Carolina Fuensalida es la coordinadora de modernización tributaria del Ministerio de Hacienda, cargo desde donde encabezó el proyecto para modificar la reforma de la administración Bachelet. La iniciativa, que debe ser votada en el Congreso, ha sido duramente criticada por la oposición. “Hoy, lo que nos hace falta es aprender a conversar sin una montaña de eslóganes, sin ideologías de por medio”, asegura la abogada.

  • 30 agosto, 2018

“Yo creo que me voy a morir a los 48, este debe ser mi último año. Pocas veces me he sentido tan cansada y eso que estoy preparada para la guerra en mi vida cotidiana”, bromea Carolina Fuensalida, 47 años, abogada de la Universidad Católica y máster en Derecho de la Universidad de California.

Las últimas semanas de la jurista fueron intensas: muchas veces llegaba a su oficina en el Ministerio de Hacienda a las 8 de la mañana y ahí se quedaba hasta las 7 am del día siguiente. Descansaba un par de horas y volvía a su despacho en Teatinos 120 por un día más. El ritmo se repitió durante los últimos 14 días, casi sin excepción, incluso durante los fines de semana. “Por dos días seguidos pasamos de largo 28 horas. El 23 de agosto, antes de mandar el proyecto al Senado, nos fuimos a duchar cada uno a su casa y partimos al Congreso sin haber dormido. Debo haber envejecido infinitamente estos meses”, relata la coordinadora de la modernización tributaria del Ministerio de Hacienda, quien trabajó junto al ministro Felipe Larraín en la reforma al sistema impositivo que elaboró la administración Bachelet. Carolina es además mamá de nueve hijos, entre 5 y 21 años, por lo que dice que ahora es tiempo de “bajar el ritmo. No dormir en muchos días y trabajar con ese nivel de presión te pasa la cuenta”. 

-¿Por qué tan intenso el último mes? ¿Los estaban apurando?

-No, para nada. Eso nunca lo sentí. No quiero que huela a soberbia, pero cada norma se trabajó muy profundamente. Puse como exigencia en el Ministerio que el Servicio de Impuestos Internos (SII) estuviera desde el día uno involucrado en el proyecto. Eso fue lo más riguroso y enriquecedor de la iniciativa. A diferencia de lo que ha ocurrido en experiencias pasadas, esta modernización no viene del olimpo a implantarse en el SII. 

-Se ha dicho que beneficia a los ricos, que es contrarreforma, que generará menos recaudación, que hay más laxitud en el rol fiscalizador… ¿Esperaba las críticas?

-Absolutamente. Es el juego de la política, lo tenía claro. Y van a venir más. Los temas tributarios son difíciles, son sofisticados, muy técnicos. Pero me encantaría que al menos las críticas vinieran después de que se leyeran los proyectos. 

-¿Lo dice por algún comentario en particular?

-Escuché a personas en la radio (el viernes 24 de agosto) que hablaban con mucha soltura del proyecto que se había presentado el día anterior. Uno asumía que lo habían revisado. Pero cuando el periodista les pregunta si lo leyeron, dicen, “no aún, estamos imprimiendo”. ¡A mí, eso me cuesta entenderlo!

-La oposición reclama que el proyecto se trabajó herméticamente. Algunos incluso amenazan con rechazarlo…

-La parte política y la negociación con parlamentarios, la ve el ministro. Yo me mantengo 100% en lo técnico. Eso sí, doy fe, de que hermetismo aquí no hubo.

Impuesto a empresas: “Me gustaría que se volviera a revisar”

Carolina Fuensalida Merino fue fichada por Sebastián Piñera en plena campaña presidencial. Él y su entonces colaborador de temas económicos y financieros, Felipe Larraín (actual ministro de Hacienda), le pidieron a ella y a su socio de entonces, Jaime del Valle, del estudio F&DV, que trabajaran en la modernización de la reforma tributaria de la era Bachelet. “Eso sí, no queríamos que fuera una contrarreforma porque teníamos claro que era extremadamente difícil deshacer el proyecto tributario de Bachelet”, indica la abogada desde el piso 12 de Teatinos.

