Acaba de lanzar un libro pensando en el Chile de los próximos 30 años. Pero eso no quiere decir que no tenga un ojo en la contingencia. Por el contrario. Quiere estar ahí. “Si me dicen que existe disposición a cambiar en serio el binominal, me siento a la mesa de inmediato. Lo mismo para una reforma tributaria e incluso, en salud”. Aquí, Lagos versión 2012.

  • 13 diciembre, 2011

 

Acaba de lanzar un libro pensando en el Chile de los próximos 30 años. Pero eso no quiere decir que no tenga un ojo en la contingencia. Por el contrario. Quiere estar ahí. “Si me dicen que existe disposición a cambiar en serio el binominal, me siento a la mesa de inmediato. Lo mismo para una reforma tributaria e incluso, en salud”. Aquí, Lagos versión 2012. Por Blanca Arthur; Fotos, Verónica Ortiz.

 

Su oficina es luminosa. Y repleta de papeles y de libros. Pero el protagonismo se lo lleva el inmenso cuadro de Gracia Balmes que representa la fiesta del triunfo del plebiscito de 1988. Así es el lugar donde trabaja cuando está de paso por Chile, porque Ricardo Lagos Escobar es hace rato un personaje internacional que se reparte entre varios mundos.

Hace unos días estaba en París, luego en Berlín y ahora tiene listas las maletas para partir a Haití. El dice que no se queja de tener que moverse tanto, porque, finalmente, está metido en un circuito que le entretiene. Eso sí, confidencia con humor que su mujer, Luisa Durán, lo acompaña sólo con la condición de estar mínimo cuatro días en un mismo hotel.

-¿Y le ha mejorado el genio?
-Siempre he tenido un espléndido carácter- responde sin titubear, aunque, resignado, reconoce que la gente piensa lo contrario.

-¿Y se siente usted con el síndrome del jarrón chino? Ese que nadie se deshace de ellos, pero tampoco saben dónde ponerlos…
-(Se ríe). Más bien me he guiado por lo que en una oportunidad me dijo Belisario Betancourt cuando era candidato en Colombia: existe vida después de ser presidente, aunque primero hay que ser presidente.

Lagos se ha armado una buena vida después de dejar el poder. A pesar de que reconoce que tras abandonar La Moneda no ha vuelto a sentir la misma adrenalina de antes, bien sabe que ese paso le abrió una serie de oportunidades y lo llevó a asumir roles que también lo tienen fascinado. El primero de ellos, pensar en el futuro. El largo plazo, un concepto que le gusta mucho y sobre el cual hasta un anunciado libro acaba de lanzar. En este recoge no sólo sus ideas, propuestas o desafíos para el Chile de 2030, sino que incluye los planteamientos de numerosos profesionales y académicos.

En eso anda ahora, aunque Lagos tendría que dejar de ser Lagos para no estar atento a la contingencia.

-¿Hacia dónde apunta el dedo de Lagos hoy?
-El dedo de Lagos apunta a señalarles a los chilenos que, después de 20 años, terminó un ciclo, que no podemos seguir ni en lo político, ni económico, ni social, como estábamos.

-Usted, que era tan autocomplaciente, ¿se puso autoflagelante?
-No. Soy igual de complaciente, lo que pasa es que el país cambió, por lo que para los próximos 30 años las recetas no pueden ser las mismas. Eso lo debemos entender todos.

-¿Lo entienden todos los políticos?
-Creo que lo entienden, pero en muchos aspectos les parece mejor seguir con el ciclo antiguo, como sucede en materia política con el sistema binominal, porque les permite mantener el control a ambos lados.

-Usted mismo ha dicho que ni siquiera la Concertación está disponible para reformar el sistema.
-No la he visto con la fuerza con la que se declara partidaria de aquello, porque aunque todos estábamos dispuestos hace 23 años, en tanto tiempo muchos se acomodan, lo que me preocupa. Eso puede significar una deslegitimación de la clase política más profunda de la que existe actualmente, por lo que el papel de los dirigentes o de los líderes es adelantarse a aquello.

-¿Qué importancia le atribuye al fenómeno de las protestas estudiantiles en este cambio de ciclo?
-Me parece que ha sido un llamado de alerta mucho más profundo y que no es sólo de los estudiantes. Las protestas estudiantiles fueron la punta del iceberg, porque el éxito mayor fue cuando invitaron a sus papás, a sus abuelos que salieron felices a marchar, a diferencia de nosotros que cuando protestábamos, nos retaban.

“A Piñera le reconozco cosas positivas… Creo que han sido importantes algunos esfuerzos para llegar a ciertos consensos. Le ha puesto mucho empeño”.

-En parte eso se debió a que estaban endeudados, cansados de los abusos. ¿Qué mea culpa se hace como Concertación de ese malestar de la clase media, que reclama por igual contra todos los políticos?
-Es precisamente uno de los temas que me preocupan y que considero que se deben enfrentar.

