La ministra secretaria general de Gobierno desmenuza el acontecer político, la encuesta CEP y el fenómeno Enríquez Ominami

  • 23 junio, 2009

Con una formula menos confrontacional, Carolina Tohá ha venido a renovar las comunicaciones de La Moneda. Un cambio que la población ha reflejado positivamente en las encuestas, pero que ella se toma con calma: “me ha tocado ser vocera de un gobierno que esta en un momento de mucha sintonía con la ciudadanía y eso hace que las cosas sean mas fluidas y naturales”. Por Patricia Arancibia Clavel; fotos, Verónica Ortiz.

Cuando se ha perdido al padre siendo niña, la vida queda condicionada por la imagen del ausente. Seguramente difiere de una persona a otra la intensidad de esa influencia, pero ahí estará siempre, omnipresente. ¿Y por qué querríamos deshacernos de esa compañía fiel, que nada exige, que lo comprende todo, que nos sigue amando más allá de nuestro tiempo y circunstancias?

En Carolina Tohá Morales esta dimensión es manifiesta. Su padre, José Tohá González –al que perdió cuando ella tenía ocho años– fue socio y colaborador activo del diario Última Hora, ministro del Interior y de Defensa del gobierno de la Unidad Popular y amigo muy cercano de Salvador Allende. Pero el dolor de su partida no ha logrado agriar la personalidad de su hija, quien –sin duda– heredó varias de sus cualidades, como la sencillez, la ponderación y visión de mundo ajena a todo tipo de fanatismos.

La ministra secretaria general de Gobierno –primera mujer que ocupa este cargo– nos recibe con naturalidad en su oficina de La Moneda, al día siguiente de conocerse los resultados de la encuesta CEP. El despacho es frío y austero –como todos los del palacio– pero su presencia y varias fotografías de carácter histórico y familiar –que dan cuenta de una vida corta en años, pero larga en experiencias– proporcionan un aire de calidez y femineidad al ambiente.

-Supongo que amaneciste feliz con los resultados de la encuesta CEP…

-En verdad, más aliviada.

-Apareces muy bien evaluada… ¿lo esperabas?

-Yo no me esperaba ninguna cosa, porque mi nombramiento fue muy sorpresivo y no alcancé siquiera a que mi imaginación rodara un poco. Lo que creo que sucede es que a mi me ha tocado ser vocera de un gobierno que está en un momento de mucha sintonía con la ciudadanía y eso hace que las cosas sean más fluidas y naturales. Cuando uno hace vocería y sabe lo que el gobierno quiere priorizar, sabe cuál es su tarea y la hace también menos difícil.

-¿Por qué el apoyo a la presidenta Bachelet que muestran las encuestas no se refleja en un respaldo similar al gobierno ni a la Concertación como alianza política?

-Este fenómeno no es nuevo y llevamos hartos años con esta tendencia. Yo creo que, en el caso de la Concertación, nuestros partidos, todo nuestro mundo político, han puesto una gran cantidad de energía en sacar adelante buenos gobiernos, en hacer muchos sacrificios para que los gobiernos lleven adelante sus programas y hagan bien su tarea; pero no siempre ha habido la misma atención para mirar los partidos por dentro. Quizás eso ha tenido una lógica: proyectarnos como una coalición capaz de hacer un tipo de gobierno que deje a los ciudadanos satisfechos. Esa lógica ha dado sus frutos, pero sin duda ha llegado la hora de empezar a mirar la relación del gobierno con los partidos y del Parlamento con la ciudadanía, porque un proyecto político de largo alcance requiere de todas estas piezas.

-Sin duda, porque el Parlamento es una institución clave para cualquier democracia…

-Y los partidos políticos… para qué decir. Creo importante afirmat esto: el gobierno es exitoso porque tiene unos partidos políticos que lo sustentan y un Parlamento que lo respalda, que procesa sus propuestas y que genera condiciones para hacerlas posibles, y no siempre esto es reconocido. Desde el gobierno, nosotros reconocemos y valoramos el trabajo legislativo que realiza el Parlamento.

-En este plano, ¿qué tan válida resulta la crítica al comportamiento de los diputados que mostró recientemente el reportaje de TVN?

