Sergio Cardone dice que, aunque efectivamente el país crecerá menos en los próximos años, él, a diferencia de otros, tiene una visión positiva. “Chile, después de esta crisis, armará un modelo económico, centrado en la comunidad, que será imitado en el mundo”, pronostica el empresario, quien es presidente de la corporación 3xi, de Mall Plaza y socio de Falabella.

  • 21 noviembre, 2019

El jueves 14 de noviembre, Sergio Cardone Solari (72) estuvo durante casi dos horas en La Moneda con Sebastián Piñera en uno de los salones del segundo piso. Un día antes, Francisco Gazmuri, director de 3xi, entidad privada que él preside y que crea espacios de conversación entre empresarios y la sociedad civil, le dijo que los habían citado en Presidencia. Además de Cardone, asistieron al encuentro otros 10 representantes de esa organización, entre ellos, Sandro Solari. “La verdad es que llegamos sin entender nada. Yo no sabía si íbamos a una marcha alrededor de La Moneda o qué”, confiesa el empresario, quien es socio y director de Falabella, presidente de Mall Plaza, cofundadador de Enaco, socio de G100, entre otros.

Y agrega: “Estuvimos más de una hora y media hablando. Sandro y yo le insistimos al presidente en la importancia del diálogo con la sociedad civil, que era el corazón de este gobierno. Él se quedó. No se quería ir. ¿Sabes lo que es eso?’”.

-¿Cómo lo vio a él?

-Lo vi bien. Lo vi receptivo. Yo creo que esta vez nos puso un poco más de oreja que antes. Él sabe de la existencia del 3xi, y entiende que es algo muy acorde con lo que estamos viviendo: buscar el diálogo e incentivar encuentros para proponer iniciativas que colaboren con sectores con menos recursos. Entonces, el llamado que nos hizo fue un poco por eso. Finalmente le dijimos: “Nos ponemos a disposición de usted, presidente. Lo que usted quiera, lo que usted necesite, cuenta con nosotros”.

-¿Cómo ha estado el presidente en esta crisis? Ha recibido críticas de todos los sectores.

-A todos los que lo critican yo les haría la pregunta al revés: ¿qué habría hecho usted en su lugar? Dadas las circunstancias, yo creo que ha estado relativamente bien. No estoy en la vereda de los que critican. Lo que ha vivido es tremendamente complicado. Esto de no tener inteligencia y que los que invocan las manifestaciones se comuniquen de una forma en la que no se les puede seguir la pista, es de terror.

 

“La empresa perdió sentido”

Sergio Cardone dice que cuando vio los incendios que se produjeron en varias estaciones de Metro, el 18 de octubre, se impresionó. “El día que partió todo fue de shock total, y de preguntarse qué hicimos mal. Fue una sorpresa, no lo vi venir. Cuando observas esa rabia acumulada, te haces la pregunta: ¿en qué estaban pensando todos los que no lo vieron?”.

-¿Y en qué estaban?

-Este fenómeno es mundial, aquí en Chile explotó más fuerte, pero tiene las mismas características que en otros lados y va a seguir explotando. Ahora, ¿de dónde nace? De una desconfianza en el poder: en los políticos, empresarios, Iglesia, Fuerzas Armadas y Carabineros: nuestro emblema como institución más confiable, que también se fue al agua.

Pero no basta eso. Si tú lo piensas bien, ¿en qué estaban los gobiernos con el problema de los niños del Sename? Cuando murió Lissette salta el tema. Después están los nini (ni estudia, ni trabaja). Ese tema no era tema. Y así vamos sumando. Las AFP. Todo Chile estaba convencido, cosa que es verdad, de que la plata se administró maravillosamente bien. Pero sabemos que eso es para las personas que imponen. Y que hay grandes lagunas por distintas razones. Era obvio que esa cuestión iba a explotar. Y explotó con la marcha no más AFP. Entonces, todo mal. ¿Por qué esperamos a eso? Estaban todos mirando el techo. Del sector privado decían ‘este problema es del gobierno’. Y el gobierno también miraba al techo porque estaba ocupado de otras cuestiones.

