El abogado Juan Carlos Eichholz considera que se ha avanzado poco en la solución de la crisis social. Dice que en momentos como este urge la buena conducción, y que en eso, aún estamos al debe. Eso sí, destaca el papel que
han jugado Briones, Desbordes, Auth y Boric. Y sobre el plebiscito, adelanta: “Voto apruebo”.

  • 30 enero, 2020

Juan Carlos Eichholz divide su tiempo entre la consultora internacional CLA Consulting; la Universidad Adolfo Ibáñez, donde es profesor de la Escuela de Negocios; y las conferencias empresariales que dicta por América Latina. En esta entrevista habla de por qué cree que hay que votar “apruebo”; se refiere a la “mala conducción política”; y destaca el “positivo rol” que han jugado figuras como Mario Desbordes, Gabriel Boric, Pepe Auth y el ministro de Hacienda Ignacio Briones. Dice que le cuesta entender a Andrés Allamand y que el presidente Sebastián Piñera está actuando como en “Piñera 1”. “El año pasado tenía un discurso con mirada, con disposición a la conversación. Pero algo pasó a partir de febrero del año 2019, que eso cambió”, señala. Por su cercanía al sector privado, el abogado de la UC señala que aunque en general cree que los empresarios están bastante “atemorizados”, hay varios que
están en un proceso de “sensibilización” con los nuevos desafíos que se requieren en este tiempo de cambios.

-¿Cuál es tu percepción de la crisis, desde el 18 de octubre hasta ahora? ¿Hemos avanzado?
– Yo veo poco avance y por lo menos desde mi mirada hay bastante preocupación. Estamos viviendo una transición que viene desde mucho antes del estallido y naturalmente desde el 18 de octubre se hace imposible no verla y la pone en niveles de tensión muy altos. Y toda transición exige una buena conducción, más aún con los niveles de tensión que estamos viendo hoy. Entonces la pregunta es: ¿Quiénes están llamados a llevar adelante esa conducción? No estamos hablando de una transición social. En un país un sistema político cumple un rol y yo estoy preocupado porque las señales que se han visto desde el 18 de octubre hasta ahora no son las mejores. O sea es como un sistema político que todavía no acusa recibo del error que tiene en cómo conducir esta transición. Se ve demasiada polarización, se ve demasiada búsqueda de intereses partidistas, personales dentro de este tumulto y muy poca generosidad, muy poca mirada, perspectiva, muy poca discusión de lo que realmente es bueno para el país, independiente de la postura que cada uno tenga.

-¿Y quién, a su parecer, ha sido el menos generoso?
– El Frente Amplio claramente muestra demasiados vaivenes, demasiadas voces. Hay veces que se avanza en algo, pero después tenemos que retroceder. Yo creo que el que menos ha sido parte de esto ha sido el Partido Comunista. Ellos están jugando su propio partido.

-¿Y positivamente, a quién destaca? ¿O están todos al debe?
– Claramente Mario Desbordes ha jugado un rol fundamental. Ha tenido una mirada mucho más allá de su partido, de su sector (RN), que ha sido especialmente sensible. Ha estado en sintonía con lo que pasa con la ciudadanía. Tienes un caso similar en la centroizquierda, en Pepe Auth o incluso te diría que Gabriel Boric. Él tiene claro que está dentro de un Frente Amplio muy dividido y con diferentes voces.
Y cuando él se pronuncia, en algo que parece estar enfocado a una perspectiva mayor y en bien del país, su sector no lo entiende. Eso cuesta y requiere no solo seriedad sino que mucha valentía.

-¿Gabriel Boric ha sorprendido a la centro derecha? No le pregunto por los políticos…
-Si uno conoce a Gabriel Boric y si sigue su trayectoria, no debería causar sorpresa. Con Mario Desbordes tampoco debería haber sorpresa. Pero claro, se hace mucho más visible ese tipo de liderazgo en momentos como éste, en que no solamente aparecen con esa visión más transversal que siempre han tenido, sino que además muestra mucha valentía.

-¿Qué le parece el rol que ha jugado Allamand?
-Me cuesta entenderlo. Yo habría esperado una posición y una mirada distinta. Quizá se condice con los últimos años de Allamand, pero no se condice en absoluto con el Allamand de los 90, mucho menos con el de los 80. De seguro que este es un momento para Allamand, pero debió estar en una posición distinta a la que ha tenido, y más bien en la posición de Desbordes.

