Estrella de los mercados financieros en América latina a fines de los 90 -en cuanto a número de operaciones y crecimiento de su principal indicador-, el mercado bursátil criollo pierde terreno frente al vertiginoso avance de sus pares del vecindario. Pero aquí nadie se queda con los brazos cruzados. Las ideas sobran, sólo falta la acción. Por Lorena Rubio.

  • 12 junio, 2008

Estrella de los mercados financieros en América latina a fines de los 90 -en cuanto a número de operaciones y crecimiento de su principal indicador-, el mercado bursátil criollo pierde terreno frente al vertiginoso avance de sus pares del vecindario. Pero aquí nadie se queda con los brazos cruzados. Las ideas sobran, sólo falta la acción. Por Lorena Rubio.

En 1994 había 335 empresas que cotizaban en la Bolsa de Santiago. A diciembre del año pasado, casi 50 de esas sociedades habían desaparecido de las pantallas. Y si bien el patrimonio bursátil prácticamente se ha cuadruplicado desde esa fecha, la disminución en el número de compañías transando no es un buen síntoma. Por el contrario, deja en evidencia el incremento exponencial en el patrimonio de las que están, mientras el resto encuentra mejores formas para levantar recursos sin necesidad de abrir su propiedad.

El sabor amargo es compartido por buena parte de los actores del mercado de capitales local, quienes desde hace un par de años vienen evaluando y discutiendo iniciativas para que Santiago vuelva a brillar en el escenario financiero latinoamericano. No se trata, coinciden todos, de requerimientos fiscales –aunque, por cierto, algo de responsabilidad tiene el Ejecutivo– sino de ideas para que la propia bolsa se vuelva más proactiva, como lo han hecho sus competidoras regionales.

Guillermo Tagle, director
ejecutivo de IM Trust

“A mí modo de ver, el principal problema que enfrenta la bolsa es el dinamismo y velocidad de crecimiento que han adquirido otros competidores que estuvieron mucho tiempo dormidos”, afirma el socio y director ejecutivo de IM Trust, Guillermo Tagle. Según el experto financiero, durante un tiempo el mercado bursátil chileno creció fuertemente y sobresalió en la región. Esto, agrega, fue mucho más patente a fines de los 90, especialmente durante la crisis de Brasil y Argentina.

Qué pasó después? Las plazas que veían en Chile un modelo pusieron el pie en el acelerador y comenzaron a aplicar varias de las modernizaciones e incentivos que el mercado local ya había implementado, al mismo tiempo que sus economías remontaban algunas de las peores crisis de la historia.

La virtuosa combinación de reformas, crecimiento y estabilidad política y social comenzó a dar sus frutos. Los mejores ejemplos son Brasil y Colombia, cuyas bolsas se han reactivado enormemente en los últimos años. Y parte importante de este dinamismo no sólo es producto de sorprendentes iniciativas fiscales, porque muchas modificaciones han surgido directamente del sector privado. ¿Ejemplos? La fusión de las bolsas de Valores y Futuros de Sao Paulo, concretada en marzo de este año, con los consecuentes ahorros y economías de escala. En Colombia, los propios directivos de la bolsa local optaron por la unificación de las distintas ruedas bursátiles y, de paso, designaron un comité encargado de fiscalizar la transparencia y legalidad de las operaciones.

El resultado de estas iniciativas está a la vista. Entre 2006 y 2008 se enlistaron más de 100 compañías en la Bolsa de Valores de Sao Paulo (Bovespa), mientras que en el mismo período Chile conoció sólo tres aperturas. Considerando las diferencias evidentes de tamaño entre el mercado local y el brasileño, la comparación parece injusta, pero lo cierto es que Santiago vivió momentos mejores. Aprovechando las atractivas tasas de interés, durante los últimos años las empresas optaron por la deuda como forma principal de financiamiento, una vía que –además- implica menos exigencias regulatorias y mantener la propiedad 100% en manos del controlador.

 

 

Plata hay. ¿Qué falta?

