Lo conocemos como director de cine, pero quiere ir más allá: ser parte de los creadores de una industria cinematográfica en Chile. Los resultados hasta ahora son positivos: tiene acuerdos inéditos y trabajos con destacados actores extranjeros. Su meta es que nuestro país sea reconocido por su cine.

  • 20 agosto, 2008


Lo conocemos como director de cine, pero quiere ir más allá: ser parte de los creadores de una industria cinematográfica en Chile. Los resultados hasta ahora son positivos: tiene acuerdos inéditos y trabajos con destacados actores extranjeros. Su meta es que nuestro país sea reconocido por su cine.

Lo conocemos como director de cine, pero quiere ir más allá: ser parte de los creadores de una industria cinematográfica en Chile. Los resultados hasta ahora son positivos: tiene acuerdos inéditos y trabajos con destacados actores extranjeros. Su meta es que nuestro país sea reconocido por su cine. Por María Luisa Vicuña; fotos, Elisa Bertelsen.

Hace cuatro años, el director de cine Rodrigo Ortúzar estrenó su primera película en las salas de cine locales: Mujeres Infieles. Las críticas estuvieron repartidas, pero este realizador de 47 años, educado en La Sorbonne y con su propia productora publicitaria, Jazz Films, logró llamar la atención y ganarse un espacio entre los directores nacionales. Pero más allá de los resultados obtenidos por su primer largometraje, la real importancia de éste es que forma parte de un proyecto mucho mayor y que ya ha comenzado a avanzar. El resultado es una segunda película que se apronta a estrenar Ortúzar: All Inclusive. Aunque todavía no está en cartelera, ya tiene público asegurado: fue comprada por Universal con 250 copias para ser distribuida en México. La canadiense Lionsgate también la adquirió a fin de presentarla en Estados Unidos.

Capital quiso conocer más a fondo este plan de exportación del cine chileno y para eso conversamos con su gestor: Rodrigo Ortúzar.

-¿En qué consiste tu proyecto cinematográfico?

-Lo que yo quiero hacer es ayudar a que exista una industria cinematográfica en Chile. Ahora hacemos películas pero no tenemos una verdadera industria, y en eso estoy yo. Quiero hacer películas que atraigan a un público masivo, que los chilenos vayamos a ver nuestro cine, y para eso tienen que ser tramas de interés general, que identifiquen a todos. Más que cine de autor que, por su misma naturaleza, está dirigido a un público más específico.

-¿Estás haciendo películas comerciales?

-A ver… es que creo que está mal considerado el término comercial. Inevitablemente éste se asocia a películas a las que asiste un gran público, pero que no son de buena calidad. Sería la clásica comedia gringa. Y se presenta por otro lado el cine de autor, más independiente y que participa en festivales, pero que cuenta con menor audiencia. Yo no quiero hacer ni lo uno ni lo otro. Quiero hacer buenas películas, que sí atraigan a un público masivo y que puedan verse fuera de Chile, pero que no sean de mala calidad, sino que traten temas igualmente profundos, pero con una visión más cercana y fácil de identificar. Eso es lo que presento en All Inclusive.

-¿No te interesa entonces el cine de autor?

-Claro que me interesa. Participé mucho en él. Es sólo que no es mi objetivo ahora. No creo que haya una forma de hacer cine, hay muchas. Loque creo es que es muy importante que a la hora de crear un proyecto se tenga claro el objetivo: por un lado, está el cine más personal, más intimista, que pretende participar en festivales y recibir reconocimientos, pero que probablemente no será de público masivo. Y está por otro lado lo que estoy haciendo yo, que es con una buena historia, que sea transversal y con estrategia comercial para tener mayores niveles de audiencia. Además, éstos son finalmente los largometrajes que financian esta industria. El asunto es no perderse en el camino, es decir, si te decides por hacer algo independiente y más hermético no puedes en la mitad del camino querer también lograr un público masivo, porque finalmente vas a estar engañando al espectador y terminas generando prejuicios. Lo mismo, en el otro sentido. Es necesario ser muy honesto al vender tu producto, porque al público le gusta saber a qué va y no desilusionarse después. Yo creo que eso ha pasado mucho en el cine chileno. Si tienes clara tu meta, es posible que tengas éxito.

Pero no es sólo un problema de objetivo. Muchos cineastas han sido honestos y definidos en sus películas y así y todo no han tenido éxito.

Seguramente en tu vida has visto muchas películas y son pocas las que recuerdas. El cine es así. Hay muchas películas malas y pocas buenas, sobre todo acá en Chile: muchas veces nos llega justamente lo más malo. En la industria nacional también es así: de muchas películas, la mayoría van a ser malas y la minoría buenas, esa es una realidad. El negocio del cine está basado en probabilidades, y actualmente es aproximadamente de un 20%, es decir de cada 10 películas, sólo dos van a ser buenas. El mismo cálculo se puede sacar para un director. De cada 10 películas que haga, sólo dos van a tener éxito. Y ojalá no sea la primera que haga una de las buenas, porque es lo peor que le puede pasar a un director. Hay una gran posibilidad de quedarse estancado.

-Y dentro de ese cálculo, ¿cómo te encuentras tú?

