Sobre la planta de regasificación que se levanta en el puerto de la V Región se ha tejido una serie de historias. Pero lo cierto es que el proyecto sigue su rumbo y sus dueños aseguran que en junio de 2009 inaugurarán el terminal gasífero con bombos y platillos. La pregunta que todos se hacen en la industria es si la planta será rentable para quienes se embarcaron en este ambicioso proyecto de más de 1.000 millones de dólares. Por Lorena Rubio.

  • 26 junio, 2008

Sobre la planta de regasificación que se levanta en el puerto de la V Región se ha tejido una serie de historias. Pero lo cierto es que el proyecto sigue su rumbo y sus dueños aseguran que en junio de 2009 inaugurarán el terminal gasífero con bombos y platillos. La pregunta que todos se hacen en la industria es si la planta será rentable para quienes se embarcaron en este ambicioso proyecto de más de 1.000 millones de dólares. Por Lorena Rubio.

La señal política que los socios del proyecto GNL de Quintero esperaban se produjo el miércoles 18 de junio. Y vino desde el Congreso. Ese día, el ministro de Hacienda, Andrés Velasco; el de Energía, Marcelo Tokman, y los miembros de la comisión de Hacienda del Senado firmaron un protocolo de acuerdo para apoyar la industria del Gas Natural Licuado (GNL) en Chile. El proyecto se enviará en un plazo de 60 días y se convertirá en el puntapié inicial para discutir las regulaciones e incentivos de una “industria nueva, que permitirá diversificar la matriz energética”, como declararon ese día los ministros.

 

Y aunque la iniciativa impactará favorablemente a los dos proyectos para importar este hidrocarburo licuificado en buques y luego reconvertirlo a gas en los terminales de Quintero (en el que participa la estatal Enap, y que comenzará a producir en junio del próximo año) y Mejillones (donde uno de los socios es Codelco y que comenzará a recibir GNL a comienzos de 2010), la decisión fue leída como un claro respaldo al terminal de la V Región, el proyecto “estrella” del ex presidente Lagos, cuya primera piedra fue colocada por Michelle Bachelet en mayo de 2006.

El anuncio en el Parlamento fue precedido de un fuerte lobby que provocó roces entre los miembros de la sociedad GNL Quintero y que tuvo como protagonistas a las empresas distribuidoras de gas natural, que exigían la incorporación de este combustible al Fondo de Estabilización de Precio de los Combustibles (FEPC). Y aunque no está claro que ese sea el “incentivo” que reciba el GNL, el ministro Tokman anticipó dos días antes del histórico acuerdo del miércoles 18 que el Ejecutivo no había descartado incorporar al gas natural en el FEPC. En Hacienda son más cautos y aseguraron a Capital que aunque no está claro si esta ayuda vendrá como “una franquicia, un subsidio o su incorporación al FEPC”, es la última opción la que pesa más fuerte en el Ejecutivo.

La noticia dejó a contentos a los encargados del negocio del GNL en Chile, a pesar de que el representante de las distribuidoras, Carlos Cortés, anunció que fijar para 2009 la decisión los dejaba “disconformes”.

Como sea, otro efecto positivo de la medida fue que despejó, en parte, las duLadas sobre la rentabilidad económica del megaproyecto en Quintero, que incluye uno de los muelles más grandes del país, un terminal de regasificación y una serie de estanques gigantes para almacenar el combustible. Todo, por un valor superior a los 1.000 millones de dólares y en un consorcio que integran British Gas BG (40%), Endesa (20%), Enap (20%) y Metrogas (20%). Porque lo cierto es que a cuatro años del anuncio y a 12 meses de la puesta en marcha del complejo gasífero, las dudas sobre la conveniencia de importar el hidrocarburo persisten y un subsidio estatal –de la manera en que éste venga– hará, sin duda, más atractivas las importaciones de GNL.

Los argumentos a favor y en contra cruzan a toda la industria energética.

En contra

Una de las principales resistencias que despierta el GNL apunta a la forma en que se ha elevado su precio en el mundo en el último tiempo, debido a una altísima demanda y a la estrechez en la oferta. Este combustible, no vinculado al crudo, ha escalado desde 6 dólares el millón de BTU (una unidad calórica) hasta los 13 dólares a fines de la semana pasada, según el indicador Henry Hub, que mide el precio de GNL para el mercado estadounidense. Y eso, sin contar el costo fijo anual que cualquiera que desee adquirir este combustible deberá pagar por el uso del terminal y que agregará cerca del 15% al valor total del hidrocarburo.

