La presidenta de la Fundación Luksic se incorporó al “Compromiso País” de Alfredo Moreno y armó un grupo en Quiñenco para que la apoye. Se reconoce cercana a Evópoli, cuenta que le hubiese gustado participar en las empresas del grupo, pero que el suyo –como otros de la época– era “machista” y que está peleando para que en la tercera generación eso no ocurra. Sobre su hermano Andrónico, asegura: “Hoy, los empresarios son más valorados y quizás él ha tenido un aporte con su tema del Twitter”.

  • 25 octubre, 2018

El 1 de agosto, Jacqueline Plass, secretaria ejecutiva de Compromiso País, llegó a la oficina de Paola Luksic en el barrio El Golf –donde tiene su family office– con una propuesta: que la tercera hermana del clan de origen croata se hiciera cargo de un grupo de riesgo social junto a un equipo de empresarios, académicos, ONG y ministros. En concreto, le encargó solucionar el problema sanitario que afecta a 1,4 millones de personas que viven en zonas rurales sin acceso a agua potable, ni baño, en las regiones de El Maule, Biobío, La Araucanía y Los Lagos.

La iniciativa está enmarcada dentro de un plan mayor que elaboró el Ministerio de Desarrollo Social –conocido como Mapa de la Vulnerabilidad– que apunta a combatir la pobreza multidimensional. Define 16 grupos con carencias graves en la satisfacción de sus necesidades básicas y crea una mesa de trabajo para cada uno. Fue lanzado la semana pasada como el proyecto estrella del gobierno.

Luksic no conocía personalmente a la exsubsecretaria de Turismo, pero sí al impulsor de la idea, Alfredo Moreno. A nivel personal, porque el ministro “corre en vaca” junto al marido de la empresaria, Óscar Lería. Y a nivel familiar, porque apenas el excanciller salió del gobierno de SP1 fue reclutado por la familia para participar como mentor en el traspaso a la tercera generación, junto a Francisco Pérez y Alfonso Mujica. “Por supuesto que tuvo que renunciar para asumir como ministro. Él ahora está trabajando para el gobierno y para Chile”, aclara la presidenta de la Fundación Luksic.

Días antes de la reunión con Plass, cuenta, Moreno había conversado con su hermano Andrónico para sumar a la familia al desafío. El empresario le respondió que Paola sería la cara visible. 

-¿Pero le preguntó antes si usted quería hacerlo?

-Me preguntó si me gustaría hacerme cargo, me lo comentó al pasar. Y yo le dije que encantada, feliz de que haya más mujeres en este grupo, porque estamos como representantes de familias empresariales la Carola del Río, la Esperanza (Cueto) y yo. Y si él me lo pidió, es porque tengo ciertas capacidades. 

De inmediato armó un grupo en Quiñenco para trabajar en el proyecto. Convocó a Francisco Pérez, gerente general; Rodrigo Hinzpeter, gerente legal  –“que estuvo en el gobierno anterior y eso es súper bueno para nosotros, dice”–; Diego Bacigalupo, gerente de desarrollo, y Carolina García de la Huerta, gerenta de comunicaciones. “Nos reunimos antes del anuncio y empezamos a tirar ideas. Por ejemplo, contactarnos con Alejandro Aravena o con algún arquitecto que haya hecho baños modulares. Ahora, una cosa es el baño en sí, que es lo más fácil, y otra es hacer la conexión. Con Juan Andrés Fontaine tenemos que ver el alcantarillado, cómo llegar con el agua ahí”, dice. 

El jueves pasado, el grupo –donde también  participa el decano de la Escuela de Ingeniería de la UC, Juan Carlos de la Llera; Leonarodo Moreno, de la Fundación para la Superación de la Pobreza; y Gonzalo Vial, de Huella Local– se reunió por primera vez en Quiñenco. Luego, el lunes, asistieron a La Moneda junto al ministro de Obras Públicas y los miembros de las otras 15 comisiones, para dar oficialmente inicio a la iniciativa.  