-Y el crecimiento está mal distribuido, dicen los expertos.

-La prosperidad no es pareja. Este fin de semana fui a Iquique, y la parte plana de la ciudad, llena de edificios altos, se parece a Miami. Y si te vas a Alto Hospicio, te dan ganas de tirarte por la ventana. Son los dos Chile. Pero yo creo que existe la oportunidad de cambiar. Los cabros de las empresas B dicen algo clave: que una compañía nace para resolver un problema social y la utilidad es una consecuencia. Durante años, y hasta ahora, lo único importante ha sido la utilidad. Entonces, la empresa perdió sentido. Eso tiene que cambiar. El mundo va para allá.

-¿Por ejemplo?

-El presidente del fondo de inversión más grande del mundo, BlackRock, envió una carta a sus inversionistas en la que dice: “La próxima vez que nos juntemos, yo voy a preguntar cuál es el aporte a la comunidad”. Esa pregunta equivale a ser una empresa B. Y cuando el principal fondo del mundo te dice “no te voy a medir solo por la utilidad de corto plazo”, todo empieza a cambiar.

-¿Eso va a permear en Chile?

-Sí, esto llega al tiro.

-Usted es director de varias empresas tradicionales. ¿De verdad cree que va para allá la cosa, a transformarse en “b”?

-Yo creo que si no terminan siendo “b”, empresas conscientes, o como se le llame, van a morir. Este estallido social deja fuera a todas esas personas que no querían ver. No tiene explicación ni fundamento crecer solo preocupados de la utilidad. Ya no se puede.

-¿Por qué no querían ver?

-No es que sean malas personas. Era la forma en que varios creían que así se hacían las cosas. Cuando te decían que había que matar al competidor, te lo decían en buena. Pero había cero mirada social. No se pensaba en que eso era malo socialmente. Porque lo importante era ganar. Ser el mejor. Y eso es una gran tontera. El gallo capo era el que hacía pasadas en la bolsa y luego le contaba a sus amigos “mira el Ferrari que me compré”. “Yo me hice una pasada y tú, ninguna. Pucha que eres penca”. ¿Cómo construir un país así? No se puede.

-¿Usted siempre pensó así? ¿Sinceramente nunca ha pensado en la utilidad?

-Cuando yo estudié en la universidad nunca me enseñaron a ser empresario. Te enseñaban a ser gerente. No se me pasaba por la mente que mi rol era eso. Terminé siendo empresario porque mi jefe, Manuel Cruzat, quebró. Ese fue mi primer trabajo y el último que tuve como empleado, desde los 21 a los 37 años. Yo no quería volver a ser empleado, pero no tenía nada. Lo único que tenía era una acción en Falabella, que había comprado un par de años antes para ayudar a mi familia. Imagínate la suerte. Mira dónde terminó la compañía. Yo soy su director más antiguo hasta el día de hoy.

-¿Entró a Falabella para ayudar? ¿cómo así?

-Porque a mi tío, Alberto Solari, quien era el gerente de Falabella, le dio un infarto. Y sus cuñadas, que eran las dueñas, dijeron “Alberto se muere, y hay que vender esto. Vamos a quebrar sin él”. Nadie tenía idea del negocio. Mi tío estaba vivo, pero no podía ir a trabajar. Y ahí se nos dio la posibilidad de comprar el 75%. Costó, pero lo logramos. Después yo quería hacer mis cosas. Pero todo me fallaba. Nadie creía en mí por los problemas que había tenido Manuel Cruzat. No había confianza. Al final partí haciendo casas en Bilbao y Tobalaba con Anselmo Palma, mi tío Reinaldo Solari, don Ernesto Ayala y sus hijos. Partí chiquitito y nos fue súper bien. Ahí formamos Enaco. Después formé Cimenta. Más tarde entré al Parque del Recuerdo, y al final desarrollé HMC, una mina de cobre de tres faenas (una de ellas, Michilla, la compró al grupo Luksic). Esas son las cosas donde estoy metido yo.

