Son hermanos, tienen apenas un año de diferencia y los dos son del Instituto Nacional y de Ingeniería de la Chile. Con Virtus Partners, su consultora estratégica, han dado bastante qué hablar en el mundo empresarial chileno y latinoamericano. Ya tienen oficina en Colombia, buenos clientes en Brasil y miran con ganas el mercado peruano. Meritocracia e inteligencia pura. Buena mezcla.

  • 14 diciembre, 2011

Son hermanos, tienen apenas un año de diferencia y los dos son del Instituto Nacional y de Ingeniería de la Chile. Con Virtus Partners, su consultora estratégica, han dado bastante qué hablar en el mundo empresarial chileno y latinoamericano. Ya tienen oficina en Colombia, buenos clientes en Brasil y miran con ganas el mercado peruano. Meritocracia e inteligencia pura. Buena mezcla. Por Catalina Allendes E.; fotos, Verónica Ortíz.

¿Hay alguna empresa importante en Chile que no haya trabajado con ustedes?
Gonzalo Larraguibel Helft respira profundo, se echa para atrás en el sillón de su escritorio y sonríe con una cara de chochera difícil de esconder.

“Hay muchas empresas con las que no hemos trabajado todavía”, dice, instalado en el piso 13 de un moderno edificio del barrio Nueva Las Condes. Ya un poco más serio, reflexiona: “hace tiempo vislumbramos un servicio que está pegando fuerte justo ahora, en el momento en que Chile está dando un salto en su desarrollo”.

Y la verdad es que acertaron. Desde hace cuatro años Virtus Partners, la consultora que los hermanos Gonzalo y Marcelo Larraguibel levantaron tras dejar una exitosa carrera profesional en McKinsey, no ha parado de crecer. Partieron con dos consultores y hoy suman más de 50, tienen oficinas en Chile y Colombia, asesoran a importantes empresarios en Brasil y están pensando instalarse en Perú.

“Las empresas chilenas crearon un modelo de negocios novedoso y ganador, pero después de 20 años nadie está seguro de que ese mismo modelo y esos mismos estilos de liderazgo sean los del futuro”, advierten.

A escala empresarial, apostaron a hacer asequible un servicio que, hasta antes de su arremetida en el mercado local, sólo estaba permitido para un selecto y bien posicionado grupo. “La consultoría en Chile estaba concentrada en la alta dirección estratégica y nosotros le pusimos énfasis en liderazgo, temas de organización, nos involucramos en transformaciones más complejas”, señalan. De ahí que por sus manos hayan pasado desde la nueva organización de Lan Chile hasta la operación de salvataje de Johnson´s.

No hablan de tarifas, pero aseguran que parte de su estrategia ha sido optar por cobros bastante más bajos que McKinsey, su ex casa. Hasta 50% menos, dicen. “Lo que permitió que este mercado se ampliara tremendamente”, explica Marcelo Larraguibel.

Personal trainer
Los Larraguibel son flacos, muy altos, simpáticos y buenmozos, aunque no se parecen mucho físicamente. Uno usa anteojos y el otro no. Uno hace bicicleta y el otro juega golf. A uno le gustan el sur y el lago; al otro, la playa. Claro que los dos andan con un iPad 2 en la mano y ninguno llega muy temprano en la mañana, pues el paso por el gimnasio es imperdonable. Así se lo propusieron cuando decidieron armar empresa juntos. En esta etapa para Gonzalo –51 años, casado, dos hijas– y para Marcelo –50 años, casado, tres hijos– la calidad de vida es primordial.

Así, juntos –y en silencio–, han sido parte de cruciales procesos del empresariado local. Familias como los Cueto, Yarur, Calderón y Saieh, entre otras, además de mineras, organizaciones sin fines de lucro y, ahora, un ministerio, han pedido sus servicios. Ellos, en

“La consultoría en Chile estaba concentrada en la alta dirección estratégica y nosotros le pusimos énfasis en liderazgo, temas de organización, nos involucramos en transformaciones más complejas”, admiten los hermanos Larraguibel.

todo caso, no hablan de sus clientes. “Aquí las confianzas son la clave del negocio”, asegura Marcelo.

Pero de su fórmula, algo cuentan: “no es que agarremos enfermos, aunque también los hay; lo que más vemos son empresarios con mucho potencial, exitosos. Este es un momento muy particular para Chile, vemos que las empresas quieren crecer, quieren hacer cosas nuevas y reconocen que el mundo a futuro se viene tremendamente complejo”, acota Gonzalo. Y es precisamente en ese momento donde esta dupla entra al juego: “una cosa es ser una compañía de 500 millones de dólares y otra es estar en una de mil o dos mil millones de dólares. El aumento de la complejidad es geométrico. Entonces, cuando decides gestionar eso, te das cuenta que otros tienen cabida para ayudarte. Esto es normal en cualquier país semi desarrollado como el nuestro”, agrega.

Marcelo y Gonzalo pueden pasar un buen periodo dentro de las empresas que asesoran. Hasta que se produzca el impacto que buscan. “Esto es como el personal trainer. Cuando estás con él, haces el entrenamiento completo; si no, te saltas algunos pasos. El rol que tenemos no es sólo diseñar o buscar una buena solución, o una aspiración desafiante, sino que es estar al lado y asegurar que las cosas pasen”, sentencia.