-¿Su trabajo consiste en conseguir financiamiento, contactos?

-No, yo creo que es tratar de solucionar el problema con gestión y con ideas innovadoras y creativas. Hay cosas que igual pondríamos nosotros como grupo, los baños, no sé, no me quiero casar con nada porque estamos recién juntándonos. Pero podemos llegar a soluciones que a lo mejor tampoco son tan caras, y es un tema de gestionar bien las platas y a las personas. 

-¿Cómo van a trabajar? 

-Vamos a formar un grupo de Whatsapp, de todas maneras. Dos veces al mes tendremos reuniones aquí en Quiñenco (apunta el edificio del frente), y una tercera con el ministro en su oficina, porque entendemos que él está a full, pero está muy comprometido con el proyecto. En marzo debemos mostrar los primeros avances. 

-¿Les pusieron una meta?

-No. Pienso que nosotros, como comisión, nos pondremos una meta: disminuir en 30%, o por ahí, de aquí a que se acabe el gobierno. Pero todos queremos  que ojalá esto permaneciera en el tiempo, con el gobierno que sea. Porque las problemáticas tienen distintos tiempos, algunas de por sí son a largo plazo: las drogas y el alcohol, por ejemplo. Lo mismo en el tema sanitario, como es en zonas rurales, a veces tienes cuatro pueblitos separados en cerros. ¿Cómo lo haces? Todos entendemos que es difícil que solucionemos el 100%, pero se trata de estar todos juntos. Cuando Chile entero se junta para distintas iniciativas, como la Teletón, el terremoto, todo el mundo colabora. Tu color político o tu religión dan igual.

-Benito Baranda criticó la “farándula política” de la ceremonia del lanzamiento. Dijo que “se trata de vestir esto con una vanidad que puede ser el punto más débil de esta propuesta”. ¿Cómo recibe esos comentarios?

-Conozco a Benito y le tengo gran admiración, trabajo con su hermana Monserrat. El lanzamiento se hizo con los grupos de trabajo, sector público, privado, sociedad civil y la academia, y creo que es fundamental  avanzar en visibilizar los problemas. Ahora, para que este proyecto tenga éxito tenemos que trabajar junto a las personas y las comunidades afectadas, porque para poder avanzar en soluciones debemos conocer de cerca el problema, conversar y compartir con los afectados. Eso no cabe duda y así lo entendemos todos.

 

“La justicia tiene que funcionar para todos igual”

Paola Luksic viene llegando de Oslo, Estocolmo y Copenhague, donde el menor de sus hijos, y único hombre, está estudiando de intercambio. “Esos países son increíbles en el tema de igualdad de oportunidades, en la preocupación por el otro, por el medioambiente”, asegura. 

-¿En el extranjero qué le comentan de Chile? 

-En general, siempre hablan súper bien de Chile, con este gobierno y los otros. Es visto como un referente en la región y eso es porque las instituciones funcionan. Y por eso tenemos credibilidad: los empresarios también son creíbles, trabajan bien.

-Pero el empresariado estuvo muy cuestionado durante el gobierno pasado, estalló el caso Penta, SQM…

-Pero lo que se hace en Chile es que aparecen estos problemas y se paran porque hay un juicio, algo que en otras partes no pasa. Acá la justicia actúa.

-¿Qué opina de la sanción que recibieron Carlos Eugenio Lavín y Carlos Alberto Délano? 

-No voy a opinar de ningún caso, pero la justicia tiene que funcionar para todos igual. Y no porque sea un empresario hay que tomarlo como ejemplificador, si amerita que es culpable, que haya un proceso. Pero la justicia tiene que ser igual para todos.

