El senador encabeza la comisión de Hacienda y desde ahí se eleva como una de las voces fuertes de la oposición en la discusión de la reforma tributaria que marcará este año legislativo: “respecto de aquellos temas en los cuales tenemos diferencias, que el gobierno proponga una comisión nacional”. Además, el parlamentario ha ido sumando aprobación en las encuestas y ya se declaró como carta disponible para ir de precandidato presidencial.

  • 17 enero, 2019

Menos chascón, pero siempre dicharachero, Lagos Weber (56) abre las puertas de su oficina en el ex Congreso Nacional, que por estos días está repleto de actividad como sede del Congreso del Futuro. Es lunes y cuenta que ha tenido una intensa mañana de audiencias que partió con una entrevista radial y un café hirviendo derramado en su camisa. Hace horas se dio a conocer una nueva encuesta Cadem que marca un primer apronte presidencial. En el escenario de primarias de la ex Nueva Mayoría, un 18% de quienes se sienten representados por el sector votaría por Michelle Bachelet, el 15% por José Miguel Insulza y luego Ricardo Lagos Weber empata con el también PPD Heraldo Muñoz, y ambos obtienen un 11%. Ese mismo día lunes una mesa de oposición conformada por diputados, técnicos y asesores, como el ex ministro Máximo Pacheco, le entregaron al gobierno un documento donde se plantean ocho consideraciones previas a la tramitación del proyecto que busca instalar una nueva reforma tributaria. Por ahí arranca la conversación, el senador señala que no solo comparte la mayoría de esas ideas, sino que además participó de ellas de manera indirecta.

-¿Le parece valioso que la oposición haya logrado organizarse en torno a la reforma tributaria?

-Políticamente hay un mérito, porque no es la propuesta del PPD, ni del PS, ni de la DC, ni del Frente Amplio. Es un documento que abarca a buena parte de la oposición, y eso es muy importante. Quiero rescatar la capacidad que estamos desarrollando, hay que ver qué destino va a tener, pero yo quiero ser optimista, del esfuerzo de trabajar desde la DC hasta el Frente Amplio.

-Lo que no se logró durante el año pasado…

-Ya ocurrió en la discusión de presupuesto. Voy a reivindicar mi rol ahí porque en la Comisión Mixta de Hacienda, los senadores de la oposición y el diputado Jackson pedimos modificaciones al proyecto que envió el gobierno. Terminamos el año bien, desde el punto de vista de la oposición en el plano económico. Falta mucho que recorrer políticamente, y no saco conclusiones anticipadas de nada, pero al menos se hace el esfuerzo.

-¿Hay brotes de una oposición?

-Buscando la cuña… (ríe)

-Ha señalado que la denominación ex Nueva Mayoría no es muy seductora. ¿Habría que acuñar una nueva identidad?

-Es que es muy poco halagüeño autodenominarse ex Nueva Mayoría, “ex nuevo”. Pero yo no ando buscando identidades, prefiero que a través de cosas concretas, sobre todo legislativas, podamos dotar de contenido y aunar criterios comunes. Eso nos puede ayudar a generar confianzas entre nosotros, y eso pudiese, eventualmente, llevarnos a adoptar decisiones en términos políticos para el futuro.

-Partir por lo más pragmático.

-Sí, cosas concretas. No solo un documento de buena crianza que diga “este es el Chile que queremos”. Como al interior del Frente Amplio, al igual que de la ex Nueva Mayoría, no hay visiones unánimes respecto de qué hacer, antes hay que ir generando confianzas. Es un camino, no es fácil y no es el único, pero es un camino. En el tema tributario, que es complejo técnicamente y con muchas aristas, se debe echar a andar un proceso de acuerdo.

-¿Como senador mantiene contacto permanente con dirigentes del Frente Amplio?

-Sí, converso con ellos, pero creo que esas conversaciones hay que tenerlas de manera inteligente, no hay que apresurarse. Yo tengo que darme el tiempo con mi coalición, o lo que queda de mi coalición, y con mi propio partido. Y el FA también está tomando sus definiciones; debatiendo genuina y sanamente qué hacer en política de alianzas para el futuro. Lo que hay que hacer es estar tranquilo, poner la pelota en el piso, ver qué diferencias tenemos y cómo las podemos abordar. ¿Me gustaría andar más rápido? Puede ser, pero no saco nada con apurar un proceso.

-¿Será eso madurez política?

