La baja de los fondos de pensión fue una constante del 2008. Hoy los expertos analizan lo que falló y entregan sus soluciones.

  • 21 enero, 2009

El sistema previsional está en la mira. La fuerte caída en la rentabilidad de los fondos de pensiones lleva a buscar perfeccionamientos para enfrentar la volatilidad de los mercados y mitigar el impacto en quienes querían pensionarse el 2008 y este año. Ya hay medidas en marcha y se anuncian revisiones futuras, pero no reformas radicales. Los expertos tienen una batería de propuestas que aquí damos a conocer. Por Elena Martínez; fotos, Verónica Ortíz.

 

Dónde y cómo están invertidos gran parte de sus ahorros previsionales. Sépalo aquí.

 

Un año para olvidar. Nada más elocuente para graficar el remezón que soportaron los fondos de pensiones los últimos doce meses. El 2008 cerró con un desplome marcado por cifras globales negativas –pese a una leve recuperación en diciembre– y la preocupación se instaló en la agenda previsional. Quedó así atrás una ininterrumpida historia de altísimas rentabilidades –con el fondo A con tasas que rozaban el 119%– desde que en 2002 debutaran los multifondos.

Más antecedentes para este virtual terremoto: los activos del sistema cayeron 22,5% a 74.312 millones de dólares, con una estampida masiva de afiliados al fondo E, el que no obstante cayó 0,93% en su rentabilidad, aunque vio aumentar sus activos en 33%.

Las lecturas de lo sucedido van desde quienes instan a reformar radicalmente el modelo hasta aquellos que recomiendan sacar lecciones y perfeccionar lo existente dentro del actual esquema. Es más, esta última postura recalca que los multifondos amortiguaron la debacle porque con el antiguo esquema de un fondo el perfil habría sido equivalente al fondo C, que tiene alrededor de 28% en acciones. Y claro, es que la ley establece que quienes están a 5 o menos años de jubilar deben estar en los fondos D y E, más conservadores, a menos que expresamente opten por el B o el C… El A les está prohibido por edad.

Es justamente en esta fracción de los 8,5 millones de afiliados que tiene el sistema donde hoy se concentran las miradas. Los pensionados en retiro programado y quienes están a 5 años de jubilarse representan, según cifras de la Superintendencia de Pensiones, el 6% de los afiliados no pensionados. Son los más vulnerables, porque un desplome, a esa altura, es una pérdida casi irreparable.

Estadísticas de la Superintendencia desglosan a los cotizantes a menos de 5 años de la edad de jubilar de la siguiente manera: 81 en el fondo A (en fase de traslado); 30.195 en el B; 44.886 en el C; 245.186 en el D; y 10.513 en el E. Esto, al 30 de noviembre pasado. A ellos habría que añadir los jubilados por retiro programado, que están sujetos a los vaivenes del mercado, ya que la pensión se les recalcula año a año en función de su saldo y otras variables.

Quienes se pensionaron con renta vitalicia están más resguardados, en cambio, ya que las compañías de seguros ofrecen rentas vitalicias que se expresan como un monto fijo en UF mensual de por vida. La renta vitalicia es la modalidad más utilizada, aunque está resultando ahora menos atractiva, por la merma coyuntural en los fondos y la baja de la tasa de interés. De hecho, el experto Axel Christensen confirmó a Capital que se proyecta una reducción en la demanda de rentas vitalicias porque personas que habían iniciado el trámite para pensionarse ya no cumplen con los requisitos de fondos.

En todo caso, la recomendación más reiterada para quienes, por edad, podían jubilarse en 2008 ó 2009 (60 años las mujeres y 65 los hombres) es esperar. Así de simple y así de complejo. En particular, para quienes veían en la jubilación anticipada la solución de un ingreso ante una situación laboral incierta o de cesantía y a una edad en que la reinserción no es fácil. La opción intermedia, para quienes tienen que pensionarse a como dé lugar, es apartarse por un tiempo breve mediante un retiro programado y aguardar la recuperación del mercado para, entonces, cambiarse a una renta vitalicia, plantea el ex superintendente Alejandro Ferreiro.

