La presencia –cada vez más fuerte– de inversionistas con respaldo estatal que compran acciones de empresas occidentales ha provocado, en más de alguien, una mezcla de enojo y desconfianza. Pero hay uno que es bien recibido en todas partes: el fondo noruego, del que su par chileno podría sacar algunas lecciones.

  • 15 septiembre, 2008

 

La presencia –cada vez más fuerte– de inversionistas con respaldo estatal que compran acciones de empresas occidentales ha provocado, en más de alguien, una mezcla de enojo y desconfianza. Pero hay uno que es bien recibido en todas partes: el fondo noruego, del que su par chileno podría sacar algunas lecciones.

Cuando el alza en el precio del cobre abrió el debate sobre la creación de un fondo soberano chileno, lo primero que se dijo fue que éste debía seguir los pasos del fondo noruego del petróleo, el cual es visto, no sólo en Chile sino que en el mundo entero, como modelo de transparencia, prudencia y éxito.

Creado en 1990 para evitar que la oleada de ingresos petroleros recalentara la economía de un país con apenas 4,7 millones de habitantes, el Fondo de Pensiones del Gobierno–Global hoy controla 400 mil millones de dólares y tiene presencia en entre 3.000 y 4.000 empresas de unos 50 países; en general, sin superar el 1% de participación en cada compañía.

Cuando se creó, con el nombre de Fondo Gubernamental del Petróleo, se invertía del mismo modo que las reservas cambiarias del banco central local. De hecho, en 1997 se entregó la gestión al instituto emisor noruego y se permitió la inversión en acciones, con una asignación a este ítem de 40% de los fondos bajo gestión y el resto, en bonos del gobierno. En 2000 la entidad agregó cinco países emergentes a su universo de inversión y en 2002 se autorizó que parte de la renta fija se invirtiera en bonos que no fueran del gobierno. Las innovaciones seguirían, el año pasado incrementó su exposición a las acciones de 40% a 60% y este año se autorizó la inversión de un 5% en propiedades, dejando sólo 35% en renta fija.

La forma en que se invierten estos recursos no es un tema menor, dado que todos los recursos generados por el petróleo del país van al Fondo y porque los retornos que obtienen sus inversiones se usan para complementar los ingresos tributarios en el presupuesto, al que aportan casi 40%. Según datos de Norges Bank (el banco central de Noruega), en el segundo trimestre de 2008 el Fondo tuvo un retorno negativo de 1,87%, dato que –obviamente– no permite sacar ninguna conclusión de largo plazo, ya que desde 1997 el Fondo ha generado un retorno bruto anualizado de 4,95% (al restar los costos de administración e inflación, el retorno ha sido de 2,9%).

A la cabeza de todo esto se encuentra Martin Skancke, director general de gestión de activos del ministerio de Finanzas noruego, quien estuvo en Chile a comienzos de septiembre para la reunión del grupo de trabajo de fondos soberanos organizada por nuestro ministerio de Hacienda. El ejecutivo conversó con Capital sobre las experiencias que han dejado estos años de operación del fondo que dirige.


-Con frecuencia se cita como ejemplo al Fondo noruego por su transparencia y sus lineamientos éticos. ¿A qué responden esos lineamientos?

-Los fondos son propiedad del ministerio de Finanzas, pero lo son a nombre del pueblo noruego. En nuestro sistema político no sería aceptable que el ministerio de Finanzas no le dijera a la gente en qué invierte su dinero. La operación de estos fondos refleja y respeta la historia, tradiciones e instituciones de diferentes países. Para Noruega es importante crear legitimidad para el Fondo y pensamos que esa legitimidad sólo puede crearse siendo muy transparentes. Los lineamientos éticos tienen que ver con eso. La gestión del Fondo debe refl ejar valores importantes para la sociedad noruega. Habría sido un gran riesgo para la reputación del mismo si hubiésemos invertido, por ejemplo, en empresas con prácticas inaceptables para nuestros compatriotas.