 

“Todos los grupos empresariales son machistas”

Paola Luksic estudió Ingeniería Forestal en la UC. Le gustaba el área científica y todo lo relacionado con la vida al aire libre. La familia tenía en esos años una empresa llamada Forestal Culcura y para la mayor del matrimonio Luksic Fontbona era evidente que la contratarían en la compañía. “Pero mi padre nunca me habló de eso”, cuenta, mientras toma un té verde. “Él siempre visualizó a sus tres hijos (Andrónico, Guillermo y Jean Paul) trabajando con él y los impulsó a hacer y a estudiar ciertas cosas, porque iban a trabajar con él. Toda la conversación de negocios que tuvo con ellos no la tuvo con nosotras. Mi hermana (Gabriela) y yo pudimos haber sido mucho más insistentes o empujadoras”, agrega.

No se tituló. Partió a Londres a estudiar geología. Pero a las dos semanas regresó a Chile para estar con su actual marido, Óscar Lería. 

-¿Le da vueltas el no haberse titulado?

-Sí, me da vueltas. En algún minuto de mi vida me arrepentí bastante y pensé hacerlo. Después lo boté nomás. Hice el Programa de Alta Dirección de Empresas (PADE) en la Universidad de los Andes y me he ido poniendo al día.

-¿Nunca pidió participar en las empresas familiares?

-Compleja pregunta. Sí me interesó, pero quizás por un tema cultural, que se dio así… Todos los grupos empresariales, sobre todo de la época, son machistas, esa es una verdad. Creo que hoy han cambiado, se han tenido que adaptar a la modernidad y entienden el valor de las mujeres en la empresa. Yo tomé finalmente el lado de las fundaciones, como muchas otras mujeres de familias empresarias. Estoy peleando para que eso cambie en la tercera generación, por lo menos en mi familia.

-¿Cómo?

-Mucho pasa por conversar con mis hijas y sobrinas, que entiendan que tienen las capacidades y que si quieren estar ahí, pueden. Finalmente, el tema para las mujeres es que si en tu vida quieres ser mamá, quizás postergas ciertas cosas por estar con tus hijos. Es una opción. Es complejo para las mujeres cuando deben tomar esa decisión y por eso, quizás, no hay tantas mujeres en los puestos de más arriba. Pero en la tercera generación, hombres y mujeres tienen los mismos derechos para trabajar y estar en los directorios de las empresas. 

-¿Se define feminista?

-No, me defino como “a favor de la mujer”, no necesariamente feminista. Estoy a favor de la igualdad de género.

-¿De las cuotas?

-En algunos lados, en el sector político me parece que es la única forma de tener más participación femenina, pero siempre estoy más por la capacidad. Y las mujeres tenemos las mismas capacidades que los hombres, además, poseemos más intuición y trabajamos mejor en equipo que ellos. Claramente, una mujer es un aporte en todo ámbito: en la empresa y en la política. 

-¿El que la hayan llamado a usted para integrar el Compromiso País lo ve como un reconocimiento, al fin llegó su momento? 

-Sí. (Ríe)

 

Proyecto Aula Segura: “En un colegio privado, por algo mucho menor, lo sacarían volando”

Preside desde 2005 la Fundación Luksic, que se enfoca en la educación técnica. En el directorio participan Andrónico Jr. e Isabella (hija de Jean Paul). “Ellos tendrán que traer a gente joven con nuevas ideas y otras formas de ver problemas. Siempre nos dicen por qué no nos metemos más en emprendimiento y medioambiente, porque hasta ahora estamos enfocados en la educación técnico profesional. De aquí a un par de años me quiero salir y que sea la tercera generación la que se haga cargo. En otros países, la fundación familiar es tanto o más importante que las empresas familiares”, asegura.

-¿Qué le parece la polémica que generó el proyecto Aula Segura, que permite la expulsión de los alumnos que cometan actos graves de violencia?

