La modelo Antonia Moro y su marido están sacando partido a sus dones. Instalados en Puerto Varas, se lanzaron al mundo de los negocios entremezclando belleza, arte y buena mesa. Esta es la historia de Salón Rosa y Salón B Cafe.

  • 28 abril, 2009

La modelo Antonia Moro y su marido están sacando partido a sus dones. Instalados en Puerto Varas, se lanzaron al mundo de los negocios entremezclando belleza, arte y buena mesa. Esta es la historia de Salón Rosa y Salón B Cafe.

Salón Rosa es el sugestivo nombre del spa que la ex modelo Elite Antonia Moro, instaló en Puerto Varas. Emplazado en una tradicional casa que sigue el estilo de la arquitectura sureña, mezcla de las influencias chilota y alemana, el lugar invita al descanso, porque ese es justamente el concepto que Antonia está desarrollando. Hace tres meses instaló este servicio y espacio “para la relajación, para que la dueña de casa o la mujer que trabaja fuera del hogar se mime, se sienta más linda y contenta. No es un salón de belleza”, puntualiza.

 

La casa fue adquirida por su madre el año pasado, luego de lo cual Antonia pasó a llevar la batuta. Fue ella quien personalmente dirigió la remodelación, algo que seguramente le salió de modo natural, dado que es hija del afamado decorador Luis Fernando Moro. Los trabajos, que estuvieron a cargo del arquitecto Nicolás Aránguiz, se prolongaron por cerca de ocho meses.

Después de vivir por varios años entre Santiago y Buenos Aires, Antonia se mudó hace tres años al sector de Río Pescado,
a 25 kilómetros de Puerto Varas, junto a su esposo argentino, Marino Botas, y al hijo de ambos, Benito. Cambió la vida de ciudad, por la “de campo”.

Explica que, ya estando en la zona, “comenzamos a pensar en qué servicio podríamos ofrecer”. Lo deliberaron y decidieron que lo suyo era integrar su experiencia en el mundo de la moda y la belleza (es cosmetóloga) y el amor por la buena mesa que siente su esposo, quien además es fotógrafo y pintor. Juntos, dieron vida a Salón Rosa y Salón B Café, ubicados en el mismo lugar, los que acaban de inaugurar este mes.

El concepto –sin embargo– es más ambicioso. Salón Rosa también tendrá un espacio para el arte, y está previsto que cada 40 días haya nuevas exposiciones de artistas y fotógrafos locales. La primera será del propio Mariano, quien presentará sus pinturas. De hecho, hoy sus trabajos en tinta china animan las paredes del spa.

En Salón Rosa trabajan seis personas y ofrecen desde tratamientos faciales, que la misma Antonia realiza, hasta masajes y peeling corporal, entre otros servicios. Orgullosa, destaca que trabajan con la línea de productos de belleza estadounidense Murad. “Ahí nos anotamos un punto, porque ellos son extremadamente exigentes con la representación de su marca”, la que ha sido desarrollada por el afamado dermatólogo californiano Howard Murad.

Otro aspecto que la entusiasma es que “estamos aprovechando la materia prima pura que existe en la zona, tanto en productos, como la miel producida por una empresa local; la lavanda de la aromaterapia o las verduras orgánicas y frutas frescas que usamos en la oferta que tenemos en el café”. Pero tiene más planes: quiere ir incorporando nuevos servicios relacionados con el agua, como baños de vapor y aguas calientes.

Antonia reconoce que convertirse en empresaria, después de trabajar 14 años como modelo, no ha sido un paso fácil. “Mi fuerte es el montaje, la preocupación por los detalles del servicio y el manejo de personal. Sin embargo, el área comercial se me hace más difícil, de modo que para eso pido ayuda”, señala humilde, pero entusiasmada. Porque Antonia llegó para quedarse.