Aquellas personas que entraron en la crisis al fondo E, donde el capital en UF básicamente se ha mantenido (-1% el 2008) no tienen inconvenientes en escoger retiro programado o renta vitalicia, estima Axel Christensen. En caso de estar en los fondos D o C, sería más conveniente el retiro programado, que se puede revocar para tomar una renta vitalicia.

 

 

 

 

Recuperación va ¿y viene?

La Asociación de AFP desdramatiza el tema y enfatiza que aquí no se está hablando de pérdidas patrimoniales, sino de desvalorización de inversiones. El director de Estudios de la entidad, Roberto Fuentes, recalca que no se está frente a una pérdida irreparable, que las personas más expuestas cuentan con instrumentos para mitigar la crisis y que vendrá una recuperación.

Este planteamiento halla respaldo en los investigadores de Libertad y Desarrollo, quienes indican que los resultados de las AFP, mirados desde su creación, han sido positivos (UF más 9% en promedio anual, dice Fuentes) y que es un error suponer que las caídas individuales se reflejarán en igual proporción en las futuras jubilaciones, ya que éstas se fijan al pensionarse y no antes. Además, la renta variable en el largo plazo obtiene rentabilidades positivas.

 

 

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Con todo, académicos como Jorge Tarziján, director de la Escuela de Administración de la Universidad Católica; y Salvador Valdés, profesor de la UC e investigador del CEP, lanzan una batería que abre dudas. Para Tarziján, se han cometido en el corto plazo “irresponsabilidades grandes en términos de prácticamente asegurar que habrá un mejoramiento”, porque si bien existe una alta probabilidad de que así sea, nadie lo puede afirmar. Y da un paso más: “la mala noticia, que nunca se puede descartar, es que la cosa empeore”.

Valdés centra sus dardos en quienes aseguran que el fondo A se recuperará e instan a los afiliados a no cambiarse mientras esto ocurre. “Me encantaría una recuperación, pero creo que hay un grado de riesgo muy importante”. Y como muestra del riesgo inherente de las acciones, menciona un estudio de Dimson, Marsh y Staunton con una muestra de 103 años para 16 países y que demostró que en 11 de ellos hubo al menos un período de 20 años consecutivos en que las acciones acumularon un retorno real negativo. En el 15% de todos los periodos, el rendimiento fue menos de 3% real anual y eso genera pensiones demasiado bajas.

No hay miradas únicas al respecto. El ex ministro Ferreiro cree que la tendencia apunta a pensar que el castigo de las acciones ya se hizo e incluso se “sobre-hizo” y, por tanto, el escenario más probable a un año o año y medio es de recuperación.

Pero más allá de este debate, otro ex superintendente, Julio Bustamante, hace un severo llamado de atención: “es fundamental revisar todo lo que se refiere a educación e información de los afiliados. Ahí está una de las grandes fallas del sistema. Las AFP no han hecho las inversiones que corresponden”, advierte. Dice que esta debe ser una política formal y masiva, de modo que la gente tenga información clara y adecuada, y que incluso se debe contemplar que las personas fi rmen un documento en que admitan conocer el riesgo que están tomando con sus decisiones. A ello se podría añadir, subraya, un régimen de información más frecuente para quienes estén en los fondos más riesgosos.

 

 

 

Hacia un afiliado informado

Y a propósito de información, hace pocos días la Superintendencia optó por hacerse cargo del problema. En lo medular, el paquete de medidas apunta a que el afiliado tome sus decisiones de inversión con la mejor información disponible y que conozca los márgenes del riesgo que asume. Quien no esté en el fondo que le corresponde por edad será notificado en cartolas de su administradora; y si quiere cambiarse de fondo tendrá que firmar una declaración en que reitere que conoce sus características.

