La familia de Osama Bin Laden, la oveja negra, está empeñada expandir sus negocios. Mientras algunos quieren reivindicar el apellido, otros buscan acrecentar su patrimonio. La construcción del edificio más grande del mundo tal vez logre ambas cosas.

  • 10 agosto, 2007

La familia de Osama Bin Laden, la oveja negra, está empeñada expandir sus negocios. Mientras algunos quieren reivindicar el apellido, otros buscan acrecentar su patrimonio. La construcción del edificio más grande del mundo tal vez logre ambas cosas.

 

El apellido Bin Laden no pasa desapercibido. Mientras Osama aún es el hombre más buscado del mundo, su familia ha ido aumentando sus inversiones en el Medio Oriente a través de Bin Laden Group –como se conoce al holding familiar– y su último gran proyecto está dando mucho que hablar. Se trata del complejo residencial más grande del mundo y que se ubica nada menos que en La Meca, capital del islamismo y ahora también capital de los negocios del grupo.

 

El proyecto contempla una inversión de dos mil millones de dólares, para dar vida a siete inmensas torres de 485 metros de altura cada una y que se emplazarán en una superficie de 150 hectáreas. En la construcción, que partió el 2005 y estará lista el 2008, no se ha escatimado en nada. De partida, el complejo cuenta con dos helipuertos y un centro de convenciones para 1.500 personas, lo que le convierte en el sitio ideal para realizar las reuniones de la Liga Arabe, como se ha anunciado. Además, cuenta con cuatro centros comerciales, una sala de oraciones con capacidad para 3.800 fieles y un hotel cinco estrellas que absorberá la gran demanda por alojamiento de los turistas y peregrinos que van a La Meca.

 

Sin embargo, el complejo en construcción no es el único ruido que el grupo Bin Laden está haciendo en materia de inversiones. Tarek Mohammed Bin Laden –hermanastro de Osama– está empeñado en limpiar el apellido de la familia a través de una idea bastante excéntrica, pero que puede ser muy efectiva. El empresario de 60 años planea construir el puente colgante más grande del mundo, con una longitud de 27,3 kilómetros y que busca unir a Yemen (ubicado en la península arábiga) con África. La inversión es de 20 millones de dólares y según medios británicos, podrían circular diariamente por el puente hasta 100 mil autos. Bin Laden está en pleno proceso de búsqueda de inversionistas, pero los analistas creen que será difícil que los consiga, no solo por los riesgos del proyecto, sino porque también le juega en contra su apellido.

 

Es un hecho bastante obvio que desde los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos las cosas no han sido fáciles para la familia. De hecho, poco tiempo después de la caída de las torres gemelas, los Bin Laden decidieron vender varias propiedades de gran valor que mantenían en Londres, como famosos teatros e imponentes edificios, para sumergirse –dentro de lo posible– en el mayor anonimato. Para llevar a cabo estas operaciones contrataron nada menos que a los asesores legales de la reina, la oficina de Farrer & Co.

 

Los hermanos de Osama aseguran que ellos perdieron contacto con él desde que fue despojado de la nacionalidad saudí en 1994, pero es un secreto a voces que el buscado terrorista negoció su salida del grupo previo pago de 37 millones de euros. La familia, además, enfrenta demandas de cientos de víctimas estadounidenses para que el grupo pague millonarias cifras por los daños de los atentados. Como se ve, los Bin Laden tienen proyectos y ganas, pero también varias dificultades en el camino.