Somos un país de González, Muñoz y Rojas y otros 15.034 apellidos hispanos, de pueblos originarios y de algunas sagas de la inmigración, que se reparten entre las diferentes regiones de Chile. Así lo demuestran las inscripciones de nuevos nacidos en el Registro Civil, que dejan al descubierto también nombres curiosos, como los Cachay, los Arroz y los Malo.

 

 

  • 27 diciembre, 2011

Somos un país de González, Muñoz y Rojas y otros 15.034 apellidos hispanos, de pueblos originarios y de algunas sagas de la inmigración, que se reparten entre las diferentes regiones de Chile. Así lo demuestran las inscripciones de nuevos nacidos en el Registro Civil, que dejan al descubierto también nombres curiosos, como los Cachay, los Arroz y los Malo.

 

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El Mapa de Chile

De los 214.182 niños que nacieron en Chile hasta noviembre de este año, el 16,4% fue inscrito en el Servicio de Registro Civil bajo alguno de los 20 apellidos más comunes. Este es el mapa de los chilenos según su patronímico. Los Mamani reinan en el norte. Los Ojeda se enseñorean por el sur y en la Región Metropolitana está el 43% de los González.

Chile es una nación de González, Muñoz y Rojas. Pero también de Díaz, Pérez, Soto, Contreras y otros 15.034 apellidos de pueblos originarios y de algunas sagas de la inmigración. Los 214.182 niños nacidos e inscritos en el Servicio de Registro Civil e Identificación a noviembre de 2001 así lo demuestran.

Revista Capital pidió a la entidad conocer cuánta gente (por nacimiento) se apellida de qué manera en cada una de las quince regiones del país a partir de los nacidos en 2011. Con esos datos, analizamos las estadísticas de cada zona del país para descubrir qué apellidos se repiten y cuáles rompen la regla de la mayoría nacional, pero que a su vez se ubican dentro de los más populares de cada zona.

El mapa muestra que se mantiene la tendencia histórica de la supremacía de los González. En diferentes décadas se han inscrito más de ocho millones de personas con esa denominación en Chile. Y siguen naciendo.

Lo mismo pasa con los Muñoz, Rojas, Díaz y Pérez, los otros apellidos más usuales del país. Entre 2007 y 2011 lideraron el ranking, lo que anticipa que el futuro estará plagado de adultos con patronímico similar: sólo entre los cinco se concentra el 6,5% de los recién nacidos inscritos en 2011. Imagínese cómo lo harán para diferenciarse a la hora de crear una cuenta en las redes sociales. Entre los 20 más comunes, se identifica el 16,4% de los chilenos nacidos este año.

La Región Metropolitana demuestra una vez más eso de que Santiago es Chile. Es la única de las quince regiones donde están presentes casi todos los 15.041 apellidos que hay en el país. Además, concentra los mayores números: el 43% de los González inscritos en 2011.

Claro que el 83,58% de todos los demás niños que llegaron al mundo en 2011 lo hizo con algunas de las otras 1.520 denominaciones que existen en el país. Según el Registro Civil, en 2011 hubo 8.273 apellidos diferentes que se inscribieron con sólo un niño con ese nombre. Pero hubo 2.513 apellidos con dos inscritos cada uno y 1.066 con tres cada uno.

En total aquí hay 15.041 apellidos diferentes registrados. Nada, en relación con Estados Unidos, donde la cuenta ya supera levemente los seis millones, producto de la inmigración.

Este no es un estudio histórico-genealógico, pero las cifras demuestran que en este país existen apellidos muy corrientes, otros muy poco prevalentes y varios bien ancestrales. La colonización y la lejanía física hicieron que la mayoría de los apellidos chilenos tuviera origen hispano y se registrara una baja diversidad de nombres de otras partes.

El mito del crisol de razas parece haber quedado sólo en eso.

La gran diferencia con España es que aquí el número de nombres compuestos es más bajo y ni los Fernández, Rodríguez o López son tan numerosos.

Los populares Villacura
El mapa permite explicar a grandes rasgos cuál a es la composición de la sociedad de cada región, lo que se refleja en que hay zonas en que no nacieron niños de ciertos apellidos o existen importantes localismos.

No es posible determinar si la falta de presencia de algún linaje se debe a que el clan está en peligro de extinción o a que no esté teniendo hijos.

Pero algunas pistas dan las estadísticas. 562 apellidos tienen origen netamente mapuche. De ese total, en 2011 nacieron 886 niños, la mayoría con el apelativo Villacura. Les siguen los Catricura y Marimán, casi todos entre la IX y la X regiones, pero una parte importante está en la Región Metropolitana.

Por el extremo norte, en cambio, reinan casi sin contrapeso los aimaraes Mamami. Los Ojeda y Cárdenas se enseñorean por la X y la XIV y en cada zona aparecen los trazos de las diferentes olas migratorias que a lo largo de la historia se fueron asentando en el territorio nacional, como los croatas en Magallanes y los alemanes en la X Región.

Santiago es Chile
La capital demuestra una vez más eso de que Santiago es Chile. La Metropolitana es la única de las quince regiones donde están presentes casi todos los apellidos de los chilenos. Aquí la diversidad es fenomenal, una prueba del papel de la capital como motor económico y político nacional.

En la metrópoli también se encuentran las mayores concentraciones de apellidos. En promedio, un tercio de casi todos los nombres tiene niños inscritos con su signo en esta zona. En el caso de los González, aquí nació el 43% de los menores que se llaman así.

El mapa también da cuenta de que basta un pequeño cambio, como la falta de un acento o de una letra, para que un apellido se convierta en otro. Si no, pregúntele a las tres formas diferentes que hay de escribir Irarrázabal, González o Wang.

Como curiosidad, en todo Chile sólo nació un (1) Piñera en 2011.

¿Y que dirán los Xue de todo esto?
Los apellidos más frecuentes son los que empiezan con la letra C. En total hay 1.867 denominaciones, mientras que los con A suman 1.147 y los con B ascienden a 1.111.

La letra con menos apellidos es la X. En 2011 sólo hubo nueve niños de cuatro apellidos diferentes cuyo patronímico comienza con la vigésima quinta letra del abecedario; la mayoría, de origen asiático como los Xu, Xiao y Xue.

La segunda letra menos popular es la Ñ. Si no fuera por los apellidos mapuches como Ñancufil, Ñancupan, Ñanculef o Ñehuén, la tan españolísima decimoquinta letra del abecedario sólo registraría algunas menciones.

García y Rodríguez, los dos apellidos de origen hispano que se encuentran entre los diez más comunes en Estados Unidos, no están en el top 10 de Chile.

Las cifras también evidencian una correspondencia entre la densidad de habitantes por región y los apellidos. Donde hay más personas por metro cuadrado nacen más niños con igual denominación, y viceversa.