Partners de viaje

Sergio Cardone asegura que hace nueve años la vorágine del éxito empresarial lo hizo reflexionar. “Empecé a tener más poder dentro de las empresas. Había formado MallPlaza, era el director fundador. Entonces dije ‘voy a incorporar un rol más social en la compañía’. Convencer a los gallos de adentro no era tan fácil tampoco. Pero le encontraron sentido. Y tomaron ese lado más social. Después, con Falabella nos fusionamos con Sodimac, que era de los Del Río y donde trabajaba Alfredo Moreno. Esa empresa ya traía una buena cultura en este aspecto. Luego, Sandro Solari pasó a ser gerente general y él la potenció más aún. Por otro lado, entré a Parque del Recuerdo y me encontré con un gerente muy entusiasta: era una firma desconectada 100% de su entorno, y después de un largo trabajo, terminó siendo B.

-¿Cuándo empezó a ver la empresa de esta manera? Porque, siendo justos, no siempre miró las compañías en que participa con un enfoque social. ¿O sí?

-Te lo juro que siempre fue así. Mi profesor de Economía de primer año me lo enseñó así. Pero de segundo a quinto año, lo único de lo que me hablaron fue de la utilidad. Y que al competidor había que matarlo. Y aunque entré a trabajar a un lugar bastante humano, el lenguaje era ese. Hoy día está demostrado que las empresas B valen más que las tradicionales. Te pasas de tonto no transformarte en B. Pero aun así cuesta, porque los gallos siguen con el disco antiguo. Lo mío, más que un cambio de switch, es que encontré los partners para el viaje. Son puros cabros jóvenes.

-¿Quiénes son?

-Juan Pablo Larenas, Gonzalo Muñoz, Leo Maldonado, Nicolás Cruz. Con ellos hice el Aconcagua Summit hace ocho años atrás, en Portillo: la idea era generar una instancia de conversación en la montaña entre comunidades, empresarios, jóvenes. Lo organizamos con Gonzalo Muñoz y Pedro Arellano, miembro de una comunidad cristiana que se llama Desafío Humanidad. Gonzalo era el representante de los jóvenes e invitaba a los de su generación. Desde entonces hasta el 2017, seguí solo, sentado en esa fundación que no prendía. La idea estaba hibernando, y florece, con la creación del 3xi, cuando Alfredo Moreno asume la presidencia de la CPC.

-¿Y cómo fue esa invitación?

-Porque es íntimo amigo mío. Y yo veía a todos los empresarios cuestionados por toda la embarrada que quedó esos años. Entonces, Alfredo debía reposicionar al mundo empresarial. Yo le propuse el 3xi: poner a los empresarios en grupos pequeños, sentados en círculos y generar diálogos profundos con la comunidad. Él es súper respetado, un líder impresionante. Nadie no le contesta el teléfono. Pescó esta idea y la hizo suya. Entonces la conexión con la empresa fue de verdad, no con amigos de uno. Alfredo estuvo a la cabeza hasta que se fue al Ministerio de Desarrollo Social.

-El último encuentro fue el de la Araucanía…

-El último fue después de la muerte de Camilo Catrillanca, con la esperanza de recuperar las confianzas. Y créeme que salió fantástico, a pesar de todos los problemas generados por esa tragedia. Después Piñera cambió a Alfredo, y hasta ahí llegamos. Alfredo tenía un liderazgo en el sur que se lo ganó con los 40 viajes que se pegó. Nunca los mapuche se habían topado con un ministro que les diera tanta bola. Entonces había una esperanza de poder hacer algo más.

-Pero él recibió hartas críticas. En su minuto se dijo que no había logrado nada ahí.

-Es que con lo de Catrillanca todo se vino abajo. Eso frenó todo.

-A su juicio, ¿cómo ha seguido la posta su sucesor, Sebastián Sichel?

-No he visto nada activo.

Mirando para el lado

-¿Quién es el responsable de la crisis?

