Villa María, Santiago College, Trewhela´s, Saint George´s, Universitario Inglés y San Gabriel. En esos colegios aterrizó hace dos meses un centenar de alumnos de establecimientos en paro de la comuna de Providencia. Vista desde fuera, la historia recuerda la experiencia de integración en los 70, que quedó registrada en la película Machuca. Pero desde dentro, claramente está a cuatro décadas de distancia. Aquí hay menos brecha. Pero también, menos prejuicios.

  • 3 noviembre, 2011

Villa María, Santiago College, Trewhela´s, Saint George´s, Universitario Inglés y San Gabriel. En esos colegios aterrizó hace dos meses un centenar de alumnos de establecimientos en paro de la comuna de Providencia. Vista desde fuera, la historia recuerda la experiencia de integración en los 70, que quedó registrada en la película Machuca. Pero desde dentro, claramente está a cuatro décadas de distancia. Aquí hay menos brecha. Pero también, menos prejuicios.
Por Antonieta de la Fuente; Fotos, Verónica Ortíz

Paula –no es su verdadero nombre– estaba nerviosa. No sabía cómo sería llegar a un colegio privado. Temía que la miraran en menos porque venía de un liceo, o no estar al mismo nivel académico, o no poder integrarse con sus compañeros. Pero nada de eso pasó. Lleva dos meses asistiendo a clases en el Santiago College y todas sus preocupaciones quedaron atrás.

Paula es parte del grupo de cien estudiantes de colegios municipales en toma de Providencia que decidió desmarcarse de sus compañeros y aceptar la oferta de la Corporación Educacional de la comuna de reubicarlos en colegios privados y así poder terminar su año escolar.

Del Liceo Lastarria, del Carmela Carvajal, del Liceo 1 y del Liceo Tajamar, pasaron a ser partes del Santiago College, Villa María, Trewhela´s, San Gabriel, Saint George´s y Universitario Inglés; todos establecimientos –cuyas mensualidades bordean los 300 mil pesos– que decidieron abrir sus puertas para colaborar de alguna forma con el conflicto estudiantil que ya lleva siete meses sin dar tregua.

La experiencia, según profesores y alumnos, ha sido todo un éxito. Pero los primeros días no fueron fáciles. “Al principio eran los patitos feos, se sentían incómodos dentro de este colegio ABC1. Y todos iban a mirarlos. Eran los nuevos. Pero al cabo de una semana, empezaron a abrir la boca, a tener opinión y participar, y se transformaron en modelos para imitar de parte de los demás niños”, cuenta Miguel Jaque, jefe de la Unidad Técnico Pedagógica del Trewhela´s School.

“Pensaba que nos podían dejar de lado, pero nos han recibido súper bien”, cuenta una alumna de I medio del Carmela Carvajal, que hoy termina el año en este colegio. Lleva dos meses estudiando y ya se siente parte del curso. De hecho, participó de un campamento en Pichidangui hace dos semanas y va a clases con el uniforme del Trewhela´s que le prestaron entre los compañeros de curso.

El mismo temor tenía una alumna que entró al Villa María hace dos meses y medio. “Cuando llegué pensé me van a hacer bullying por venir de un colegio municipal, creí que era algo que podía darse. Pero nada que ver, han sido todos súper acogedores, me han ayudado a ponerme al día con las materias y cuando llegamos, nos asignaron tutoras. Eso nos ayudó a integrarnos”, comenta.

Los apoderados también han rea-ccionado bien a la iniciativa, pese a que en un principio hubo ciertos resquemores en algunos colegios. “Ciertos papás tuvieron un poco de rechazo cuando llegaron los primeros alumnos, básicamente porque estaban entrando estudiantes que no pagaban. El error fue no haberles informado de qué se trataba y calentar los ánimos primero. Pero ahora son ellos mismos los que están felices y en la última reunión aplaudieron a los papás de estos niños y los felicitaron por el aporte que han sido para la comunidad escolar”, cuenta Dorine Bolton, directora del Trewhela´s.
En el Villa María, en tanto, los apoderados reaccionaron muy bien. De hecho, su directora, Ana María Tomassini, cuenta que cuando mandaron el mail para comunicar la iniciativa –hace un par de semanas–, su correo colapsó con las felicitaciones y apoyo de los padres a este programa.