No todo son malas noticias. El nivel de rotación sigue siendo más alto que el de varios de nuestros competidores –aunque muy lejano de la Barra y Andrés Echeverría coordinó una serie de propuestas para modernizar y profundizar el mercado de capitales, lanzadas en mayo de 2007 en Icare– este sector “no debe pensarse como un prestador de servicio orientado a los ahorrantes, sino como un centro financiero enfocado al mundo”. Para ilustrar, destaca el ejemplo de Dublín. A mediados de los 80, el gobierno irlandés decidió abrir una bolsa en su capital para fomentar la actividad y el empleo. Se compraron 11 hectáreas en un área de muelles abandonados, se diseñaron iniciativas legales para atraer a los inversionistas de toda Europa y se instaló un mercado con todo tipo de servicios financieros. Hoy, Dublín es una plaza relevante y en 2002 el gobierno de ese país recaudó más 700 millones de euros por las transacciones realizadas en esa rueda.

Guillermo Tagle coincide en el diagnóstico de que el problema no está en los recursos. Afirma que si bien hoy los inversionistas pueden venir a Chile a levantar capital, “hay obstáculos, como la doble tributación, que los hace optar por otros mercados”.

 

 

¿Qué hacer?

 

Jorge Errazuriz, socio

de Celfin Capital

 
Al momento de las propuestas, las respuestas de los especialistas abarcan desde el esquema regulatorio hasta la participación de los accionistas. Revisemos algunos planteamientos:
 
• “Me parece que el retail y las personas no son el camino para hacer más profundo y global nuestro mercado de capitales”, sostiene Guillermo Tagle.

• “Se debe tender a la globalización real; que los mercados reales conversen y se integren con los de México, Brasil y Lima, de modo de hacer una gran bolsa”, plantea Jorge Errázuriz. Según el socio de Celfín, –y director de la bolsa– las bolsas deberían homologar sus mecanismos de transacción, lo cual implica, necesariamente, mayor inversión en tecnología.

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• En términos de integración y convergencia, el gerente general de la Bolsa de Comercio, José Antonio Martínez, destaca el reciente acuerdo con sus pares de México y Brasil “que permitirá el acceso directo de los inversionistas de esos países a nuestro mercado y la oferta pública de valores mexicanos y brasileños en Chile”.

• Según Tagle, a favor de Chile está el hecho de que el Bovespa está muy orientado a su mercado interno –dado el tamaño de su economía– por lo que la rueda santiaguina podría tener ventajas si apunta a los inversionistas internacionales. El director ejecutivo de IM Trust añade que para hacer más atractiva a la Bolsa de Santiago es clave “liberar el ingreso y la salida de inversionistas, evitando la necesidad de ser contribuyente para listarse en Chile”.

• Aunque en el país buena parte de las transformaciones están hechas, de lo que se trata, según varios de los consultados, es de flexibilizar algunas de las normas ya existentes. De hecho, corredores que están en contacto con empresas internacionales de tamaño mediano afirman que dichos inversionistas estiman que en Chile hay “exceso de regulación”.

• Reducir y hacer menos costosos los procesos administrativos son parte de las propuestas del mundo privado. A juicio de Errázuriz, se podría “hacer menores exigencias de información para que empresas pequeñas se enlisten en bolsa, porque es muy caro, por ejemplo, entregar Fecus trimestrales”. De paso, como director de la Bolsa hace una autocrítica al papel desempeñado por esa institución: “en otros mercados las bolsas son mucho más proactivas en buscar y facilitar que empresas se listen. Aquí cumple más bien un rol de lugar de encuentro, sin mayores actividades para atraer inversionistas”, dice.

• El gerente de Estudios de Banchile, Rodrigo Martin, plantea otra forma de hacer más global nuestro mercado bursátil: apostar más fuerte al mercado de los derivados, que aún es muy incipiente por estas latitudes

 

 

 

 

Superintendente de Valores y Seguros, Guillermo Larraín

“Se requiere un acuerdo público-privado para reposicionar a Santiago como plaza bursátil”

Al superintendente de Valores no le gusta pensar que la pérdida de competitividad del mercado de capitales local es algo definitivo y tajante. Aunque reconoce que hay una “cierta ventaja” de otros países que han hecho las modernizaciones a tiempo, Guillermo Larraín asegura que los ciclos bursátiles son cambiantes y califica de “deprimentes” a los que plantean que la estrella de los 90 está dejando de brillar.

Por eso es que quiere fomentar la discusión, comparar experiencias y analizar las posibilidades que se abren para desarrollar el mercado local. ¿El escenario? Un seminario sobre Desarrollo del Mercado Bursátil en Chile, que la SVS está preparando para el 26 y 27 de junio, en conjunto con Icare. Allí se congregarán empresarios como Sven von Appen y Raúl Sotomayor; protagonistas del mercado, como Fernando Larraín y Jorge Errázuriz; y expertos del extranjero, como el profesor Utpal Bhattacharya, de la Indiana University, y la presidenta del organismo supervisor de valores de Brasil.