-Ese fue un programa de televisión y como tal hay que juzgarlo. No fue una evaluación sistemática del trabajo del Parlamento chileno. Como programa de televisión, es delicado lo que nos mostró, hay cosas que no son aceptables y deben cambiarse. Creo que a la ciudadanía le genera mucha distancia y eso hay que enfrentarlo y hacer una evaluación profunda en varias cosas. Pero si uno valora el Parlamento en un sentido más integral, es una visión muy limitada. La mirada de ese programa me pareció limitada, porque hay muchos aspectos de lo que hacen los parlamentarios que ahí ni se tomaron en cuenta. Y si uno si quiere ser serio, con un juicio más político, más republicano, tendría que incorporarlos para hacer una evaluación. Yo creo que la situación provocada por ese programa de televisión tiene que ser también una oportunidad para solucionar esas cosas, porque el Parlamento es demasiado importante, demasiado valioso y tiene demasiadas cosas buenas como para que se nos pierda lo que es importante por estos aspectos que son, cuando menos, delicados y cuestionables.

 

 

¿Marco o Eduardo?

-Perdona lo directo, pero pienso que, por motivos generacionales, culturales, valóricos, etc. estás más en sintonía con Marco Enríquez-Ominami que con Eduardo Frei. ¿Qué sientes, qué pasa contigo al tener que apoyar a un hombre que no comparte tu mirada de mundo y es generacionalmente distante?

-Es muy probable que culturalmente yo tenga una historia mucho más común con Marco que con Eduardo Frei. Pero aquí y ahora el problema es otro. De lo que se trata es de cómo enfrentar la política y cómo construir un país que haga las transformaciones, en las que probablemente coincidimos. Pero al decidir cómo hacerlas y cómo tiene uno que actuar para hacerlas posibles, creo que no coincidimos. En cambio, veo en Frei una mirada que es muy representativa de lo que ha sido la Concertación, esto es, una forma de entender el gobierno como una posibilidad de actuar para lograr cambios de fondo que sean sistemáticos y sustentables en el tiempo. La política no es un espacio para hacer lo que a uno le guste o lo que uno quiere hacer, sino para darle al país los cambios que necesita y generar las condiciones necesarias para hacerlos en democracia, con un sentido de país.

-Todos los líderes políticos, dicho en abstracto como lo haces tú, quieren lo mismo…

-En la política hay espacio para muchas cosas. Hay, por ejemplo, espacios para hacer propuestas que busquen ir corriendo la frontera y eso es muy válido; pero gobernar no es sólo eso, va un poco más lejos y, en ese sentido, cuando veo a Eduardo Frei y sus propuestas, yo sinceramente le creo y –precisamente por sus características e historia- reconozco en él la capacidad de hacerlas realidad. ¿Como qué? Como darnos una nueva Constitución. ¿Como qué? Como hacer una agenda de verdad jugada por un cambio en la educación pública que le dé un sitial relevante en la actividad nacional.

-¿El discurso de Marco es demasiado crítico de la Concertación?

-Yo me he sentido muy distante de las cosas que él ha hecho. Específicamente, porque ha puesto toda su energía en criticar de manera muy despiadada y distante a la Concertación. Yo he creído siempre, firmemente, en la necesidad de crítica y autocrítica, pero lo que veo en él no es eso, sino ponerse delante del pandero del desencanto, en lugar de decir: yo soy parte de esto y tenemos que hacer cambios, tengo que hacer transformaciones en mi mundo político. Porque este es nuestro mundo político, el mío y el de él también.

-Frei también ha izquierdizado su discurso y lo ha cambiado en relación al que tenía cuando fue gobierno…

-Bueno, es que ha hecho su trayectoria. No creo que eso haya sido producto de su candidatura. Eso empezó antes, durante todos estos años. Es una persona que ha vivido cosas, que le han pasado cosas y eso va generando en tu vida otras agendas, otros temas, otras miradas sobre las cosas. El mismo lo ha dicho y lo planteó el otro día en el acto del Caupolicán.

-A propósito del Caupolicán, la oposición ha criticado el intervencionismo electoral del gobierno, incluyendo el déficit fiscal. ¿Tienen algún temor de que efectivamente gane Piñera, y por eso están poniendo toda la carne en la parrilla?

-Da la sensación de que la derecha quisiera desconocer el vínculo que hay entre este gobierno y la coalición política que lo sustenta. Y la verdad es que eso no es políticamente transparente y tampoco es lo deseable en una democracia. Al contrario, lo natural en una democracia es que se sepa que el gobierno tiene una coalición detrás y que esa coalición tiene un candidato. Y eso no es intervencionismo ni es algo que sea bueno esconder; por el contrario, es una realidad que debiera estar muy clara y que va a tener su peso. Obviamente, está la decisión de la gente, pero no es lo único, tiene su peso.

