No lo tiene decidido, pero se nota que el trabajo de alcalde le gusta lo suficiente como para, eventualmente, hacerlo repostular. El cargo le ha permitido sacar lo mejor de sus facetas de empresario y animador y hasta cosechar aplausos espontáneos en la calle. Por eso, por el honor que dice sentir en esta función y porque quien nace chicharra muere cantando, en una de ésas Raúl Alcaíno confirma en noviembre que buscará su reelección en la comuna de Santiago. 

  • 13 julio, 2007

 

No lo tiene decidido, pero se nota que el trabajo de alcalde le gusta lo suficiente como para, eventualmente, hacerlo repostular. El cargo le ha permitido sacar lo mejor de sus facetas de empresario y animador y hasta cosechar aplausos espontáneos en la calle. Por eso, por el honor que dice sentir en esta función y porque quien nace chicharra muere cantando, en una de ésas Raúl Alcaíno confirma en noviembre que buscará su reelección en la comuna de Santiago. Por Roberto Sapag; fotos Verónica Ortiz.

 

Una decoración formal de tono verde musgo y toques de oropel dorado, estatuillas por doquier, clásicos muebles de aspecto colonial y una sala de Concejo que mezcla literalmente Versalles con la sobriedad republicana, fría y un tanto encerrada, es el entorno de Raúl Alcaíno. Impecablemente vestido, el empresario y ex animador de TV reina en esas dependencias. Tal vez no son las más coherentes con su carácter y con su perfil, pero ahí está. Si bien se ha empapado del cargo de alcalde de Santiago, Alcaíno no puede ocultar que es un tipo de sonrisa fácil, un futbolista empedernido de las ligas de Quilín los fines de semana, un hombre laico a rabiar y de hablar campechano y coloquial.

 

Por estos días, Raúl Alcaíno (54) completa dos años y medio a la cabeza de la Municipalidad de Santiago. Entró allí tras derrotar a Jorge Schaulsohn y dar inicio a una gestión que lo tuvo tragando saliva con amargura por más de año y medio. Fueron difíciles sus inicios como alcalde. De soslayo suelta que los primeros días se sentaba solo a comer un sándwich en su escritorio, que no sabía con quién ni dónde salir a almorzar, que estuvo meses emboscado en su despacho y entrando y saliendo por puertas secundarias tras su decisión de terminar con el Plan Pololo, que lo agredieron por inhabilitar el Estadio Víctor Jara, que se desgastó hasta lo más hondo en la pelea del Teatro Municipal y que aún no olvida al personaje que frente a su balcón se encaramó en un árbol profiriendo amenazas suicidas. En fin, meses muy duros.

 

Hoy en cambio se le ve distendido. Ya no está arrepentido de haberse metido en este “tete”. Al contrario, dice estar cada día más a gusto, lleno de planes, contento con las realizaciones y algo más adaptado a las rutinas, formalidades y burocracias que supone gobernar la comuna de Santiago centro. Claro que le duele pensar que cualquier proyecto en Santiago sea 15 veces más caro que en provincias, que un gran número de iniciativas pasen por Monumentos Nacionales, el gobierno central, el Ejército y otras reparticiones, que no esté en sus manos dar una pelea más frontal a la delincuencia y el comercio ambulante. Pero, pese a ello, está feliz. “Esta no es una comuna muy grande, pero es la comuna más importante, es la comuna fundacional. Acá están las sedes del poder institucional, acá –en el centro– está la historia republicana de nuestro país y la historia de Chile. Todo pasa por la Plaza de Armas. Acá fundó Pedro de Valdivia las bases y acá el alarife Gamboa hizo los trazados que dieron forma a la primera ciudad”, dice con orgullo.

 

Un orgullo que habla de aclimatación, de adaptación, de satisfacción y de, parece claro, ganas de seguir en el cargo. Un cargo desde el cual gestiona a unos 10 mil empleados municipales y que le ha permitido desplegar sus dotes de empresario. Su lado empresarial, descrito con lujo y detalles en la página web y que incluye entre otras a Resiter, Sandrico, Le Grad Chic, SMB Factoring, está hoy bajo la batuta de su amigo, ex compañero de universidad y socio Alvaro Fischer. Con él conversa una vez a la semana del estado de sus negocios, los cuales “están funcionando bastante bien sin mí”.

