Alfa remeció el mercado financiero local. Pocos se explican como esta exitosa corredora llegó a la situación de insolvencia y a las acusaciones que hoy enfrenta, incluso desde la misma Superintendencia de Valores. Sus controladores buscan cumplir con todos los compromisos, pero la solución no es simple. Por Lorena Rubio

  • 14 mayo, 2008

 

Alfa remeció el mercado financiero local. Pocos se explican como esta exitosa corredora llegó a la situación de insolvencia y a las acusaciones que hoy enfrenta, incluso desde la misma Superintendencia de Valores. Sus controladores buscan cumplir con todos los compromisos, pero la solución no es simple. Por Lorena Rubio

 

 

A comienzos de mayo, Alejandro Contín Naranjo (64), dueño y fundador de la Corredora Alfa, condujo su Mercedes Benz, comprado hacía sólo un par de meses, hasta la distribuidora Kaufmann, entregó las llaves y volvió caminando hasta su oficina en Apoquindo.

Quizás una señal de que los tiempos no están para lujos. Las fallidas operaciones financieras, por un monto cercano a los 100 millones de dólares, que llevaron a su corredora de bolsa a la cesación de pagos, hacen necesarios un ajuste de cinturón y la búsqueda de nuevos recursos. Por ejemplo, la posible venta de las dos modernas plantas –en piso 4 y 10 del edifi cio– adquiridas el 2000, cuando Alfa dejó su tradicional oficina en el segundo piso de la Bolsa de Comercio e inició el proceso de expansión que la convirtió en la séptima operadora del mercado.

Ingrato y doloroso proceso que tiene a Contin en el centro de la noticia: un lugar que contrasta con su bajísimo perfil público (nunca ha dado entrevistas y no le gusta que le tomen fotos). Pero al mismo tiempo, una señal contundente de que el objetivo es responder a los acreedores, salir del trance y emprender nuevamente.

Lo cierto es que su aversión a los medios poco ha importado y en el mercado nadie habla de otra cosa. Tras su declaración de insolvencia, el 23 de abril, y la posterior intervención de la corredora por parte de la Superintendencia de Valores y Seguros (SVS) y de la Bolsa de Comercio, las cosas se pusieron color de hormiga.

El pasado miércoles 7, tras rematarse en bolsa un 5,5% de las acciones de Provida –una parte del principal patrimonio de Alfa, que poseía hasta la fecha del remate el 9,8% de las acciones de la AFP– en 43 millones de dólares, los agentes de mercado comenzaron a sacar cuentas. Apuestan a que las deudas son mayores y temen que algunos acreedores de la banca se queden sin cobrar.

El resultado del remate no dejó contento a Contín. Cercanos a la familia se muestran extrañados “ante la rapidez de la liquidación del primer paquete de acciones de Provida, puesto que el convenio firmado pocos días antes de esa fecha con los corredores de bolsa y bancos involucrados establecía un plazo de 30 días renovables con el fin de buscar la mejor solución para todos los acreedores, plazo que se acortó súbitamente sin consultar a Alfa”.

Dicen que el “apuro” significó la desvalorización del paquete completo de acciones de Provida propiedad de Alfa, el cual –a su juicio– podría haber sido suficiente para cubrir la totalidad del pasivo.

 

 

La SVS recurre a tribunales

 

 

Aunque es altamente improbable que los clientes de la firma pierdan sus títulos, la señal más evidente de que en Alfa hay más que problemas de “descalce” fue la ecisión de la SVS de denunciar ante el Ministerio Público la infracción del artículo 60, letra i de la Ley de Mercado de Valores. Ello signifi ca que la súper está acusando a Alfa de “utilizar indebidamente en beneficio propio o de terceros valores entregados en custodia”, como dice el artículo.
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Connotados abogados de la plaza estiman que uno o más miembros de la empresa arriesgan sanciones penales. “No es casualidad que para defenderse hayan contratado a un penalista”, afirma el asesor de uno de los bancos afectados por Alfa, haciendo referencia a la contratación del abogado del estudio de Luis Ortiz Quiroga, Luis Gutiérrez. De hecho, el artículo 60 de la Ley de Valores señala que quienes lo infrinjan “sufrirán penas de presidio menor”. Y eso que falta saber por qué cargos formulará su acusación la SVS y contra qué personas. Por ahora, el más complicada es Alejandro Contin Naranjo, representante legal de la firma. Sin embargo, abogados que siguen este tipo de casos aseguran que podrían perseguirse responsabilidades del directorio de la corredora, si se comprueban transacciones irregulares u operaciones ficticias.

