Por Marcelo Soto Fotos: Julio Donoso A Ricardo Solari se le perdió el iPhone. ¿Quién será el afortunado que lo encuentre? No tanto por la funcionalidad del aparato sino por su agenda. Podría ser el sueño del pibe de cualquier periodista descubrir esa lista de teléfonos… Pero ahora que ha perdido sus contactos, le pide […]

  • 2 mayo, 2014

Por Marcelo Soto
Fotos: Julio Donoso

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A Ricardo Solari se le perdió el iPhone. ¿Quién será el afortunado que lo encuentre? No tanto por la funcionalidad del aparato sino por su agenda. Podría ser el sueño del pibe de cualquier periodista descubrir esa lista de teléfonos… Pero ahora que ha perdido sus contactos, le pide a su secretaria que le consiga el celular de Ximena Rincón. Dicho y hecho. A los pocos minutos se está comunicando con la ministra.

Solari nos recibe en la amplia oficina, con vista al Mapocho, que ocupa como presidente del directorio de TVN. Dice que tiene la tarde libre y que podemos conversar relajadamente. De hecho, pide que veamos el partido de Atlético Madrid contra Chelsea, una de las semifinales de Liga de Campeones, mientras hablamos. Es un fan de Mourinho, el controvertido DT del equipo londinense. “Me gusta, precisamente, porque es pesado”, explica.
Solari no es pesado, pero vaya que pesa. Sus opiniones marcan tendencia en amplios grupos, desde gremios empresariales a políticos de todos los signos. Tiene un millón de redes, por así decirlo. Un tipo realmente transversal.

Sin ir más lejos, fue uno de los cerebros del concepto de “nuevo ciclo”, que ha servido para ordenar y dar sentido al segundo gobierno de Bachelet, a quien conoce desde la adolescencia, cuando ambos militaban en la Juventud Socialista a principios de los 70. Mucho después, siendo ministro del Trabajo de Lagos –logró sacar una reforma laboral y el seguro de cesantía– renunció a su cargo en abril de 2005 para asumir como uno de los principales asesores de la campaña que llevó a la primera mujer socialista a La Moneda.

¿Son íntimos? Solari no se enreda: “Tengo una relación afectuosa con ella, pero la Presidenta es la Presidenta y hay que mantener totalmente la formalidad. En mi caso, además, hay una gran lealtad porque ella hizo un gran-gran esfuerzo, un verdadero sacrificio, al volver a Chile, aceptar una candidatura, competir en una primaria y luego luchar por la presidencia… Es algo que como coalición debemos valorar: lo que ella ha hecho es francamente ejemplar y por eso cuenta con el cariño de los chilenos”.

Así como una tarde se junta con Andrés Velasco o con Rafael Guilisasti, a la siguiente puede encontrarse con Carlos Cabezas, el músico de Electrodomésticos, o con Marcelo Cicali, el dueño de los Liguria. Tiene varios amigos en la bohemia santiaguina, entre otros el ex guitarrista de Los Tres, Ángel Parra. Sus cercanos dicen que siempre está detrás de operaciones y acercamientos políticos, componiendo desarreglos, acordando posiciones, pero él le baja el perfil al asunto. ¿Hace lobby? “No, no, no. Menos ahora que estoy en TVN”.

-Usted fue uno de los impulsores de la idea del nuevo ciclo, pero parece que en estos 50 días de Bachelet se tienden a repetir los errores de la vieja política de siempre.
-A ver, es complejo hacer un balance. Hay un despliegue de un conjunto de reformas que se hacen cargo de los problemas que la sociedad chilena tiene que enfrentar: la calidad de la educación, la desigualdad, la mala distribución de los ingresos, la necesidad de tener una carta constitucional que nos represente a todos o un sistema electoral donde las mayorías queden reflejadas como tales y las minorías sean representadas pero sin poder de veto. Es una apuesta ambiciosa, profunda. Se puso en marcha eso.

-Pero, insisto, a veces no se ve tanta novedad, sino algo parecido a lo de antes, con los mismos grises.
-Obviamente, siempre los procesos históricos combinan elementos que traen innovación y quedan también aspectos que se resisten a cambiar. Esto tiene que ver con cuestiones muy esenciales de la disputa por el poder. La cuestión más compleja en lo que se refiere al nuevo ciclo es su instalación, teniendo en cuenta el inmovilismo que puede dominar en algunas instituciones. El nuevo ciclo es la idea de una nueva relación entre política, economía y sociedad; una relación que hoy día está caracterizada por una fuerte desafección de las personas respecto de sus instituciones y, por otro lado, por una conciencia extendida en la sociedad de que ha habido una desigualdad que se acentúa mientras la economía crece. La economía no está organizada para reducir brechas o para que esa tensión se vaya acortando.