Analizando región por regiones es posible advertir que la tendencia nacional se repite, incluso en las menos pobladas como la XI, donde reinan los González, y que el aporte de las populosas regiones V y VIII consolida el lugar de algunos clanes en el ranking. De norte a sur, Chile es y será una nación de González, Muñoz y Rojas. Pero también de Díaz, Pérez, Soto, Contreras y otros 15.034 apellidos.

 

 

XV.- Arica y Parinacota
3.060 nuevos inscritos
Total de apellidos inscritos: 1.084
Los más populares: Mamani (56), Flores (48) y Rojas (43)
Apellidos con un solo inscrito: 631
Marcada por la fuerte influencia aymara, esta región es la única donde lidera un apellido originario. Entre el altiplano y la costa, Mamani es imbatible: en los últimos cinco años ha liderado el número de niños inscritos y los populosos González deben conformarse con ser sólo el cuarto apellido más usado.
En 2011 hubo 221 Mamani inscritos en todo el país, repartidos entre las regiones XV, I, II, III, IV y Metropolitana. Ninguno más al sur. En el lugar 208 de los más apellidos comunes de Chile, en 2011 hubo 239 niños –casi todos de la XV región- cuyo apellido materno es Mamani. Otros apellidos aymara que lideran en la zona son Condori, Choque y Quispe. ¿Curiosidades? Los únicos Chen, Chalcha, Llangato y Chong inscritos este año nacieron en esta región.

I.- Tarapacá
4.756 nuevos inscritos
Total de apellidos inscritos: 1.483
Los más populares: González (83), Mamani (79) y Rojas (77)
Apellidos con un solo inscrito: 871
Pese a no estar todavía entre los más comunes, en los últimos cinco años los Castro han comenzado a irrumpir: en 2011 hubo 36 inscritos con ese apellido en la I Región.
Originario de Castilla -con fuerte presencia en las regiones norte y centro-, Castro figura entre los más comunes a nivel nacional: este año se inscribieron 1.265 niños, la mitad de ellos en la Región Metropolitana.
Y en esta región nortina la inmigración asiática y de los países vecinos es notoria: aparecen los Kong, Wu, Huang y Lee. Según el INE, se trata de la región con la mayor presencia porcentual de población inmigrante, con un 6,6%.

II.- Antofagasta
8.247 nuevos inscritos
Total de apellidos inscritos: 1.821
Los más comunes: Rojas (178), González (148) y Araya (134)
Apellidos con un solo inscrito: 1.009
A la par con el resto del país, los Rojas y González están primeros en la lista en esta región. Sin embargo, los Castillo aparecen con fuerza. Originarios de Santander, los Castillo están en el lugar N°12 de los más comunes de Chile. De hecho, este año nacieron 1.398 niños con ese apellido, de los cuales 93 fueron inscritos en la capital minera.
La II Región es la más diversa del extremo norte. Hay presencia de apellidos croatas, alemanes, italianos, algunos griegos y chinos.

III.- Atacama
4.219 nuevos inscritos
Total de apellidos inscritos: 1.018
Los más comunes: Rojas (95), Cortés (87) y Araya (84)
Apellidos con un solo inscrito: 534
Es la menos diversa del norte. Y aunque registra una fuerte presencia de diaguitas, como Campillay y Liquitay, es Rojas el apellido más común. Le sigue Cortés, que en los últimos cinco años se ha encumbrado: en 2011 hubo 93 Cortés inscritos en la zona, casi el 10% de todo el país. Originario de Aragón, se trata de un apellido que se concentra en las primeras cinco regiones, especialmente en la IV, donde el 2011 fue el apellido más común.
Los que en esta zona también aparecen son los italianos: Pessini, Passi, Pezzuoli, Di Nucci, Castagneto, Cassanello, Casoni, Caracciolo, Boggioni y Sanguinetti.

IV.- Coquimbo
9.185 nuevos inscritos
Total de apellidos inscritos: 1.388
Los más comunes: Cortés (306), Araya (278) y Rojas (272)
Apellidos con un solo inscrito: 718
Es por lejos el reino de los Cortés y los Araya. Sin embargo, el apellido Díaz aparece desde 2007, como una característica de esta región.
Provenientes de León, los Díaz son el cuarto apellido más común de Chile, con 2.246 inscritos en 2011, de los cuales 144 corresponden a esta región. Otros datos: aquí están los únicos niños que nacieron con los apellidos Zuares, Zaffiri, Yubini, Verazai, Verenguela y Walden. Y los de origen inglés también están entre la tendencia regional: Wilson, Williamson, Werner, Walter, Walden, Thompson, Thollander, Smith, Saxton y Roberts.

V.- Valparaíso
19.583 nuevos inscritos
Total de apellidos inscritos: 2.672
Los más comunes: González (414), Muñoz (268) y Tapia (252)
Apellidos con un solo inscrito: 1.516
En esta -una de las regiones más populosas-, los Pérez comienzan a llamar la atención. En los últimos cinco años su presencia ha ido creciendo y en 2011 se convirtieron en el sexto apellido de la zona, con 211 inscritos. Sin embargo, el reino de los Pérez está en la Metropolitana –donde es el sexto apellido más usado– y en la zona de Rancagua, donde figura en el tercer lugar. A nivel nacional, Pérez es el quinto apellido más común, tanto a nivel paterno como materno.
Pero volviendo a esta región porteña, aquí también hay curiosidades. Del total de nacidos, 83 llevan el apellido del fundador de Valparaíso: Saavedra. Por otra parte, se inscribieron 736 apellidos únicos, que no se repitieron en ninguna otra zona del país; principalmente, de origen inglés.

XIII.- Metropolitana
92.560 nuevos inscritos
Total de apellidos en la región: 10.327
Los más comunes: González (1.681), Muñoz (1.393) y Rojas (996)
Apellidos con un solo inscrito: 6.185
Por número de nacidos y diversidad de apellidos, las estadísticas confirman que la Región Metropolitana concentra la mayor heterogeneidad del país. En la capital de Chile nacieron 92.560 niños en 2011, con 10.327 denominaciones diferentes. Desde González hasta Zwick o Zurob, pasando por los históricos Portales (9), Matte (8), Bulnes (10) y Piñera (1).
Los 20 apellidos más populares equivalen a sólo el 15,6% del total de nacidos y los masivos González no son más que el 1,8% del total.
En esta región además se observa el mayor número de asiáticos. Sus descendientes suman 54 a través de diferentes apellidos como Huang, Wang, Zhan, Kim, Lee, etc.
Como reflejo también de lo que sucede en el resto del país, la Región Metropolitana concentró 222 apellidos de origen mapuche.

VI.- O’Higgins
9.834 nuevos inscritos
Total de apellidos inscritos: 1.445
Los más comunes: González (271), Muñoz (185) y Pérez (136)
Apellidos con un solo inscrito: 724
Los González, Muñoz y Pérez campean en esta zona, pero hay otros que empieza a marcar terreno: los Valenzuela. En total, aquí hay 102 niños nacidos bajo ese apellido.
Provenientes de Córdoba, los Valenzuela son el clan número 21 del país por niños inscritos: 1.256, con marcada presencia en las regiones VI, VII y VIII.
Aparecen también apellidos de origen francés y suizo.