-Supongo que reciben solicitudes de muchos países que quieren establecer sus propios fondos soberanos. ¿Cuál es la primera recomendación?

-Lo más importante es la política fiscal, lo que supone hacer tres cosas: primero, un buen proceso presupuestario, contabilizando todos los gastos e ingresos y sus proyecciones. Segundo, con base en esta información, diseñar una estrategia de largo plazo para la política fiscal, la que puede o no implicar la acumulación de algunas reservas en el sector gubernamental. Por ejemplo, si uno tiene ingresos muy altos pero temporales y gastos en pensiones muy altos que financiar en el futuro, entonces es probable que sea una buena idea ahorrar algo de dinero ahora. Y tercero, se debe construir instituciones buenas, creíbles, competentes, responsables. Tiene que haber un buen banco central o establecerse una institución competente separada que gestione el dinero, para asegurar que la gestión sea profesional.

Una vez que esos tres pilares están en pie, entonces se puede pensar en establecer un fondo. Un fondo –convengamos– que
puede apoyar la ejecución de una política económica, pero que no es un sustituto para una política económica. Y si uno tiene un fondo mal construído, con normas inapropiadas, gestión poco clara, sin responsabilidad y no profesional, entonces un fondo puede hacer más mal que bien.

-El fondo noruego ya cumple once años, ¿han tenido que corregir algo?

-Hemos hecho algunos cambios de estrategias de inversión, pero no porque lo que pensamos inicialmente estuviera mal, sino porque a medida que el Fondo fue creciendo, nuestra capacidad de tomar riesgos también ha crecido y el Fondo es mucho mayor que lo que pensábamos que sería cuando empezamos.

Además, hemos tenido una aproximación gradual a ciertas cosas. La estrategia de inversión ha cambiado poco a poco para asegurar que uno entienda lo que ocurre y por qué se están haciendo las cosas. Hemos hecho cambios de manera constante: casi todos los años, ajustes en la estrategia de inversión, incrementando gradualmente la distribución geográfica de las inversiones, incrementando gradualmente el tipo de inversiones; siempre, tratando de optimizar.

-¿Ningún cambio estructural?

-No. La estructura original se mantiene; también, el propósito del Fondo: la división de las responsabilidades, el dueño y el gestor…

-¿La gestión de los fondos se hace interna o externamente?

-El ministerio de Finanzas delega la gestión en el banco central, el cual tiene gestores internos y externos. Hoy, el banco gestiona internamente la parte pasiva de la cartera y hace algo de gestión activa. Además de eso, hay mandatos de inversión activa a bancos de inversión privados. En términos de volumen gestionado, casi 80% es administrado por el banco central y 20% por externos, pero en términos de riesgo está dividido casi 50/50. Por lo general, los gestores externos son más especializados, más activos y más riesgosos, 60% en acciones, lo que implica que tendremos una volatilidad en el Fondo de tal vez 10%. El Fondo es grande: casi 400 mil millones de dólares. El 10% es una gran suma, pero para nosotros es una variación normal.


-Si el retorno es negativo, ¿no hay aportes al presupuesto?

-En ese caso sacamos dinero del Fondo. De otro modo, las variaciones en los mercados financieros afectarían la política fiscal año a año, y eso introduciría una fuente de inestabilidad en la economía que no deseamos. Por el contrario, queremos que la economía quede aislada de estas variaciones estacionales, para que haya más estabilidad.


-A raíz de la crisis hemos visto a muchas empresas estadounidenses pidiendo capital a los fondos soberanos, lo que incluso ha llevado a algunos a comentar que estos fondos reemplazarán a Wall Street. ¿Vamos hacia allá?

-No en un sentido literal. Hay que recordar que incluso con el tamaño actual que tienen los fondos soberanos, su valor actual representa tal vez 1% a 2% de todos los activos financieros del mundo, así es que no son tan dominantes en los mercados financieros como las portadas de los diarios hacen pensar. Por lo demás, si estos fondos aumentan su valor, el tamaño del mercado también crece, de modo que si miramos unos 15 años hacia adelante, es cierto que los fondos soberanos serán más grandes que hoy, pero también lo serán los mercados financieros.

