Después de un año de trabajos y 12 millones de dólares de inversión, Termas de Jahuel reaparece en sociedad en gloria y majestad. Con un hotel de lujo de 98 habitaciones y un spa de aguas termales plenamente equipado, la nueva apuesta de la familia Barros no tiene nada que envidiarle a sus pares extranjeros. 

  • 13 julio, 2007

 

Después de un año de trabajos y 12 millones de dólares de inversión, Termas de Jahuel reaparece en sociedad en gloria y majestad. Con un hotel de lujo de 98 habitaciones y un spa de aguas termales plenamente equipado, la nueva apuesta de la familia Barros no tiene nada que envidiarle a sus pares extranjeros. Por Paula Costa R.

 

Dicen que las segundas partes no siempre son buenas, pero el nuevo hotel de Termas de Jahuel es claramente una excepción. Este verdadero oasis de paz, ubicado al norte de San Felipe y que en las décadas del 50 y 60 fue el destino soñado para lunas de miel y terapias termales, fue perdiendo paulatinamente su glamour y fama, pero hoy se encuentra de vuelta con una renovada arquitectura y servicios de excelencia.

Haber permitido su cierre o, peor aún, que se mantuviera funcionando en las malas condiciones en que lo hacía, fue una visión demasiado dolorosa para Joaquín Barros y Marcia Gundelach, quienes en 1998 recuperaron el manejo del hotel –que desde 1910 pertenece a la familia Barros–, al vencer el contrato de arriendo que por 30 años dejó a Termas de Jahuel en manos de un operador internacional.

 

En un primer momento el matrimonio no tenía muy claro qué hacer con el hotel, ya que no se trataba solo del edificio, sino de las enormes proyecciones del fundo de más de 500 hectáreas donde se ubica. Situado a solo 98 kilómetros de Santiago y bendito con fuentes de aguas termales y un microclima de excepción, el propio Charles Darwin se entusiasmó sobremanera cuando visitó el lugar en 1834 y así lo dejó establecido en su diario: “qué inmensa diferencia aporta este hermoso clima en la felicidad de la vida”.

 

La decisión no era fácil. Las alternativas iban desde reparar un poco, hacer una gran transformación o dejarlo como estaba. Y en todas ellas el factor recursos era determinante, ya que para volver a darle a Jahuel el esplendor que había tenido antes del arriendo había que hacer una inversión importante, pero el matrimonio se la jugó por esta alternativa.

 

-Decidimos hacerlo no solo por la rentabilidad del negocio, sino también porque nos sentimos obligados a resguardar el patrimonio que signifca Jahuel. Si nosotros no lo reparábamos se iba a hundir, se iban a secar los árboles y al final no iba a quedar nada. Por una obligación moral con Chile y con las próximas generaciones, decidimos arreglarlo y no solo eso, sino tratar de rescatar lo que había sido Jahuel en todos sus aspectos, cuenta Marcia Gundelach.

 

Joaquín y Marcia pusieron manos a la obra, cada uno aportando lo suyo. Mientras Joaquín se convirtió en el hombre de los números, visión y experiencia hotelera, Marcia se dedicó en cuerpo y alma a la operación misma, a los detalles que marcan la diferencia en un hotel de lujo, desde la decoración de las piezas a la atención en el comedor.

 

-Jahuel me apasionó por el cariño que le tengo, mis padres eran amigos de los antiguos dueños y, de hecho, nosotros comenzamos a pololear ahí. No soportaba ver el mal estado en que se encontraba, estaba raído, no entusiasmaba a nadie, dice Marcia.

 

 

 

Operación rescate

 

 

La remodelación se puede dividir en dos etapas. Lo primero fue limpiar el fundo y rescatar la vegetación autóctona, con quillayes, boldos y peumos, lo que fue una tarea gigantesca. Además, se plantó un palmario con dos mil palmas chilenas (próximamente vienen dos mil más) y se arregló la zona de los olivos centenarios, plenamente productivos hasta hoy.