-Dentro de la empresa y también del gobierno estaban mirando para otro lado. No sé por qué no enfrentaban el problema. Pero mira, para qué estamos con cuestiones. Las conversaciones de pasillo, entre amigos, en directorios, reflejaban un poco eso. Se hablaba de puro viaje. “De dónde vienes”. “Vengo llegando de Nueva York, me compré un departamento en Miami”. “Para qué”. “Para tenerlo”. “Y cuándo vas a ir”. “No sé, pero voy a ir”.

-¿Y usted no tiene nada de eso?

-Yo tengo una casa en Zapallar, pero hace 20 años.

-¿Se considera más austero?

-No, normal. Si a mí lo que no me gusta es esa conversación de la que te hablo. Yo no tengo nada en contra de una casa grande. No tengo rollos con eso de viajar, pero sí con las conversaciones. Cuando uno hablaba de comunidad, te decían “ya, tienes toda la razón”. Pero cuando hay que trabajarlo, queda en penúltimo lugar de prioridad. Mira lo que pasa en el mundo, y que puede pasar en Chile. Hay personas que compran yates de millones de dólares y lo tienen estacionado todo el año.

-Ahí también hay una crítica.

-Al consumismo, y a eso de que “soy más que tú porque tengo un bien material que tú no tienes”. “Voy a un restorán que vale no sé cuánto, que tengo acceso”.

-O lo que pasa con los que tienen casas con acceso a orillas de playa a las que otros no pueden entrar. Eso genera rabia y hay quienes no lo logran ver.

-Es como el Titanic, ¿verdad? El barco se estaba hundiendo y los gallos seguían tocando.

-La élite empresarial está haciendo un mea culpa. Lo hizo Bernardo Larraín Matte y Alfonso Swett de la CPC, quien dijo que los empresarios debían meter las manos en el bolsillo y que duela.

-Coincido con Alfonso. Sé que piensa exactamente lo mismo que yo. A Bernardo lo conozco poco, pero yo supongo que es auténtico lo que dice. Más que los discursos, lo que me ha gustado ver estos días, es a trabajadores conversando con gerentes en mesas redondas para buscar el diálogo.

-Rodrigo Jordán, emprendedor social, dijo que ni la medida de 500 mil pesos de Luksic, ni la frase del bolsillo de Swett resuelven el problema de fondo.

-Coincido con Jordán. Para mí, la medida que logra que las partes se junten a conversar, en términos de impacto, es lo que provoca una mejor solución.

-¿Llegó tarde el empresariado? Luis Larraín dijo: ¿por qué no lo hicieron antes?

-Ese es el punto. Y claramente llegaron tarde. Los empresarios llegaron tarde, los políticos, todos. Entonces, el punto está en que no se les olvide lo que pasó y actuemos como tenemos que actuar. Y yo en eso pongo el tema de la comunidad en el centro y también el de la cooperación. Es decir, la competencia es más bien contra uno mismo, de mejorar las cosas, pero siempre vas a competir con alguien, cierto. Pero tu objetivo tiene que ser mejorar lo que estás haciendo. Y el resto es cooperación dentro de la empresa, entre la gente que trabaja dentro. Y no tratar de dispararle al gallo que tú creas que va a subir de puesto. Esa cuestión es fatal.

-También hay rabia por los casos de malas prácticas empresariales.

-Sí está presente eso. Hay muchas cosas que se hacían mal, pero que uno creía que estaban bien. Cuando ibas a comer a un restorán y la boleta después la pasabas como gasto de empresa para ahorrar el impuesto, no tenías conciencia de que estabas haciendo una cuestión muy mala. Hasta pasabas por diablo, por vivo. Había prácticas como esta, en las que nadie se hacía la pregunta. Es la verdad. Por eso es tan difícil juzgar ahora cosas que se dieron en otro contexto.

-¿Qué le parece el alza de impuesto a los más ricos?

-Me parece bien. Lo del ingreso mínimo familiar me parece muy bien. Al primer decil, que gana cerca de 200.000 pesos, el Estado ahora pagará la diferencia, hasta llegar a 350 mil pesos. Es algo súper importante que se ha hecho poco en el mundo. Es una medida económicamente perfecta. Porque si se quiere ayudar rápido al más pobre, esta es la forma: le llega directo a las familias que lo necesitan.