Participar del conflicto

Al contrario de lo que se podría pensar, los estudiantes de los colegios privados no han estado ajenos a lo que ocurre con el conflicto educacional. Por ejemplo, la directora del VMA señala que, aunque no fue masivo, el centro de alumnas y algunos grupos de alumnas de su colegio empezaron a mostrar inquietud por lo que estaba pasando en los liceos municipales. Incluso, algunas fueron a las marchas que organizaron la Confech y los secundarios, pero sin involucrar al colegio. A título personal.

Pero, en la medida en que avanzaba el conflicto, surgió la idea de colaborar de alguna forma más activa. Así, en agosto pasado se realizó una consulta pública entre las alumnas para evaluar qué acciones tomar y cómo poder involucrarse de alguna manera con el movimiento. La opción ganadora fue ayudar académicamente a los estudiantes cuyos colegios estaban en toma. Y de ahí a que se integraran nuevas compañeras a las salas de clases, hubo sólo un paso. Actualmente, estudian ahí 18 alumnas provenientes del Liceo Tajamar, el Liceo 7 y el Carmela Carvajal.

Donde no pueden competir de igual a igual es en el inglés. Los colegios privados que abrieron sus puertas son todos bilingües, por lo que los estudiantes de los liceos tienen un nivel bastante más atrasado que el resto de sus compañeros

Coincidente con la preocupación que comenzaba a darse en estos colegios, la Corporación Educacional de Providencia empezó a estudiar distintas alternativas para resolver el problema de quienes sí querían terminar su año escolar. Karla Frauenberg, directora de ese organismo, cuenta que cuando vio que no había ni la más remota posibilidad de volver a clases normales, comenzó a contactar a colegios privados. “Se nos ocurrió tomar contacto a con otros establecimientos de Providencia con los que trabajamos en actividades extraescolares para ver si estaban dispuestos. Además, nos llamaron colegios de Las Condes que también querían sumarse a la iniciativa”, relata.

El Santiago College fue el primero. Su directora, Lorna Prado, no dudó en dar un sí inmediato cuando se le planteó la posibilidad de integrar nuevos alumnos. Así entraron 14 estudiantes a los seniors, como ellos llaman a los que cursan cuarto medio, y 22 más entre primero y segundo medio. “Ha sido una experiencia enriquecedora para los dos lados. Para nosotros ha sido muy bueno recibirlos porque nuestros alumnos han sacado una experiencia muy positiva, en lo académico, donde se han dado cuenta de los conocimientos que traen y en lo valórico, por las ganas que tienen de estudiar y aprender más”, explica Ximena Susaeta, high school principal de ese colegio.

Después se fueron sumando los demás. En el Villa María hubo una experiencia particular que los motivó para abrir sus puertas. A principios de agosto llegó a la recepción una niña del Liceo 7 con su madre para ver si podía asistir de oyente a las clases. Ese mismo día entró al colegio y no ha salido más. Ya lleva casi tres meses y ha participado en todas las actividades del VMA, incluyendo la semana del colegio, en la que representó a su curso bailando árabe… y ganó.

No tienen ni notebook…

Uno de los aspectos más interesantes de la experiencia que están viviendo los colegios privados es que han podido verificar en la práctica el alto nivel académico de los liceos municipales. “Tengo un compañero en química que viene del Liceo Lastarria y una vez me ayudó en un trabajo porque sabía mucho más que yo”, cuenta un alumno del Santiago College.