 

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-Una vez que la crisis quede atrás y no veamos a los grandes bancos yendo a buscar inversionistas entre los fondos soberanos, ¿perderán visibilidad?

-Es cierto que ciertas inyecciones de capital en instituciones financieras han sido muy visibles, pero hay que decir que cuando los fondos soberanos actúan según los principios de Santiago demuestran su orientación financiera. A futuro, estos fondos seguirán siendo vistos como parte de los mercados financieros internacionales, pero la gente reconocerá que ejercen un impacto positivo en los mercados, ya que suelen tener horizontes de inversión muy largos, una gran capacidad de sobrellevar riesgos, no tienen necesidad de liquidez de corto plazo, están bien posicionados para proporcionar capimientras que la gestión interna es de un tipo de más volumen y bajo riesgo.

-El Fondo maneja el dinero de los noruegos. ¿Qué explicaciones le dan a los ciudadanos cuando los retornos son negativos?

-La manera no es esperar y explicarles después, sino anticiparse y advertirles lo que vendrá, para que estén preparados. Hemos pasado mucho tiempo, sobre todo con el parlamento, que actúa como representante de la gente en este contexto, para explicar lo mejor posible los riesgos en nuestra estrategia de inversión. Hemos elegido una estrategia de inversión con tal en períodos de tensión y contribuyen a la liquidez. Creo que son un tipo de inversión muy positivo y así serán valorados.

 

 

 

  

Datos para Chile

 

 

-Usted está familiarizado con la estructura y los objetivos de los distintos fondos. ¿Hay alguna recomendación que hacer al chileno?

-Creo que el fondo chileno ha adoptado un enfoque sensato, que es muy similar al nuestro, con énfasis en la transparencia, una estructura de gobierno clara, una división adecuada de las responsabilidades, normas que encajan con la política fiscal y una aproximación gradual al desarrollo de una estrategia de inversión. Creo que es bueno que los cambios en la estrategia de inversión se hagan gradualmente… En Chile el superávit es de 6% a 7% del PIB, lo que quiere decir que están guardando mucho dinero en nombre de la gente de este país.

-¿Tiene sentido guardar ese dinero cuando se trata de un país en desarrollo?

-Sí, porque los países, desarrollados o en desarrollo, tienen necesidades que se pueden financiar por esta vía. En particular, en los países menos desarrollados sabemos, por ejemplo, que la educación es la inversión más rentable. Por otra parte, un fondo cuyos recursos provienen de bienes como el petróleo, el cobre o los diamantes es un buen mecanismo para afrontar dos situaciones: primero, que esos recursos son finitos y en algún momento ya no se tendrán, y segundo, que los precios de estos recursos son volátiles, así que se necesita algún tipo de mecanismo para ahorrar cuando los precios son altos y extender el consumo en el tiempo.

Y agrega:

“De hecho, hay países muy pobres analizando establecer estos fondos, porque sus economías simplemente no son capaces de absorber todas estas inversiones en un corto plazo. Incluso si quieren invertir en educación, por ejemplo, uno no puede sólo construir escuelas, porque pueden faltar profesores, y antes de tener profesores hay que educarlos. Así es que a lo mejor hay que comenzar por construir una universidad que eduque a los profesores que eduquen a los niños. Las inversiones en educación en muchos de estos países toman años, y se necesita algún mecanismo para ahorrar el dinero que se tiene ahora. No tiene sentido construir una escuela ahora para cerrarla cuando los precios del petróleo o del cobre caigan”.


-Una especie de seguro…

-El propósito de estos fondos es convertir esta fuente incierta de recursos en una fuente de ingresos perpetua, estable. Para un país desarrollado, la demografía es importante. De hecho, en Noruega estamos experimentando un envejecimiento de la población, así es que necesitamos ahorrar para pagar pensiones.