-No conozco a fondo el proyecto, pero encuentro complicado porque no estamos hablando de un niño que hace bullying, sino de violencia grave. Alguien que le prende fuego a un profesor no es que no sepa lo que está haciendo, tiene una intención de matarlo. Sacarlo del colegio me parece bien, pero después tienes todo el problema de cómo lo reinsertas en otro establecimiento. En un colegio privado, por algo mucho menor, lo sacarían volando… 

-El alcalde Alessandri hablaba de 1.200 alumnos que han abandonado este año los liceos emblemáticos y que la violencia es una de las principales causales…

 -Es que de alguna forma hay que pararla. ¿Cuál es la mejor forma? No lo tengo tan claro. Quizás esta nueva ley, pero tienes que estar realmente seguro de que esa persona hizo la barbaridad. Me parece lógico que en vez de echarlo inmediatamente habría que suspenderlo por los días que corresponda mientras se hace la investigación y después, si sale libre, el colegio tendrá que proporcionarle una forma para que se ponga al día con las materias. Si se toman los colegios por no sé cuánto tiempo, habrá alguna forma de recuperarlo. 

 

“Si estás haciendo algo de buena voluntad, ¿por qué  no lo vas a poder contar?

-¿Le complica que se le vincule políticamente al gobierno?

-No me complica porque estoy feliz de colaborar. Si me lo hubiese pedido un gobierno de izquierda, lo habría hecho igual. Y creo que la mayoría de los empresarios lo habría hecho feliz también, porque no estamos por nosotros, por la empresa, ni por lo que significa el grupo o la familia, sino porque de verdad queremos que el país salga adelante y que la mayor cantidad de chilenos tengan una buena calidad de vida. 

-¿Influye en la iniciativa que Moreno o el presidente Piñera hayan sido empresarios?

-Sí, porque Alfredo ve las cosas desde esa perspectiva y trata de solucionar las cosas de una forma más amplia, aplicando la forma de hacer las cosas en la empresa. Tiene los dos lados: el social-político y el empresarial. 

-¿Cree que los debieron sumar antes?

-Sí, podría haber sido antes. Claramente teníamos que hacernos cargo de alguna forma y ser un aporte para la sociedad. Pero años atrás, quizás no era el momento. 

-Como miembro de una de las principales familias empresariales de Chile, ¿siente que tiene una responsabilidad mayor con el país?

-Siempre lo he sentido así. Mi papá nos transmitió en todo momento que teníamos un compromiso: está la Fundación Luksic, Andrónico tiene fundaciones, Guillermo también, y yo estoy armando otra de mi familia (Lería Luksic). Creo que todos los que hemos tenido la oportunidad y la suerte de estar donde estamos –y no solo la suerte porque en mi familia el trabajo ha sido algo súper potente siempre–, tenemos una responsabilidad con Chile. No es que nos queramos hacer cargo de todo, tenemos claro que esto es pega del Estado, pero si podemos ayudar a que las cosas sucedan más rápido, es lo mejor que puede pasar. 

-Ustedes son abiertos a contar lo que donan, por ejemplo, en la Teletón. En general, en Chile la cultura es más reservada. ¿Se han sentido cuestionados por mostrar su fortuna?

-No, nunca nos hemos sentido así. Y creo que estos últimos años ha cambiado el tema de la filantropía. Siempre dije en la fundación: salgamos cuando tengamos cosas para mostrar, no porque sí. El caso de la Teletón, claro, se televisa y todo el mundo la ve. Pero la filantropía ha cambiado y si estás haciendo algo de buena voluntad, con todas las ganas de ayudar a Chile, por qué no lo vas a poder contar, humildemente. 

 

“Andrónico ha tenido un aporte con su tema del Twitter” 

-¿Qué le parece la faceta tuitera de su hermano Andrónico?

-Lo encuentro genial. Nosotros siempre hemos querido resguardar nuestra privacidad –por nuestro padre también, que era de bajo perfil, nunca quería aparecer–, pero eres parte de un grupo y de una familia, y no queda otra. Como familia nos ha servido mucho porque él pasó a ser cercano a la gente que no era. No puedes estar en un pedestal. No necesariamente es que él haya sido así, es que lo veían así, pero si tú no explicas lo que estás haciendo, la gente se imagina las cosas que quiere. Desde el primer día que quiso entrar a Twitter lo apoyé, pero le dije: te van a aporrear. Aunque así como lo aporrean, hay muchas personas que salen a defenderlo cuando alguien lo insulta. Hoy, los empresarios son más valorados y quizás Andrónico ha tenido un aporte con su tema del Twitter. 