Asunto de trascendencia
Los Larraguibel son tres hermanos. La tercera, Constanza –médico anestesista–, es la única mujer y es 14 años menor. Hijos de un contador auditor y una secretaria, Gonzalo y Marcelo estudiaron en el Instituto Nacional y luego Ingeniería civil en la Universidad de Chile. Representantes de la meritocracia –como les encanta reconocer–, a punta de ahorro y trabajo, partieron a estudiar afuera. Gonzalo se fue al IESE, en España, y Marcelo al MIT, en Boston.

En esos años, en continentes distintos, conocieron el mundo de las consultorías empresariales. Curiosamente, a los dos les entusiasmó. Marcelo se quedó en España y entró a trabajar en Mc Kinsey; Gonzalo emigró a México con la competencia, Booz-Allen.

En Chile se reencontraron profesionalmente como competidores cuando cada uno llegó de la mano de las multinacionales que los acogieron afuera para abrir sus oficinas en Santiago. Pasó un tiempo de dura lucha profesional, hasta que Marcelo convenció a Gonzalo y se lo llevó con él a McKinsey.
Ya trabajando juntos, fue cuando decidieron emprender vuelo propio. Y nació Virtus. Tan entusiasmados están, que hasta uno de los hijos de Marcelo, ingeniero comercial y puntaje nacional de matemáticas, les siguió los pasos. Tras pasar por una rigurosa selección, como cualquier postulante, se incorporó a la empresa hace dos años.

Es que los dueños aclaran que aquí los pitutos no corren. Ley pareja. Y la explicación es una: quieren que la empresa trascienda más allá de ellos. De ahí también que no hayan querido bautizar la consultora con el apellido Larraguibel, siendo que era un capital que ambos tenían en la industria. Y en esa misma línea está su ampliación: así como ya sumaron un nuevo socio, Andrés Maldonado, tras la apertura en Colombia, en el mediano plazo es posible que se agreguen otros por sus méritos en Santiago.

El liderazgo, otra vez
Tras tantos años en el circuito, los Larraguibel aseguran que, más allá de casos puntuales, Chile tiene un empresariado sano que busca los mejores equipos de trabajo, que cada vez piensa más en Responsabilidad Social Empresarial y en los consumidores.

Sin embargo, advierten que varias de las empresas que fueron exitosas –aquellas que crecieron con un país que tenía un ingreso per cápita de 7 mil dólares para llegar a los 15 mil dólares de hoy–, “crearon un modelo de negocios novedoso y ganador, pero

Los hermanos Larraguibel también han apostado por historias propias. Por primera vez aceptaron una asesoría a costa de un porcentaje del valor de la compañía: la distribuidora Rabié.

después de 20 años nadie está seguro que ese mismo modelo y esos mismos estilos de liderazgo sean los del futuro”.

Para graficar lo anterior, Gonzalo admite que “si le preguntas a un gerente de 50 años cómo va a motivar a los chicos que están saliendo de la universidad, no lo sabe. Hay muchas preguntas dando vueltas desde el punto de vista del negocio y de los liderazgos”. Y esa es justamente parte del rol de los Larraguibel en sus asesorías: cuestionar y preguntarse cada uno de los procesos que lideran. Para eso, cuentan que han ido creando algunas pautas que, si bien no aseguran el éxito, colocan en un buen pie a las compañías: un controlador claro, altas aspiraciones, cultura centrada en el desempeño y en las personas y equipos cohesionados y cuestionadores.

A la hora de mirar la pata coja en los empresarios chilenos, a ambos les salta de inmedito el tema del liderazgo y la preparación profesional. “Chile está lleno de ingenieros pero hay poca capacidad de liderazgo”, sentencia Marcelo. Y Gonzalo agrega que hay que estar alerta a que en pocos años más algunos sectores, como la minería, sencillamente no darán abasto con la demanda de personas de las empresas. Hay que salir a buscar talentos más allá de las fronteras, advierten.

 

Y ahora, Human Capital
Tan importante se ha transformado la gestión de personas en las empresas que asesoran, que a Virtus Partners le nació un hijo: Virtus Human Capital, a cargo de dos expertas que vienen del centro de educación ejecutiva de la Universidad Adolfo Ibáñez: Ginny Walker y Claudia Marfin. “Con ellas hemos creados una forma de trabajo con los clientes enfocada a co-construir, proyectar desde el consultor mismo el cambio que quieres lograr”, explica Gonzalo Larraguibel.
Y ha sido clave para humanizar su llegada a las empresas, para que se entienda que no se trata de aterrizar como aplanadoras a buscar o mejorar negocios, sino que como partners de nuevos procesos.
En este crecimiento, este año se incorporará al equipo senior un consultor senior español, Lisandro Pérez, que acumula una vasta experiencia en Europa. Todo, porque aunque quieren calidad de vida, la buena racha tienen que aprovecharla.

 

Negocios paralelos
Viendo tanto negocio atractivo, los hermanos Larraguibel también han apostado por historias propias. De hecho, por primera vez aceptaron una asesoría a costa de un porcentaje del valor de la compañía: la distribuidora Rabié, donde no sólo han colocado recursos sino que también gestión.
En estos años se han entretenido también haciendo de incubadora para proyectos. En Colombia apostaron por una compañía de autos y motos, y en Chile están siendo ángeles de otros dos proyectos que por ahora prefieren mantener en reserva.
A la inversión en los jardines infantiles Vitamina, en la que participa Gonzalo junto a otros empresarios, ahora suman una AFP: la nueva administradora de fondos que está levantando el ex superintendente del sector Julio Bustamante.