VII.- Maule
10.956 nuevos inscritos
Total de apellidos inscritos: 1.319
Los más comunes: González (299), Muñoz (294) y Rojas (229)
Apellidos con un solo inscrito: 625
Es la copia de lo que pasa en el país: los tres primeros aquí encabezan el total de Chile. Pero en esta zona, de a poquito los Fuentes comienzan a estar en los top 10. Descendientes de aragoneses, fueron el quinto apellido más inscrito en la VII Región, con 134 niños. En el Maule también se concentra una importante proporción de los Vásquez, Bravo y Aravena. Y es la zona donde más niños de apellido Pinochet y Marabolí fueron registrados: 13 de cada uno.

VIII.- Biobío
23.556 nuevos inscritos
Total de apellidos en la región: 2.362
Los más comunes: Muñoz (478), González (331) y Sepúlveda (268)
Apellidos con un solo inscrito: 1.215
En la populosa VIII Región, la tendencia nacional se mantiene, pero el apellido Jara emerge con fuerza. Aquí está la mayor cantidad de niños inscritos con ese apellido fuera de la RM: 215 niños.
Otro grupo importante en esta región son los Riquelme. Aquí nacieron 204 niños con ese apellido, casi el 25% de todos los Riquelme nacidos en 2011 en todo el país.
Destacan también los Riffo (46) o Rifo (21), de origen italiano.

IX.- Araucanía
11.085 nuevos inscritos
Total de apellidos en la región: 1.638
Los más comunes: Muñoz (173), González (108) y Sepúlveda (102)
Apellidos con un solo inscrito: 1.096
Aunque se suele relacionar a la IX Región con el pueblo mapuche, la estadística demuestra que los apellidos de origen hispano lideran en la Araucanía. Entre los primeros 20 apellidos más comunes de la zona no hay ninguno de origen araucano. El primer apellido indígena en la tabla es Curín, con 18 inscritos. Durante 2011 nacieron 1.638 niños con 564 apellidos mapuche diferentes. Los más usuales además de Curín son Collío (15 nacidos); Marileo (14); Nahuel (13); Catrileo y Cayul (ambos con 12)
Entre los hispanos, los Torres emergen con fuerza en esta región, aumentan en la novena y su influencia se traspasa hasta la décima.

XIV.- De Los Ríos
4.205 nuevos inscritos
Total de apellidos en la región: 1.171
Los más comunes: González (63), Muñoz (56) y Silva (54)
Apellidos con un solo inscrito: 632
Creada en octubre de 2007 a partir de la X Región, la XIV Región de Los Ríos todavía mantiene características de su origen. Aquí se repiten varios apellidos emblema de la X Región, pero Jaramillo marca presencia. En 2011 nacieron 32 niños de esa denominación. Otro apellido emblema de la zona es Almonacid, y los nombre mapuche-huilliche como Nahuelpán o Coñonahuel, donde los únicos tres inscritos aparecen aquí. Además es la única región donde aparecen los Guardiola, Chorobinsky, Bullenthin y Barichivich.

X.- De Los Lagos
9.976 nuevos inscritos
Total de apellidos en la región: 1.921
Los más comunes: Vargas (196), Soto (190) y González (160)
Apellidos con un solo inscrito: 1.063
A excepción de los tres apellidos más comunes, los dos más señeros en esta zona son Ojeda y Cárdenas. Los Cárdenas aquí son lejos los más numeroso del país (154 de 469). Lo mismo pasa con los Ojeda, el quinto apellido más común de la zona. En 2011 fueron inscritos el 42,4% de todos los Ojeda nacidos en Chile.
Un dato curioso: en una región donde llueve gran parte del año, el apellido Rain tuvo 11 nacimientos.
Entre los mapuches que lideran están, por ejemplo, Millalonco (13 nacidos); Paillán (11); Catrilaf (9) y Quintal (11).

XI.- Aysén
1.222 nuevos inscritos
Total de apellidos en la región: 544
Los más comunes: González (22), Muñoz (20) y Vera (1)
Apellidos con un solo inscrito: 340
Los niños nacidos en esta región llevan apellidos que representan sólo el 8% del total de nacidos en Chile en 2011. Y el 4% (49) de los inscritos en 2011 en esta zona, fueron los únicos en todo Chile en anotarse con sus apellidos. De ellos, poco más del 20% es de origen mapuche como Huenchunado, Huanquilef, Millacahuin o Quincalef.
Vera es uno de los apellidos que más se repite desde 2007. En 2011 nacieron 17 niños con ese apellido de los 741 a nivel nacional.
Con 10 registros, Cárcamo es el otro apellido insignia de la región.

XII.- Magallanes
1.738 nuevos inscritos
Total de apellidos en la región: 656
Los más comunes: González (31), Muñoz (26) y Miranda (26)
Apellidos con un solo inscrito: 397
Aquì no nació ni un Pérez ni un Sánchez ni un Peña en 2011. Y de los 2.495 Rojas, que nacieron a nivel nacional, apenas 4 lo hicieron en esta región.
Magallanes destaca por ser una de las zonas con mayor inmigración croata en Chile. Por eso no es de extrañar que en esta región nacieran los únicos Mihovilovic (1) y Mihovilovich (2) del país, al igual que el único Mimica, Kusanovic y Smoljanovic de 2011.

 

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Mi nombre es

Soy un González

3.905 nacidos e inscritos durante el 2011 son de apellido González. En la guía telefónica aparecen 74.884. Es el apellido más común en Chile, así como en México y Argentina, entre otros países del continente. Raro sería que usted no conociera a ningún González, pues hay de todas las variedades posible. La historia lo dice: los linajes que lo llevan por lo general no guardan ninguna relación entre sí. Patronçomico -derivado de Gonzalo- la literatura de los apellidos dice que es español, pero algunos postulan que es germánico.Como sea, en Chile está lleno. Y Clemente González -gerente general de JWT Chile– es uno de ellos.

“Mi familia es muy grande: 11 hermanos, 8 cuñados y cuñadas, 42 sobrinos, 7 sobrinos nietos y 2 más en camino. Cuando nos juntamos sumamos 68 personas. Somos conocidos como Los González de La Florida, porque ahí mis papás construyeron su primera casa en una parcela alrededor del santuario de Schoenstatt, pues ellos fueron parte de los fundadores de ese movimiento en Chile.

Como somos achoclonados, cada vez que nos juntamos provocamos una revolución. Por ejemplo, en los matrimonios de nuestros hijos llenamos la pista de baile entre la pura parentela, y el resto mira. En la parcela de mi hermano Andrés, en Chicureo, ya hay un gran quincho y esta navidad le regalamos entre todos un horno de barro para continuar implementando la nueva sede social.