En muchos países en desarrollo la situación es inversa: tienen una población joven, así que tal vez su prioridad sea invertir en educación. Incluso en los países más pobres es útil un instrumento que permita expandir gradualmente el sistema educacional sobre una base sustentable y asegurar que los ingresos del petróleo, el gas o lo que sea, contribuyan al desarrollo en lugar de introducir una volatilidad que empeora la pobreza. El pobre manejo macroeconómico ha hecho que, al mirar largos períodos de tiempo, países con abundantes recursos naturales crezcan más lento que países sin esos recursos. Y debería ser al revés. Para eso se necesita una visión de largo plazo y eso es un desafío para cualquier sociedad. El año pasado estuve en Bolivia, donde un tercio de la población vive con 1 dólar al día y probablemente allí sería útil que tuvieran algún tipo de fondo que asegure que los ingresos que tienen hoy se gasten de modo gradual. Con todo, para erradicar la pobreza hay que crear ganancias.

 

 

 

La mejor defensa

Desde que se declaró la crisis subprime estadounidense, el año pasado, los fondos de riqueza soberana han invertido unos 75 mil millones de dólares en la recapitalización de algunas de las mayores instituciones financieras del mundo: Citigroup, UBS, Merrill Lynch, Morgan Stanley y Barclays recorrieron Asia y Medio Oriente, sombrero en mano, para reforzar sus bases de capital.

Ahora no pasa un día sin que hagan noticia. Si no es una institución financiera, es una empresa emblemática. A fines de agosto, Siemens, el paradigma de la ingeniería alemana, dijo que estaría encantada de tener a un fondo soberano entre sus inversionistas de largo plazo y que se había reunido con varios de ellos con este fin en mente.

El auge de los commodities los ha hecho más visibles y ha permitido que nuevos países creen fondos, aprovechando la bonanza en sus ingresos y, al mismo tiempo, la turbulencia en los mercados financieros y la caída en los precios de las acciones de las compañías occidentales; sobre todo, en Estados Unidos.

Pero el temor de los gobiernos de los países receptores por la transparencia (o falta de ella) ha atraído la atención y los ha mantenido en el ojo público. Se cree que los fondos controlan activos por entre 2 billones y 3 billones de dólares (millones de millones) y estimaciones de Merrill Lynch y otros bancos indican que podrían llegar a controlar unos 10 billones de dólares hacia 2012. Los países receptores, en especial en Estados Unidos, han insistido en que es importante asegurar que las inversiones de los fondos soberanos estén guiadas por intereses comerciales y no políticos, y han dado señales de querer regular sus inversiones.

De ahí la importancia de los Principios de Santiago, un conjunto de preceptos y buenas prácticas que regularán de modo voluntario la actividad de estos fondos, definiciones acordadas durante la reunión del Grupo Internacional de Trabajo sobre los Fondos de Riqueza Soberana realizado en Santiago el 1 y el 2 de septiembre. Martin Skancke explica que el proyecto se inició en mayo a petición del directorio del Fondo Monetario Internacional y que cada participante en la reunión de Santiago presentará la propuesta a las autoridades de su país para su ratificación. “Esperamos presentar los principios en la reunión anual del FMI el 11 de octubre, cuando se harán públicos”, anuncia.


-¿Cuánto pesó la experiencia noruega en estos principios?

-Creo que recogimos experiencias de todos los fondos, que son muy diversos. En países como Noruega o Chile, el dinero del fondo es propiedad del ministerio de Finanzas, pero el Banco Central actúa como gestor operacional. En otros países, el fondo es una entidad legal, con directorio, y en otros se estructura como firma de inversiones… Y los principios tienen que ser aplicables a todo tipo de fondos. Además, en este campo hay fondos como el de Kuwait, que ya tiene 50 años, y otros (la mayoría) que fueron creados en los cinco últimos años. Todos ofrecieron parte de sus experiencias y reunimos lo que creemos que son prácticas y principios generalmente aceptados.