 

Dice haber separado por completo sus intereses de su labor pública, porque una de las defi niciones básicas que adoptó en esta posición es la transparencia y la probidad. “Hemos trabajado frme con Transparencia Internacional, con Davor Harasic, y tenemos gente de probidad trabajando acá adentro. Creo que todo debe ser público, hasta en qué se usa el auto el fin de semana. Todo”. Está feliz de que se sepa su sueldo por las páginas de los diarios ($3,6 millones), aunque lamenta que eso lo deje “sin chance con una serie de chiquillas de la farándula, que deben encontrar que es poco al lado de un futbolista”.

 

 

 

Balance edilicio

 

 

-¿Cómo se ha sentido como alcalde?

-Cada día que pasa me estoy sintiendo más satisfecho, porque he podido ver que ya tengo una municipalidad ordenada, sin deudas, que tiene uno de los presupuestos más expansivos de su historia, a lo que se suma que hemos podido ir controlando los gastos.

 

 

-Para entender de qué hablamos, ¿qué significa eso en números?

-Significa que recibimos una municipalidad con 68.000 millones de pesos de ingresos y este año vamos a tener 82.000 u 83.000 millones, lo que nos permite no tener deudas y además empezar a invertir en la comuna y acá adentro.

 

 

-Curioso que en cosa de dos años y medio se produzca un cambio tan potente en el perfil de ingresos, un alza de 20%.

 

-Sí, el cambio ha sido importante… Bueno, es que he estado preocupado de activar los juicios que había que activar, de cobrar lo que se tenía que cobrar y hacer que la municipalidad comenzara a hacer su trabajo como corresponde, sobre la base de algunos pilares: modernización de procedimientos, transparencia y probidad. Eso nos ha permitido recuperar el respeto de nuestros contratistas, de nuestros proveedores, porque pagamos al día, y de paso eso nos ha permitido ahorros en los precios.

 

 

-Contento.

-Sí, estoy más contento en el cargo.

 


-Pero hace unos meses dijo a The Clinic que ser alcalde le había cambiado la vida para mal…

-Esa entrevista debe tener un año y medio y se produjo en un período duro. Pero yo soy un tipo que hago la pega y no le hago el quite al trabajo. No se nota mucho, porque tengo una manera de ser medio jovial y porque antes iba a programas de televisión, pero yo soy aperrado. Y cuando uno se arremanga, empuja el carro, trata de liderar procesos nuevos, con jornadas largas y tensas, y las cosas van lento, entonces eso te afecta y explica como me sentía hace un año y medio. Entendámonos: para mí esto fue un cambio potente. Yo era un profesional que tenía mucho tiempo para mí, que podía viajar cuando quería, que podía ampliar la oficina sin pedir permiso a nadie. Y, bueno, acá los sistemas son otros… y está bien que sean distintos.

 

 

-Parece que se estuvo arrepintiendo.

-Una vez me preguntaron si estaba arrepentido y contesté que sí, pero nunca más de dos veces al día. Y es verdad. A veces me decía ¡por la máquina, qué es lo que estoy haciendo aquí!, pero son impulsos nomás. Cuando uno se arrepiente de verdad se para, firma un papel y se va. El resto es música. Y eso no lo hice, ni pensé hacerlo. Menos ahora, que tengo la sensación creciente del deber cumplido. Cuando veo el Parque de los Reyes repleto de gente, la cancha de skate llena de jóvenes, cuando veo que hemos avanzado firme en la lógica de hacer bien las cosas, porque acá preferimos hacer poco y bueno a hacer mucho y a medias. Fíjate que las canchas sintéticas y las iluminaciones que hemos puesto son iguales o mejores que las de los mejores clubes privados. Con esa lógica trabajamos acá.

 

 

-O sea, nada de traer nieve o arena.

-No… (sonríe y calla).

 

 

-¿Y esa satisfacción es tan fuerte como para repostular?

-Bueno, creo que ser alcalde de Santiago es un honor feroz y eso ya es un cierto incentivo. Pero yo soy muy estructurado y resolví que en noviembre o diciembre tomaré una decisión sobre eso, dependiendo del estado del arte.

 

 

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-Pero ya estarán llamándolo de los partidos, porque seguro que hay que empezar a hacer las listas.

-Claro y yo les digo déjenme trabajar porque estamos recién en la mitad, pues. Falta mucho. Aunque entiendo que los tiempos en política son otros, yo a fin de año estaré en condiciones de sumar y restar y tomar una decisión que voy a comunicar.

 

 

-¿No ha medido cómo es su percepción entre los electores? Hay gente que hace encuestas para evaluar cómo les va. Por lo demás, puede ser razonable que lo haga dado que usted ganó la alcaldía sin mayoría absoluta (49,04%).