Ahora último hemos introducido la tecnología en la familia: tanto en Facebook como en whatsapp tenemos un grupo, y cada vez que hay alguna noticia nos llenamos de posteos y mail. Nos mantenemos hiperconectados.

Nosotros venimos de don Tiburcio González Salas (1873), quien era dueño de la principal pulpería de Chépica. Se casó con doña Felicita Labbé Meneses, hija de un latifundista de la zona, con quien tuvo 9 hijos. Uno de ellos, Tiburcio (1898), mi abuelo Tito. Como químico farmacéutico, partió a vivir a Curicó –donde compró la Farmacia Plaza- y conoció a nuestra abuela, Rebeca Urzúa Ravanal. Tuvieron 5 hijos y el mayor de ellos es el Tatita, como le decimos todos a mi papá, Sergio González Urzúa. Él, abogado, se casó con nuestra mamá, María Inés Álvarez Maturana, quien coincidentemente también venía de una familia de Chépica. De este matrimonio nacimos los 11 hermanos González Álvarez. Yo soy el tercero y con mi mujer, Francisca Ugarte Villela, ya tenemos 5 hijos y esperamos ilusionados a nuestro primer nieto”.

 

 

González que han hecho historia

 

No son pocos. Por eso, no es una casualidad que varios de estos González tengan un lugar destacado en la historia reciente de Chile. Hay artistas que recorrieron el último siglo con sus obras, deportistas exitosos, músicos rebeldes y hasta un presidente bailarín. Todos, con un apellido en común.

 

1. Mark González. Futbolista chileno nacido en Sudáfrica. A los diez años llegó a Chile y se radicó en Valparaíso. Jugó en la selección de Marcelo Bielsa y en la Universidad Católica, antes de emigrar a su actual equipo, el CSKA Moscú de Rusia, donde vive actualmente.
2. Fernando González. Tenista chileno. Es considerado el latinoamericano con más títulos en el ATP. Además es el único deportista chileno que ha ganado tres medallas olímpicas para Chile: oro, plata y bronce. En 2007 llegó a ser N° 5 del ranking mundial.
3. Anita González (1915 – 2008). Actriz. Destacó durante 60 años en teatro, cine, televisión y radio. Actúo en Julio comienza en julio y en La pérgola de las flores, entre otras producciones. En 1969 ganó el Premio Nacional de Arte.
4. Gabriel González Videla (1898 – 1980). Ex presidente de Chile entre los años 1946 y 1952. Fue el último mandatario radical. Durante su gestión se dictó la polémica Ley de Defensa de la Democracia, que prohibió la existencia del Partido Comunista. Oriundo de La Serena, perteneció a la elite del país, en la que era conocido por ser un gran pianista y bailarín.
5. Jorge González. Músico chileno. Vocalista, bajista, compositor y líder del grupo de rock chileno Los Prisioneros. Sus canciones marcaron a la generación de los 80 en Chile. Hoy es parte del grupo Los Updates, cuya especialidad es la música electrónica.
6. Tomás González. Gimnasta. Es el primer chileno de esa disciplina en obtener medallas en los Juegos Panamericanos y en campeonatos mundiales. Sus especialidades son el suelo y el salto en caballete. Su última participación fue en los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011, donde obtuvo medallas de plata en suelo y salto y de bronce en la competencia individual.
7. Alberto González. Velerista. Se coronó campeón sudamericano en la subregional de veleros que se realizó este año en Buzios y que le dio el pase para estar presente en el mundial. Ha sido cinco veces campeón mundial y cinco veces medallista de los Panamericanos.
8. Marcos González. Futbolista. Nació en Brasil y llegó a Chile a los dos años. Hoy es defensor de la Universidad de Chile.
9. Juan Francisco González (1853 – 1933). Pintor. Considerado como el primer pintor moderno chileno. Su pintura destacó por ser transgresora para su época. Realizó sus estudios en la Academia de Bellas Artes.

 

 

 

 


Mi nombre es…

Malo
Son miles los apellidos que en el lapso de un año registran sólo una sola inscripción y cientos los que están por las mismas; es decir, bajo la decena de registros anuales a nivel nacional. Nos zambullimos en los archivos para dar con algunos apellidos inusuales, pero que han sido muy bien llevados por sus titulares. Así fue como dimos con los Malo, Cachay y Arroz, que en 2011 agregaron al registro siete, cuatro y dos exponentes, respectivamente.
Bartolo Malo es cuidador del Parque Ceremonial Mapuche. Y a mucha honra. “Nunca he dejado que me molesten por mi apellido, que es bastante común en Puerto Saavedra, de donde provengo. Nosotros éramos 17 Malo y hoy siguen vivos 9; de ellos, 6 son hombres. Aunque mi apellido es de origen güinca (español), estoy orgulloso de ser mapuche: juego chueca, hablo mapudungún y, lo más importante, soy lonko y presido el ritual guillatún que se realiza una vez al año en el Parque Ceremonial Mapuche de Cerro Navia. En un principio el apellido era Maló, pero en el Registro Civil lo cambiaron por Malo y, como tengo 5 nietos hombres, está claro que hay Malo o Malos para rato”.
Arroz, de lo más graneado
Andrés Arroz (28 años, ingeniero en informática).
“Varias son las anécdotas que me ha tocado vivir, por lo particular de mi apellido. De hecho, cada vez que contrato un servicio o voy a una entrevista de trabajo y tienen que anotar mi apellido, primero digo arroz. El resultado es que siempre escriben arrow, arros, aros y hasta lo he visto como harros. Al fin termino diciendo que se escribe arroz, igual que el arroz para comer. En el colegio y en la universidad me molestaron; en básica mis compañeros me decían arroz con leche; en la media, arrow y en la universidad hasta el profesor me agarraba para el fideo. No somos muchos: cinco hermanos por parte de madre y padre (de los cuales soy el único hombre y uno de los menores), pero tengo dos hermanos menores por parte de mi papá con su nueva esposa. Así es que en total somos siete: cuatro mujeres y tres hombres. Lo positivo es que el apellido es difícil de olvidar y llama la atención. Lo negativo es que mis hijos, nietos y toda los demás Arroz que vengan tendrán que atenerse a que los suban al columpio.
El origen de mi apellido Arroz (en Chile) es de Molina. Mi abuelo era de esa localidad, aunque para atrás existe confusión acerca de su origen. Por lo que he investigado, en algunas partes sale que es vasco y en otras, árabe”.
Soy Cachay, ¿cachai?
Luis Cachay (29 años, dueño del restaurante Donde Camilo).
“Cuando tenía 10 años mis papás decidieron venir desde Trujillo a Chile. Al principio no entendía bien por qué la gente me llamaba en la calle. Siempre escuchaba… Hola cómo estai cachai…, hasta que finalmente entendí que se trataba de un modismo muy típico. Mis amigos y los que me conocen siempre me llamaron Luis. Sin embargo, mi hijo, que tiene 10 años, es famoso en el colegio por el apellido: todos lo tratan de Camilo Cachay. En mi familia somos cuatro hermanos y yo soy el único hombre, así es que me tocó mantener el apellido. Gracias a Dios, mi primogénito es hombre, porque somos pocos los Cachay en Chile”.
El apellido Cachay proviene de Perú, de la civilización Chancay, que se desarrolló entre los valles de Chancay, Chillón, Rímac y Lurín, en la costa central, entre los años 1200 y 1470 d. C. Decayó en el siglo XV para dar paso territorial a los conquistadores provenientes del imperio inca.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Chile en cifras