-Me decía recién que este tiempo requiere una buena conducción, ¿se refiere al gobierno?
-Me refiero al sistema político en su conjunto. Hace rato que esto no es un sistema presidencial, a pesar de que en la Constitución lo es, en los hechos no lo es. Entonces es evidente que el presidente y en La Moneda, hay limitaciones muy importantes a la hora de querer poder conducir un proceso de transición social. Eso no significa que no tenga responsabilidad. Desde luego, es una cuestión principal,
pero lo que estoy diciendo es que no puede entenderse al gobierno como el único actor responsable. Y, en La Moneda, a mí me gustaría ver más del estilo “tipo Briones” y a un Gonzalo Blumel (ministro del Interior) más desplegado.

-¿Por qué?
-Blumel yo creo que tiene una mirada más en sintonía con la ciudadanía, lo que pasa es que está tan cerca de la toma de decisiones política y del propio presidente, que entonces esa mirada se ve opacada. No así Briones que está un poquito más lejos, físicamente hablando y porque tiene todo un ámbito de decisiones, no propias, pero bastante bien encapsuladas con todo lo que tiene que ver con el manejo de las finanzas públicas. Y ahí entonces su voz aparece. La voz de Blumel no logra agarrar la fuerza que creo debería tener.
-Además está con todo el tema de los derechos humanos, que hoy lo tiene muy incómodo.
-Así es “Piñera hoy es más parecido a lo que fue Piñera 1”

-¿Cómo ve al presidente Piñera?
-Primero hay que reconocerle una cosa el presidente, que esto es un tsunami que se le vino encima y el presidente ha podido todavía estar parado. No cualquiera podría decir eso. Y con mucho tesón, con mucha fortaleza, tratando de conducir en momentos extraordinariamente complejos, turbulentos, que son capaces de pasar por encima de muchas personas. Eso es lo primero. Lo segundo, es que el estilo
presidencial, el estilo de Piñera, no ayuda, no ayuda porque carece exactamente de lo que acabo de destacar en Briones. No lo tiene naturalmente, no lo ha podido desarrollar, y claro, en momentos de estrés las personas volvemos a nuestros pilotos automáticos. Y el piloto automático de Piñera hoy es más parecido a lo que fue “Piñera 1”. Ya nos olvidamos de esto, pero el primer año de gobierno de “Piñera 2” mostró un Piñera distinto, desde la campaña en adelante. Tenía un discurso con mirada, un discurso de construir con otros, con disposición a la conversación. Pero algo pasó a partir de febrero del año 2019 que eso cambió. Fue muy notorio verlo cuando retorna de vacaciones: llegó con un estilo mucho más parecido al Piñera 1. Y eso se ha exacerbado a lo largo de esta crisis. Sobre todo al comienzo de este estallido social.

-¿Qué le pasó?
-Mi sensación es que Piñera en un determinado momento dijo: “No estoy pudiendo llevar adelante la agenda legislativa porque están poniendo demasiadas trabas y no me está funcionando la alternativa del diálogo. Entonces voy a entrar en la política más confrontacional para mostrarle a la ciudadanía que la oposición es la que está trabando la agenda de progreso que el gobierno está impulsando”. Y ese estilo se acentúa durante todos los días que siguen al 18 octubre. Aunque hoy ha estado un poco más reservado.

-¿Y a ese estilo le pasó la cuenta? Le pregunto por la baja aprobación…
-No, aquí creo yo que la ciudadanía está diciendo “¿sabe qué más? Usted tiene que conducir todo, y no esto no está dando el ancho”. Pero el cuestionamiento es al sistema político completo. Y yo pienso que el sistema político no está acusando recibo y eso puede ser muy grave en un plazo de uno a dos años.