-¿Qué responde a los que opinan que Chile se está quedando atrás en el panorama bursátil de América latina?

-Con mucha convicción debo decir que no tengo esa visión deprimente. En primer lugar, este es un mercado que ha crecido mucho, que tiene una capitalización bursátil de más de 200 mil millones de dólares, con una cantidad importante de emisores y con el fortalecimiento de los intermediarios bancarios y no bancarios en los últimos años. En el último tiempo hemos tenido, además, iniciativas importantes de la Bolsa de Comercio como la creación del Comité de Autorregulación. Lo que sí es cierto es que el panorama bursátil mundial está cambiando mucho y el grado de integración financiera con el exterior se va acrecentar y, por lo tanto, es más relevante que antes mirar lo que está haciendo el resto del mundo. Eso hace que nuestra plaza financiera deba competir más que antes, pero no sólo importa lo que está pasando con nuestros vecinos de la región, sino que con el resto del mundo. Por ejemplo, hoy la Bolsa de Londres anda activamente buscando negocios y para una empresa chilena podría ser una buena oportunidad levantar capital en esa plaza. En ese contexto, Chile hoy tiene ventajas que mostrar, como instituciones regulatorias fortalecidas y un marco de políticas económicas que son garantía de estabilidad.


-¿Falta proactividad de la bolsa chilena para atraer a más inversionistas? Se dice, por ejemplo, que el presidente de la Bolsa de Sao Paulo (Bovespa), Raimundo Magliano, es tan activo en este tema, que hasta ha puesto stands en las playas de ese país.

-Creo que al sector privado en general le falta proactividad, y no es sólo un tema del ámbito bursátil. De hecho, cuando se miran los documentos que se hacen al interior de ese sector respecto a los problemas de competitividad, en general hacen referencia exclusivamente a temas del Estado: tributarios, normativos o regulatorios. Falta desde el sector privado una visión más crítica y creativa sobre el potencial de la actividad privada per se. Si uno mira la crisis norteamericana actual, y escucha lo que están conversando los agentes, ellos tienden a preguntarse qué fue lo que ellos hicieron mal. Y no hay una queja sobre que la regulación fue excesiva o equivocada. Obviamente, también van a sacar lecciones sobre los errores regulatarios, que evidentemente también los hubo, pero no es lo central. En el ámbito bursátil esto es más importante, porque tiene una legislación, hay reguladores y están los propios actores como autorreguladores. Por lo tanto, la visión de las bolsas pasa por que muchos actores distintos actores de ella se hagan parte de cualquier proceso de modernización.

-Entonces, ¿cómo se logra reinstalar a Santiago como plaza atractiva para los inversionistas?

-El desarrollo del mercado bursátil, el reposicionamiento de Santiago en este nuevo contexto –con mercados que han crecido mucho y han hecho innovaciones– requieren de una iniciativa público- privada muy decidida, que busque legitimarse. Esto no es un problema de cómo hacemos que un sector de la economía tenga más utilidades. Para que una iniciativa de este tipo tenga justifi cación social, tenemos que hacer que la ciudadanía –incluyendo el mundo de los políticos, de los privados y del regulador– perciba que con esto hay ganancias para todo el país. Que las empresas tengan condiciones más accesibles para levantar capital, para poder desarrollarse, crear empleo y mejorar los salarios; que los inversionistas puedan encontrar nuevos instrumentos para colocar sus ahorros; que los intermediarios tengan un mercado más transparente, etc. Pero para instalarlo de esta forma, se requiere mucho trabajo.

-¿Cómo se socializa este gran acuerdo?

-Un gran ejemplo es lo que ha hecho el presidente de Bovespa. Yo me entrevisté con él para invitarlo al seminario sobre Desarrollo del Mercado Bursátil. Y me contó que había instalado en las centrales sindicales estands de la bolsa. Cuando le pregunté cuál era el interés de esto, me respondió: “quiero que me entiendan”. Me parece que ese es un gran ejemplo de cómo deben hacerse las cosas. El seminario que estamos preparando con Icare también es una buena oportunidad para comenzar a hablar de estos temas.