Visionario y emprendedor como pocos. Así recuerdan sus más cercanos a Jesús Diez Martínez (80), el destacado empresario de origen hispano recientemente fallecido, que llegó a Chile en 1929 en brazos de sus padres, Rafael Diez Gil y Teodora Martínez, proveniente de un pequeño poblado de La Rioja (España).

  • 15 abril, 2009

Visionario y emprendedor como pocos. Así recuerdan sus más cercanos a Jesús Diez Martínez (80), el destacado empresario de origen hispano recientemente fallecido, que llegó a Chile en 1929 en brazos de sus padres, Rafael Diez Gil y Teodora Martínez, proveniente de un pequeño poblado de La Rioja (España).

Niños de escasos meses, acompañó a sus padres, que cruzaron el océano en busca de nuevas promesas, las que años más tarde un joven Jesús, con sólo 19 años, encontró a punta de constancia y tenacidad, incursionando en el rubro del transporte interurbano, hasta convertirse en el mayor operador nacional, con una flota de más de mil buses y 23 terminales propios.

Sus comienzos fueron más bien modestos. A muy corta edad abandonó sus estudios para emprender vuelo propio. Primero trabajó junto a su padre en una tienda de compra y venta de artículos usados y luego, en una parcela cercana a Rancagua. En 1945 se las ingenió para emprender en un rubro propio: optó por una relojería, negocio que no prosperó, pero que –sin embargo– le abriría las puertas al mundo del transporte.

Dicen que Jesús Diez siempre recordaba la anécdota de aquel cliente de la relojería, Luis Droguett, a quien le compró su primer autobús o góndola, como se denominaban por entonces esos vehículos. Así fue como en el año 48 partió su aventura en el negocio del transporte con la ruta Rancagua-San Francisco de Mostazal y con él mismo al volante.

Viendo que el negocio iba viento en popa, un año después, de la mano de su padre, se arriesgó con la compra de dos buses más para cubrir nuevas rutas. Claro que no se trataban de máquinas de último modelo y más de una vez debió ser socorrido por la infalible yunta de bueyes.

El gran salto vendría algunos años más tarde, cuando –luego de casarse con Hortensia González– decidió instalarse en Santiago y creó la sociedad que más tarde denominaría Tur Bus. Esta vez la suerte estaba de su lado: fueron años de gran expansión, aprovechó de comprar varias operadoras con difi cultades financieras, hasta que la pista se puso cuesta arriba cuando tomas y protestas se apoderaron de la escena nacional a comienzos de la década del 70.

Sin embargo, a esas alturas ya nada podía hacer caer la empresa. Fue en esa misma década cuando se unieron al negocio su hijo, Jesús Diez González, y su yerno, Fernando Fernández, con quienes sólo cosechó éxitos y dividendos. Fueron más de siete firmas independientes las que adquirieron en ese tiempo, entre las que se encontraban Cóndor Bus, Jac, Buses Bio Bío, Buses Al Sur y Tas Choapa.

Consolidado y con un nombre bien ganado en la industria, Jesús Diez Martínez (Jedimar, como anunciaban sus máquinas) decidió en 1997 incursionar nada menos que en el negocio aéreo, fundando la desaparecida Avant Airlines, firma que en algún momento logró un 30% del mercado local y llegó a ser la segunda operadora después de Lan. Pero el negocio no pudo sostenerse por más de cuatro años y el año 2001 no le quedó otra alternativa que bajar las cortinas.

De ahí en adelante, se concentró en el negocio de transporte terrestre y en sus diversas inversiones en los rubro alimenticio, de factoring y automotor. Empresas que hoy están en manos de su familia, a la que dejó el mejor de los legados: la constancia y el trabajo.