En Mood Pâtisserie los pasteles son full diseño, un concepto en el que sus dueños –Fernando Crisóstomo, Nicolás Welsh y Enrique Medina– están poniendo el alma por estos días. En Chile no hay nada que se le parezca, aclaran de partida los tres socios de Mood Pâtisserie. Y tal parece que es así, porque otra […]

  • 18 mayo, 2007

En Mood Pâtisserie los pasteles son full diseño, un concepto en el que sus dueños –Fernando Crisóstomo, Nicolás Welsh y Enrique Medina– están poniendo el alma por estos días.

En Chile no hay nada que se le parezca, aclaran de partida los tres socios de Mood Pâtisserie. Y tal parece que es así, porque otra pastelería como ésta, donde abunda el diseño y donde cada producto es tratado como si fuera una pieza única, defi nitivamente no existe en Santiago. Con esa idea en mente fue que Fernando Crisóstomo, Enrique Medina y Nicolás Welsh se juntaron hace medio año: querían crear un concepto gastronómico distinto para un público exigente. A los dos primeros, dueños de la productora MCM, la pasión por la estética les venía del negocio publicitario y del cine; al chef argentino Nicolás Welsh, de su paso por el mundo de la gran cocina en Paris, Suiza, Londres y Nueva York.

La intuición, sin embargo, no les bastó. Encargaron un análisis de mercado para ver si de verdad había gente dispuesta a pagar entre 5% y 10% más que en otras partes por un pastel, un chocolate o un postre de alta calidad. El estudio les dijo que sí, que en el ABC1 había un nicho y que en materia de diseño, había un gran espacio sin atacar. Pero ni el entusiasmo que tuvieron al ver los resultados ni las ganas de partir
luego les permitieron abrir su tienda en Vitacura cuando quisieron. “Hicimos los cálculos y nos dimos cuenta que no alcanzábamos”, cuenta Fernando Crisóstomo.

Entonces hicieron un giro en la estrategia. Pensaron que debían seguir a su público –a esas alturas su apuesta de público– a su lugar de veraneo. Eligieron Pucón y en una carrera contra el tiempo lograron montar Mood Pâtisserie. Estuvieron apenas 35 días abiertos. Poco, es verdad, pero lo suficiente como para dar a conocer la marca y enganchar a sus futuros consumidores. “De vuelta a Santiago, la gente nos llamaba, querían saber cuándo abríamos, pero nos faltaban detalles, permisos municipales y muchos trámites”, agrega Enrique Medina.

Después de pasar todo tipo de escollos burocráticos, algunos de ellos francamente descabellados, alegan los socios, por fin pudieron abrir a mediados de abril en una antigua casa de la avenida Luis Pasteur, cuyo interiorismo estuvo a cargo de la ofi cina Leniz + Elton Arquitectos Asociados. “El local se armó desde la cocina y el resultado es que trabajar en ella es un placer”, cuenta Welsh. En el resto del espacio, los pasteles y los bombones son los protagonistas.

Hasta ahora los tres socios no se pueden quejar. El boca a boca ha hecho que el concepto esté empezando a ser conocido en el mercado, algo que los tiene más que contentos. La idea es tener al menos dos colecciones de pasteles y dulces cada año y lograr, en el corto plazo, extender la marca a otros nichos gastronómicos y sacarla de la tienda para crecer en servicios –el de desayunos a empresas, por ejemplo– y también en fama.