-¿Le parecen bien las medidas tributarias impulsadas por el ministro ignacio Briones?

-Sí, nunca he tenido rollo con las alzas tributarias. Me daba lata que estuvieran dedicando tanto tiempo a esta cuestión en vez de otras cosas importantes.

-¿Le preocupa la baja de crecimiento que se proyecta?

-Los números son bien malos. Las ventas van a caer, ya lo hicieron, y no se sabe si la gente va a volver a comprar pronto. Porque cuando la gente se asusta, ahorra, no compra. Pero si empieza a ocurrir algo peor, el gobierno tiene que sacar la batería. En Estados Unidos, cuando quedó la embarrada con los bancos en 2009, el déficit llegó a 11%. Nosotros tenemos un déficit de 2-3%. Si ocurre algo similar, tienes que meterle con todo, pero con cosas que lleguen rápido. Por ejemplo, el ingreso mínimo, que llega al bolsillo rápido y tienes que echarle mano también a algunas reservas que hay guardadas en dólares. En estos casos no hay alternativa. No te puedes poner ortodoxo.

-Hay analistas pesimistas con el futuro económico del país. Sebastián Edwards, por ejemplo, dice que se acabó el experimento neoliberal y que vamos a un Estado de Bienestar.

-No me da mucho temor. Claro, cuando vas a España y ves un montón de personas que reciben mil dólares y no hacen nada. Eso no me gusta.

“Mira que yo estoy más bien en otra onda. Pienso que aquí pasó algo en el mundo y que tendremos que volver a construirlo. Yo creo que aquí no falló el modelo, sino las personas. Por eso te hablo de la comunidad, que es central. Entonces, creo que aquí va a nacer algo nuevo, y si el país lo hace bien, va a ser un ejemplo para el mundo. Chile creará un nuevo modelo económico centrado en la comunidad, que será imitado en el mundo.

-¿Teme la fuga de capitales?

-Puede ser que algunos de ellos se asusten y compren dólares. Pero, por otro lado, el gran inversionista que está muy presente en Chile, como en muchos países, ve que el dólar subió al momento de entrar. Entonces ese se arranca y el otro entra. Porque ese gallo que es dueño de un fondo de inversión afuera solo mira el largo plazo. Entonces, la única pregunta que se hace es si Chile se irá a la cresta o no. Y muchos de ellos no son tan pesimistas como algunos de los que están acá.

-¿Y qué cree usted?

-Que Chile no se va a ir a la cresta. Creo en una nueva generación. Yo estoy metido en el G100 (agrupación liderada por Nicolás Shea que apoya a los emprendedores), ellos hacen una labor que es increíble. La esperanza está ahí, en esos jóvenes que les gusta la libertad, que están conectados, que buscan el diálogo. Eso a mí me da mucha energía. 

Encuentros 3xi: inspirar, incluir, innovar

3xi es una corporación sin fines de lucro (sus socios son miembros de CPC, Empresas B, Comunidad Organizaciones Solidarias, Asech y Virtus Partner). El propósito es incentivar la cultura del encuentro. El primero ocurrió en marzo de 2017 en Las Majadas de Pirque y se han realizado otros 13; entre ellos, uno en la Fundación Cottolengo, otro en Antofagasta, en la UC de Valparaíso y el último, en la Araucanía. “Existe un conflicto en la zona y creíamos que podíamos aportar. Resultó bien: el 40% eran mapuche, varios empresarios eran locales y asistieron compañías forestales”. Normalmente asisten cerca de 120 personas a estas reuniones donde, dice, “se encuentran pares improbables”. “Nunca nadie se conoce. La idea es escucharse, generar un diálogo. Eso es lo que le falta a Chile”. El próximo 3xi será el 3 de diciembre en la Casona Santa Rosa de Apoquindo. “El foco será el arte y la cultura. Los artistas han estado botados y son clave en la etapa que viene”.