-¿Las malas prácticas siguen presentes?
-Lo más complejo es la modificación de esas prácticas políticas, porque están situadas y aceptadas en un orden institucional que ha funcionado por bastante tiempo. Están asociadas a una suerte de estratificación de la sociedad. Por lo tanto, los cambios son más lentos.

-¿Y cuál es su balance?
-Extremadamente positivo. Se está cumpliendo  el compromiso con la ciudadanía, hay un recambio real en la conducción política y esto no sólo incluye a la centroizquierda, sino que también lo vemos en la derecha. Una nueva generación de chilenos y chilenas se quiere hacer cargo del destino del país y eso está ocurriendo precisamente en un gobierno que se repite, en un segundo mandato. En ese sentido, podría ser mucho más cómodo para Bachelet manejarse con una cierta lógica conservadora, pero no: está tomando riesgos y por sobre todo haciéndose cargo de desafíos. Un Gobierno que supo reaccionar con autocrítica, con flexibilidad, que en sus primeros 30 días enfrentó dos tragedias muy significativas y de gran tamaño y que en ambas ha demostrado un aprendizaje social significativo.

-Sin embargo, la reforma tributaria, que venían preparando hace meses, ha tenido varias resistencias. De hecho, Jorge Navarrete dijo que este Gobierno era experto en complicarse las cosas.
-El optimismo de pensar que esta reforma era fácil por tener mayoría en el Congreso, es más bien una ingenuidad. Lo que pasa es que ésta es una reforma de paradigma tributario y eso siempre será más desafiante que simplemente hacer una mera alza de impuestos. La propuesta del Gobierno otorga mayores ingresos fiscales permanentes y ataca una serie de estructuras que facilitan la elusión y evasión. No es un maquillaje. Ahora, todos los programas son por definición perfectibles. Tienen que ser contrastados por la lógica del Parlamento, donde si bien es cierto se tiene una mayoría, es una mayoría heterogénea, que tiene matices del punto de vista de las regiones, en las visiones políticas. No me sorprende que sea de gran complejidad.

POPULISMO Y CAMBIO CONSTITUCIONAL
-¿Qué le parece el proyecto que está presentando Peñailillo sobre la reforma binominal? Se ha criticado desde la centroizquierda, porque confunde proporcionalidad con representatividad.
-Me parece más populista la idea que tiene la UDI de cuestionar el número de parlamentarios, una pura estrategia para defender el inmovilismo, que la tesis de Boric y Jackson de reducir los salarios de los parlamentarios. La UDI es populismo duro, porque es anti política. Su enfoque está destinado a provocar una sensación en la opinión pública: “miren, estos señores están tratando de arreglarse los bigotes…” Se pueden agrandar ambas cámaras sin necesidad de aumentar el gasto fiscal. Dejar el sistema binominal sería nefasto. Allí está el origen de la desconfianza de los ciudadanos. Antes de la dictadura, el Senado era más numeroso que el actual y la cámara también y teníamos menos de la mitad de la población. Si la UDI no quiere más competencia política y prefiere seguir manteniendo reglas de privilegio, es su problema; pero tengo la impresión de que el Gobierno está montado a muy buen caballo en esto y la reforma va a salir sí o sí. Distritos más, distritos menos, se va a llegar a un buen acuerdo. A mí esto me parece muy importante porque sería el inicio de una etapa de represtigio de las instituciones políticas, un reencuentro con el ciudadano.

-¿Descarta la asamblea constituyente?
-Yo me ciño al programa que aprobó la Nueva Mayoría y que señala que el criterio será institucional, participativo y democrático. Hay que hacer un gran debate sin premura respecto de cómo vamos a hacer esta nueva Constitución, pero no me imagino una nueva elección presidencial con este tema sin resolver. Hay alternativas, como que la sociedad pueda escoger un parlamento que cumpla funciones constituyentes, pero seguir negándose a la necesidad de un cambio constitucional no me parece correcto ni sano para nuestra convivencia.

-¿Cree que la derecha corre el riesgo de caer en la irrelevancia?
-La derecha tiene que aceptar que el escenario del voto voluntario que ellos promovieron con tanto entusiasmo, a ellos los pone en una situación tremendamente difícil. En un sistema donde vota la gente que tiene convicción, los candidatos tienen que poner más ideas sobre la mesa y ellos están en una situación de retroceso ideológico. Lo que te estoy diciendo no es nada original, pero tiene su expresión política en la voluntariedad del voto. Si ellos quieren ser una fuerza con capacidad de alternancia tienen que ser capaces de convencer a millones de chilenos de que sus ideas son más justas que las nuestras, de que sus ideas están más cerca del interés general que del particular, que ellos no defienden privilegios sino que defienden convicciones e ideas buenas para todos.