 

 

 

 

 

Desde los orígenes

 

 

Aunque la crisis estalló el 25 de abril, los acontecimientos empezaron a ser “olfateados” por Alejandro Contín ya a fines de 2007. Intentó salvar la situación como lo había hecho otras veces, cubriendo las simultáneas con préstamos de distintos bancos. Pero esta vez los montos eran más grandes y los acreedores no estaban dispuestos a ver en riesgo sus fondos.

Contín confiaba en su talento para los negocios. Egresado de Ingeniería Civil de la Usach, master in Civil Engineering de la Universidad de Bradford, Inglaterra, fue el creador de la agencia de Valores Alfa en sociedad con el empresario Marco Colodro, de quien se separó en 1984. Con un olfato impresionante para las buenas oportunidades, Contín inició su fortuna transando papeles de deuda externa chilena a comienzos de los años 80. “El compraba esos papeles a un 70% sobre su valor y los vendía al Estado de Chile a un 100%”, comenta un cercano que lo conoce desde esos años.

De la importancia de estos papeles supo cuando trabajó en el Departamento de Estudios del Banco Central en el gobierno militar. Allí conoció a uno de sus grandes amigos: Alvaro Saieh, controlador de Corpbanca y dueño del holding de medios Copesa. De esa época data también su amistad con el ex ministro de Hacienda y Economía, Sergio de Castro.

Dicen que incluso participó en la operación financiera que permitió a Saieh adquirir el Banco Osorno en 1986. Pero amistad y negocios no siempre van de la mano. A comienzos de mayo, Corpbanca presentó una demanda civil para tratar de recuperar los 5.470 millones de pesos que le adeuda Alfa.

Otra de las operaciones “históricas” que el mercado recuerda de Contín fue la venta del 25% de la entonces AFP Protección a Provida, a fi nes de los 90. “En esa época había 22 mil millones de pesos en la cuenta corriente de la corredora”, recuerda un ex ejecutivo de la firma. O el traspaso del gran paquete de acciones de Iansa que Alfa compró al ex Banco de Chicago y vendió en el mercado obteniendo una jugosa ganancia.

El currículo de Contin Naranjo también incluye haber sido consultor del Banco Mundial, primer gerente general del Republic Nacional Bank of New York en Chile, asesor del Ministerio de Hacienda y director nacional de Aduanas en los 80, donde impulsó una importante reforma del servicio.

A fines de los 90, el fundador de la firma comenzó, poco a poco, a dejar la primera línea en manos de sus hijos Alejandro –hoy director ejecutivo- y, posteriormente, Antonio -actual gerente general de la corredora-. Son los años en que la gerencia general es asumida por Francisco Montaner, quien en 1999 emigró a Patagon. También pasó por Alfa el actual gerente general de Penta Corredores de Bolsa, Samuel Irarrázabal, quien estuvo en la mesa de dinero de la operadora de los Contín en los años en que pasaba de ser corredora emergente a una de las grandes. Luego vendría la “era Favre”, con la llegada del ex gerente general del banco Edwards, Gustavo Favre -hoy asesor de otras empresas relacionadas a Alfa- cuando la firma entró de lleno a las ligas mayores.

El cambio de ofi cina, la habilitación de una espectacular “sala de operaciones” para que los clientes premium operaran desde la corredora, el reforzamiento del área de Finanzas con varios ex ejecutivos del Edwards, entre otros cambios, llevaron a Alfa a hablar en números más grandes y eso se reflejó en sus utilidades.

El traspaso de poder nunca implicó que el fundador se desligara de la empresa y hay quienes aseguran que “siempre estuvo tras las operaciones más grandes”. Y ahora participa directamente de las reuniones con la banca acreedora, sigue asistiendo rigurosamente a sus oficinas y participa de un proceso que, como esperan sus cercanos, sea superado y les permita continuar con lo que más les gusta: hacer negocios.