-¿Qué podría pasar?
-Hay una polarización que puede llevar a que las fuerzas que están operando hagan casi imposible que aparezcan voces que con decisión, convicción y valentía estén orquestando una conversación acerca de qué es lo mejor para el país. Entonces, finalmente ocurre que cada uno saca su pedazo de torta, cada uno está viendo cómo se aprovecha del sistema, en lugar de como construye con otros un progreso
para ese sistema. Se vienen dos años bien importantes. Vamos a tener movilización, incertidumbre,
discusión, desequilibrio, que es muy propio de transición. De esto se puede salir fortalecido, sintonizar con las diferentes necesidades y articular algo que no sea diametralmente distinto a lo que había antes, pero sí lo suficientemente distinto para que quede dentro del concepto de un nuevo pacto social. Así, todos sentimos que avanzamos a un lugar distinto al anterior y a partir de ese momento empezamos
nuevamente a poner toda nuestra energía en trabajar, en invertir, en legislar, pero creyendo en que este país va de nuevo por una senda de progreso. Esa es una posibilidad.

-¿Y la otra?
-Es que nos pasamos dos años discutiendo, peleando, polarizándonos. Si eso se exacerba, cada vez confiamos menos en el futuro del país. Y si eso pasa, si soy empresario empiezo a invertir afuera; y si soy trabajador no voy a poner un esfuerzo adicional, porque esto se puede desmoronar en cualquier momento; si soy legislador, tampoco me esfuerzo porque todo va a estar paralizo. Entonces todos
dan menos de sí mismos. Si eso ocurre, vamos a tener un país que empieza a involucionar. Estamos viviendo una transición, que es un punto de quiebre que nos puede fortalecer o debilitar y hacernos involucionar.

-¿De qué escenario estamos más cerca?
-Las señales que veo ahora son preocupantes.

-¿Preocupantes de que nos conduzcamos a la segunda alternativa?
-Así es.
-No está en el lado de los optimistas, claramente…

-Yo creo que ser optimista hoy día, es ser voluntarista. Porque es mucho lo que es
necesario hacer, el esfuerzo, la perspectiva que hay que poner para que esto resulte
bien. Entonces ser optimista es pretender que las cosas van a salir bien. Pero por sí
solas no van a salir bien.

“Apruebo”

-¿Vota rechazo o apruebo?
-Apruebo.

-¿Por qué?
-Por convicción. Chile necesita un nuevo pacto social. Es obvio que la Constitución no arregla el problema. Pero es un símbolo de un nuevo entendimiento y eso es lo que a muchos les cuesta entender. Entonces argumentamos “bueno pero la Constitución, no resuelve los problemas”. Obvio que no, pero necesitamos un nuevo entendimiento, nuevo pacto social, algo que genere una mucha mayor sensación de inclusión. Aquí hay una cuestión que a veces no miramos con suficiente perspectiva. Hay un proceso que viene ya desde hace diez años ocurriendo y no se puso atención a lo estaba ocurriendo. Había un malestar, por los abusos, por las promesas incumplidas, por el endeudamiento, por el mal acceso a educación, que empieza a crecer, que se va expresando en diferentes modos, hasta que viene este
estallido. Lo que ha ocurrido es que desde el 2010 hasta ahora, es que la gente de clase media percibe que los sueños que estaban cerca, de casa propia, de buena educación, de salud, es menos probable que se cumplan. Y todos se preguntan por qué si se supone que hay más crecimiento económico. Entonces este malestar se traduce en sensación de exclusión y abuso. Y aquí vienen todos los datos que conocemos de distintos tipos de corrupción a nivel empresarial y política. Y en un momento esta cuestión se hace insostenible.

-¿La Constitución mejora eso? Los que rechazan creen que no.
-Hay una suerte de un pacto social que se ha roto. Ese pacto social decía: “Usted esfuércese y el sistema le va a permitir surgir”. Esa era la promesa que viene desde los años noventa. Y esta última década esa promesa se ha ido mostrando incompleta, inalcanzable para muchos. Por eso es necesario reformular el pacto que tenemos de los ’90.