 

 

Todos somos un número. Si compramos con tarjeta, si tenemos celular, si nos afiliamos a una Isapre, si estudiamos en determinado colegio o si somos parte del 10% más rico o del 10% más pobre. Hagamos lo que hagamos, pertenecemos de alguna u otra manera a una gran cifra que mide, que engloba y que da pistas de hacia dónde deben orientarse las políticas públicas. Aquí mostramos esos números, los números de Chile.

 

La confianza es como el aire

Por Cristóbal Huneus, economista

El bajo nivel de confianza entre los chilenos nos debe preocupar, y mucho. Todo intercambio entre dos personas depende de alguna forma de la confianza que se tengan entre ellas y, por lo tanto, la confianza afecta todos los quehaceres de nuestro país, desde la economía o el desarrollo de la cultura hasta la política.
La baja confianza afecta, por ejemplo, la decisión de la persona de comprarse una casa, dónde trabajar, pasando por quién votar en la elección hasta con quién casarse. Pero también influye en la efectividad de una política pública, pues la participación del ciudadano en esa política depende, en parte, de si confía en la promesa del beneficio que hizo la autoridad. La confianza reduce la necesidad de los individuos de protegerse en esta u otras actividades. Un alto nivel de confianza hace más probable que los empresarios innoven, pues no tienen que estar preocupados de que los socios o los subcontratistas les roben las ideas. Por estas y otras razones, países con un mayor nivel de confianza crecen más que aquellos con uno menor.
Una de las explicaciones de las diferencias en los niveles de confianza entre los países es la desigualdad del ingreso. Países que tienen un alto nivel de desigualdad, como Chile, tienen niveles de confianza más bajos que los que tienen un bajo nivel de desigualdad, como Dinamarca o Suecia. La desigualdad aumenta la “distancia social” entre los individuos reduciendo su confianza, porque los ciudadanos prefieren relacionarse con alguien parecido a ellos mismos.
La confianza se parece al aire: mientras existe, pasa desapercibida, pero una vez que escasea, todos se dan cuenta de que la vida se pone cuesta arriba y volver a producir el aire toma mucho tiempo. El camino al desarrollo de Chile sería más rápido si hubiera más confianza entre sus ciudadanos, y una forma de lograr ese objetivo es reduciendo las desigualdades.

 

 

 

Capital humano y social es salud
Por el dr. Jorge Jiménez de la Jara, magister en Salud Pública, ex ministro de Salud

Frecuente motivo de confusión es atribuir al sistema de salud los malos indicadores de enfermedades como los que predominan en Chile hacia 2012. Cardiovasculares, cáncer, accidentes y depresión son resultados de nuestro modelo de vida más que de las insuficiencias de la medicina y sus impresionantes y costosas tecnologías. Salud es el reflejo de la acumulación de capital humano y social.
La medicina es testigo final de muchos factores del desarrollo económico y social y su contribución a la alta expectativa de vida, cerca de 80 años, no es superior a un tercio del total. La única excepción notable ocurre en las intervenciones de prevención, como las vacunas que evitan enfermedades infecciosas, el acceso a una planificación familiar, la atención oportuna del embarazo y el parto, a la vez que el cuidado afectuoso y oportuno de los menores de edad.
Los médicos aparecemos hoy como los nuevos profetas del apocalipsis, prohibiendo a diestra y siniestra, dictaminando lo que se debe y lo que no se debe hacer. Pero estamos en una avanzada transición demográfica y epidemiológica: las enfermedades crónicas y sus factores de riesgo, como el uso del tabaco, la dieta rica en sal, grasas y calorías, el sedentarismo y el aislamiento social son los factores principales que deben preocuparnos. Por ello hicieron bien el gobierno y su ministro de Salud al llamar a casi todo el gabinete para comprometerse con las metas de salud de la década. Se trata de una tarea de todos.
Dicho eso, no podemos de dejar de preocuparnos por usar bien la medicina con sus avances increíbles en el diagnóstico y en las intervenciones. Con criterios de acceso y equidad, con buena racionalidad, con ética y con sentido económico del gasto en atención médica. Es problemático que no se usen bien los protocolos de la prudencia científica, que implican conocimientos y oportunidad para quienes lo necesitan. Es inaceptable que algunos sufran el exceso de la medicina y otros su carencia, pudiendo tener la mayoría un beneficio compatible con las verdaderas necesidades.
El cáncer es la epidemia que va substituyendo a las enfermedades cardiovasculares encabezadas por la hipertensión arterial, la dolencia nacional que afecta a un tercio de nuestra población. Es necesario convocar a una gran cruzada para enfrentar con inteligencia y toda la capacidad a esa verdadera catástrofe que se nos viene.

 

 

 

 

 

 

 

Esta crisis tiene Techo
Por Javier Zulueta, director ejecutivo de Un Techo para Chile