-No saqué mayoría absoluta y no me he preocupado de hacer encuestas formales. Lo que sí hicimos fue un sondeo para medir los efectos de medidas nuestras, pero como una herramienta de trabajo para la gestión municipal. Aparte de eso, no he hecho nada personal. Ahora, si me preguntas que si estoy mejor, sí, estoy mejor. Lo percibo. Uno tiene un aparato sensorial y como circulo por la comuna, me han tocado incluso aplausos. Pasar del “tal por cual” o “asesino” al aplauso en la calle es más que algo. La gente ya me sacó la foto, saben que soy un gallo independiente, que no estoy bajo órdenes partidistas y que puedo decir sin problema que nunca nadie me ha llamado para darme instrucciones.

 

 

-¿No?

-Nadie se atrevería, en primer lugar, y agradezco que no me hayan llamado. Yo vine a hacer esta pega sin segundas intenciones y creo que cuando uno accede a estos cargos no puede venir a hacer carrera, a florearse o a candidatearse.

 

 

-Echando mano a su currículo, diría que esta es una pega más de empresario que de animador.

-Más de empresario, aunque no es que no tenga nada de animador. Si quieres lograr un objetivo, a veces hay que ponerse el traje de animador.

 

 

-Es que también es una pega política…

-Claro, pero no hay que irse al extremo de algunos políticos que son animadores nomás. Yo ya estuve en la tele diez años.

 

 

 

El estado del arte

 

 

-Los mayores ingresos municipales, ¿son sostenibles en el largo plazo, o son una buena foto del momento solamente?

-Son absolutamente sostenibles. Por supuesto que la Ley de Rentas 2 tuvo efectos un tanto positivos en la contabilidad, pero el cambio en los ingresos no se explica por eso. Se explica porque estamos viendo un aumento en las patentes, porque mucha gente que se había ido del centro está empezando a volver, porque el valor del metro cuadrado acá ha tenido un repunte significativo y así, por muchos factores que contribuyen, dentro de los cuales por cierto está la municipalidad, que está haciendo mejor las cosas. Hemos reducido los tiempos de tramitación de las patentes, hemos restringido algunas patentes de alcoholes en la comuna y sus transferencias. En fin, acabamos de congelar los permisos de edificación. Medidas adoptadas con decisión y encaminadas a cuidar el centro histórico, porque acá está el sueldo de la comuna.

 

 

-¿Y una cosa trae la otra?

-Tengo una convicción muy profunda: creo que hay que impulsar un círculo virtuoso en materia de ingresos. Mira, por ejemplo, lo que pasa en el Barrio Lastarria. El barrio ahora está ordenado, hemos cambiado la iluminación de Rosal, José Miguel de la Barra, Santa Lucía, Victoria Subercaseaux, Padre Luis de Valdivia. Hicimos el paseo de los cafés. Y se ha visto cómo están ahí el Opera Catedral, el R Punto, El Observatorio. Está agarrando vuelo.

 

 

Y se entusiasma:

-Ahora vamos a iluminar el follaje de todo el costado norte del Cerro Santa Lucía, con la idea de ir produciendo un ambiente de barrio con un cierto glamour, que inmediatamente va a tener consecuencia en los ingresos municipales, porque llegan más cafés, más restaurantes, más gente que se va a vivir a esos lugares, y vemos, por ejemplo, que se están construyendo edificios de mejor calidad en Lastarria, sobre 2.000 UF. Son procesos lentos, pero perceptibles en todos los indicadores. Solo el año pasado concedimos permisos de construcción por más de 1.300.000 metros cuadrados. Récord nacional absoluto.

 

 

-¿Es clave poner trabas a esos edificios esperpénticos que se han estado levantando en zonas con valor urbano?

-Claro y por eso se produce este “congelamiento” (como le dicen algunos), pero que técnicamente es una postergación de permisos en el centro histórico (entre Alameda, Amunátegui, Plaza Italia, Mapocho). Ahí teníamos amenazados algunos inmuebles de cierto valor patrimonial y acudimos a esta herramienta para ir planificando mejor el futuro de la ciudad.

 

 

-¿No es tarde? ¿No será que ya está bastante estropeada la ciudad?

-Sí, a mi modo de ver ya se ha echado a perder, pero esto había que hacerlo.

 


-Lástima que no sea posible echar abajo edificios horribles que se construyeron.

