Por: Alejandra Mehech, directora de Empresas.

  • 30 agosto, 2019

El mundo está cambiando; hay nuevos ejes de poder en nuestras geografías y economías. El calentamiento global nos está alcanzando (y agobiando). Las nuevas generaciones nos están diciendo que vivirán su vida de una forma distinta a como la hemos llevado hasta ahora y, finalmente, la revolución digital solo nos promete generar un cambio aún mayor.

Hoy vemos que la discusión está centrada en la rebaja en la jornada de trabajo. ¿Menos horas de trabajo?, ¿más flexibilidad en las jornadas laborales? Aún no sabemos en qué va a terminar este tema, pero una cosa es clara: las personas están demandando una mejor calidad de vida y le están pidiendo al mundo del trabajo un nuevo trato que, entre otras cosas, les permita compatibilizar de mejor manera el trabajo con su vida personal.

Llegado a este punto, entonces, tenemos que preguntarnos qué significa esta mejor compatibilización y cuál es el rol que a cada uno de nosotros nos toca jugar. Si lo que se discute es tener más tiempo libre, la gran pregunta es para hacer qué. Algunos dirán que quieren estar más tiempo con su familia, para otros será más tiempo para realizar sus actividades preferidas o bien para viajar o descansar o, eventualmente, para hacer todas las anteriores y aún más. Ahora bien, si parte importante de ese mayor tiempo libre lo dedicamos a nuestros hogares y familias de la misma forma como se han distribuido hasta ahora esas responsabilidades, seguro todos ganaremos, pero aún no habremos hecho el cambio de fondo que se requiere.

Bastante se ha dicho respecto del doble rol que muchas mujeres deben enfrentar en el mundo del trabajo: dueñas de casa, madres, esposas, trabajadoras, etc…No es que a muchos hombres no les toque también desempeñar todos esos roles, pero convengamos que culturalmente todavía muchos de los roles descritos son principalmente abordados por las mujeres. Cuando nos preguntamos porqué no hay mas mujeres en la alta dirección, sin duda lo anterior está dentro del listado de temas que limitan el desarrollo profesional de la mujer. Abordarlo requiere que todos cambiemos; la mujer desde cómo enfrenta este desafío, el hombre desde cómo asume más responsabilidades en este ámbito, la empresa desde cómo entiende la inclusión e implementa nuevas políticas de conciliación, el estado desde cómo impulsa legislaciones en este sentido y, finalmente, la sociedad y su necesario cambio cultural.

En mi vida profesional tuve que enfrentar este dilema y muchas veces me preguntan cómo lo hice con cuatro hijos y, a veces, yo misma me pregunto cómo lo logré. Mirando en retrospectiva hoy puedo decir que aprendí a decir que no y a poner límites en el trabajo, aprendí a pedir ayuda cuando la necesité, aprendí que sola no puedo y que mis redes de apoyo eran indispensables y aprendí que, con trabajo duro, pasión y entrega todo es posible. Pero, principalmente, aprendí que sí es posible lograr una buena distribución de las tareas del hogar y que no necesariamente éstas tienen que darse desde los roles que la sociedad nos ha definido.

He sido una afortunada y, quizás, una avanzada para los tiempos. A lo mejor, la avanzada no he sido yo sino el que me ha acompañado durante mis más de 30 años de carrera profesional, quién no tuvo miedo en asumir roles que socialmente estaban en manos de las mujeres. El llamado es a las mujeres a aprender a vivir mejor con todos los roles que les toca desempeñar, a los hombres a trabajar la necesaria complementariedad que requieren las labores del hogar y a las empresas a generar las nuevas políticas y prácticas que permitan poner en acción lo anterior. El mundo está cambiando, y nosotros, ¿qué esperamos para hacerlo?