-¿Mía? Es que creo que las cosas son así y no sacas nada con apurarlas. Yo aspiro a que exista una propuesta de centroizquierda, o progresista, que tenga raíces sólidas y no sea exclusivamente un pacto electoral. Puede ocurrir que nos pongamos de acuerdo en pactos de omisión en materia de municipales, y eso ayude a superar una instancia política, pero es frágil. Lo que quiero, y por eso no hay que apurar, es tratar de tener visiones comunes que comunicar. Un relato con contenido, y para eso es mejor ponernos de acuerdo en torno al presupuesto, al tema tributario, qué vamos a hacer en materia previsional, en eso se pueden ir forjando tal vez acuerdos mayores.

-Está muy precavido.

-Es que para qué vamos a vender la pomada. Yo creo que los titulares no bastan. Un titular bueno siempre ayuda, pero la política es proceso y contenido, y eso hay que trabajarlo. Tenemos poco tiempo, es cierto.

 

La propuesta

-A propósito de tiempos, usted como presidente de la comisión de Hacienda no es partidario de que la tramitación de la reforma tributaria se haga de manera acelerada.

-Lo que planteo es lo siguiente: primero, el gobierno hizo su propuesta antes de que se termine de implementar la reforma anterior y creo que eso ya admite algún reparo. Segundo, la propuesta tiene aspectos buenos y bienvenidos, otros con los cuales tenemos diferencias y otros que no están incluidos. En el escenario de que el gobierno no es mayoría en el Parlamento, propongo algo bastante razonable: como no es sano que cada cuatro años nos estemos planteando reformas estructurales en materia tributaria –porque eso genera incertidumbre, situaciones impredecibles para la inversión y someter al país a un estrés muy fuerte–, aprobemos aquellos puntos sobre los cuales sí tenemos acuerdo y que apuntan a recaudar y/o fomentar la inversión. Léase boleta electrónica, impuesto a las plataformas digitales –no seré popular, pero es justo y necesario hacerlo- y probar el mecanismo que propone el gobierno de depreciación acelerada. Y respecto de aquellos temas en los cuales tenemos diferencias o que no están incluidos, que el gobierno proponga desde el ejecutivo una comisión nacional, con parlamentarios y  técnicos, y que nos demos seis o siete meses para ver temas como la integración, el impuesto a la empresa, los recursos regionales y los impuestos verdes.

-¿Cuáles son los temas que no están contemplados?

-Renta presunta y franquicias tributarias, por ejemplo. En lugar de que la oposición se vea forzada a rechazar la idea de legislar o aprobar solo algunas y que el gobierno ande pirquineando votos para aspectos específicos de un sector en otro, propongo una comisión nacional, pero con un compromiso genuino de llegar a un entendimiento que nos permita proyectarnos por los próximos ocho o diez años en materia tributaria.

-¿Qué aspecto le genera reparo de entrada?

-Si el gobierno quiere integración, veamos qué fórmula hay para compensarla. La integración básicamente lo que hace es que los dueños de las empresas que pagan impuestos, cuando retiren utilidades, tengan un crédito a su favor. Nada garantiza que eso se vaya a invertir, pero el gobierno dice que eso es bueno. Entonces, en vez de decir que no a priori, veamos cómo ese mismo sector puede asumir la compensación, no a través del IVA que pagan los chilenos cuando compran el kilo de pan o el litro de chela. Si le doy un beneficio a un sector determinado de chilenos, a los que les va mejor, que sea ese mismo sector el que compense la merma tributaria.

-Su propuesta entonces es separar la tramitación en dos partes.

-En materia tributaria hay que dividir la propuesta del gobierno entre lo que recauda y tiene unanimidad: boleta electrónica, plataformas digitales y depreciación acelerada, y que el resto de los temas pasen por esta comisión nacional. Eso como alternativa a llegar al Congreso negociando votos en un mal clima. Igual no hay garantía de nada, porque la anterior reforma tributaria la aprobamos con un acuerdo nacional que lo firmó RN y la UDI y esperamos que llegara Ernesto Silva, entonces presidente de la UDI, a firmar el acuerdo que después desconocieron.

-Conocido como “la cocina”.

-No se firmó en la cocina, se firmó ante todos los chilenos en el Congreso de Chile. Yo la conversé con el ministro de Hacienda de la época y con la oposición en el Parlamento, no en la casa de nadie.

-¿Esta propuesta va en la línea de representar a una oposición más dialogante?

-Yo siempre puedo dialogar y entiendo la política como conversar y tratar de ponerse de acuerdo. Pero el gobierno tiene que aceptar, en un acto de madurez, que el presidente Piñera fue elegido en segunda vuelta con un tremendo respaldo, pero el Parlamento tiene una composición que le otorga minoría. Cuando el Ejecutivo no tiene mayoría en el Parlamento, debe hacer doble esfuerzo para llegar a entendimiento. Ha ocurrido con el gobierno que cuando las cosas no van como ellos quisieran desde el punto de vista legislativo, surgen conceptos como “antipatriotas” o “obstruccionistas”, y las mismas personas que fuimos a la Comisión de Infancia y que éramos “dialogantes”, luego de tener una discrepancia con el ministro de Hacienda en materia de salario mínimo, pasamos a ser “antipatriotas”.

