Hillary y Obama buscan el beneplácito de sus electores con un discurso proteccionista que, a juicio de los analistas, es más efectista que real. Esperamos que tengan razón, porque –de lo contrario– la campaña presidencial estadounidense estaría, por primera vez, afectando los intereses chilenos. Por Claudia Heiss.

  • 19 marzo, 2008

 

 

Hillary y Obama buscan el beneplácito de sus electores con un discurso proteccionista que, a juicio de los analistas, es más efectista que real. Esperamos que tengan razón, porque –de lo contrario– la campaña presidencial estadounidense estaría, por primera vez, afectando los intereses chilenos. Por Claudia Heiss.

 

 

Las reacciones no se hicieron esperar: la revista conservadora National Review lo calificaba como el mayor escándalo en la campaña de Barack Obama, mientras la publicación liberal The New Republic acusaba al derechista gobierno canadiense de intentar una maniobra política para interferir en las elecciones en Estados Unidos. Lo cierto es que la discusión sobre un doble discurso frente al NAFTA en la campaña de Obama puso por primera vez en el centro del debate público la visión que tienen los tres candidatos en competencia sobre el libre comercio. De paso, el debate presidencial tocó por primera vez a los chilenos, cuyo bolsillo podría verse afectado si se cumplen las amenazas de revisar o incluso retirarse del NAFTA que vienen formulando los candidatos demócratas.

 

El tema acaparó la agenda noticiosa de Estados Unidos a partir del 27 de febrero, cuando Televisión Canadiense informó sobre una conversación privada en la que el principal asesor económico de Obama, Austan Goolsbee, habría asegurado a funcionarios de Canadá que ese gobierno no debía tomar en serio las afi rmaciones del candidato en contra de NAFTA, ya que se trataría sólo de retórica electoral. Pocos días después, un memo del gobierno canadiense con la conversación, ocurrida el consulado de Canadá en Chicago, se filtró a la agencia Associated Press (AP).

Según AP, un funcionario del consulado escribió: “notando ansiedad entre amplias audiencias locales estadounidenses sobre la perspectiva económica de Estados Unidos, Golsbee reconoció sinceramente el sentimiento proteccionista que ha emergido, particularmente en el Medio Oeste, durante la campaña primaria. Advirtió que estos mensajes no deben ser tomados fuera de contexto sino ser vistos como más enfocados al posicionamiento político que como una articulación clara de planes de política pública”.

El escándalo no tardó en salpicar a Hillary Clinton. Buscando el voto de “cuello azul” de los trabajadores del Medio Oeste, los dos candidatos demócratas han asegurado que Estados Unidos debe retirarse del NAFTA si éste no es seriamente renegociado. Mientras, la prensa canadiense los acusa a ambos de bajar el perfil a esas mismas declaraciones en conversaciones privadas con el gobierno de Canadá.

 

John McCain, a todo esto, toma palco. El candidato republicano es un abierto defensor del libre comercio. En medio de los desmentidos a medias de la campaña de Obama frente al asunto del memo, McCain señaló que “no me parece apropiado ir a Ohio y decirle una cosa a la gente mientras tu asistente llama al embajador de Canadá y le dice otra cosa. Ciertamente, no me parece un discurso honesto”.

 

El hecho es que el proteccionismo comercial gana votos, en especial en los estados industriales. Y los demócratas, a diferencia de los republicanos, tienen en el apoyo de los sindicatos su principal base electoral. Se estima que una década después de entrar en vigencia, el NAFTA le costó a Estados Unidos 900 mil empleos en el rubro manufacturero. En Ohio, un estado crucial para la primaria demócrata, muchos responsabilizan al NAFTA por la pérdida de más de 200 mil empleos desde 2001.

 

El acuerdo entre Canadá, Estados Unidos y México se firmó en 1994, durante la presidencia de Bill Clinton. Por eso, la senadora y pre-candidata demócrata ha tenido dificultades para explicar por qué en ese entonces lo celebró con optimismo como un logro de la administración de su marido.

