Contrario a las cifras de la ONU, que alarman sobre una sobrepoblación del planeta, el periodista canadiense John Ibbitson plantea en su libro Empty Planet, que el peak demográfico llegará a mediados de este siglo y desde entonces el número de humanos solo descenderá.

Que no habrá agua, ni comida, ni espacio para contener a las más de 11 mil millones de personas que habitarían la Tierra hacia el año 2100. Una tesis que sostiene desde hace años Naciones Unidas y que avala una serie de demógrafos a nivel mundial, para alertar de un fenómeno que no tendría vuelta atrás y que pondría en jaque la subsistencia humana: la sobrepoblación. La cifra no se había cuestionado jamás. Hasta ahora.

El periodista John Ibbitson junto al encuestador Darrell Bricker, acaban de lanzar el libro Empty Planet, que contradice completamente esa hipótesis: los canadienses sostienen que hacia 2050 se alcanzará el máximo de población mundial –que como mucho llegará a los 9 mil millones de personas– y desde entonces la demografía comenzará a descender.

Ibbitson, columnista y periodista político del diario The Globe and Mail, y Bricker, CEO de Ipsos Public Affairs, se conocen desde los años 90, por trabajo. Tras la elección federal de Canadá de 2011 publicaron juntos The Big Shift, que analizaba cómo los cambios demográficos en el país estaban reescribiendo las reglas de la afiliación partidaria. La obra fue un bestseller nacional, y los autores quisieron entonces trabajar juntos en un libro con una temática no canadiense.

El fenómeno de la disminución de la población les fascinaba desde hacía tiempo; cada uno había escrito al respecto de forma separada, por lo que decidieron unirse. Ambos creían que, contrario a las predicciones de las Naciones Unidas, las tasas de fertilidad estaban cayendo rápidamente en el mundo en desarrollo. Con esa idea en mente contactaron a un grupo de demógrafos que también eran escépticos, y con las cifras en la mano, iniciaron un viaje a 26 países en los cinco continentes. “Hablamos con estadísticos y expertos, pero también con mujeres jóvenes, sobre sus sueños y ambiciones. Y lo que encontramos fortaleció nuestra hipótesis: las mujeres jóvenes quieren tener un mayor control sobre sus vidas y quieren tener menos hijos que sus madres”, asegura el periodista.

Ponderando esos datos cualitativos con los cuantitativos que ya tenían, llegaron a la conclusión de que los 11 mil millones de habitantes no se alcanzarán jamás. Y que a partir de mitad de siglo, por primera vez en la historia humana, la población va a comenzar a descender “debido a elecciones individuales de miles de millones de personas jóvenes. Esa disminución, una vez que comience, no se va a detener nunca”, agrega. 

-¿Por qué 2050?

-No estamos exactos en la fecha, pero esa es nuestra mayor aproximación, aunque puede ser antes o después. Lo que importa es que los 11 mil millones para 2100 es algo que no va a ocurrir.

La solución: ¿migrantes?

Ibbitson y Bricker analizaron datos específicos de fertilidad de cada país, y luego de recorrer desde campus universitarios en Seúl hasta suburbios en Nueva Delhi, cuenta el reportero, establecieron que hay cuatro factores que estarían afectando las tasas de nacimiento tanto de los países desarrollados como emergentes. Primero, que a medida que las naciones se vuelven más urbanas, un niño pasa de ser un activo económico en el mundo rural (otro par de brazos para trabajar en el campo) a una responsabilidad económica (otra boca que alimentar). Segundo, que las mujeres en entornos urbanos mejoran su acceso a educación, ya sea a través del colegio, los medios de comunicación y redes sociales, o mediante el contacto con otras mujeres. Y con mayor educación, demandan una mayor autonomía, lo que incluye una mayor decisión en el número de hijos que quieren tener. Tercero, que el poder de las religiones convencionales –que típicamente subordina a las mujeres, dice– disminuye en la ciudad. Y cuarto, que el poder del clan también se reduce y es reemplazado por el de los compañeros, o colegas, a quienes típicamente no les urge asentarse, casarse y tener hijos.

-A su juicio, la disminución de la población ¿es una buena o mala noticia?