-¿Cómo ve las perspectivas de Piñera 2017?
-Él está en la pole position de los candidatos de la derecha. Por supuesto, falta demasiado tiempo y van a influir muchos factores. Para empezar, la derecha tiene una fuerte capacidad de autodestruirse. Veo a sus partidos muy tensionados y hay una fragmentación de las opciones políticas del propio piñerismo… Amplitud, Evópoli, Horizontal. En vez de intentar disputar la influencia del partido donde milita el Presidente, se dispersan y así se debilitan. Eso es extraño.

-Pero la Nueva Mayoría tampoco está cohesionada.
-La coalición de centro izquierda es por definición una fuerza heterogénea, es la base esencial de nuestra fortaleza.

-Alejandro Navarro dijo que la DC, que siempre había criticado a los díscolos, ahora era la más díscola de todos…
-La DC es un partido político importante, que tiene una historia y un punto de vista que a mi juicio debe ser siempre considerado. Han manifestado sus puntos con vehemencia, pero creo que va a haber una fuerte capacidad de producir síntesis. El actual equipo político tiene esa capacidad. No veo que nadie esté pensando en imponer ideas a nadie.

TVN Y EL ESTADO
-En una entrevista en La Tercera dijo que así como el mercado no había funcionado en la salud ni en la educación tampoco funcionaba en televisión. ¿Quiere una TV más estatista?
-No, no, no. Hay que distinguir dos cosas. Las sociedades requieren de bienes públicos, y la información es un bien público. En la TV ese rol público debe coexistir con la diversidad plural que se expresa en los medios de mil maneras. Esta discusión sería significativamente menos relevante si las comunidades pudieran desarrollar proyectos audiovisuales, si las regiones pudieran representarse en la pantalla nacional. Hoy, eso sólo puede hacerse a través de Televisión Nacional. En relación a los temas de medios tengo una visión absolutamente contraria al estatismo, pero creo que existe y debe existir lo público, un canal que no esté regido simplemente por el mercado. Ése es el cambio que se busca con la salud, las pensiones y la educación: que la calidad de la prestación que tú recibas no esté asociada al dinero que tengas en tu bolsillo.

-¿No sería mejor darle la posibilidad, a través de concursos, a productores independientes a que transmitan en una frecuencia pública, como se hace en Nueva Zelanda, y no esperar a que haya una empresa estatal produciendo TV que en muchas casos puede ser chatarra?
-Sucede que hoy día están pasando una oferta estupenda en el cable. Cualquier ciudadano que pueda pagar tiene 200 canales a disposición de su control remoto, pero un 30% de la población no tiene acceso al cable, no tiene por ejemplo programación infantil, porque en la televisión abierta no hay programación infantil o no puede ver deporte de elite, porque para algunos es muy caro de adquirir. Entonces, esa oferta no está disponible, ¿no te parece injusto?

-Una cosa que llama la atención es la forma de enfocar las noticias, por ejemplo en el canal 24 Horas en el segmento internacional hace poco le dieron 1 minuto al naufragio de Corea del Sur y luego 10 minutos a una monja que había ganado un reality show.
-Yo no sería injusto con el canal 24 Horas, creo que es una gran contribución, un gran esfuerzo informativo, pero es un canal de pago también. Te menciono una anécdota. Cuando conversé con Jorge Lanata, él dijo que había una cosa que le impresionada mucho de Chile es que en el principal diario del país las noticias internacionales fueran después de las páginas de vida social. Ahora cambió… Pero, en general, en el país las noticias internacionales, lo digo con mucho respeto, no abundan en nuestros medios de comunicación y eso es algo que tiene que ver con un tema más profundo de identidad nacional. Somos algo abstraídos y ensimismados. Es una vieja seña de nuestra cultura, así que no me sorprende.

-¿Debería cambiar la estructura informativa?
-Hay mucha discusión en torno a la extensión de los noticieros y de la sustantividad de los mismos. Ésos son procesos que hay que evaluar. Nuestro departamento de prensa hace un gran trabajo sobre la base de cumplir cánones y exigencias programáticas mucho más rigurosas que el resto de la industria. TVN no tiene el facilismo ni la espectacularidad ni el sensacionalismo de otros canales y hace su tarea. La gente ve y sigue los eventos importantes en este canal y eso es una señal también de nuestra fuerza.

-¿Cómo ve lo que está haciendo Cristián Bofill en prensa en Canal 13?
-Me parece que sobre todo en la noche hay un esfuerzo serio por transmitir información de calidad. Hay un buen proyecto y ahora tienen a una periodista, Marlén Eguiguren, que viene del área económica y creo que hace una contribución. Todo lo que suba el estándar de la televisión es bienvenido. La sociedad debe debatir sobre estos temas, tiene que mejorar la calidad de su televisión en términos informativos, en términos de entretenimiento, tiene que estar permanentemente preguntándose por qué no innovamos. Para todo eso no contribuye para nada que se hayan reducido los fondos concursables del Consejo Nacional de Televisión para el 2014. Con ese financiamiento se ha hecho buena televisión en Chile en los últimos años y esos montos deberían aumentar, no bajar. Mucho más, ahora que vamos a tener una nueva televisión digital que va a ampliar las posibilidades para que muchos puedan hacer televisión.