-Eso lo hacen países más ricos. ¿Qué quiere que le diga? Más vale tarde que nunca. Además, convengamos que estas decisiones son bastante impopulares y aun así esta medida ahora prácticamente no tiene detractores.

 

 

-¿Sí? Entiendo que la medida no cayó bien a las inmobiliarias.

-Me entrevisté con las inmobiliarias, con la gente de la Cámara Chilena de la Construcción y les expliqué. Esto es de sentido común, nuestros registros lo avalan y ellos son muy respetuosos de las normas y las formalidades. Esto no tiene mayor oposición en el mundo de la Cámara. Obviamente, si esto se extendiera, a la Cámara le preocuparía y lo entiendo, porque la construcción es un motor muy importante en la economía y el empleo. Pero también tengo claro que mantener nuestro centro histórico bien vale la pena dos o tres puntos de rentabilidad de muy pocos proyectos.

 

 

-Por lo demás, ustedes están en mejor pie de negociación con un cuadro de ingresos de 83 mil millones de pesos.

-Sí, pero acá no se funciona con la lógica de permitir construir porque recibimos ingresos. Los permisos de edificación no son significativos. Mucho más importante es mantener un carácter del centro y entregárselo a las nuevas generaciones.

 

 

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-¿Hay más cosas por hacer para evitar que se sigan haciendo edificios que afean el centro?

-Bueno, primero déjeme decir que hay edificios que se están haciendo que son buenos, que se pueden rescatar, así como hay otros de mucha historia como este que se ve desde esta ventana, que lo hizo Sergio Larraín García Moreno, con la colaboración de Emile Duhart, y que están en un estado lamentable. Dicho eso, creo que lo que hicimos es un paso en la dirección correcta, que no hay que minimizar ni magnificar. Es un paso concreto, pero no veo otras medidas de este tipo en esta gestión.

 

 

-¿Cuáles son las teclas que tienen que apretar para consolidar el círculo virtuoso del centro o cree que hay que dejarlo entregado al mercado?

-Nosotros tenemos herramientas normativas, que son los planos reguladores, que estamos cambiando con bastante consenso en cuanto a modificar un poco las alturas, incentivar las viviendas de mayor tamaño y favorecer los edificios de oficina. También tenemos nuestras herramientas operacionales, por decirlo así, que permiten mejorar la limpieza y el combate a problemas como la delincuencia. Acá tenemos el mall abierto más grande de Chile y la batalla del retail el año pasado se dio muy fuerte en Santiago. Falabella, Paris, Ripley, Hites pasaron de tener tiendas de 2.000 metros a 10.000 metros. Yo me he juntado con todos ellos.

 

 

-Ok, pero ¿cuánto responde a las fuerzas del mercado (el retail está dando la batalla por el C3-D en todo Chile, no solo en el centro) y cuánto responde a lo que han hecho ustedes?

-Bueno, esto es un poco como el entrenador de fútbol. Hasta qué punto el entrenador es decisivo para que un equipo gane o pierda un partido. Una vez vi un reportaje donde el Zorro Alamos gritaba ¡Yávar, pasa adelante tú! Y cuando uno ve el partido y ve la lucha de los talentos en la cancha, la lucha de Yávar, cree que lo importante es la dinámica del partido y la garra del equipo. Bueno, lo mismo se aplica acá. El alcalde tiene algo que decir. Puede ayudar, puede entorpecer, pero al final del día es mucho más importante el mercado.

 

 

Ordenar la casa

 

 

-¿Cómo andaba el municipio por el lado de los gastos cuando asumió?

-Las municipalidades siempre están en un estado bastante precario. Yo encontré una municipalidad en la que no había recursos para gastar ni en la ciudad ni puertas adentro. No me encontré la caricatura según la cual Lavín dejó todo endeudado y Alcaíno llegó a pagar deudas. No, pero pagamos algunos leasing de edificios y ordenamos otras cosas.

 


-¿Cuáles fueron los momentos más duros en esta gestión? ¿Lo del Teatro Municipal, que fue una especie de operación a corazón abierto?

