Por: Rodrigo Reyes Duarte, director Jurídico Prelafit Compliance.

  • 27 septiembre, 2019

Hola, soy turista y me acabo de encontrar una billetera botada acá en la calle. Voy apurado y debo irme. ¿Podría usted encargarse por favor? El turista decía esto mientras depositaba la billetera sobre el mostrador de un hotel, un banco, museo, una comisaría, un tribunal u otro organismo público o un centro cultural cualesquiera; se la acercaba al empleado y se iba. La billetera contenía una tarjeta de visita con nombre, profesión y correo electrónico del dueño, una lista de compras escrita en un pósit y una llave.

Estas billeteras (hechas de material transparente) fueron voluntariamente perdidas por investigadores del comportamiento, en el mundo entero; algunas sin dinero, otras con poco dinero y otras con mucho. El experimento fue hecho más de 17.000 veces, en 40 países y más de 355 ciudades.

Chile también fue considerado en este estudio y no sólo Santiago sino que también las ciudades de Antofagasta, La Serena, Valparaíso, Concepción, Rancagua y Talca y que situaron a nuestro país en el lugar 25 del “ranking de honestidad”.

La tasa de devolución en el país, de billeteras con y sin dinero, fue entre un 30 y un 40%.

Los países mejores situados fueron Suiza (74%), Noruega  (71%) y Holanda (69%) y los más deshonestos fueron Perú, Marruecos y China, con promedios de devolución entre 10% y 20%.

Pero algo especialmente llamó la atención de los investigadores: los economistas no pudieron predecir los resultados del experimiento. Según la teoría clásica, se esperó que la gente devolviera las billeteras sin dinero y por el contrario se quedara con las billeteras con más dinero, pero el resultado fue justamente el inverso. La gente devolvió más las billeteras que llevaban dinero que las que no, en 38 de los 40 países.

En cifras mundiales, el 51% de quienes recibieron una billetera con la menor cantidad de dinero las devolvieron, y cuando la cartera contenía una gran suma de dinero, la tasa de entrega aumentó al 72%.

Este estudio, recientemente publicado por la revista Science, concluye que los incentivos materiales impactan al comportamiento honesto, pero no de la manera que creyeron intuitivamente los economistas, sino que las personas están claramente más propensas a devolver billeteras perdidas con dinero que sin dinero. De este modo, agregar dinero a las billeteras aumentó la probabilidad de devolución. ¿Por qué? Porque en la medida que la billetera tiene más dinero, más deshonestos nos sentiremos por no devolverla.

Lo anterior está en línea con lo descubierto, hace algún tiempo ya, por economistas conductuales que han observado cómo nos resulta más facil sacar una lata de bebida de un refrigerador en la oficina, que sacar dinero de una caja con billetes dispuestos en el mismo refrigerador.

Cuando tratamos con dinero nos vemos predispuestos a pensar más en nuestras acciones, a ser más cautos y más probos, como si acabáramos de firmar un compromiso de honor. Esto es especialmente relevante hoy en día en que el dinero en efectivo está siendo desplazado como medio de pago por tarjetas bancarias, transferencias o, incluso, por pagos con nuestro teléfono celular, lo que podría incentivar las conductas deshonestas en la medida en que ya no estamos en contacto directo con el dinero contante y sonante. Claro, ya sabemos que pagar un soborno con un maletín lleno de dinero es percibido de manera distinta a hacerlo con un beneficio de otro tipo, por ejemplo, con un ascenso o un viaje.

La investigación sugiere, además, que las condiciones económicamente favorables, las instituciones políticas inclusivas, la educación y los valores culturales que enfatizan la ética están positivamente asociados con tasas de honestidad cívica.

En suma, en épocas de desconfianzas en las instituciones parece importante detenerse también en el punto señalado por la investigación citada. Las personas actúan, a menudo, no solo motivadas por el incentivo económico, sino también por el deseo íntimo de sentirse honestas consigo mismas y ello debe ser uno de los elementos que debemos rescatar en este tema, especialmente a la hora de diseñar políticas públicas y privadas en materia de anticorrupción o cumplimiento.