-¿Quiénes son sus mayores interlocutores en el gobierno?

-Converso harto con el ministro de Hacienda y en temas internacionales con el canciller Roberto Ampuero. El cambio de política exterior que ha hecho este gobierno es dramático. En materia medioambiental, al no firmar el acuerdo de Escazú, que da mayores garantías a los ambientalistas. Queda en mal pie el interés medioambiental de Chile y también la Cancillería. Se hizo un trabajo por años –desde la Cumbre de Río– y luego nos echamos para atrás. Lo mismo con el pacto migratorio de Marrakech. La decisión se toma en La Moneda, ¿entonces uno puede interpretar que el canciller no está haciendo bien la pega? Queda mal la Cancillería. Los nombramientos como el de la ex agregada comercial Fernanda Bachelet, o la intención del presidente de nombrar a su hermano embajador, son puras malas señales para la política exterior de Chile.

-¿La señal de restarse de acuerdos internacional le enciende alarmas?

-Sí, porque además han sido mal explicados. Que Chile participara del proceso dieciocho meses, que el delegado del Ministerio del Interior fuera a las Naciones Unidas a ratificar la voluntad de Chile de participar. El presidente también avaló y alabó el pacto en la Asamblea General. Hay hasta memes de eso. Genera un daño en términos de credibilidad, que tiene una red de acuerdos internacionales sustantivos que explican en buena parte nuestro crecimiento económico. Cuando uno se inserta en el mundo, no lo hace todo a la carta, uno asume compromisos y obligaciones también.

-¿Cree que salirse del pacto migratorio fue una decisión tomada con encuestas en mano, como algunos plantearon?

-Claro. Lo que se hizo fue tocar una tecla muy delicada porque para un porcentaje no menor de chilenos, el tema migratorio es difícil de entender y les genera inquietud. Como mandatario hay que ser responsable y lo que hizo el gobierno, a mi juicio, fue exacerbar miedos, angustias e inquietudes de un sector de la población. Lo que dijo el presidente es que al no firmar el acuerdo, se pretende defender a los chilenos de los inmigrantes. Para que no haya más narcotraficantes ni criminales. Lo puso en sentido binario y eso es no entender que no todos los chilenos pensamos igual. Un mandatario tiene la primera responsabilidad de no alarmar, salvo que lo crea, y entonces que lo diga derechamente. Como lo hace Trump, Bolsonaro o el primer ministro húngaro.

 

¿Otro Lagos presidente?

-Salió una encuesta Cadem donde figuran Beatriz Sánchez y José Antonio Kast como los personajes políticos con mayores menciones presidenciales, ¿lo interpreta como parte de un proceso de polarización?

-A mí me preocupa José Antonio Kast, creo que representa lo peor de la derecha chilena. Las imágenes de CasaPiedra, durante las elecciones presidenciales pasadas, en donde los asistentes lo aplaudieron más que a Piñera, me preocupan, porque ahí estaban los tomadores de decisiones, aquellos que influyen sobremanera en el PIB. Vamos a tener que trabajar mucho y ser muy generosos para ponernos de acuerdo quienes tenemos valores que nos acercan más a una democracia progresista con un proyecto solidario, inclusivo y sin odiosidades. Ante tu pregunta: con Beatriz Sánchez no tengo ningún problema, ella ya fue candidata y la encuentro de lo más sensata. El tema es que hay un grupo de chilenos, en todos los estratos, a los que les gusta lo que dice JAK y eso me genera la necesidad de trabajar con más ahínco para generar nuevas condiciones y que su visión no sea Chile.

-En la CADEM, usted está empatado con Heraldo Muñoz con un 11% de aprobación en unas eventuales primarias de la ex Nueva Mayoría. ¿Es verdad que todo político quiere ser presidente?

-No sé si todos, pero yo hace unos cuatros meses atrás, y por primera vez desde que estoy en política, levanté la mano en señal de disponibilidad. Desde entonces me he dedicado a mi trabajo legislativo y ya llegará el tiempo. Soy muy claro, uno es parte de proyectos colectivos, una cosa es la disposición de uno y otra cosa es si a alguien eso le hace sentido.

-El populismo suele ser consecuencia de un descontento general, como alternativa política presidenciable, ¿cómo cree que se pueden restaurar las confianzas?

