Sinónimo de calidad, técnica y precisión. Pero también de alma, sentimiento y devoción. Es Sara Baras, una de las principales embajadoras del flamenco en todo el mundo. Una creadora ligada desde pequeña a esta expresión artística y a la que ha contribuido desde su propio baile, las coreografías y la dirección de una reconocida compañía.

  • 16 abril, 2008

 

Sinónimo de calidad, técnica y precisión. Pero también de alma, sentimiento y devoción. Es Sara Baras, una de las principales embajadoras del flamenco en todo el mundo. Una creadora ligada desde pequeña a esta expresión artística y a la que ha contribuido desde su propio baile, las coreografías y la dirección de una reconocida compañía.

 

 

Cuenta la leyenda que el origen del flamenco –no de la expresión artística, sino del término utilizado para denominarla– radica en los bailes que se organizaron para la bienvenida de Carlos I a España. Como era originario de Flandes, se animaba a los participantes con un brioso ¡báilale al flamenco!

 

Verdadero o no, lo cierto es que se trata de una expresión de música y danza que, desde su gestación, integró culturas y que hoy sigue cruzando fronteras, de la mano de artistas como Paco de Lucía, Joaquín Cortés y Sara Baras. Chile no está exento de este embrujo, como lo demostraron el éxito de público de las recientes presentaciones de la bailaora en el Teatro Municipal o, a nivel más masivo, el alto número de academias de flamenco o hasta de gimnasios que lo promocionan como ejercicio corporal.

Algo tiene el flamenco. Será el contacto con nuestras raíces hispanas o los sentimientos que transmiten sus cantantes. O, quizás, su capacidad para evolucionar en el tiempo, mantenerse vigente e integrar en sus coreografías un sinfín de nuevas propuestas. Clave en ese proceso de desarrollo ha sido, precisamente, Sara Baras. No sólo por su indiscutida capacidad de interpretación, sino particularmente por sus dotes de artista integral. Después de todo, ella es bailarina, coreógrafa y directora de su propia compañía, la misma que ha presentado en el país espectáculos como Juana la Loca (del cual el conjunto concretó más de 500 representaciones en todo el mundo) y, recientemente, Carmen.

 

 

Figura multifacética

Decir que el nombre Sara Baras es un palíndromo sería sólo una anécdota en la vida de esta artista vinculada al flamenco casi por lazos sanguíneos. Nacida en San Fernando, en la provincia de Cádiz, Andalucía (la cuna del flamenco), comenzó sus estudios de baile en la escuela de su madre, Concha Baras, también una destacada bailarina que –en compañía de su hija– pisó hace poco tiempo, aunque brevemente, las tablas del Municipal en el marco del espectáculo Sabores, dedicado por Sara a su nombre. “He tenido la suerte desde muy pequeñita de acompañarla a festivales, a escuelas. De repente venía alguien a bailar y me llevaba para que lo viera”, ha confesado la artista.

Muestra de esa admiración quedaba en evidencia en Sabores. “Allí hay una letra, una bulería, que es el tema que yo le dedico a ella. Es muy bonito y dice: Dicen que Cai es la luz, la luz que la vio nacer, y dicen que de una concha quiso Dios dar una rosa, que con la fuerza del viento cada vez fue más hermosa”, contó en una entrevista con la BBC.

A los 18 años, Sara Baras ingresó a la compañía de Manuel Morao, actuó en el festival de teatro flamenco Alhambra 89 en Granada y, ese mismo año, obtuvo el premio “Gente Joven” de TVE. Sería el primero de muchos galardones, como el premio Nacional de Danza, la medalla de oro de Andalucía, el premio Creatividad de la Comunidad de Madrid o el título de la mejor bailaora de 2007, otorgado por la asociación de críticos del flamenco.

Con una fama ya reconocida a nivel mundial, en 1998 debutó con su propia compañía, integrada por ella, siete bailarinas y siete músicos. El espectáculo se llamó Sensaciones, un recorrido por los diferentes palos del flamenco y el primero de la trilogía Sensaciones-Sueños-Sabores.