De hecho, los actuales socios de Quintero pagan una tasa mensual que entre 2009 y 2030 sumará más de 45 millones de dólares anuales –entre todos– por usar las instalaciones en V Región; o sea, unos 900 mil dólares mensuales cada uno por usar el terminal. “Cualquiera que desee adquirir en el mercado spot (sin contrato) el GNL que llegará a Quintero deberá pagar una valor extra por uso de las instalaciones en ese megapuerto”, afirma un alto ejecutivo del sector eléctrico.

La cifra actual es definitivamente poco competitiva respecto a otros combustibles, como el carbón, que hoy se transa a mitad de precio que el GNL si se calcula en kilowatt/hora (kwh). “Es tan evidente desde el punto de desarrollo eléctrico que el carbón es más conveniente, que todas las firmas del rubro están construyendo centrales a carbón”, afirma el consultor energético Sebastián Bernstein. Para reflejar esta relación, el profesional explica que mientras el costo de generación realizado con GNL es de unos 125 dólares el kwh, con carbón la cifra disminuye a 95 dólares. De hecho, hoy en Chile se están construyendo cerca de 10 centrales carboníferas, agrega Bernstein, y todas las generadoras están apostando a este combustible.

Eso sí, admite el ex secretario ejecutivo de la CNE, las centrales a carbón son más del doble de caras que las de GNL y su costo podría aumentar seriamente si se le agregan restricciones ambientales, por sus emisiones de CO2, lo que “no deberían ocurrir antes de 2020”, destaca.

La última palabra la dirá el precio que finalmente alcance el GNL, cuyos mayores productores son Qatar, Malasia e Indonesia. Para tener una idea de lo activo que ha estado este mercado, entre mayo y este mes han llegado dos buques regasificadores a la ciudad de Bahía Blanca, al sur de Buenos Aires. Así, tras sólo un año de gestiones, Argentina se convirtió en el primer importador de GNL en América latina. Y aunque el negocio a estado rodeado de interrogantes técnicas y económicas, lo cierto es que ya se está inyectando gas al sector industrial de esa provincia –sin tanques ni tampoco un gran terminal– por un valor cercano a los 14 dólares por millón de BTU.

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El otro gran “pero” que tiene este proyecto es su competitividad frente a la hidroelectricidad. Hay que recordar que, según los cálculos de los promotores del proyecto Hidroaysén –entre los cuales hay varias prominentes figuras del gobierno– éste debería ingresar a tramitación medioambiental este año, y si no hay demasiados escollos, la primera central debería estar generando electricidad hacia el Sistema Interconectado Central (SIC) a contar de 2012. La incógnita también se produce respecto al comportamiento de las precipitaciones en los próximos años. El parque generador en Chile opera en base a un centro de despacho que inyecta en primer lugar la energía más barata y así consecutivamente, hasta la más cara. En ese esquema, el orden natural debiera ser: hidroelectricidad, termoelectricidad en base a carbón, GNL y, finalmente, diésel.

El terminal de Quintero comenzó a construirse en mayo de 2007. Ya se terminó un primer estanque de almacenamiento y se concluyen las obras del segundo. El muelle es uno de los más largos de Chile y su altura es de 12 metros. Estará equipado para recibir hasta dos buques tanqueros a la vez.

A favor

Es precisamente el masivo uso de diésel y carbón en la industria eléctrica local el principal argumento que esgrimen los socios de GNL Quinteros. En primer lugar, los accionistas de la firma están confiados en que el proyecto no tendrá retrasos y, lo más importante, que el terminal contará con el gas presupuestado: 6,5 millones de m3/día a contar de junio de 2009, como ha sido anunciado. ¿La mejor prueba de esto? En mayo del año pasado se firmaron los contratos de suministro entre BG y el resto de las firmas por un lapso de 21 de años. En dicho contrato –cuya fórmula se mantiene en reserva, pero que incluye el valor de uno de los indicadores mundiales de GNL o de crudo, menos un porcentaje–, BG se compromete a entregar a sus socios los 6,5 millones de m3/día, divididos en partes iguales. Es decir, tanto Endesa, como Enap y Metrogas recibirán algo así como 2,2 millones de m3 diariamente. ¿Lo necesitan?