-No sé cómo hacerlo, pero sí sé a qué tiene que apuntar: a recuperar la confianza ciudadana en las instituciones. Para el Año Nuevo en Viña vi la siguiente escena: el tránsito estaba totalmente trabado poco después de los fuegos artificiales. Como los autos estaban parados, la gente cruzaba entre ellos. En un momento aparecieron dos carabineros motorizados y le advirtieron a un peatón, cortésmente, que estaba cruzando con luz roja, a modo de precaución. La reacción del peatón fue: “Qué me hablai vo’ ladrón, asesino…”, y siguió. Entonces, hay que recuperar la credibilidad de las instituciones en Chile: en política, Iglesia, Carabineros, Ejército y empresarios. Aquí no ha quedado mono parado. Y para eso, los que estamos en la toma de decisiones tenemos que hacer un esfuerzo adicional para cuidar la democracia. Hablarles a los chilenos de la importancia del sistema que tenemos.

-No dar la democracia por sentada.

-No, porque no está asegurada. La anormalidad en el mundo es la democracia. No era la norma general, es un invento que tiene unos 100 años. Quiero cuidar nuestro país. Entonces, qué tengo que hacer: más transparencia, mesura, poco populismo, más diálogo, aislar a aquellos que establecen el odio y la discriminación. Eso se hace en el día a día. A ratos siento que nos ha costado, cuando veo que resurge un pinochetismo.

-Qué opina de la crítica que apunta a una izquierda que se distrajo de sus grandes banderas para atender temas sobre minorías, pagando luego la cuenta electoral.

-Dos cosas. Primero, no voy a caer en la caricatura de que la izquierda se estuvo preocupando de temas blandos o de elite, porque para mí los temas de inclusión, de no discriminar a los homosexuales o a los pueblos originales, no es algo light. Pero sí puedo decirte que la izquierda o el progresismo tiene que poner mucha fuerza de seguridad y crecimiento. Y segundo: gobiernos supuestamente progresistas o de izquierda han debido enfrentar severos problemas por la corrupción. La falta a la probidad ya no es permitida o es más estricta la exigencia, están las experiencias que hemos visto en Brasil o en Argentina, ni hablar de Venezuela. Hay que hacerse esa autocrítica. Yo no me canso de repetir una frase, aunque me dicen que es muy fome; a la entrada del Servicio de Impuestos Internos en Estados Unidos hay una placa que tiene la siguiente cita de un juez: “Los impuestos son lo que uno paga para contar con una sociedad civilizada”.

-¿Y cómo lidiar con la seguridad?

-Uno de los temas que nos penan, a nosotros como progresismo y a este gobierno también, es el tema de la seguridad. Mira el drama que tenemos ahora: un chileno mapuche muerto, dos carabineros mintiendo y un ministro del Interior cuestionado. Ojalá en este tipo de temas nos pongamos de acuerdo transversalmente. Podemos politizarlo, pero si hacemos lo mismo en materia tributaria, tendríamos que pasar de hablar de los más beneficiados a referirnos a “los más ricos y los poderosos”. Y yo no creo que sea sano eso. Sobre todo viendo las experiencias pasadas, de nuevo tenemos a un chileno muerto por fuerzas del Estado, con un proceso que ha sido una entrega por capítulo que ha afectado al ministro del Interior y que debe asumir la responsabilidad política que es evidente.

-¿Eso sería renunciar?

-Yo no puedo hablar ahora de una posible acusación constitucional porque estoy inhabilitado para eso, pero siento que tras todo lo ocurrido con el caso Catrillanca, la pregunta es si los chilenos sienten que se está en control de la situación. Hay que transformar Carabineros, tener mejores policías, pero admitamos que estamos al debe en ese tema, es lo mínimo para trabajar de manera más conjunta.

-¿Suscribes totalmente este nuevo contrato social que planteó hace algunos días Ricardo Lagos Escobar?

-Lagos hizo una propuesta que me parece que va en el sentido de que las sociedades pueden entenderse en los mínimos comunes civilizatorios. Y me parece muy bien que lo haga mi viejo, pero creo no había que esperar que él lo dijera.

-¿Juega un rol importante todavía en la política chilena?

-No está en la primera línea, lo ha dicho él mismo, pero no veo por qué va a renunciar a la capacidad que tiene de dar sus puntos de vista en la medida que contribuyan. Tiene claro su rol y ya no es candidato a nada, pero tiene su opinión aquí y en el extranjero, así como la presidenta Bachelet cumple su función en Naciones Unidas. Me gusta tener esos ex presidentes y no otros que terminan cuestionados o incluso encarcelados. Valoremos lo que tenemos y seamos más felices. Querámonos un poquito más los chilenos y preguntémonos por qué viene gente a vivir acá.