“Nuestras niñitas está muy sorprendidas con el nivel que tienen, con lo que saben, con sus aportes. Ha sido muy bueno para ellas poder darse cuenta de que parten con ciertas ventajas por el tipo de colegio, el nombre, la antigüedad y el prestigio del VMA, pero no necesariamente esas ventajas son porque ellas sepan más o sean académicamente más rigurosas. Providencia tiene los mejores liceos del país. Son niñitas de excelencia y es muy educativo tenerlas acá”, comenta la directora del Villa María.

Lo mismo creen en el Trewhela´s. “Nuestros niños se dieron cuenta de que no eran la maravilla, que había otros alumnos más inteligentes y más esforzados. La frase típica era no tienen ni notebook y mira todo lo que saben. Se generó una admiración de los nuestros hacia ellos, que han visto cómo, con algunas carencias de medios, se pueden tener los mismos e incluso mejores resultados”, señala Dorine Bolton.

De que hay diferencias, las hay. Lo que más ha llamado la atención de los alumnos nuevos es la posibilidad que tienen para participar en las clases de los colegios privados. “La exigencia y la calidad es la misma, pero acá se ve un mayor aprendizaje porque son menos alumnas por clase y para un profesor es mejor explicarle a un grupo de 28 que de 45 niñas. Ésa es la diferencia más grande”, dice una alumna que termina su cuarto medio en el Villa María.

“En mi clase de biología tengo 15 compañeros y cuando entré dije wow, eso sólo pasa en mi colegio cuando falta todo el nivel. Y es bacán porque se pueden hacer preguntas. Preguntar algo en mi colegio es difícil porque se va el hilo, somos 45 en una clase y las salas son inmensas”, comenta una estudiante derivada al Santiago College.

Los alumnos que se incorporaron a los nuevos establecimientos no eran los únicos que tenían temor de la discriminación que podrían sufrir. También en los colegios particulares existía la duda sobre si los nuevos compañeros podrían verlos con distancia.

Otro gran punto débil es el vacío que dejaron los meses sin clases. Todos los nuevos reconocen que hay materia de algunos ramos que no alcanzaron a ver. Por eso, sus nuevos colegios se han encargado de nivelarlos y ponerlos al día. “Dando ensayos para la PSU, el profesor de matemáticas se dio cuenta de que, por ejemplo, habíamos pasado por alto probabilidad y estadísticas, que es materia de cuarto medio. Se dieron el tiempo para hacernos clases especiales y enfocarnos en esa materia, y así hemos podido mejorar”, cuenta un estudiante del Lastarria que se integró al Santiago College hace unos meses.

Donde no pueden competir de igual a igual es en el inglés. Los colegios privados que abrieron sus puertas son todos bilingües, por lo que los estudiantes de los liceos, tienen un nivel bastante más atrasado que el resto de sus compañeros.

El costo de farrearse

Los alumnos que se incorporaron a los nuevos establecimientos no eran los únicos que tenían temor de la discriminación que podrían sufrir. También en los colegios particulares existía la duda sobre si los nuevos compañeros podrían verlos con distancia. Por eso, están contentos de haber podido demostrar que los prejuicios hacia arriba, en muchos casos, ya no existen.

“El prejuicio de las personas que están entrando puede ser porque, como están llegando a un colegio catalogado como más de elite, a lo mejor va a ser más cerrado. Y es un estereotipo muy falso. Eso también ha sido una gran oportunidad que nos ha dado toda esta experiencia para demostrar que somos abiertos. Romper ese mito”, explica un estudiante del Santiago College.

Al mismo tiempo, en los colegios coinciden en que uno de los mayores aprendizajes de la experiencia ha sido aprender a valorar las posibilidades que tienen. “Nos ha servido mucho para valorar lo que uno tiene, para darnos cuenta de que cuando nos farreamos una clase, hay gente que la puede estar aprovechando mucho más. Es increíble ver lo motivados y entusiasmados que están ellos y cómo siempre quieren aprender más. Nosotros de repente lo vemos como algo obvio, algo de todos los días y lo valoramos menos”, dice otro alumno de este colegio.