 

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-Si hay segunda vuelta, la encuesta señala un eventual empate. ¿Se enfrentarán políticamente de nuevo “dos Chile”?

-A mí no me gusta decir “dos Chile”, porque da la idea de que tenemos un país dividido. ¡No! Yo creo que tenemos un país de una raigambre de centro izquierda muy potente que tiene un sector de derecha muy significativo y eso no implica que estemos divididos, sino que tenemos distintas miradas políticas y para eso tenemos una democracia. A diferencia de lo que ocurría antes, ahora los proyectos de sociedad que representan las candidaturas tienen que incluir al otro y respetar su existencia. Eso lo aprendimos. Ahora, es súper notorio en esta encuesta, y en todas las encuestas, que uno de estos grupos logra construir mayorías y otro no lo logra… y la derecha está muy lejos de conseguirlo. Porque estos empates se dan con una Concertación que tiene un tremendo desorden y así y todo se mantiene el empate. Chile, te repito, es un país que en su mayoría es de centro izquierda.

 

 

Hija de un proyecto

-Debe ser emocionante trabajar en el mismo lugar donde estuvo tu padre.

-La noche anterior a mi nombramiento estuvieron muy presentes el recuerdo de mi papá y las imágenes que yo tengo –aunque no ocurrió acá, sino en el Congreso– del día en que juró como ministro. Reviví la sensación que tuve, a los cinco años, cuando supe que mi papá iba a ser ministro. En eso pensé harto cuando iba a asumir, pensé en mis hijos…

-¿Te identificas con él?

-Yo me siento hija de ese proyecto que fue la Unidad Popular. Creo que hemos hecho un camino que es muy valioso y que para Chile ha sido muy sanador, porque hoy día son tan distintos los caminos por los cuales se puede transitar, y yo creo que los que estamos en la Concertación y que tenemos esa herencia sentimos que ha sido mucho más dificultoso de lo que esperábamos, pero que seguimos rasguñando la misma tierra.

-Pero pareciera que miras nuestra historia reciente con una mirada limpia, sin odiosidad irracional. Tienes, por cierto, un discurso político muy claro, pero como vocera no usas palabras ofensivas ni buscas ponerte al centro de las controversias. ¿Eso te nace del alma?

-Tengo que hacer una interpretación distinta. Yo creo que todo lo que me tocó vivir es algo que uno lleva, es un dolor, pero siempre lo he sentido como la responsabilidad de sacar de esa experiencia algo en limpio. Desde muy chica sentí la opción, la posibilidad de tomar decisiones respecto al lugar que me ha tocado vivir en esta historia. No todo el mundo vive esto de la misma manera y creo que es totalmente válida para otras personas su manera de procesar su dolor. Yo no diría que la odiosidad es lo característico; lo que creo es que no todos han tenido la posibilidad de superar el dolor, creo que hay muchas personas a las que el dolor las atrapó y no les dio alternativas. Las edades son distintas, también las cosas que les tocó enfrentar. Yo hice de ese dolor un motorcito, pero
para otras personas es diferente.

-¿Hay algo del gobierno de la UP que a ti te quede como tarea incumplida?

-Todo lo que tenía que ver con los sueños del gobierno de Salvador Allende son tareas en las cuales hemos avanzado, pero están incumplidas. Tenemos aún un trecho de camino que recorrer. Me siento súper orgullosa y tengo una imagen netamente positiva de lo que hemos logrado en estos años, pero estoy todo menos conforme. Siento que esta sociedad todavía está llena de desigualdades, que todavía está llena de derechos que respetamos a medias.

-¿Qué te parece el proyecto de Piñera destinado a transformar este ministerio en una vocería?

-Primero quiero decir que es bien complicado hablar de este tema cuando uno está a cargo del ministerio. No se le dan con facilidad los argumentos, se puede confundir con la defensa corporativa de mi institución. Pero haciendo esa salvedad, las funciones que se cumplen aquí son importantes en una democracia moderna. Yo diría que ministros políticos no sobran en este gobierno y tampoco tiene asidero el sostener que este ministerio se dedica a la propaganda política. Este ministerio cumple una función comunicacional importante: relaciona al gobierno con los ciudadanos.

-¿Cuántos periodistas trabajan contigo?