“Mal de muchos, consuelo de tontos”. El dicho popular dejó de ser válido para reflejar lo que la pobreza genera en la ciudadanía. Simplemente ya no consuela.
En primer lugar, ya no somos tan “muchos”. Si bien la forma de medirla es discutible, la pobreza ha disminuido considerablemente en Chile, pasando del 45% al 15% en los últimos veinte años. Por ende, las personas en situación de pobreza son menos “muchos”. En segundo lugar, no somos tontos. La masiva clase media hoy cuenta con mejores oportunidades que en las décadas anteriores.
Debemos encontrar un nuevo equilibrio. La desigualdad aparece como principal enemigo, incluso más que la pobreza, la cual por desgracia corre el serio riesgo de pasar al olvido. Las oportunidades se han ido concentrando progresivamente en el segmento medio, y eso genera que la extrema pobreza no cuente con las herramientas para superarse.
La pregunta que hay que hacerse luego es ¿qué pasa con las miles de personas que no pueden acceder al mundo de las oportunidades? ¿Qué pasará con los niños de campamentos y blocks del país que no tendrán la formación suficiente ni las oportunidades de llegar a un instituto técnico o a una universidad? ¿Dónde quedaron en la discusión? No estuvieron y no estarán si no cambiamos algo en la fórmula. Y el problema es que mañana serán más pobres, más excluidos y con menos oportunidades de superación.
Nuestra denuncia en verdad es una PROnuncia, caracterizada por el trabajo activo de miles de voluntarios junto a las familias de los lugares más pobres del país. La fórmula es sencilla. ¿Qué buscamos? Crear barrios sustentables, capaces de cortar el círculo vicioso de la pobreza.
¿Cómo lo hacemos? Con una receta de cuatro ingredientes. El primero es el fortalecimiento de la organización comunitaria. Cualquier proceso de superación debe ser impulsado por quienes pueden superarse y no por terceros. El segundo ingrediente es el trabajo por mejorar las viviendas y los espacios comunitarios en que viven estas familias. El tercero y cuarto son la promoción de la empleabilidad y de la educación, para lograr mayor movilidad social.
Para esto convocamos y nos aliamos con todos los actores necesarios: las familias más excluidas, empresas, voluntarios, y nos sumamos a las políticas del Estado, trabajando codo a codo con instituciones como el ministerio de Vivienda y el ministerio de Desarrollo Social.
Disminuir la desigualdad es fundamental para mejorar la calidad de vida, aumentar la felicidad de las personas y lograr sociedades más prósperas y cohesionadas. En Un Techo para Chile trabajamos para disminuir las brechas. Con este sueño por delante, el Techo se ha transformado en un epicentro de la innovación social para hacer de Chile y Latinoamérica un lugar más justo para vivir.

 

 

 

 

 

 

 

 

Católicos a la baja

Por Eduardo Valenzuela, profesor del Instituto de Sociología UC

El escenario religioso se caracteriza por un persistente declive de los católicos y un progreso suave pero sostenido de los evangélicos y, sobre todo, de quienes no profesan ninguna religión. Sin embargo, nueve de cada diez chilenos creen en Dios sin lugar a dudas, y casi la misma proporción cree que Jesucristo es el hijo de Dios. La sociedad chilena no atraviesa un proceso demasiado significativo de secularización, salvo el que es característico de las elites mejor educadas. La pérdida de eficacia del catolicismo en los medios populares la ha recogido el mundo evangélico, el cual en el nivel socioeconómico bajo ha atravesado ya el umbral del 20%.
La encuesta Bicentenario anuncia dos tendencias que pueden tener proyección: por un lado, el crecimiento de los evangélicos en una clase media emergente que ha salido de la pobreza con la prosperidad de las últimas décadas y, por otro, un crecimiento perceptible de jóvenes que no declaran adhesión a ninguna religión.
Las dos grandes fracturas que sufrió el catolicismo en el siglo pasado –evangelismo y secularización- tienen un buen porvenir. El catolicismo, y también una parte creciente del evangelismo, sigue siendo una herencia cultural que muchos adoptan de modo relativamente pasivo. Las tasas de asistencia a la iglesia son muy bajas entre católicos –dos de cada diez, en el mejor de los casos, va a misa todos los domingos- aunque mejoran bastante entre evangélicos. La tendencia a constituir la experiencia religiosa en la oración personal al margen de toda mediación eclesiástica es muy pronunciada, especialmente entre católicos. Existen signos evidentes de desinstitucionalización de la fe que son propios también de una sociedad más abierta y menos compulsiva en adhesión religiosa y que puede acelerarse con la crisis de confianza que sufre la Iglesia a raíz de los abusos sexuales.
Esto mismo vuelve crucial la experiencia mariana como piedra de toque de nuestra cultura religiosa. El fervor mariano se mantiene muy vivo y aparece como el sostén de la adhesión de muchos católicos que, por lo demás, rara vez van a su iglesia. La imagen de María rebalsa con mucho las fronteras del catolicismo y encuentra adeptos entre evangélicos y no creyentes que en ocasiones llevan una estampa, una medalla o, sencillamente, se invocan a ella.

 

 

 

 

 

 

 

Algunas propuestas de política laboral
Por Alejandra Mizala, Ingeniería Industrial, Universidad de Chile, Centro de Economía Aplicada

La baja tasa de participación femenina, sobre todo en los quintiles de menores ingresos, hace necesario impulsar políticas que incentiven la entrada de las mujeres al mercado laboral. Esto es importante por el impacto que tiene un segundo sueldo en la superación de la pobreza. Es necesario impulsar el subsidio a la contratación de mujeres de menores ingresos propuesto por el Consejo Trabajo y Equidad. Al mismo tiempo, la obligación de proveer salas cuna no debiera estar vinculada al número de mujeres y se debiera promover la compatibilización del horario del cuidado infantil con el trabajo.
También es clave mejorar la accesibilidad de los jóvenes al mercado laboral, tanto de aquellos que ingresan por primera vez como trabajadores a tiempo completo y los que buscan empleo para complementar sus ingresos al estudiar. En esta línea se inserta la política puesta en marcha el año 2009, que subsidia la contratación de jóvenes. También es necesario implementar programas que mejoren la empleabilidad de jóvenes en riesgo social.
Junto con lo anterior, es fundamental mejorar la productividad de la fuerza de trabajo. Sin embargo, hoy día la capacitación llega a pocos trabajadores; fundamentalmente, a los empleados de grandes empresas. Es necesario impulsar una capacitación laboral que permita que sus beneficios sean apropiados por los trabajadores. Es necesario entregar capacitación a los más vulnerables. Se requiere una reforma al sistema de capacitación que incentive inversión en competencias generales y acceso por parte de los trabajadores de empresas pequeñas.
Resulta relevante enfrentar la alta rotación existente en el mercado laboral, la cual no está únicamente vinculada a trabajos que requieren temporalidad. Una posible explicación es que estos contratos a plazo fijo son una respuesta para reducir los costos de despido. Pero los contratos a plazo fijo tienen efectos perversos: hacen que los trabajadores estén desprotegidos frente al desempleo y a la capacitación. Esta situación invita a repensar las indemnizaciones por años de servicio y el seguro de desempleo. No obstante, si se plantea en forma aislada, lo más probable es que los trabajadores lo consideran un retroceso en sus derechos laborales. Por ello sería necesario y oportuno discutirlo en conjunto con otras políticas que incentiven la sindicalización y la negociación colectiva, potenciándolas a través de la ampliación de los temas que se negocian y fortaleciendo el rol de los sindicatos en ellas.