-Cuando Andrónico publicó el video en Youtube, en 2016, dijo que era poderoso. ¿Usted también se considera poderosa?

-No, para nada. Cero. Eso del señor poderoso fue que se quiso hacer cargo de la palabra, quizás no tenía que haberla dicho, pero está bien que se haya hecho cargo. Andrónico es una persona súper relajada, divertida, es muy cariñoso, y la gente lo ha ido conociendo. 

-¿Las decisiones de regalar asados, o los concursos para emprendedores, los conversa antes con la familia?

-No, todo eso es de él. Y después me cuenta, y yo le digo, “oye pero podrías preguntarme antes en todo caso”. (Ríe). Tiene 400 mil seguidores…

-¿Ha pensado entrar a las redes sociales también?

-Yo no. Y yo creo que mi hermano Jean Paul o la Gabriela, tampoco. Con uno es suficiente. Igual tienes que dedicarle tiempo. Lo bueno de esto también es que cuando aparecen estas verdades que no son verdades, él las puede parar altiro.

 

“Me gusta Evópoli”

-Siempre se dice que los Luksic son oficialistas…

-(Ríe). Sí, porque mi padre era oficialista. Él era principalmente un empresario y su motivación era crear trabajo. Se la tenía que arreglar con el gobierno que fuera. En mi casa no se hablaba de política y tenía amigos de todos los colores, que es lo más razonable que hay.  Yo creo que todos los gobiernos tratan de hacerlo lo mejor posible. Pienso que este gobierno va por el camino mejor nomás, pero no me cabe la menor duda que gobiernos de izquierda o derecha siempre han tratado de hacerlo lo mejor posible, de acuerdo a lo que ellos creen.

-En qué ala de la centroderecha se ubica, ¿conservadora o liberal?

-Más liberal. Estoy a favor del aborto en tres causales, del matrimonio igualitario. Lo de la eutanasia lo encuentro más complejo. 

-¿Nunca ha militado en algún partido político?

-No, pero me gusta Evópoli. 

 

“Hay que rectificar algunas reformas”

En el ala izquierda del piso 17 de un edificio en Apoquindo con Enrique Foster está la oficina de Wild Sur, donde Paola Luksic administra sus inversiones, y en el ala derecha está Osler, la firma de su marido. Sentada en la sala del fondo, la empresaria reflexiona: “La sensación que tengo es que hay un mejor ambiente en el país. Vamos bien, la gente está contenta, hay otro ánimo”. 

-Según los resultados de la Casen, la pobreza multidimensional se estancó y la desigualdad no disminuyó durante el gobierno pasado. ¿Cree que hay que rectificar las reformas de Bachelet?

-Creo que hay que rectificar algunas reformas. Ahora, las encuestas dicen eso. No sé si en más tiempo, a lo mejor, algunas cosas hubieran cambiado y para mejor. Pero se estancaron, tampoco empeoraron. Claramente, yo voté por este gobierno y creo que lo va a hacer mejor.

-¿Considera que Chile es un país injusto?

-En algunas cosas es injusto todavía: ojalá que todo el mundo pudiera tener mejor salud y no hacer cola, que la educación pública fuera mejor. Creo en la gratuidad para los que la necesitan, pero los que pueden pagar, deberían hacerlo. Nos falta mucho en igualdad de oportunidades, que el que estudia en un liceo en La Pintana aprenda lo mismo que un chico en un colegio privado. Pero hay toda una historia para atrás que también es compleja.

-Pero además de la calidad, todavía siguen importando mucho las redes y contactos…

-Yo creo que se ha avanzado. Mucha gente contrata a las personas por sus méritos y no por el colegio y la universidad de donde vienen, pero falta todavía, claramente. Hasta en los países más parejos eso influye al final, de una forma u otra. Con la movilidad social eso se puede solucionar, porque esa persona que estudió, tendrá hijos que también lo harán, y va a ir cambiando. Pero no es algo que ocurra de la noche a la mañana.