-Usted fue bien crítica de aquella reforma…

-Es un sistema tributario muy pesado y para entenderlo, tienes que contratar a un abogado o a un contador. El cumplimiento de la norma debe ser espontáneo, que yo sepa que tengo que pagar el IVA, mi global complementario, y que si estoy contratada, tenga claro que me van a retener mi impuesto de segunda categoría. Me parecía que el sistema tributario de Bachelet había quedado muy engorroso.

En enero de este año, cuando Piñera empezó a armar su equipo de gobierno y nombró a Larraín como cabeza de Hacienda, ambos le pidieron a Fuensalida que partiera al gobierno. “Yo tenía clarísimo que venirme cuatro años, si era a este ritmo de trabajo, era inviable, pero sí quería acompañarlo al menos en el inicio del gobierno. Había estado involucrada en el proceso de negociación de la reforma de Bachelet con el grupo de protocolo de acuerdo nacional, los senadores Carlos Montes (PS), Ricardo Lagos Weber (PPD), José García Ruminot (RN) y Juan Antonio Coloma (UDI), de la comisión de Hacienda; había participado en la campaña y decidí venir por un tiempo a hacerme cargo de la modernización tributaria. Mi participación está exclusivamente destinada a esto.

-Se dijo que le habían ofrecido el SII…

-Se especuló mucho, pero ellos tenían clarísimo que ningún cargo público era compatible con mi vida…

-¿Rechazó esa oferta?

-(Ríe) No te voy a contar si me lo ofrecieron, pero sí puedo mencionar que tengo una muy buena opinión del director actual (Fernando Barraza).

Carolina Fuensalida cuenta que la primera semana dentro de Hacienda se dedicó a explicar al equipo tributario, compuesto por Manuel Alcalde, Javiera Suazo, Tomás Kovacevic y Felipe Morales, los objetivos de esta modernización: “Crecimiento, ahorro, inversión, seguridad jurídica y mantener la recaudación”. Y en estos casi seis meses, la profesional asistió a las ocho bilaterales que sostuvo su jefe con el mandatario, encuentros en los que también participaron Cristián Larroulet, jefe de asesores del segundo piso, y el director de la Dirección de Presupuesto (Dipres), Rodrigo Cerda.

-¿Es difícil trabajar con el presidente, pimponear ideas?

-Nada. Tengo una admiración profunda por él y por el ministro Larraín. El presidente es muy respetuoso, por supuesto que hace presente los errores y las diferencias de opinión. Para mí es un plus trabajar con él. Es muy claro en sus ideas, además, es un conocedor infinito del mundo corporativo. No se me hace nada de difícil explicarle cada norma. Los temas técnicos, que incluso son difíciles de entender para alguien sofisticado, para él son muy evidentes.

-Uno de los primeros anuncios que se hizo fue que no bajarían el impuesto a las empresas, que había sido promesa de campaña, y con lo que revertirían el 2% del alza del gobierno de Bachelet.

-Me hubiera gustado bajar el impuesto de empresas a 25%, como se había comprometido, pero también entendí que no estaban dadas las condiciones. Claro que si se reduce el déficit fiscal y aumenta el crecimiento, me encantaría que aquello se volviera a revisar. 

-Dice que la reforma de Bachelet era engorrosa. ¿Barraza también opinaba lo mismo?

-Él nunca emitió juicios de valor, no corresponde. Le interesaba que no se perdiera ni se debilitara el rol del SII y que las herramientas fueran modernas. Y nosotros, que las normas dieran certeza a los contribuyentes. El gobierno anterior pensaba que nos íbamos a deshacer de la norma antielusión, que es la que genera más ruido ideológico. Pero creemos que es una norma esencial, no es tolerable la elusión en ninguna de sus vertientes. Se avanzó en esa norma para establecer un lenguaje que fuera coherente para que los tribunales puedan implementar la ley. Y fuimos más allá que la reforma anterior: donde hay delito tributario que tenga un componente de simulación, prima el delito tributario y la sanción tributaria penal. Para mí, la norma es mucho más exigente.

