En ningún otro momento de nuestra historia los temas de sustentabilidad han estado más presentes que hoy en el quehacer de los negocios. Desde el conflicto mapuche hasta la paralización de grandes proyectos de inversión, pasando por la oposición a malls o arduas disputas respecto a nuevas carreteras, todos son temas que atañen a las […]

  • 28 enero, 2013
The Note

The Note

En ningún otro momento de nuestra historia los temas de sustentabilidad han estado más presentes que hoy en el quehacer de los negocios. Desde el conflicto mapuche hasta la paralización de grandes proyectos de inversión, pasando por la oposición a malls o arduas disputas respecto a nuevas carreteras, todos son temas que atañen a las tres dimensiones de sustentabilidad, particularmente la social en muchos de estos casos.

Sin embargo, para los especialistas, el actual dista de ser un momento dorado de la profesión. Aun siendo un tema transversal a disciplinas y sensibilidades, al igual como lo es la responsabilidad social corporativa, ambas “sufren” la captura de agenda por parte de quienes tienen asociados estos conceptos más a la filantropía, al tándem cheque|premio|foto, que a una forma distinta y necesaria de viabilizar y rentabilizar los negocios.

¿Por qué se produce lo anterior? Una de las razones ha sido la complacencia en métricas “incompletas” de evaluación del performance de sustentabilidad. Otra ha sido la proliferación de circuitos de premiación que tienden a “anestesiar” las urgencias de gestión y a privilegiar la adicción al reconocimiento. Uno puede ser generoso y ver lo anterior como un reflejo del espíritu hegeliano que busca que la conciencia de otros les ratifique el valor que las empresas tienen de sí mismas. Pero también se puede ser más crítico y señalar que los tiempos del “parecer” han quedado atrás y lo que se requiere ahora es trabajar más en el “ser”, como requisito mínimo de presentación ante la sociedad.

Índice de Sustentabilidad Corporativa

El foco de este esfuerzo metodológico está en el performance. Más allá de la declaración de principios que pueda firmar el presidente de una compañía, lo que se evalúa es cómo la empresa enfrenta 26 variables de sustentabilidad con logros específicos en las mismas. Un detalle completo de las variables y la métrica de evaluación está disponible en el primer número de la revista The Note (descarga gratuita en AppStore).

En apretada síntesis, la dimensión ambiental se “clusterizó” en temas de huella de carbono, huella de energía, huella de agua, contaminación, impactos en biodiversidad y uso/reciclabilidad de recursos naturales. El ámbito económico se ordenó según variables de eficiencia y/o diferenciación, con un fuerte eje de la innovación como elemento de competitividad sustentable. Finalmente, en el ámbito social, se ordenó la evaluación por tipo de stakeholder.

Las 26 variables se ponderaron de igual forma. La escala de “notas” varía entre 0 y 5, donde 0 representa el caso en que la variable no se gestiona en absoluto y 5 donde la gestión de la empresa es un referente internacional y genera una posición competitiva favorable. Para construir el eje “100” de performance, se consideró la calificación anterior, 4 (que refleja liderazgo a nivel nacional en una gestión completa de la variable) como base de cálculo.

¿Cómo se obtuvieron los resultados?

Se trabajó con la información pública de las empresas a partir de sus reportes de sustentabilidad o de aquella contenida en sus websites corporativos. Para temas de conflicto con partes interesadas se realizaron búsquedas específicas para identificar brechas entre las declaraciones públicas y lo que se informa en distintos medios de difusión.

Resultados

En la siguiente tabla se resume la posición alcanzada por las 20 empresas con mejor puntaje en el ISC. No se puede hablar de “las líderes”, cuando en una escala normalizada de 1 a 7 ninguna alcanzaría la nota mínima de aprobación (4), pero es claro que hay un grupo de 25-30 empresas en Chile que han avanzado significativamente en los últimos años en su gestión de sustentabilidad y están parcialmente aquí reflejadas.

Les sigue un grupo de 20-25 empresas (el Tier II), que han comenzado esta travesía y son “seguidoras” de las estrategias del primer grupo. Lo preocupante es que la mitad de las 110 empresas consideradas (en general, las de mayor tamaño en Chile), todavía están en una etapa muy precaria de avance en gestión de sustentabilidad y ello ayuda a explicar por qué muchos de los episodios de conflicto en los últimos años no son sólo culpa del “empedrado” o la “judicialización”, sino que de la forma en que estas empresas están enfrentando el cambio de escenario.

Ranking de Sustentabilidad

Conclusiones

Las empresas han avanzado en la identificación de los principales impactos de su gestión directa, pero en lo que se refiere a la responsabilidad extendida (trabajo “aguas arriba” con proveedores y comunidades, y “aguas abajo” con clientes y otras partes interesadas), el balance es aún deficiente. Es más, en ciertos ámbitos de métrica sencilla como es el caso de la huella de carbono, todavía se privilegia comunicar “que se está midiendo” y no reportar progresos concretos de reducción de la misma. Paradójicamente, cuando el discurso ha hecho tanto hincapié en el impacto del aumento de los costos de la energía sobre los resultados de las empresas, esta métrica, que refleja el buen uso de la energía en los procesos productivos, nos muestra que, en la práctica, los progresos de gestión han sido muy modestos. Y eso, a la larga, sólo refleja pérdida de competitividad por responsabilidades propias de las mismas empresas. •••