-En mi gabinete, cuatro. Pero el tema no es el de los que trabajan conmigo, sino que aquí hay todo un área de comunicaciones que le presta servicios al gobierno en su conjunto, que es parte del ministerio y desde ahí se hacen todos los análisis de los medios, informes, resúmenes, apoyo técnico, campañas municipales ministeriales, políticas públicas para las redes transversales, como es la red de protección social. O sea, funciones muy importantes. Y confundir eso con la propaganda política es tener mala fe.

-¿Qué pasa con el diario La Nación, qué rol cumple?

-La Nación no es parte de este ministerio, es una empresa que tiene su propio estatuto…

-Pero es un defensor irrestricto del gobierno de turno.

-La línea editorial del diario está orientada en ese sentido. Si uno quiere pensar el diario de una manera distinta puede hacerlo, pero eso no está ligado a la secretaría seneral de Gobierno. Es una empresa que tiene su propia ley, normas y que funciona con plena autonomía. Además, tiene en su directorio a miembros del sector privado; o sea, tiene su propia dinámica.

 

 

La cuestión educacional

-Durante las últimas semanas hemos visto intentos por resucitar la movilización pingüina. ¿Por qué sigue el descontento?

-Lo que falta, claramente, es lo que hemos ido logrando en Chile en muchos otros ámbitos: rediseñar nuestras instituciones y políticas, logrando detrás de esos rediseños acuerdos amplios. No ha habido la posibilidad de hacerlo en educación. ¿Por qué? Porque es una materia donde existe mucho ideologismo y apego a fórmulas específicas, y eso hace que en la práctica ningún cambio profundo logre aunar a un número de fuerzas suficientes.

-Lo que piden los estudiantes es la estatización completa.

-Pero hay que leer el mensaje de fondo de lo que ellos están diciendo. Cuando ellos dicen estatización, quieren un Estado que se haga responsable, que alguien responda cuando las cosas están mal, y yo creo que esa pedida de fondo tiene lógica. En nuestro sistema de educación pública actual, hay una irrresponsabilidad total, nadie está a cargo, los directores tienen las manos atadas, los municipios no tienen las herramientas, el ministerio está lejísimos… o sea, es efectivamente una tierra de nadie, sin la responsabilidad y sin el control público claramente definido; y se requiere esa reforma. Otra cosa es cómo hacemos la reforma y cuál va a ser.

-Y qué ha pasado en los últimos 20 años de gobiernos concertacionistas? ¿Por qué no avanzamos más adelante de la fase de diagnóstico?

-La imposibilidad de hacer estas reformas estructurales hizo que el foco se pusiera en otro tipo de reformas, las que eran posibles de realizarse con el cuadro político que teníamos y que eran igualmente necesarias. Con todo, reconozcamos que la educación de hoy no tiene nada que ver con la educación del 90, y en todo sentido: no tiene nada que ver respecto de las condiciones de sueldos de los profesores, tiene otro curriculum, jornada escolar completa, condiciones de infraestructura totalmente distintas, subvención preferencial. No es que estos últimos 20 años hayan sido perdidos. Igual tenemos un problema con los profesores, tenemos un problema con la educación pública, tenemos un problema con la manera en que está estructurado el sistema…

-¿Existe alguna posibilidad de que se cambie o anule el Estatuto Docente?

-Sobre cómo Frei va a abordar el tema del Estatuto Docente, propongo preguntarle a Frei. Pero lo que sí puedo decir es que con los profesores es posible sentarse a conversar. Pero es un trabajo en el cual hay que sentarse a la mesa con voluntad política el primer día de gobierno y seguir una propuesta de transformación. Creo que ellos están conscientes de que el estado actual de las cosas
no es sostenible.

-Para terminar, hablemos del futuro cercano. ¿Todavía quieres ser alcaldesa de Santiago?

-En el futuro voy a seguir en la política, pero es muy probable que una vez que finalice mi función actual le dedique tiempo a cosas académicas. Tengo muchas ganas de organizar mi tiempo laboral en esa dirección, haciéndome un espacio para el estudio, para la reflexión, para la enseñanza. Me encantaría encontrar ese equilibrio. En cuanto al proyecto-sueño de ser alcaldesa de Santiago, no sé si se irán a dar las condiciones para realizarlo, pero si me preguntas qué posiciones encuentro motivantes –porque desde ahí se puede hacer un montón de cosas– la alcaldía es sin duda, un lugar privilegiado.