Carmen, su obra más reciente, fue estrenada en septiembre del año pasado y recogió su particular visión de la historia de la cigarrera de Merimée. Como ya había ocurrido en casos anteriores, la misma Baras protagoniza, dirige y encabeza la coreografía de un espectáculo que, de paso, contó en su elaboración con el aporte musical de Paco de Lucía, Javier Ruibal y José Carlos Gómez.

Pero así como Sara Baras es capaz de desarrollar con éxito tantas facetas como artista, lo mismo de otros aspectos. Por ejemplo, en el mundo de la moda, como broche final en la presentación de la colección de Amaya Arzuaga en la semana de la moda de Londres, o participando en el catálogo de joyas de Cartier.

Por algo en su tierra la reconocen. Es la representante femenina de la danza en una edición limitada de sellos de la empresa de correos de España y en 2002 fue nombrada la Cara de Andalucía para representar a la Consejería de Turismo.

 

 

Todo por el flamenco

“Tengo mi manera de ver el flamenco”, ha dicho la Baras para explicar esa tutela casi integral que ejerce sobre sus obras. Y lo argumenta: “el sello se nota más que en otros espectáculos: la forma, la limpieza, que la escenografía sea tan sencilla, que el efecto sea la cara, un gesto, un paso, el quejío de un cantaor…”.

Y es que para la artista esto del flamenco es mucho más que la integración de un baile y una música en particular. Se trata de una expresión cultural que, de paso, tiene el mérito de unir a España y proyectarse al resto del mundo. Por eso no se cansa de idear nuevos espectáculos, de viajar por el mundo y de completar miles de presentaciones.

Lo decía es una entrevista en el marco del estreno de Sabores: “por un lado, me llena de miedo cuando abres la agenda y hay por delante tal cantidad de trabajo y de proyectos. Pero también te das cuenta de que el flamenco tiene una riqueza tan grande, que pienso que debe haber una manera de unir a los artistas para poder poner al flamenco donde verdaderamente se merece”.

La artista se refiere a cosas concretas, como un mayor apoyo al estudio y la difusión del flamenco. “No hay ayuda. Hay gente muy buena que baila muy bien y que está parada, no tira para delante. Yo no me voy a poner como compañeros míos que, directamente, se van para los políticos. Yo no digo que sea culpa de nadie y tampoco soy quién para decir qué pasa, pero sí me planteo por qué no nos ponemos todos de acuerdo para tirar para delante. Si lo que está claro es que la riqueza que tiene el flamenco, incluso otras artes de nuestro país, no está bien comunicada fuera”.

Pero detrás de estas palabras no hay reclamo, sino pasión. Porque, como ella confi esa, “con el flamenco disfrutamos”, al punto que en espectáculos como Sabores buscó intencionalmente que la alegría superara a la tragedia. “¡Oye, que en el flamenco también hay mucha fiesta y mucha alegría! Yo entiendo que a Mariana Pineda la fusilaron y tenía que morir. Y hay momentos de silencio, súper profundos… pero no hace falta la tragedia. Y te das cuenta de que el público sale y lo ha disfrutado. La gente se emociona, pero de una manera muy alegre. Y la verdad es que refleja todo lo bueno que nos ha pasado en los últimos años”, contó en una entrevista.

Por cierto que ello no resta mérito a sus roles dramáticos, donde también transmite esta emoción y cariño por el flamenco. “Los maestros siempre te lo dicen: disfrútalo, que se va. Y para disfrutarlo, lo tienes que sentir. Hasta cuando interpretas una muerte, tienes que estar disfrutando”, agregó.

 

Ella lo consigue, al punto de recibir la aclamación de públicos tan distintos y variados, como el chino, que en noviembre del año pasado aplaudió de pie la presentación de Sabores en el Gran Teatro de Shangai. “Te das cuenta de que estamos al otro lado del mundo, que es una cultura muy diferente, que nuestros ojitos no se parecen en nada, pero que el que siente, simplemente siente y ya está”, dijo en la oportunidad.

Es la capacidad de integración del flamenco, que en base a puro sentimiento, traspasa las fronteras y llega a nuevos mundos de la mano de una artista integral: Sara Baras. La próxima vez que visite Chile, usted no se la pierda.