Más allá de los discursos al calor de una asamblea sindical o de un debate de televisión, ¿qué proponen realmente en materia de comercio exterior los candidatos presidenciales estadounidenses?

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En sus propias palabras

 

 

McCain, el globalizado. En su sitio web www.johnmccain.com, el candidato republicano afi rma que “la globalización es una oportunidad para los trabajadores americanos hoy y en el futuro” y promete reducir barreras arancelarias si es electo presidente. McCain reconoce que el cambio generado por los acuerdos comerciales “puede ocasionar desajustes y temor, y las oportunidades de crecimiento económico no siempre son visibles para todos los americanos”. Sin embargo, considera que “una creciente oleada global de aislacionismo económico está amenazando a nuestros empresarios. Abrir nuevos mercados es clave para el éxito económico de Estados Unidos.”

 

Rechaza las voces derrotistas –referencia al énfasis demócrata en la crisis económica– destacando, en cambio, el liderazgo mundial de su país en intercambio comercial e innovación. “Nuestro gobierno debería acoger la competencia como lo hace nuestra gente, y no pretender que podemos amurallar nuestra economía. Tampoco podemos dejar de reconocer que la competencia puede generar desajustes dolorosos para algunos individuos. Debemos mantener nuestro compromiso con la educación, el re-entrenamiento y la ayuda para trabajadores desplazados, teniendo presente –al mismo tiempo– que nuestra habilidad para enfrentar el cambio es una gran fortaleza de nuestra nación”.

 

 

Obama corrige. Por si hubiera dudas, Barack Obama encabeza el programa económico en su sitio www. barackobama.com con una cita en que afi rma su adhesión al libre mercado. Sin embargo, señala que “se opondrá con firmeza a los acuerdos que perjudiquen nuestra seguridad económica”. Obama declara que, de ser electo, “corregirá” el NAFTA. “Obama cree que el NAFTA y su potencial fueron sobrevendidos al pueblo americano. Obama trabajará con los líderes de Canadá y México para arreglar NAFTA de manera que funcione en pro de los trabajadores americanos”.

 

Señala que se opondrá al Tratado de Libre Comercio con Centroamérica (Cafta) por no cumplir con estándares adecuados en materia medioambiental y laboral. “Obama también presionará a la OMC para que fiscalice los tratados comerciales e impida que los países continúen con subsidios injustos a sus exportaciones y con barreras no arancelarias a las importaciones de Estados Unidos”. Por último, menciona la importancia de los programas de capacitación y asistencia para la reconversión de trabajadores en sectores vulnerables. Hillary congela. Entre los varios puntos de la política comercial de Hillary Clinton, el más llamativo es el de congelar por un tiempo la firma de nuevos TLC: la propuesta de un timeout comercial. En el sitio webwww.hillaryclinton. com, la pre-candidata promete luchar por políticas comerciales “justas, pro-americanas, que no atrapen a los trabajadores en una carrera hacia el fondo”. Señala que los bajos salarios en otros países están generando cesantía y afectando los sueldos en Estados Unidos. “Hillary es la única candidata con un plan detallado para arreglar el NAFTA, un plan que aborda sus deficiencias y actualiza el acuerdo”.

 

Clinton propone incorporar las normas laborales y medioambientales al texto del tratado (hoy forman un acuerdo lateral). Sugiere eliminar las normas sobre inversiones que otorgan a empresas extranjeras la facultad de cuestionar leyes estadounidenses ante organismos externos. Propone fortalecer los mecanismos de fiscalización, revisar periódicamente los tratados y apoyar a los trabajadores desplazados. También rechaza los acuerdos comerciales con Corea, Colombia y Panamá y propone eliminar la autoridad presidencial de fast-track.

 


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Discurso populista

 

 

Claude Barfield, un académico del Instituto Empresarial Estadounidense –un think tank de Washington DC– dijo hace poco a la agencia EFE que “hay que poner esto un poco en el contexto de la campaña electoral, pero aún así, esas declaraciones son altamente irresponsables y peligrosas”. Peter Hakim, director de Diálogo Interamericano, agregó a la misma agencia que las afi rmaciones de Obama y Clinton contra el tratado “muestran que son ignorantes de los hechos. El TLC no ha causado los problemas que ellos dicen que ha causado. Es comprensible que hablen así en Ohio, que es uno de los estados más afectados por los cambios y por la globalización. Pero me dio vergüenza escuchar sus exageraciones”.