 

La segunda etapa fue el hotel. Y vaya que había trabajo por hacer. Tal como explica Marcia, hubiera sido más rápido y fácil construir un edificio de diez pisos desde cero, haciendo tabla rasa de lo que ya había en el lugar. Sin embargo, optaron por restaurar todo y rescatar lo más que pudieron, como las maderas de las construcciones de adobe que no tenían arreglo, las que usaron en el nuevo edificio.

 

La casa patronal del fundo quedó convertida en una equipadísima casona vip de cinco habitaciones, con living, comedor, sala de juegos, cocina, piscina y jacuzzi, que se arrienda independiente. Al antiguo hotel, en tanto, se le añadió una construcción de similares características, lo que aumentó su capacidad a 98 habitaciones, con salones de conferencias, salas de estar, comedores y un gran spa, con piscina interior y exterior, además de dos jacuzzi y salas de sauna y masajes.

 

-Tenía clarísimo como debía quedar todo. Las piezas tenían que ser acogedoras, para que la gente entre y se sienta igual o mejor que en su casa. Y todo debía ser muy limpio, nada de exceso de estampados que esconden suciedad, sino que todo blanco, donde lo más importante sea transmitir una sensación de calidez, cuenta Marcia entusiasmada.

 

En octubre de 2005, tras 12 meses de trabajos y más de 12 millones de dólares de inversión, Termas de Jahuel mostró su nueva cara. Marcia se había demorado solo dos meses en alhajarlo y los primeros en probar su mano fueron amigos cercanos a los que invitó a pasar el fin de semana, dando inicio a la marcha blanca. Jamás pensó que la voz se correría tan rápido como lo hizo y a la semana siguiente se encontró sirviendo almuerzos para cien personas. Un año después, los comedores alcanzaron peaks de 350 personas al día.

 

La cercanía de Jahuel con Santiago ha permitido que el hotel capte no solo a los turistas nacionales y extranjeros, sino también al público corporativo, que permite que el negocio funcione los días de semana y en pleno invierno. De hecho, en los menos de dos años que lleva funcionando, los congresos, convenciones, lanzamientos e incluso “reuniones secretas” de las planas mayores de las empresas, determinan el 35% de los ingresos totales. Al parecer se ha ido corriendo la voz entre los ejecutivos, que han encontrado estupendo mezclar negocios con partidos de tenis y sesiones de spa.

 

Con 120 trabajadores de planta, el hotel ya se acostumbró a trabajar a toda capacidad en fines de semana largos y períodos de vacaciones. Pero los dueños no se duermen en la complacencia y ya piensan en su próxima inversión: camas de hidromasaje, duchas con música y aromaterapia y senderos con chorros de agua, son las atracciones que vienen. Nada de juegos con caídas al vacío o cosas por el estilo. Como dice Marcia, a Jahuel se viene a bajar las revoluciones y recuperar energía. Un refugio de primer nivel que asegura dormir como un recién nacido.

 

 

 

Los negocios de Jahuel


De las 500 hectáreas de fundo, 35 hectáreas corresponden a olivos. Mientras los árboles centenarios entregan aceitunas para el consumo del hotel, venta al por mayor y al detalle, los olivos más jóvenes ya producen 15 mil litros de aceite al año y se espera que la cifra se duplique el 2008. Y no se trata de un aceite cualquiera, porque la marca Jahuel ya ha conquistado importantes premios internacionales, como la medalla de plata en la Extra Virgin Olive Oil Competition de Los Ángeles, Estados Unidos, y otra de bronce, en China.


Además, en un recinto donde hasta el agua de los baños es termal, lo lógico era incursionar en el auspicioso negocio del agua mineral. En el caso de Jahuel se trata más bien de un regreso, porque embotellaron hasta 1985, aunque ahora se tirarán en grande, con una producción estimada de 4 millones de litros para el 2008.