-¿No asume que la causa principal del endeudamiento fue el crédito con aval del Estado (CAE) que se creó en su gobierno, como se lo enrostró el ex presidente de la FEUC, Giorgio Jackson?
-Gracias a que hubo CAE, como le dije a Jackson, hay 300 mil muchachos en las universidades. Están endeudados y acogotados, sin duda, pero sin dicho crédito no estarían en la universidad ni marchando en ninguna parte. No había recursos para pagar beca, porque el ingreso por habitante era de 10 mil dólares, por lo tanto, o mejoraba la situación tributaria, que nunca aceptó la derecha, o había CAE.

-Pero la Concertación no propuso nunca una reforma tributaria, excepto en el período del presidente Aylwin, que se aprobó como parte de un acuerdo con sectores de la oposición de entonces…
-En cada proyecto se planteaban cambios, ¿o cree que no me costó sacar adelante la iniciativa que bajaba de 25% a 16% la elusión?

Plantado en la mesa

-¿Cómo ha visto la actitud de la Concertación, que no parece dispuesta a llegar a acuerdos con el gobierno?
-No es que la Concertación no esté dispuesta a llegar a acuerdos, sino que lo que plantea el gobierno está bastante lejos de lo que espera la oposición.

-¿No fue ésa la actitud que tuvo con el presupuesto para educación?
-Lo que hizo la Concertación fue lo adecuado, porque si dice que para hacer lo que cree necesita mil millones de dólares y el gobierno considera que bastan 430 para hacer lo que estima conveniente, me parecía absurdo aceptar un acuerdo.

-Pero el oficialismo reclama que con esta actitud de la oposición es difícil plantear grandes reformas, porque no querría darle el crédito al gobierno de aparecer logrando acuerdos.
-Eso no puede ser. En eso discrepo absolutamente.

-El hoy ministro Pablo Longueira, entonces presidente de la UDI, lo ayudó a usted en un momento difícil de su gobierno, el año 2003…
-Ese fue un acuerdo que le sirvió a todos. No a mí solamente.

-Pero sí a su gobierno, que estaba en serias dificultades…
-De todas las personalidades políticas de Chile, si a mí me dicen que nombre los mejores tres, entre esos está Pablo Longueira. O sea, le tengo un tremendo aprecio porque tiene una mirada clara.

-Cuando muchos dicen que falta un Longueira en la oposición, ¿usted estaría dispuesto a jugar un papel en ese sentido?
-Si me dicen que existe disposición a cambiar en serio el binominal, me siento a la mesa de inmediato. Lo mismo para una reforma tributaria e incluso en salud, porque fíjese que la propuesta de la comisión que estudió un cambio en esta materia planteó que hubiera un solo fondo, no dos, que es lo mismo que sosteníamos. Entonces, también podría haber acuerdos para una reforma en la salud.

“A la Concertación no la he visto con la fuerza con la que se declara partidaria del fin del binominal… En tanto tiempo muchos se acomodan, lo que me preocupa”.

-¿No descarta, entonces, colaborar en la búsqueda de acuerdos?
-Estoy disponible. Ese es el rol de un ex presidente, colaborar con una mirada de más largo plazo, pero también entendiendo cuáles son los temas más importantes que se deben abordar. Porque cuando me dijeron si estaba dispuesto a sentarme a una mesa para tratar el cambio al binominal, dije que encantado, pero siempre que partamos por aceptar que el sistema terminó. ¿Y sabe lo que pasó?

-Que no lo llamaron más…
-Exactamente.

-Pero ahora Longueira dijo expresamente que esperaba que usted estuviera en un acuerdo por el tema tributario, ¿qué le responde?
-Le respondo que, como coincido con su afirmación de que hoy estamos en otro país, por lo que se debe hacer cirugía mayor, hagámosla. Eso sí que dicho cambio tiene un punto de partida que es la base de la estructura tributaria, porque Chile no puede ser el único país en el mundo en que las empresas no pagan impuestos por sus utilidades, sino cuando sus dueños retiran utilidades. Era lógico que lo hiciera Büchi el año 84 cuando en un país liquidado era necesario incentivar a los empresarios a volver a invertir, pero eso no se cambió nunca en 20 años. Entonces ahora digo que si lo hacemos, que sea en serio.

-¿O sea podemos tener a Lagos presidiendo una comisión de expertos para la reforma tributaria?
-No sé si sea experto, pero estoy dispuesto a dar mi opinión cuando se requiera. Sería muy útil buscar un acuerdo y creo que Pablo Longueira podría jugar un rol muy importante en eso.

-¿Le parece posible un acuerdo con las diferencias que existen?
-Como digo en el libro, debemos ir a la filosofía profunda. La tesis que planteo es que lo importante es crecer, crecer, crecer, porque vamos mejorando los indicadores económicos y sociales, pero hasta una cierta cantidad, porque después, lo importante es la distribución del ingreso.