Caída de eslóganes

-Cuando dio a conocer el proyecto, el presidente Piñera dijo que el SII era arbitrario y discrecional. ¿Cayó mal el comentario en el servicio?

-No sé si cayó mal. No corresponde que me pronuncie sobre eso. 

-¿Coincide con las palabras del presidente?

-No creo que el SII sea una entidad arbitraria y discrecional. Sí, que en ocasiones no representa la generalidad, hay fiscalizaciones que puede que se ejerzan sin la apelación a la legalidad. Por eso es muy necesario aclarar las normas. A veces, las malas normas hacen que las interpretaciones no sean las adecuadas.

-Una de las medidas de la reforma tributaria es la creación del “Defensor del Contribuyente”. Los críticos dicen que con eso, se hace más pesado al Estado…

-La Dedecon, como le llamamos, está destinada a velar por los derechos de los contribuyentes y a su vez fomentar el cumplimiento tributario. Vamos a preocuparnos para que los que sienten que no tienen herramientas para cumplir sus impuestos, o creen que se les está pidiendo más de lo que corresponde, tengan dónde recurrir de manera gratuita. Va a ser una repartición de Hacienda, que será liderada por un defensor. 

-Lagos Weber dijo que con esa modernización, hay rechazo a los impuestos. A todos nos cargan las inyecciones, indicó a modo de ejemplo, pero hay que hacerlo.

-Solo lo invito con mucho respeto a revisar con profundidad las normas del Código Tributario. Se establecen incluso más sanciones en contra de aquellos que no proveen información de terceros, se establecen obligaciones de información sumamente profundas para tratar de cercar lo más posible a quienes no cumplen, y el mejor ejemplo es la exigencia de la boleta electrónica.

-La integración es lo más controvertido de la iniciativa. Desde la oposición ya han señalado que no están dispuestos a retroceder en las reformas de la expresidenta y el gobierno no tiene mayoría en ninguna de las cámaras.

-El punto de la integración tiene una dualidad súper curiosa en el Congreso. Primero se decía que no les gustaba la integración porque favorecía a los más ricos. Ese eslogan se empezó a caer. Se dieron cuenta de que la semi integración de la reforma anterior no aumentó impuestos a los más ricos. Señores, digamos la verdad: se les subió el impuesto a todos (ver recuadro). Cuando se dieron cuenta de eso, buscaron otra razón para criticar la integración y se dijo que la modernización baja la recaudación. Falso también: aunque el sistema integrado disminuye la recaudación, se compensa con otras medidas que incluye la modernización, generando, en suma, un excedente de cerca de 400 millones de dólares. 

-¿De dónde?

-Al incorporar la boleta electrónica, la guía de despacho y la facturación electrónica, lograremos una disminución de la evasión tributaria notable. Lo mismo con el 10% de impuesto digital. A nadie le gusta que haya nuevos impuestos, pero era necesario para evitar la erosión tributaria. Y respecto al comercio, este no es un nuevo impuesto, lo que se hará es fiscalizar con más detalle las importaciones que provengan del comercio digital.

-El presidente del Senado, Carlos Montes, dijo: “Tiene cara de una mala contrarreforma”, “está más verde de lo que pensaba”.

-¡Yo creo que no la ha leído en su integridad! El senador Montes es un parlamentario muy serio y tengo una muy buen relación con él, pero lamentablemente aquí hay un tema de cuidar con dientes y muelas la reforma anterior y no entender que con una lectura generosa y despolitizada, no se toca, como ellos pensaban que se iba a tocar. Qué pena que, a pesar de que trabajé con toda la oposición para que la reforma tributaria anterior quedara mejor luego del Protocolo de acuerdo nacional y que me tocó conocerlos mucho y trabajar con ellos, digan esto. Creo que hoy lo que nos hace falta es aprender a conversar sin una montaña de eslóganes, sin ideologías de por medio.

-Ahora empieza la negociación. ¿Qué aspectos o normas sí están dispuestos a ceder?