 

 

 

 

¿Quiere calidad y equidad en educación? Comience desde abajo
Por Harald Beyer, subdirector del Centro de Estudios Públicos

En el debate educacional de 2011, el nivel preescolar estuvo prácticamente desaparecido. Sólo al final emergió a la superficie. En las últimas etapas de la tramitación del presupuesto 2012, el gobierno se comprometió a acelerar y completar la expansión de su cobertura. Aceptó aumentar fondos y envió un proyecto de ley para, entre otros aspectos, reajustar en un 18% la subvención para este nivel.
Esta falta de preocupación es curiosa, toda vez que en el transcurso del año se habló mucho de calidad y equidad, objetivos casi imposibles de lograr sin una buena educación preescolar. Para ilustrarlo es bueno recordar que al ingresar a la básica un niño cuyos padres son graduados universitarios maneja un vocabulario del orden de 4.500 a 5 mil palabras. En cambio, un niño que viene de un ambiente desaventajado domina, en promedio, de 2 mil a 2.500 palabras.
Las diferencias iniciales no sólo se producen en el ámbito de las habilidades cognitivas, sino también en las socioemocionales, tanto o más importantes que las cognitivas para una serie de desempeños como promedio de notas, egreso oportuno de la educación secundaria, probabilidad de graduarse de una institución terciaria, salarios y empleo, entre otros.
Hay que tener claro que el paso por la educación preescolar no es garantía de buenos resultados. Algunas experiencias han mostrado escasos efectos sobre las dimensiones mencionadas. En cambio, otras ejercen impactos significativos. Son estas últimas las que hay que adoptar. Desde luego un curriculum estimulante pero, sobre todo, educadoras capaces de promover las habilidades cognitivas y socioemocionales. Los antecedentes disponibles, como la prueba Inicia, sugieren que en el país no parece haber capacidades docentes suficientes para producir una transformación profunda. Crearlas es una tarea urgente para avanzar en equidad, inclusión y calidad.
También se requiere una reorganización de la institucionalidad. No hay separaciones claras entre provisión y supervisión, y eso no ayuda para avanzar hacia una educación preescolar de alto nivel. Es importante, además, asegurar una cobertura para los más vulnerables a partir de los tres años. Hay buenas razones para pensar que la atención de niños de entre 3 y 5 debería estar en una instancia distinta que la de 0 a 2: entre otras razones, porque en el primer grupo los proveedores son una mezcla de colegios y jardines.
La educación preescolar puede ser la mejor “fábrica” de oportunidades, pero no sólo es un asunto de cobertura y recursos: se requieren cambios significativos para generarla.

 

Mirar a los nórdicos
Por Carolina Schmidt, ministra Servicio Nacional de la Mujer

Chile ha presenciado en los últimos 30 años cambios en nuestra sociedad entre los que destacan tres variables que se entremezclan, generando un alto impacto en el desarrollo del país: la incorporación de la mujer al mundo del trabajo, que si bien aun es incipiente comparada con los países de la OECD, es sostenida y creciente; el importante aumento de los hogares monoparentales, especialmente los con jefatura femenina, superando éstos un tercio de los hogares de Chile, y la fuerte caída en la tasa de natalidad, por debajo de los niveles de recambio generacional, lo que lleva al envejecimiento de nuestra población. Trabajar estas variables en conjunto es clave si queremos avanzar hacia un país capaz de superar la pobreza y de alcanzar un desarrollo económico y social.
Para orientar las políticas públicas al respecto, es necesario mirar modelos exitosos en el manejo de estas variables: los países nórdicos. Ellos fueron capaces de superar la pobreza aumentando la participación laboral femenina, en conjunto con la recuperación de su tasa de natalidad por sobre la de recambio generacional mediante una consistente política de conciliación de familia y trabajo, basada en cuatro pilares: extensión del permiso de posnatal; corresponsabilidad de los padres en el trabajo y en la familia; garantía de calidad en el cuidado infantil y educación preescolar y flexibilización de su mercado laboral.
El gobierno de Sebastián Piñera tiene como foco principal superar la pobreza y lograr el desarrollo de Chile. Por eso está trabajando en estas 4 áreas. Este año logramos aprobar la ley que extiende el posnatal a 6 meses para todas las madres trabajadoras, lo que no sólo permitió que los padres puedan estar más tiempo con sus hijos, sino también significó un salto importante para superar los obstáculos de nuestro mercado laboral, entregando por primera vez en nuestra legislación el derecho a trabajar en media jornada.
Sabemos que la educación preescolar y el cuidado infantil son elementos indispensables para generar capital humano. Por eso el gobierno trabaja en una reforma al artículo 203 que busca mejorar el sistema de jardines infantiles y la educación preescolar para, así, acabar con la discriminación a la contratación de mujeres.
La corresponsabilidad entre padres es clave para el bienestar de nuestros hijos. Por eso en el Sernam estamos impulsando cambios legales, como la tuición compartida y la modificación al régimen de sociedad conyugal.
Facilitar el acceso de la mujer al mundo del trabajo; proteger y fortalecer la maternidad; apoyar el desarrollo integral de la familia y promover un equilibrio más justo entre hombres y mujeres en el mundo público y privado son algunos de los desafíos del siglo XXI

 

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Los chilenos según…

Mamones, desvinculados, solidarios, culposos, inabarcables, peladores, confiables. La descripción de los chilenos da para todo. Pedimos a representantes de diferentes mundos que hicieran un diagnóstico de cómo somos y estamos los chilenos, iniciando el 2012. Jorge Errázuriz, Camila Vallejo, Daniel Alcaíno, Jeannette von Wolffersdorff, Tomás Dittborn y Manuel Vicuña aceptaron el desafío. Aquí, sus visiones.

Jorge Errázuriz

“El chileno tiende a ser adverso al riesgo. Tiende a enfrentar la vida buscando una pega en vez de pensar en cómo generar riqueza y empleos”.

 