-Para el medioambiente, el impacto del declive de la población es totalmente beneficioso. Va a ayudar a cambiar la curva de las emisiones de carbono y reducir las demandas en la cadena alimentaria. Además, la urbanización lleva al abandono de los campos marginales, permitiendo a esas tierras reconvertirse en arbustos, lo que promueve la biodiversidad y neutraliza el CO2. Pero las consecuencias económicas no son excelentes: cada año habrá menos trabajadores jóvenes para pagar los impuestos que se requieren para solventar las necesidades en salud y pensión de los ciudadanos mayores. Y menos jóvenes significa también menos consumidores que conduzcan el crecimiento económico.

-¿Qué podemos hacer para detener este declive?

-Políticas pro natalidad, como el pago de licencias familiares, el apoyo estatal para el cuidado de los menores, o políticas que ayuden a que las mujeres permanezcan en la fuerza laboral, pueden ayudar a hacer más lenta la tasa de disminución. Pero son muy caras, y los gobiernos a menudo las recortan cuando se les obliga a bajar presupuestos. El único acercamiento práctico ante una disminución en la tasa de natalidad es abrir las puertas a la inmigración, para que trabajadores extranjeros reemplacen a los trabajadores jóvenes. Pero muchos estados encuentran inaceptable admitir a grandes números de ciudadanos no-nativos. Por esa razón, Japón, por ejemplo, perdió casi 450 mil personas el año pasado, su población decreció.

-¿Quién garantiza que esos migrantes quieran tener más hijos?

-Los inmigrantes adoptan las tasas de natalidad de sus nuevos países, por lo que ellos no tendrían más hijos que el promedio del país. Su contribución es como trabajadores que pagan impuestos y como consumidores que impulsan el crecimiento económico.

-Pero habría que considerar que, si bien ese migrante rellena un vacío, a la vez está dejando un espacio en su país natal. Por lo tanto, la cifra global de población no cambia…

-Sí, con el tiempo la inmigración disminuirá a medida que los países en desarrollo alcancen la tasa de reemplazo y se desarrollen más económicamente. China solía ser la mayor fuente de inmigrantes para Canadá, ahora están en tercer lugar, debido a su baja tasa de natalidad y su desarrollo económico.

 

Mumbai, el nuevo París

John Ibbitson cuenta que antes de publicar su libro, en febrero, entrevistaron al jefe de la División de Población de las Naciones Unidas e incorporaron sus objeciones a Empty Planet para contrapesar la tesis, aunque están totalmente convencidos de que “los datos y ejemplos de la vida real que describimos contradicen las proyecciones de la ONU”, señala. Aparte de ese organismo, asegura que los comentarios que han recibido de medios como The New York Times, The Wall Street Journal, Los Angeles Times, The Economist, The Guardian, el Times de Londres, han sido “completamente positivos”.

Empty Planet no proyecta a largo plazo lo que pasará en los siglos que vienen, ni la fecha exacta en que desaparecerá el último hombre, sí plantea un nuevo ordenamiento geopolítico. “Deberíamos ver un cambio en el poder, la creatividad y el impulso empresarial hacia las sociedades aún jóvenes de India y África. Las grandes ideas y la nueva ola en la música y las artes podrían venir desde Laos o Mumbai, más que de Los Ángeles o París. Las naciones desarrolladas deberán reconsiderar la necesidad de traer e integrar completamente a grandes cantidades de inmigrantes en una sociedad multicultural –algo que Canadá ha logrado–, o verán sus poblaciones, sus economías y su influencia decaer. Los países en vías de desarrollo van a exportar a menos personas, a medida que sus tasas de fertilidad caigan y sus economías se desarrollen. En el tiempo, debiéramos ver un rebalance en el desarrollo de la fertilidad y economía alrededor del mundo”, advierte.

-Hoy, la discusión mundial va en la dirección contraria: si cerrar o no las fronteras…

-Estados Unidos seguirá siendo tan dominante en este siglo como lo fue en el pasado, siempre que no se rinda a las demandas nacionalistas de cerrar sus fronteras a los recién llegados. China, que no da la bienvenida a los inmigrantes, comenzará a perder población en unos pocos años. Rusia también está destinada a experimentar un grave declive en sus habitantes. Si la demografía es el destino, los EE.UU. están destinados a prosperar.