El mundo tuerca está de fiesta. Sobre todo los coleccionistas de autos antiguos, que por estos días disfrutan de una de las competencias motorizadas más singulares y desafiantes del planeta.

  • 15 junio, 2007

El mundo tuerca está de fiesta. Sobre todo los coleccionistas de autos antiguos, que por estos días disfrutan de una de las competencias motorizadas más singulares y desafiantes del planeta: el Peking to Paris Challenge… A cien años de su primera versión, se decidió reeditar el rally, convocando a 134 participantes y decenas de miles de seguidores.

Desde que comenzó la tercera versión del Peking to Paris Motor Challenge, el 27 de mayo pasado, los fanáticos de las aventuras sobre ruedas no hablan de otra cosa. Basta googlear el término en internet para ver la cantidad de fotos y comentarios que se han subido a la web a raíz de su desarrollo o revisar la prensa europea y asiática para advertir la prioridad que tiene en la agenda noticiosa de los distintos países que conforman el itinerario. Se trata, sin duda, de una de las pruebas automotrices más singulares que se realizan en el planeta. Más de cien conductores, de todas las latitudes, recorren 13 mil kilómetros –sí, 13 mil– en clásicas carrocerías “enchuladas”, partiendo desde la gran Muralla China y terminando en la Plaza de la Concordia, en París. Todo, al más puro estilo jeep fun race.

No se trata, en todo caso, de una competencia perfectamente calendarizada en el automovislismo mundial. Muy por el contrario. La primera versión se realizó hace exactamente cien años, cuando el motor a combustión interna todavía era privilegio de pocos, y la segunda se hizo recién en 1997, con ocasión de la apertura de la frontera entre India y Nepal. Eso explica, en parte, la euforia que ha provocado este encuentro, que tiene compitiendo a varios de los coleccionistas de automóviles antiguos más glamorosos del mundo y a los auspiciadores y patrocinadores más sofisticados del sector automotriz.

Pero lo más interesante, por lejos, es que están todos los modelos imaginables: Rolls Royce Silver Ghost del año 20; Ford Model T del 22; Brasier 22/30 Torpedo del 19; Lagonda High Chassis T1 del año 34; Bugatti Type 44 del 36; Bentley 6.5 Tourer del 38; Chrysler 75 Roadster del 41; Chevrolet Bel Air del 50; Mercedes 200 Saloon del 54; Porsche 356ª del 60… Y así, suma y sigue.

Son 134 automóviles, más de 250 competidores, 47 marcas y más de 70 modelos distintos. Y como hay desde el año 1919 hasta 1961, los participantes están divididos en cuatro grupos. En la categoría Pioneer entran todos los anteriores a 1921, que suman 17. En la categoría Vintagean, los anteriores al 41, que suman 73. Y en la categoría Classic están los anteriores al 61, que son 35. El cuarto grupo, que suman 9 vehículos, lo compone el equipo chino.

 

EL PRINCIPE EXCENTRICO

Cuenta la historia que en el verano de 1907 un aventurero italiano, el príncipe Scipione Borghese, retó a medio mundo a cruzar sobre cuatro ruedas una ruta desconocida entre Pekín (actual Beijing) y París. Como era de esperarse, y tomando en cuenta el poder adquisitivo que había que tener para una hazaña de esas proporciones, solo cuatro valientes respondieron a su llamado.

Tres millonarios excéntricos y un humilde obrero francés, que nunca se había sentado en un auto y que por ende ni siquiera tenía idea de manejar. El príncipe encontró que el tipo tenía agallas y, casi como una humorada, lo mandó a buscar. Le pasó un auto y se dio el trabajo de enseñarle a conducir. ¡Y vaya que aprendió! En los 44 días que duró la carrera, el francés se convirtió en su más férreo competidor, alcanzando, después de un sinnúmero de percances, un merecido segundo lugar.

Los diarios de la época bautizaron la travesía como “la aventura épica entre el príncipe y el mendigo”. Un mendigo que, dicho sea de paso, terminó convertido en el mejor amigo del príncipe, viviendo en Italia y disfrutando de todos los dividendos que da el ser considerado un “superhéroe”. Y un príncipe que fue elevado a la categoría de ídolo, pues su iniciativa marcó el inicio de un matrimonio interminable entre el hombre y la máquina.

De los cinco que salieron de Pekín, cuatro llegaron a París. Y aunque el ganador indiscutido fue el inspirador de la competencia, la leyenda dice que no lo hizo con la holgura que hubiese querido. A pesar de su severa preparación y de haber investigado cuidadosamente las condiciones del terreno, sufrió como enano para conseguirle agua al radiador en el desierto de Gobi, le fallaron las ruedas de repuesto en el kilómetro 2 mil, y por si fuera poco, más de alguna vez se extravió.

Hoy, sin embargo, es casi imposible que ocurra un accidente. La Federación Internacional de Automovilismo, en conjunto con la Asociación China de Intercambio Amistoso Internacional, ha desplegado un contingente de apoyo al conductor de tal magnitud, que la posibilidad de que algo falle es casi nula. Hay asistencia al vehículo cada 250 kilómetros, estaciones de servicio cada 600 kilómetros, agua y servicios sanitarios cada 100 kilómetros, alimentación sin límite, señalética en varios idiomas y cientos de otras cosas inimaginables.

Y les está resultando, pues ahora que les falta poco para llegar a la Plaza de Concordia en París –termina el 30 de junio–, todo ha marchado como reloj. Ningún automóvil ha quedado en el camino, y los que han pinchado neumáticos o fundido el radiador, los han reparado en pocas horas. Es de esperar que el resultado sea mejor que el de hace diez años, cuando nueve participantes quedaron varados en el paso fronterizo de Lituania y Polonia, sin agua y sin comida por muchas horas. Esta vez, un grupo de rescate de más de 200 personas tiene el encargo de neutralizar esos riesgos.

¿Cómo terminará la travesía? Quién sabe. Lo único claro es que los organizadores confían haber hecho las cosas correctamente, ya que están planificando la cuarta versión que, se supone, tendrá lugar en junio del 2010.