Siempre es riesgoso generalizar, y al dar una opinión de cómo veo yo a los chilenos de alguna manera también estoy emitiendo un juicio respecto a mí mismo: soy uno de esos chilenos. Por eso, por honestidad intelectual, parto por revelar algunas de mis creencias y convicciones: me considero liberal en lo económico y en lo valórico. Como economista formado en la Universidad Católica, privilegio las soluciones de mercado a los problemas económicos y sociales. Estoy consciente de que el rol del Estado es clave en la mantención de mercados competitivos, como también en la adopción de medidas que tiendan a “aplanar” la cancha de oportunidades para todos por igual. Soy un convencido de que sólo con una educación de calidad y el con surgimiento de muchos emprendedores, Chile podrá salir del subdesarrollo.
¿Cómo somos los chilenos? Desde mi punto de vista liberal veo que en Chile aún sobrevaloramos la UNIFORMIDAD sobre la diversidad. Eso es nocivo para generar innovación y emprendimientos, que requieren soluciones que surjan fuera del marco convencional y homogéneo de creencias.
Debido a décadas de proteccionismo estatal, el chileno tiende a ser adverso al riesgo. Tiende a enfrentar la vida buscando una pega en vez de pensar en cómo generar riqueza y empleos. Existe una conciencia colectiva en que el ser empresario es casi una condición dada por los orígenes sociales. Peor aún, por atavismos culturales de influencia principalmente religiosa (Iglesia Católica), el ÉXITO no es algo bien valorado socialmente; sólo la SOLIDARIDAD es bien vista en Chile.
Los chilenos somos cumplidores y respetuosos de la palabra; pero sobre todo, de la palabra escrita. Un contrato en Chile es un contrato que se cumple aunque me sea adverso. La corrupción no parece ser un gran problema nacional.
Los chilenos somos buenos empresarios. Hemos modernizado las prácticas, la transparencia y la gobernabilidad de nuestras empresas. Sin embargo percibo que, a pesar de algunas políticas de responsabilidad social, los empresarios no hemos sabido interpretar ni abordar el descontento de la clase media relacionado al anhelo de reducción de desigualdades, exceso de endeudamiento de las familias por costos de educación y mejoras de calidad en la misma.
Nos falta generosidad traducida en una cultura de la FILANTROPÍA, que sí existe con fuerza en culturas anglosajonas y que legitiman el modelo de libre mercado en países como EEUU y Australia.
Los chilenos estamos a veces más preocupados del vecino y de lo que se espera de nosotros que de vivir nuestras vidas de acuerdo a nuestras convicciones. De alguna manera eso refleja MIEDOS al castigo social, al ridículo, a no hacer lo “correcto”. Otros pueblos como los brasileros tienden a ser más alegres, a tener menos culpas, a gozar la vida sin dar tantas explicaciones y a ser más tolerantes con la diversidad de razas, convicciones, preferencias sexuales y diferencias de género.
Soy un convencido de que a Chile y a los chilenos nos haría muy bien una política deliberada de inmigración orientada a atraer talentos jóvenes de países desarrollados. Sólo en España hay al menos un 40% de desempleo de jóvenes… ¿A dónde podrían emigrar? Chile es un buen destino si adoptamos políticas de inmigración calificada, que evalúen el aporte al país en capital humano y monetario. En naciones como Australia estas políticas han resultado en desarrollo y empleos.
Algunos dicen que somos muy locales e incluso “mamones”. Nos cuesta vivir, estudiar y trabajar fuera de Chile, lejos de la familia y de los amigos. Algo que termina afectando a la expansión internacional de nuestra industria. Debemos incentivar a los jóvenes a viajar, estudiar y trabajar en el extranjero. Los chilenos aún tenemos débil conocimiento del INGLÉS.
Nuestros vecinos de Latinoamérica nos admiran por nuestros grandes progresos económicos y sociales. A los chilenos nos falta creernos el cuento y jugarnos por ideas innovadoras que incorporen a todos al progreso.
El autor es empresario, socio de Celfín Capital.

 

 

Camila Vallejo

“La posibilidad de movilizarse en conjunto, de sentirse acompañado en la búsqueda de un futuro mejor, es algo que hoy se ha concretado entre los chilenos…”.

Una opinión sobre cómo somos los chilenos no es fácil de esgrimir de buenas a primeras. Cientos de páginas se podrían escribir al respecto y aún así no darían abasto para un análisis. Sobre todo, considerando el proceso de cambio cultural que actualmente estamos viviendo como sociedad. Sin embargo, algunas aproximaciones pueden realizarse desde la perspectiva de las movilizaciones más importantes que ha vivido el país durante los últimos veinte años.
Sin lugar a dudas, un anhelo presente día a día en todos los chilenos es brindarles un futuro mejor a sus familias, a sus hijos. Ejemplos de esta motivación son el sacrificio diario de nuestras familias sometiéndose a jornadas laborales extenuantes y, en la mayoría de los casos, con remuneraciones que no están a la altura de dichos esfuerzos: levantarse temprano para volver tarde a casa, o el endeudamiento constante en el cual nos encontramos para entregar una mejor calidad de vida y mejores oportunidades en el marco de una sociedad de mercado propia del neoliberalismo.
Dicho anhelo, generalmente, se había canalizado a través de lógicas propias del modelo; es decir, desde una perspectiva centrada en el individuo, desde la cual cada uno por su cuenta trataba de alcanzar tan noble afán. Pero este año se genera un cambio sustantivo en términos culturales: empezamos a darnos cuenta de que para concretar este anhelo no es suficiente el esfuerzo individual, sino que la energía movilizadora de cada persona debe converger con la de otros y transformarse así en fuerza colectiva.
Es imposible no darse cuenta de que la fórmula individualista de conseguir nuestros más hermosos deseos no es suficiente frente a poderes económicos que durante años han profundizado un modelo de desigualdad e injusticia, en el cual los políticos han jugado un rol preponderante al avalar la segregación económica, democrática y política, basados en los tan mencionados consensos, que jamás han cuestionado los pilares fundamentales que sustentan este régimen político-económico.
La inmensa mayoría de los chilenos se hizo parte de este movimiento. Ya sea asistiendo a la marchas o haciendo sonar sus ollas en las jornadas de caceroleo como una forma de manifestar su desacuerdo con las políticas del gobierno, que hoy lo tienen como una de las gestiones más impopulares de los últimos años. La posibilidad de movilizarse en conjunto, de sentirse acompañado en la búsqueda de un futuro mejor, es algo que hoy se ha concretado.
Cuando desde el movimiento por la educación señalamos que Chile ha cambiado, no lo hacemos con un afán de establecer meramente un diagnóstico respecto a todo lo sucedido este año. Lo hacemos con la plena conciencia de que cada chileno percibe este cambio en tanto se ha hecho parte de una fuerza colectiva que hoy exige, en conjunto y organizadamente, un futuro mejor para sus hijos y próximas generaciones.
La autora es líder del movimiento estudiantil y ex presidenta de la FECH.

 

Daniel Alcaíno

“Sé que haga lo que haga y hagan lo que hagan, la tierra se encargará de sacudirse de todo y hacernos recordar que nunca tuvimos nada y siempre quisimos todo”.

Tan extenso como su territorio es escribir sobre Chile. Tan fría como la corriente de Humboldt es a veces nuestra congelada memoria. Tan blancas como la nieve ya no son nuestras manos honradas. Siento que en Chiloé se apareció la desconfianza y en aquel barco luminoso nos hicimos a la mar. Sé que haga lo que haga y hagan lo que hagan, la tierra se encargará de sacudirse de todo y hacernos recordar que nunca tuvimos nada y siempre quisimos todo. La ambición llegó hace mucho tiempo y ese fue nuestro Huelén. La gente sabe lo que digo; incluso, los que leen sin comprender aún que hay que dar hasta que duela. Recuerdo la historia de un mapuche llamado Galvarino y no creo que algún día yo permita que me corten el puño izquierdo. Todavía no se sabe de quién es la tierra y un pájaro llamado Treile grita Chile, Chile, Chile y despierto entre compras y regalos, entre deudas y demandas; y la muerte dibujando arrugas con guadaña, y ya no es la Teletón ni las marchas ni Camila… Es el territorio que se acaba, es el sol que nos aturde, es el mar que promete y promete la copia feliz de mi Edén.
El autor es actor.

 

Jeannette Von Wolfersdorff

“El chileno de hoy siente un anhelo de ver a las elites con una solidaridad desinteresada…”

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