 

Los analistas coinciden en que se trata de promesas orientadas a buscar votos y que, seguramente, no tendrán un correlato en sus políticas públicas si es que estos candidatos llegan a la presidencia. “Así son los políticos, hacen promesas, dicen cosas durante la campaña que después, cuando llegan al gobierno, se diluyen en la realidad”, dijo Hakim.

 

Las encuestas muestran que la mayor parte de los estadounidenses cree que el comercio internacional perjudica a los trabajadores de su país. Pero como ha señalado la revista británica The Economist, Obama parece entender más sobre economía de lo que quiere mostrar. En su libro The Audacity of Hope, reconoce que un impuesto a las importaciones de acero puede dar alivio temporal a los productores nacionales, pero que eso haría también menos competitiva a toda la actividad manufacturera basada en el acero, desde los fabricantes de autos a la industria de la construcción. Obama sabe, dice The Economist, que terminar con el NAFTA causaría más cesantía que mejoras laborales.

 

Clinton y Obama han celebrado, en otros contextos, las bondades de la apertura comercial. Sus duras expresiones contra el NAFTA y los TLC sólo se explican por la creciente tensión de las primarias. Pero lo que se dice y hace al calor de esta batalla tiene consecuencias: no sólo contribuye a generar opinión pública sobre los TLC, sino también sobre la política. Los electores tienen derecho a esperar coherencia de parte de los candidatos una vez que son electos. Y es casi seguro que el populismo proteccionista al que ha llevado la primaria cederá paso a la moderación cuando, una vez definida la contienda Clinton-Obama, el candidato demócrata se enfrente con John McCain por la adhesión de los votantes de centro.

 

 

 

¿Cómo afectaría a Chile la renegociación del NAFTA?


Estudios de la DIRECON muestran que la entrada en vigencia del TLC con Estados Unidos en 2004 casi duplicó el intercambio comercial entre Chile y ese país, de 6.282,2 millones de dólares en 2003 a 11.437,4 millones en 2006. Según la SOFOFA, NAFTA fue el segundo mercado de destino de las exportaciones industriales chilenas durante los primeros 10 meses de 2007, acaparando el 23,4% de las exportaciones del sector. Sin embargo, el director de Comercio Internacional de la CEPAL.

Osvaldo Rosales, no cree que las declaraciones de Hillary Clinton y Barack Obama contra el NAFTA vayan a afectar el comercio con Chile. Rosales dijo a Capital que sería políticamente inviable renegociar el tratado: Estados Unidos querría corregir ciertos aspectos, pero los otros socios presentarían sus propias aprensiones en otros ámbitos. Más aún, señaló que “el nuevo acuerdo bipartidista que se dio en el Congreso de Estados Unidos en mayo de 2007 –y que permitió concluir la negociación con Colombia y con Perú– significó colocar más presión en los temas laborales y ambientales y menos en los de propiedad intelectual. Si este template se aplicara al NAFTA y a los acuerdos con Chile y Centroamérica, significaría relajar los compromisos adquiridos en este capítulo, y dificulto que ello sea aceptado por los republicanos y por los lobbies del sector, que son muy poderosos y que no sólo abarcan a la industria farmacéutica sino también al mundo de Hollywood (cine, videos, DVD) y al mundo digital (Microsoft y otros).”

Según el funcionario internacional, “la suma de la desaceleración económica en Estados Unidos, más el populismo poco responsable en los mensajes de las primarias, está resultando poco propicia para la sensatez en la gestión de los temas de Estado”. Sin embargo, indicó que se trata de “fuegos artificiales de campaña que no se concretarán en reformulaciones de los acuerdos comerciales de Estados Unidos. Por lo mismo, no aprecio posibilidad que el TLC con Chile pudiera verse afectado.”