Asimismo, las AFP deberán indicar ya no con un año, sino con cinco a sus afiliados que les corresponde trasladarse; éstos serán tipificados tal como figuran en la página web de la Superintendencia: “el más riesgoso” o “el más conservador”, de modo que no haya dudas sobre el riesgo inherente; y, además, las administradoras deberán detallar la opción que tiene el cotizante de dividir en dos sus ahorros y cambiar su proporción de modo gradual.

Quedó eliminada también la restricción que impedía al afiliado cambiarse de fondo mientras se pensionaba –lo que puede durar un mes o más–, con el fin de evitar fluctuaciones negativas en sus ahorros. Una vez jubilado, podrá seleccionar el fondo en que estará.

Solange Bernstein, superintendenta de Pensiones, reconoce que se trata de “pequeños cambios” pero con un impacto importante en quienes se están pensionando. Y las primeras evaluaciones apuntan a que van en el sentido correcto.

Quienes pensaban jubilarse este año o el pasado tenían la opción de conservar su capital al optar por el fondo E. Muchos no lo hicieron, quizás cegados por la rentabilidad de los fondos más riesgosos. Por eso, según Axel Christensen, lo que se necesita es más y mejor educación. Alejandro Ferreiro y Julio Bustamante coinciden en que “nunca se había tenido la experiencia concreta de tanta volatilidad de los mercados. Hoy, de un modo crudo y pedagógico, se hace latente la cara del costo y del riesgo”. De ahí que haya que aprovechar para sacar lecciones.

En opinión de la superintendenta, en la actualidad ayudan a mitigar el impacto las modificaciones hechas al retiro pro gramado. La primera, el pago a asesores previsionales para estimularlos a no sólo vender rentas vitalicias sino también retiros programados. La segunda, el uso de una distinta tasa de cálculo de la pensión, más enfocada al futuro que a rentabilidades pasadas. En tercer lugar, la introducción de un factor de ajuste que suavizará la trayectoria decreciente del retiro programado según pasan los años.

 

 


A fondo

Inevitable ha sido el debate respecto de si basta esta clase de adecuaciones o es necesario una cirugía mayor. La mayoría de los consultados opta por la cautela. Se habla de reformas pero en el marco del mismo modelo, muy lejos de ideas como crear una AFP estatal. Los técnicos aspiran a un debate serio, sin medidas populistas. Y cualquier posible legislación, añade Salvador Valdés, debe dejarse para el próximo gobierno.

El es uno de los que han ido más lejos en su propuesta de cambio. En varias columnas ha planteado que el límite máximo de inversión en renta variable del fondo A debiera bajar de 80% a 60%, modificándose proporcionalmente también en los demás fondos. “Lo que estamos hablando es de cómo se combina la seguridad con la rentabilidad”, explicó a Capital, y agrega que “la situación se fue a un extremo durante los últimos seis años” porque se priorizó sólo la rentabilidad.

 

 

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Y menciona otros perfeccionamientos: que la asignación por defecto para los mayores de 60 años sea un traslado gradual al fondo E, con igual destino para los retiros programados por defecto; que la asignación por defecto debe extenderse al fondo E y no parar en el D; que se estudien incentivos para que el fondo D se invierta a más largo plazo. Hoy está en renta fija pero con una duración promedio de 4 años; prohibir que el fondo D tenga acciones.

Axel Cheristensen añade otra propuesta: “se debe revisar cómo se estructura la combinación riesgo-retorno en el ahorro que va dirigido a financiar la pensión. La idea no es hacerse rico, por lo que deberíamos estar dispuestos a sacrificar parte de la rentabilidad en pos de una mayor seguridad o menor riesgo”, dice.

Julio Bustamante propone, además de rebajar los márgenes de inversión en renta variable (en todos los fondos), establecer mecanismos que permitan desprenderse de los márgenes de exceso de modo resguardado y alinear aún más los intereses de administradores y fondos. Cree que se puede hacer ajustes en los gobiernos corporativos para que sean más claras las responsabilidades personales de los ejecutivos de la AFP por las inversiones.