-De verdad no sé. Yo me preocupé de cómo debiera ser una reforma 3.0 del siglo XXI, dejar normas que duren 10 años más al menos y cómo debe ser un sistema tributario desde el punto de vista estructural, pero en la instancia más política no participo. 

Futuro

La pasión por su profesión la lleva en la sangre. Sus dos abuelos eran abogados, es sobrina nieta de un exfuncionario del SII y su marido, Cristián Herrera, es socio del estudio Cariola.

-¿Hasta cuándo se queda en Hacienda? ¿Vuelve al mundo legal privado?

-Voy a participar en la explicación con el Parlamento para que la reforma se entienda bien. Después veré. Es hora de bajar el ritmo. Y con nueve hijos es más difícil aún. 

-En varios perfiles destacan justamente eso, que tiene nueve hijos. ¿Le llama la atención?

-No me he dado cuenta. Me encantan los niños, feliz hubiera tenido 15 y no por un tema religioso, simplemente porque siempre soñé con una familia grande. Y de verdad no me pierdo con las prioridades, sé que mi vida está ahí. Me han ofrecido cosas súper interesantes y he dicho que no porque quiero ver crecer a mis hijos, lo que no significa que deba renunciar a mis sueños. 

-¿Qué es lo que más le ha costado rechazar?

-No te puedo decir. Algunas cosas me las ofreció este gobierno y me hubiera encantado tomar…

-El SII…

-(Ríe) me hubiera encantado tomar ciertas cosas que me ofrecieron. Pero no me quiero perder a mis hijos. 

-¿Cómo logra manejar sus deberes como profesional con su vida privada?

-Me levanto a las 5:00 am a trabajar. Si es que tengo reunión en el colegio, aquí saben que voy. Me metí en el centro de padres de Las Ursulinas (donde estudian sus seis hijas) y eso es una segunda pega. 

Soy súper hincha de que las mujeres estén con sus hijos en la casa, pero sabiendo que ello no es incompatible con una vida profesional plena. Les enseñé a mis hijos que yo podía trabajar en la casa con ellos al lado. Mi pieza parece un campamento, muchos estudian al lado mío, arriba de mi cama. La más chica pinta, el que tiene 11 estudia al lado mío y el de 9 lee, mientras yo hago la modernización. 

-¿Qué hará ahora?

-Mi camino primero es parar. Mi cabeza tiene que ponerse en reposo porque fue un esfuerzo intelectual profundo. Llevo ocho años en que no me he dado un respiro. Los dos primeros del presidente Piñera fui la coordinadora tributaria de Hacienda, donde fui invitada por el subsecretario Rodrigo Álvarez. Después acompañé al ministro Álvarez a Energía. Estuve seis meses ahí y entré al estudio Guerrero y Olivos, a cargo de área tributaria. Tuve guagua, no tomé ni postnatal. Prefiero trabajar sin contrato de trabajo porque soy asesora y quiero tener libertad. Las vacaciones son una cosa que no existen mucho en mi vida. 

En 2013 volvió al gobierno: el presidente la invitó al segundo piso como asesora directa de él. Y al fin de ese mandato, formó un estudio junto al abogado, también tributarista, Jaime del Valle. “Entiendo al emprendedor. Desde comprar un lápiz hasta prestar un servicio de excelencia, es muy desgastante, pero creo que la oficina que creamos es la mejor del mundo”, asegura. Y agrega: “En una oficina no puedo estar a cargo de una reforma tributaria y por eso me fui y vendí mi participación”.

-Y porque además entre sus clientes estaba la familia Délano. Hubiera generado ruido verla a usted a cargo de la reforma…

-Estuve en todos los casos de connotación pública, mis clientes eran muy expuestos, por industria, tamaño, sofisticación. ¿Qué viene ahora? Me quiero tomar tres meses en el verano, estar con mi familia, y me encantaría seguir involucrada en este gobierno. No quiero perder el vínculo con este ministerio o de donde sea necesario que pueda ayudar. 

Y me gustaría volver a mi exoficina si así lo aceptan mis exsocios.