-Conociendo esas probabilidades nosotros hemos proyectado nuestro plan de diez películas, tratando de manejar cada paso para ir asegurando ese éxito, especialmente frente a los inversionistas. Es por eso que me he ido asesorando con empresarios, que nada tienen que ver con el cine, pero sí saben manejar mucho mejor que yo el tema comercial, publicitario, etc. Mis socios vienen de ese mundo. En cada paso nos hemos puesto una meta. En Mujeres Infieles fue aprender a hacer una película y lo logramos.

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-¿Cuál es la meta para All Inclusive?

-Fue tener una buena distribución y también lo logramos. Hace muchos años Jorge Errázuriz me dio un consejo. Me dijo que tenía que enfocar mis fuerzas en lograr que la película llegara a la mayor cantidad de salas posibles y, por lo tanto, a más gente; me dijo que de nada servía tener el mejor producto si no llegaba a los consumidores, ¡y tiene toda la razón! Por eso para All Inclusive esa fue nuestra meta. Y logramos un acuerdo inédito para Chile. Imagínate que la compraron Universal para presentarla en México y Lionsgate para hacer lo mismo en Estados Unidos. Nunca una película chilena había logrado algo así. Ahora, para lograr eso hubo un trabajo durísimo. Me instalé por casi dos meses en Ciudad de México para lograr una entrevista con el presidente de Universal para Latinoamérica y para llegar a Lionsgate lo hicimos desde distintos frentes. Lo bueno es que ahora ya conocen mi trabajo, les gustó esta película y va a ser mucho más fácil para una siguiente.

-¿Y qué viene?

-Estoy trabajando en un proyecto sobre el accidente ocurrido en Antuco, una película puramente chilena, súper local, que habla de nuestra idiosincrasia, y quiero que a pesar de eso logre ser una película masiva, que llegue no sólo a nuestro público nacional sino también extranjero, que puedan conocer nuestro cine y conocer cómo somos. Creo que los largometrajes son la mejor forma de dar a conocer nuestra imagen país. Finalmente, nosotros conocemos a los franceses, a los italianos, incluso a los chinos, por sus películas. Quiero que con los chilenos pase lo mismo, que logremos tener una película con la que nos identifiquen afuera, así como Perú tiene su Pantaleón y las Visitadoras. Quiero que nosotros logremos algo así. Tal vez no sea yo el que la haga, pero sí construir esta industria para que lleguemos a eso.

-¿En ese sentido All Inclusive es menos chilena?

-No, no es menos chilena. Es completamente chilena. Creo incluso que es la primera 100% chilena filmada en el extranjero. Yo decidí hacerla en México, en su mayoría con actores mexicanos – sólo dos son chilenas: Leonor Varela y Valentina Vargas – por un tema de posibilidades. Si yo quería lograr por primera vez una distribución masiva, era más probable si lo hacía en un país como México, con un mercado mucho mayor y con actores que ellos ya conocen. Ahora que logré venderla y las distribuidoras ya conocen mi trabajo, puedo venderles algo más local. De hecho, con Antuco quiero tener contratada la distribución. Incluso antes de tener lista la película, los inversionistas me llaman para poder entrar como socios al proyecto y nos hemos dado el lujo de quedarnos con los mejores. Todo eso no habría sido posible sin los pasos anteriores.

-¿Qué costo ha tenido esto de hacer películas masivas y dejar de lado el cine más personal, más de autor?

-Ninguno, porque ese es el objetivo con que hice la película, lo que no signif ca que no esté yo también en ella. Yo me he concentrado en cómo hacer que las películas sean vistas. ¡Si es finalmente el público el que me paga mi sueldo! He intentado ser honesto y no caer en convenciones. All Inclusive es una película que veo y me gusta, es simple, sin mayores pretensiones y los últimos quince minutos son puro Rodrigo Ortúzar. En los otros también está mi mano, pero también estoy pensando como director en qué quiero que se vea. También pasé por procesos en los que me confundí, y en que le puse silencios, planos largos y duraba dos horas y veinte minutos. Eso estaba bien, pero no la iba a ver nadie. Yo sentí que tenía que ser responsable con los inversionistas que tenía detrás, porque el objetivo no era que yo me ganara los premios de un festival, sino que hacer industria y comenzar un proceso en que vendrían muchas películas detrás. Y eso en ningún minuto significaba hacer un filme de mala calidad, al contrario. All Inclusive es una buena historia, que incluye a toda la sociedad porque la problemática de la disfuncionalidad y falta de comunicación en la familia es universal.

-¿Qué está pasando que los chilenos no vemos nuestro cine?

-Yo creo que en gran parte es porque los cineastas estamos haciendo algo mal. Los últimos años han sido los años más bajos del cine de Chile y eso es porque no estamos siendo capaces de que el público nos mire. Tal vez estamos demasiado enfocados en lo que nosotros queremos mostrar y no en lo que el público quiere ver.

-¿Y cuál es la reacción de tus colegas cuando planteas esto?

-En general, a los cineastas no les gusta mucho, porque Chile es un país envidioso y a veces me preguntan en forma irónica: “¿cómo está Hollywood?” y la verdad es que me da lo mismo, porque siento que lo estoy haciendo bien. Yo soy de la idea de compartir, pero lamentablemente Chile es un país de cangrejos. Se destaca alguien y lo tiran para abajo. Generalmente los que han sobresalido en las artes se han ido a vivir afuera. Yo creo que en esto la unión hace la fuerza y en la medida en que sepamos compartir lo que sabemos, se va a formar y fortalecer la industria cinematográfica chilena. Estoy trabajando por eso, y no por mí. Por todo el mundo del cine local.