No descarta, además, que se establezcan planes de pensión progresivos que sean adoptados con anticipación para aplanar eventuales curvas desastrosas en el perfil de las pensiones y, por qué no, seguros que cubran a los grupos de riesgo, que no tienen plazos para recuperarse.

En la Asociación de AFP califican como interesante estudiar cómo funciona el sistema. Pero llaman a la cautela y a efectuar estos análisis mirando cómo se desenvuelven los multifondos pasada la crisis. Ahora está sólo la información parcial de cómo se comporta en un revés de esta magnitud, dice Roberto Fuentes.

Otro punto: llaman a no olvidar que el sistema generó importantes ganancias en el pasado. Y dicen que los afiliados cuentan con opciones como la renta temporal con renta vitalicia diferida o la compra con años de antelación de una renta vitalicia para evitar que el fondo merme poco antes de jubilar.

Pero cuidado, que hay quienes sostienen que acoger planteamientos tendientes a buscar protección para las caídas significa aceptar no beneficiarse de las alzas. Alejandro Ferreiro indica que la única protección en un esquema de multifondos es evitar que las personas queden expuestas a una volatilidad alta. Esto implica un portafolio más estructurado en renta fija.

Al parecer, la puerta se abrió en materia de revisiones y no se descartan sorpresas a futuro. En la Superintendencia confirman que ningún aspecto está fuera de la mira. Entre ellos, por ejemplo, los cambios a los límites de inversión y la disminución de los porcentajes de renta variable. Y un punto no menor: la reforma previsional permite resolver muchos asuntos vinculados a las inversiones de los fondos de pensiones sin necesidad de leyes.

Hay, sin embargo, dos puntos en que la coincidencia es alta. Uno, no alzar el encaje de 1% de las AFP para que “solidaricen” con las pérdidas de los afiliados y no subsidiar, bajo ninguna consideración, a quienes se sienten afectados por la pérdida de rentabilidad de sus fondos. Para Tarziján, “esto sería totalmente nefasto, porque estás subsidiando a un grupo en desmedro de otro y nadie sabrá en función de qué”.

 

5 millones de “asignados”
El 95% de los 8,5 millones de afiliados de las AFP está a más de 5 años de jubilar. El 80% de ellos tiene un horizonte de más de 10 años para pensionarse.

Otras cifras de interés: el 82% de las mujeres mayores de 55 años se encuentra en los fondos D y E. Lo mismo ocurre para el 85% de los hombres mayores de 60 años. Más de 5 millones de afiliados han dejado que la ley los asigne por defecto a los fondos B, C y D. Los menores de 35 años van al B; los hombres, desde 36 a 55 años y las mujeres, desde 36 hasta 50 años, van al C; los que están a 10 o menos años de jubilarse son asignados al D.

Los fondos A y E sólo pueden ser elegidos voluntariamente por los cotizantes. 3,2 millones han elegido un multifondo.

Impacto de reforma previsional
La creación del Pilar Solidario implicaría una protección sustancial contra los efectos de la crisis en los ahorros de los pensionados, según la Superintendencia. Cada peso perdido como producto de la caída en rentabilidad es compensado por un aumento en el subsidio entregado por el Estado. Dicha compensación será equivalente a cerca del 30% de la pérdida, la cual es menor, se explicó, por la naturaleza más conservadora de los fondos en que están los montos de los jubilados bajo retiro programado. Así, este elemento de la política de prevención de pobreza, establecida en la reforma previsional, significa un resguardo efectivo contra riesgos financieros, especialmente para las personas de ingresos medios y bajos.

 

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Fuente: Asociación de AFP

 

 

 
Total de fondos de pensiones por sector a octubre del 2008

 

 


Inversión de los Fondos de Pensiones (octubre de 2008

 
Bonos de Infraestructura










 

 

 

Inversión en el extranjero por instrumento y zona geográfica
(Al 30-10-2008 en millones de dólares
)

 

 

Inversión en el extranjero por tipo de fondo y grupo de emisores
(Al 30-10-2008 en millones de dólares y %)