumentarán. Por el contrario, si el gobierno decide poner paños fríos, no patrocina este tipo de iniciativas y promueve un diálogo más técnico con el foco puesto en la productividad, el ambiente se va a calmar.

-¿Qué se está haciendo a nivel gremial para orientar el camino de las empresas, en cuanto a lo que deben hacer frente a problemas del tipo de los enfrentados en Aguas Claras?
-Los problemas tipo Aguas Claras caen en el plano de la ilegalidad y del orden público. Esto no es un área en que las empresas tengan competencia. Sólo los órganos del Estado pueden intervenir. Las empresas están preocupadas en mantener su estabilidad y promover su competitividad y productividad. Por ello, en los últimos años hemos observado un interés creciente en la capacitación y en promover prácticas que generen climas de confianza y compañerismo al interior de las empresas.

-¿Cómo evalúa la actitud del gobierno frente al tema? Hay quienes critican la cercanía de algunos líderes con el ministerio del Trabajo…
-Ante el conflicto de Aguas Claras el gobierno hizo lo correcto al restar apoyo a una toma ilegal y mostrar su disposición a desalojar a los violentistas. El dictamen de la Dirección del Trabajo –que precisó que la pretensión de los trabajadores de realizar una negociación supraempresa era claramente ilegal– fue decisivo. Es lamentable observar cómo la disposición al diálogo que ha promovido el gobierno ha sido interpretada por estos dirigentes sindicales como una licencia para cometer ilegalidades que no conducen a la solución de los problemas, sino que –al contrario– están arriesgando las potencialidades de las empresas; incluso, en algunos casos, su continuidad y con ello, la seguridad de los empleos de sus representados.