-Bueno, había que hacerla porque de lo contrario se nos moría el paciente. Recibimos el Teatro Municipal prácticamente cerrado, quebrado. Así que fui donde el ministro Weinstein y le dije que lo iba a cerrar y como él sabía que yo juego con balas de verdad, pudimos hacer lo que había que hacer. Fue muy duro, con largas, largas, larguísimas reuniones con el sindicato de la Orquesta Filarmónica. Reuniones eternas y de las cuales salíamos sin avanzar ni un paso. ¡Ni uno! Hasta que tuvimos que tomar la decisión de aplicar bisturí general. Era eso o cerrar y quebrar. Sí, porque con 5.500 millones de deuda se había trancado la rueda financiera. A esos niveles no podíamos ni pagar los intereses. Y además justo se promulgó la Ley de Rentas 2 que, con toda razón, impide a las corporaciones culturales endeudarse.

 

 

-¿Otros momentos díficiles?

-Cuando asumí dije que iba a dar unas luchas que sabía eran duras e impopulares y las di. Por eso recién llegado eliminé el Plan Pololo.

 

 

-Algo que molestó a la concejala María Estela León de Lavín.

-Bueno, pero era lo que había que hacer. Si nosotros lo que hacemos es administrar los recursos de los vecinos, no podemos tomarlos y entregarlos a un grupo de 400 personas sin trámite alguno. Está bien, eran momentos de alto desempleo, de más problemas en la economía y por eso lo hizo el alcalde anterior. Pero yo hablé con Joaquín Lavín y creo que ni siquiera él hubiera mantenido ese plan. Como sea, yo tengo mis políticas propias y eliminé el Plan Pololo y por muchos meses no pude entrar a mi oficina por la puerta porque me estaban esperando con letreros. Otros momentos duros fueron el de la basura (donde logramos establecer un manejo moderno de residuos) y el de la inhabilidad del Estadio Víctor Jara, caso este último donde me sentí agredido y presionado.

 

 

-¿Cómo es trabajar con un Concejo donde están sentadas en primera fila las señoras de dos de los últimos ex alcaldes?

-(piensa varios segundos) Hay que ser un poquito más cuidadoso con las señoras de los ex. Y yo lo soy. Cuidadoso y muy respetuoso.

 

 

 

Modelo de ciudad


-¿Cómo está Santiago hoy en una perspectiva histórica?


-No sé si se puede decir que estamos mejor que antes, porque si uno mira, en esta comuna se produjo un deterioro importante a partir del año 90. Se empezaron a ir las patentes grandes, los grandes contribuyentes, y comenzó un deterioro paulatino, un proceso urbano que obedece a múltiples razones, del cual no se puede culpar a nadie con nombre y apellido, y del que estamos saliendo gracias a los mejores accesos que dan las autopistas, al crecimiento del país y, también, a nuestra gestión.



-¿Por qué se produjo ese deterioro?


-Es que acá en Santiago se produce un problema feroz que el Transantiago ha develado en toda su magnitud. Esta es una ciudad donde está mal pelado el chancho. En todas las ciudades grandes de más de 6 millones de habitantes conviven tres o cuatro centros, de modo que la población se las arregla para operar en torno a ellos. Pero acá teníamos un solo centro hasta el año 90. Luego comenzó a expandirse un nuevo centro, privado, casi al lado de este centro, en la intersección de Providencia, Vitacura, Las Condes. Eso generó una competencia muy desfavorable para este centro, porque en esa nueva zona tenían edificios modernos, estacionamientos supernumerarios, veredas de ocho metros, cero comercio ambulante, cero café con piernas, restaurantes. Eso explica que los ingresos en esta municipalidad fueran abajo. Pero nosotros tenemos que romper la tendencia porque no se puede abandonar este centro republicano. Acá está La Moneda, el Teatro Municipal, la Estación Mapocho, el Palacio de Tribunales, el Bellas Artes, la Biblioteca Nacional.




-Cierto, pero en otros países hay centros tan históricos como el de Santiago que han caído en un deterioro sin retorno.


-Claro que hay centros que perdieron la batalla y terminaron abandonados. Pero también hay otros que no. Hay centros europeos que no están abandonados. Yo creo que sí se puede dar esa lucha. Tenemos muchas cosas en este centro que son verdaderos diques que nos permiten ser optimistas. Yo soy optimista y creo que podemos lograr que el financiamiento, que el subsidio de la recuperación patrimonial pueda operar, como ha estado ocurriendo en Valparaíso. Nosotros necesitamos que vengan los empresarios jóvenes y se reencanten con el centro. Y algo está pasando ya. Si se mide el valor del metro cuadrado o el nivel de ocupación de las oficinas, se ve que hay un reencanto. Ahora están empezando a construirse oficinas y las que están, están ocupadas. Ya no hay edificios vacíos, como los que me tocó ver a mí cuando asumí el cargo.