-¿Qué responsabilidad asume en la mala distribución del ingreso, considerando que en los gobiernos de la Concertación aumentó la brecha entre ricos y pobres?
-Siempre he dicho que debimos abocarnos a disminuir la pobreza y lo logramos. Lo que corresponde ahora es enfrentar la desigualdad. Tenemos que mirar cómo mejoramos la distribución por la vía de ingreso fiscal.

-¿Considera que el cambio de la estructura tributaria es la gran receta para mejorar la distribución del ingreso?
-No, no, no…

-¿Cuáles serían otras?
-Una reforma laboral con más poder de negociación para los sindicatos y con mayores grados de flexibilidad laboral, pero con seguridad.

-¿No se oponía la Concertación a la flexibilidad laboral?
-A la flexibilidad sin seguridad. No quiero pasar avisos, por eso tiene que ser con seguro de desempleo, que es lo que conseguimos, aunque fuera un seguro chico.

Piñera, con empeño… en la esquinita

-¿Hasta dónde piensa que la agenda de Piñera se hace cargo de este cambio en el país al no plantear como prioritarias las propuestas tradicionales de la derecha?
-Bueno, hasta ahora no me parece que la agenda no sea de derecha, porque el haber eliminado el 7% de la jubilación, o aumentado el postnatal, son cosas importantes y no se trata de disminuirlas, pero creo que se necesita una mirada más amplia y es ahí es donde no veo respuestas claras.

Debemos hacernos cargo del cambio de época que se produjo de los ciclos en Chile. Eso es lo que no veo y es lo que me inquieta.

-¿Qué destacaría de su gestión?
-Entre las cosas positivas, me parece el haber avanzado en temas que estaban pendientes, que podía hacerlo con un país más rico. También creo importantes los esfuerzos que ha hecho en algunas materias para llegar a ciertos consensos. Creo que le ha puesto mucho empeño y eso me parece bien.

-¿Y a qué atribuiría que no repunte en la encuestas?
-Ah… no tengo una respuesta clara para eso.

-¿Cree que es algo más personal, considerando que muchos de sus ministros están muy bien evaluados?
-Quizás tenga que ver con la forma de conducirse como Jefe de Estado. Él tiene una forma de actuar y de ser que no se la van a cambiar. Claro, él hace cosas… el otro día alguien me comentó que se hizo una actividad social en la cual llegó a la inauguración y nadie se había preocupado de dónde se iba a sentar, y él se sentó en la plataforma del podio donde se hablaba, en una esquinita. Entonces uno se pregunta ¿cómo puede ser eso?

-¿Y cómo ve a los ministros-candidatos? ¿Qué le parece Golborne, que está en el MOP, su misma plataforma?
-Lo único que quiero decir es esto: fui ministro de Educación y de Obras Públicas. Ambos permiten mirar al país a largo plazo, lo que implica tener una idea país, saber hacia dónde se quiere ir. Eso es lo que no veo… perdón que lo diga tan derechamente.

-¿No le parece un buen presidenciable, entonces?
-Es una persona que se le conoce poco. Si usted me lo pone en esos términos, diría que un Allamand o un Longueira son mucho más sólidos, que dan una cierta visión de país. Quizás esté siendo injusto, simplemente porque no tengo el conocimiento adecuado de Golborne. (sigue…)

 

Crisis internacional: la vuelta de la política

-¿Cómo observa la crisis económica internacional?
-Me ha tocado seguir toda la crisis, que es muy fuerte. Creo que habrá un antes y un después en el mundo. Si el muro de Berlín significó la caída de toda la estantería en que la mitad de la biblioteca dejó de servir, esta crisis es la caída de la otra mitad de los libros que están parados. Visto así, estamos en un mundo de más incertezas que certezas de las que existían antes y eso es tremendamente apasionante, porque la política está de vuelta. Nadie está pensando que un banquero o los mercados van a resolver la crisis, entonces la gente mira hacia lo que hacen Angela Merkel o Sarkozy, que es política.
-¿Cree que va a caer Europa o saldrá adelante?
-Creo que va a salir, pero le va a costar. Me parece que Europa está viviendo más allá de sus posibilidades y, por lo tanto, va a tener que ajustarse pero también integrarse mucho más.
-¿Le parece que Chile está preparado para enfrentarla?
-Tenemos las cuentas en orden, lo mismo que América Latina, por las tantas crisis que hemos pasado. Si disminuye la potencialidad y el dinamismo de China, o las exportaciones a Europa, eso nos va a afectar.
-¿Cómo estima que está manejando el gobierno la situación?
-Creo que bien, que está tomando las medidas adecuadas, y no quiero minimizar, como dice la OCDE, cuando China crece 10% nosotros crecemos un 4%, sin que importe lo que hagamos.
-¿Qué es lo que más le preocupa?
-Ver cómo el mundo neoliberal viene de vuelta, frente a lo que debe haber una respuesta.