Por Susana Sierra, directora ejecutiva de BH Compliance.     Cuando pareciera que por fin estamos transitando por el camino correcto, fortaleciendo políticas anticorrupción e instalando una agenda de probidad, algunos compatriotas se desvían de esta ruta y muestran incongruencias entre aquello que predican y posteriormente hacen. Concretamente hablo del apoyo que prestaron (ex)autoridades y actuales […]

  • 27 julio, 2018

Por Susana Sierra, directora ejecutiva de BH Compliance.

 

 

Cuando pareciera que por fin estamos transitando por el camino correcto, fortaleciendo políticas anticorrupción e instalando una agenda de probidad, algunos compatriotas se desvían de esta ruta y muestran incongruencias entre aquello que predican y posteriormente hacen. Concretamente hablo del apoyo que prestaron (ex)autoridades y actuales parlamentarios chilenos al expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula Da Silva, para que pese a estar condenado por corrupción, pudiera postular nuevamente al sillón presidencial.

Sí, el exmandatario puede tener amigos como cualquier persona, sin embargo es pertinente recordar que la forma sí importa y más aún si hay autoridades que apoyaron mociones para combatir la corrupción en el país y luego aparecen públicamente dándole apoyo a Lula que además de estar siendo investigado, está condenado en primera y segunda instancia.

Lula estuvo al mando de Brasil cuando estalló el caso de corrupción más grande del último tiempo: el caso Lava Jato. En este sentido, la responsabilidad también recae en él. Por ejemplo, si llevamos esta situación al sector privado, se sabe que si hay corrupción al interior de una empresa, el presidente de la firma da un paso al costado de manera casi natural porque no cumplió con sus deberes de supervisión y dirección. Aunque Lula no haya recibido dinero, sigue siendo responsable de lo que ocurrió en Brasil.

Bajo esta explicación, es tan paradójica esta muestra de apoyo por parte de los chilenos que me pregunto por qué habiendo tanto expresidente investigado -ni siquiera condenado- por corrupción, principalmente en Perú, no se hizo un gesto como el de ahora.

¿Por qué habría que dejar que Lula inscribiera su candidatura aún estando preso? Esa no es una buena señal, ni para Brasil ni para el mundo. Él ya tuvo su oportunidad y si bien fue ampliamente reconocido por el bien que le hizo al país, demostró que le falló a su pueblo. Es hora que asuma su pena. Debe dar paso a nuevas generaciones que demuestren que se puede gobernar sin corrupción. Brasil necesita con urgencia una limpieza política y ahora es cuando se presenta esta oportunidad.

No hay justificación alguna para que políticos chilenos se entrometan en aquello que la justicia brasileña debe deliberar, más aún si parte del mismo grupo de chilenos que lo apoyó apareció nombrado en los listados de investigaciones en el caso OAS.

Ya basta de pensar en que vamos a herir sensibilidades; dejemos que la justicia brasileña siga haciendo su trabajo como lo ha hecho hasta ahora.