-¿Qué les dice a los que temen por la carta abierta?
-Estamos viviendo en la incertidumbre. Nadie puede tener certeza de nada, aun cuando hubiese un triunfo del rechazo. ¿Tú crees que el rechazo va a calmar las aguas? No, eso no va a significar reafirmarnos en el pacto social que tenemos. Y eso lo único que va a hacer es aumentar la sensación de abuso, de exclusión y de esto que hemos llamado estallido social. Esta fuerza del rechazo, que va
aumentando su aceptación en determinados sectores, nos está llevando a mayor polarización. Eso es exactamente lo que no necesitamos. Yo hubiese preferido, aunque ya no es posible, que todas las fuerzas políticas se hubiesen sumado al apruebo y que tuviésemos un 90 por ciento de la población, como ocurrió para el plebiscito del 89, a favor de una nueva Constitución y que discutiéramos cuáles
tienen que ser las bases del nuevo pacto social. Yo no le tengo miedo su conversación.

-¿Le tomo un tiempo llegar a esta reflexión?
-Desde el día uno estoy convencido. Y cada vez estoy más preocupado por la polarización que veo. Y me preocupa que en el último mes y medio, hay cada vez más personas en la centroderecha proclives al rechazo.

 

“Debemos incorporar valores femeninos”

-Usted es asesor de empresas. ¿Ve que la inquietud en el sector amaina?

-Hay que entender que no solamente la sociedad está en transición, sino que la empresa también. Hay un cambio fundamental en los modelos de negocio que se está viendo a nivel internacional. Es lo que se llama revolución digital, que está amenazando las bases de lo que ha sido nuestra receta de éxito económico. Hoy tenemos un negocio que está mucho más basado en la innovación, asociado a la colaboración, al despliegue del talento, y la eliminación de estructuras rígidas, excesivamente ordenadas y jerárquicas. Esta transición está poniendo a las empresas chilenas en un lugar complejo porque les ha costado entender las necesidades de esto y Chile se está quedando. Hay algunos que lo vieron y están avanzado, pero en general perdimos varios años.

-¿Cómo debiéramos estar ahora?
-A nivel empresarial, los últimos dos o tres años han sido de sensibilización. Y estamos en la etapa de pasar de la sensibilización a la internalización de qué significa esto. Qué es lo que tengo que hacer distinto para que la empresa no sea simplemente una unidad económica que produce utilidades y riqueza. La empresa chilena necesita transformarse y abordar con convicción los procesos profundos de transformación, que no significa alterar todo lo que tiene pero significa incorporar muchos elementos nuevos, porque claramente hay una redefinición de lo que es ser empresa o del rol de la empresa. De eso se habló en el Foro Económico Mundial de Davos. Lo que se dijo es súper simple: el propósito de la empresa es colaborar con otros stakeholders para construir un progreso que represente valor compartido y sostenido.

-¿Entre los empresarios hay temor a invertir?
-Lo que yo escucho en general están bastante atemorizados. Eso es como lo que mejor grafica el estado emocional de los empresarios. Por tanto, obviamente en algunos casos aparecen comentarios que dicen “oye, no tiene mucho sentido seguir invirtiendo en el país”; “invirtamos más afuera”; “desinvirtamos”; “vendamos”… Esas propuestas no necesariamente se están materializando, pero están en la conversación. Y hay otros, y te diría que Enade va poniendo más énfasis en eso, que ven que estamos en un proceso de transición y que el rol de la empresa no es marginarse, sino que es ser parte de ese proceso de transición.

-¿Dónde está la mayoría? ¿En los atemorizados que prefieren salir o los que quieren ser parte?
-Depende en el círculo en que te muevas. Yo tengo contacto en Icare, y ahí la postura es esa. Se entiende que está pasando algo muy importante en el país y los empresarios tienen que tener un rol. Entonces la pregunta no es cómo desinvierto, sino de qué manera puedo yo contribuir como un actor a esta transición. Parte de todo esto que está pasando a nivel social tiene mucho que ver con lo
femenino.

-¿Con la inclusión de la mujer?
-Nosotros estamos avanzando, y para bien, a un mundo más femenino. Eso no significa que sea un mundo de mujeres, significa que es un mundo más femenino. Parte importante de los valores que tiene Briones, son más propiamente femeninos: el diálogo, la empatía, la forma en que se acerca y que escucha. Es muy importante que vayamos dejando de lado sistemas más bien patriarcales, machistas y vayamos incorporando elementos más femeninos en las organizaciones empresariales, en la
política, en la toma de decisiones.

-¿Incorporar más mujeres?

-No solo eso. Nosotros los hombres tenemos que desarrollar nuestro lado femenino.