Las fuentes del consorcio aseguran que sí, pero en el mercado persisten dudas respecto a Endesa –que participa en Hidroaysén y está construyendo centrales a carbón– y Enap. Consultado por Capital, el gerente general de la petrolera estatal indicó que “el gas natural proveniente de GNL Quintero será utilizado en el proceso de refinación; en las plantas de hidrógeno (actual y futuras); en el abastecimiento de los contratos suscritos con Energas y Gas- Valpo y en nuevos proyectos que están siendo estudiados, como por ejemplo, la cogeneradora”. Este último proyecto, consistente en una planta de cogeneración en Concón, es una de las iniciativas históricas de la administración de la firma estatal, pero nunca ha sido anunciada con fecha y montos involucrados.

Lo que sí es un hecho es que hoy Enap ha encarecido sus costos de manera considerable, debido a que necesita usar gas natural en su proceso de refinación, lo que hoy es reemplazado por diésel. Sobre este punto, Dávila confirmó que “los costos de refinación deberán bajar en forma importante con el uso de gas natural proveniente de GNL Quintero”.

Otro punto a favor del terminal en Quintero es que al menos dos de los socios –Metrogas está en duda, por el costo actual del combustible– firmarán un protocolo para suscribir un aumento en la capacidad del terminal hasta los 10 millones de m3/día. En el consorcio aseguran que esta rúbrica –que no pasará de las próximas dos a tres semanas– es la mejor prueba de “hay interés en el GNL y que sigue siendo un buen negocio”, como afirma el gerente general de GNL Quintero, Antonio Bacigalupo.

El ejecutivo está en el negocio del gas hace más de una década y fue uno de los impulsores de la idea en Chile. En su opinión, el GNL tiene la ventaja de ser menos contaminante, más económicas sus centrales y hay reservas para mucho tiempo. Aunque reconoce el vuelco que ha mostrado el rubro energético hacia el carbón, plantea que ello sólo “pondrá mayor presión al precio”, al tiempo que asegura que la variable ambiental estará en contra de instalar nuevas centrales carboníferas. “Ya está claro que no hay muchos lugares donde instalar nuevas centrales a carbón. Las de GNL, en cambio, se pueden colocar en cualquier lugar”, sostiene.

Para Bacigalupo, si el GNL “resulta caro, el mercado se va a ajustar solo, como siempre ha ocurrido”. Por lo demás, agrega, “todos los combustibles en el mundo están subiendo de precio, pero mientras el GNL ha encarecido el suyo en un 94% en los últimos cinco años, lo otros hidrocarburos lo han hecho entre un 127% y un 242%”..

 


El duelo entre British Gas y Suez
Para los integrantes del consorcio propietario del terminal gasífero en Quintero, uno de los causantes de su “mala fama” está plenamente identificado: el grupo Suez. “Ellos se han encargado de hacer una contra-política de comunicación, afirmando que no va a haber gas, que el proyecto se ha demorado más de la cuenta, que es muy caro, etc.”, afirma una fuente cercana a los controladores del complejo en Quintero.

Todo partió en 2004, cuando el ex presidente Lagos anunció con bombos y platillos la construcción de una planta de GNL en Quintero, en medio de la crisis gasífera con Argentina. Inmediatamente –por razones geopolíticas y técnicas– fue Enap la encargada de diseñar la iniciativa y convocar a nuevos socios.

Entre 2005 y comienzos de 2006, el gerente general de la petrolera, Enrique Dávila, sostuvo contactos con decenas de expertos en GNL y actores de la industria energética de nivel local e internacional. “En un primera etapa, el proyecto fue diseñado con la idea de que quien construía el terminal, suministraba el gas”, cuenta un cercano a Dávila que supo de esa primera fase del megaproyecto.

Con esta idea, Suez Energy –entonces controladora de Colbún– se presentó a una licitación inicial aprovechando las economías de escala que le generan sus filiales de ingeniería y también el ser trader de gas a nivel global. “Durante las negociaciones hubo fuertes desencuentros entre Dávila y los encargados de Suez por cómo se estaba planteando el terminal”, recuerda esta misma fuente. Las disputas terminaron con la salida del conglomerado belga del proyecto y, consecuentemente, con la de Colbún. Y aunque Suez –a través de Tractebel– terminaría vendiendo la eléctrica a un grupo de empresas y, finalmente quedó en manos del grupo Matte, las desconfianzas se mantendrían hasta hoy.

Pero Suez tuvo su revancha. Hoy, junto a Codelco comparte la propiedad del terminal de GNL en Mejillones. Fuentes cercanas al grupo belga aseguran que “ellos están contentos de no haberse quedado con Quintero, porque ahora serán capaces de suministrar 5,5 millones de m3, a contar de 2010 y el valor del muelle no superará los 600 millones de dólares”.