-En ese sentido, ¿qué le parece la ley de televisión que se tramita?
-Se demoró demasiados años en su promulgación y eso va a generar una dificultad, porque su implementación va a producir unas expectativas que van a ser difíciles de cumplir. Por otro lado, creo que los desafíos para Televisión Nacional que están planteados en la ley van a ser conocidos sólo en el momento en que la ley sea promulgada y ahí ya sabremos cuál es el tamaño de nuestra tarea. Pero la implementación de la TV digital es un desafío grande.

-Entre otras cosas, lo que hacía este proyecto es que le daba más atribución al Consejo Nacional de Televisión.
-El Parlamento tuvo un extraño desempeño en relación a ese proyecto porque le dio muchas atribuciones al Consejo. Ahora, algunas de ellas están en discusión constitucional, pero a la vez llenó de inhabilidades a quienes eran hipotéticamente integrantes, entonces yo he conversado con varios de ellos y las posibilidades de poder ser miembro se han hecho tremendamente limitadas, por la remuneración de los consejeros, que es muy modesta para un trabajo casi de jornada completa. Ya hay una disposición en el Parlamento de corregir esto, porque de la manera en que se plantea sería imposible tener la gente que se requiere para una tarea tan delicada, que tiene ver con la opinión pública, con la formación no sólo de un juicio respecto de los acontecimientos políticos, sino que también en la forma cómo la TV trata a los niños, a las minorías, y toda esta conversación se tiene que hacer desde la base del pluralismo. •••

SEÑAS DE IDENTIDAD

Hincha de Colo Colo, padre de tres hijos, coleccionista de discos, vecino de toda la vida de Providencia, Solari estudió en el Instituto Nacional y luego Economía en la U. de Chile, donde investigó la escuela de Milton Friedman. “La izquierda debería leerlo, para poder criticarlo con propiedad. Lo mismo la derecha respecto de Gramsci, al que suelen atacar sin haberlo leído siquiera”, dice. Su padre era trotskista, pero él siempre ha sido más bien moderado, incluso cuando fue dirigente secundario durante la UP. “Empecé en la política el 71. Me tocó un período de la juventud socialista, que encabezaba Carlos Lorca. Ahí conocí a Michelle Bachelet. Teníamos una fuerte actitud de respaldo al gobierno de Allende. Fuimos siempre muy críticos del izquierdismo y lo considerábamos como una amenaza y un riesgo. Tenía 18 años para el golpe, y tomé plena conciencia el mismo 11 que la dictadura iba a ser larga”.

-¿Estuvo con Lorca ese día?
-Sí. Hoy está desaparecido. Almorzamos juntos en una escuela de la zona sur de Santiago. Estaba Camilo Escalona, también. Entendíamos que el régimen militar iba a ser refundacional y también hacíamos una autocrítica, porque había habido un izquierdismo retórico que no fue capaz de materializarse ni tener ninguna capacidad real de defender el gobierno constitucional.

-¿Qué pasa cuando ve a los líderes estudiantiles actuales con un discurso muy crítico de la Concertación?
-Tengo muy buena opinión de los líderes estudiantiles actuales y tengo el privilegio de conocer a varios. Me parece que ellos se han hecho cargo de una agenda de gran significación para el futuro del país. Tiene que pasar mucho tiempo en un país para que surja una generación tan importante como la del 2011.

-¿Los ha asesorado?
-No, he tenido una muy buena relación con la gente de Revolución Democrática, por ejemplo, trabajamos juntos en la epopeya de Providencia que llevó a la alcaldía a Josefa Errázuriz y creo que la incorporación de los estudiantes a la vida política ha sido muy valiosa. Ahora se está produciendo el fenómeno de que la propia derecha se está empezando a revisar, en discusiones bien profundas, y creo que eso es bueno para el país, para que haya menos polarización, y no sigamos viviendo sólo en la lógica de dos visiones, sino que estas visiones se multipliquen.

-¿Pero no cree que hay mucho eslogan en el discurso?
-Nadie le puede pedir a los dirigentes estudiantiles que dejen de ser lo que son, representantes de un colectivo que tiene también sus propios intereses. Ahora, yo creo que los universitarios deberían apreciar que aquí el punto principal de cualquier cambio al sistema educacional chileno pasa por el cambio al sistema escolar. O sea que aquí lo primero es preocuparse de los niños, de mejorar la calidad de las escuelas más pobres, de atender a aquéllos que no están llegando a las universidades del Cruch. Ésa es la prioridad y el país tiene que hacerse cargo.