Óscar Landerretche (PS) asegura que su posible candidatura presidencial tiene como foco barrer con el clientelismo y las malas prácticas. “Es una revolución ética”, asegura. En todo caso, tiene claro que llegar a La Moneda no es tarea fácil: “Creo, honestamente, que el escenario central es que la derecha gane las elecciones”, indica el economista y académico de la Universidad de Chile.

  • 1 agosto, 2019

Óscar Landerretche (46) dice que su infancia en Colombia y ser testigo de la guerrilla narco colombiana lo marcaron a fuego. También asegurará más tarde que le bajó el perfil al atentado de bomba del que fue víctima hace dos años, que lamenta no haber puesto presión mediática a la PDI y a la fiscalía y que estos sucesos sigan afectando a personas como Rodrigo Hinzpeter y a Carabineros.

Pero antes de todo eso, el economista detalla pasajes de su propia historia. De su paso por Bogotá, por Inglaterra, su Ph.D en economía en el MIT. Porque, indica, es el origen de su interés por iniciar ahora una carrera hacia La Moneda a contrapelo de su círculo más cercano. “He aprendido que nadie es imprescindible, pero eso no significa que el aporte que pueda hacer no sea importante. Hay instituciones que han invertido en personas como yo durante muchos años, en educar, mandarte a doctorar. Eso tiene valor, y quiero aportar. Pero a mi familia no le gusta la idea”, asegura el ex presidente de Codelco.

Proleta

El economista y académico de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile –quien se autodefine como melómano y chuncho– nació en octubre de 1972 en el Hospital J.J.Aguirre. En 1974 su padre, Óscar Landerretche Gacitúa, socialista y economista también, partió junto a su mujer Trinidad Moreno, y él, de entonces un año, a vivir exiliados a Colombia. Pero allá no tenían trabajo relacionado con sus profesiones: el patriarca comenzó a ganarse la vida como panadero, y la madre, quien es constructora civil, se desempeñó como vendedora ambulante.

Después de una reunión de exiliados, Jorge Leiva, un ex profesor de la escuela, lo ayudó a conseguir una beca en la U. de los Andes de Bogotá, uno de los mejores planteles de ese país. Un año después se mudaron a Oxford, donde terminaría su doctorado. Buscaron un lugar menos costoso para vivir. Tenía que ser cercano a Cheltenham, donde su madre estudiaba planificación urbana y rural. “Nos instalamos en Gloucester, una ciudad proletaria. Esa es mi patria. Me crié en el mundo de la clase obrera inglesa laborista de la postguerra. El colegio era público; el uniforme,s gris. Todo muy Billy Eliot”, indica.

Los Landerretche eran la única familia no inglesa de todo el barrio, además de unos pakistaníes. “Éramos raros porque éramos inmigrantes, pero mi papá estudiaba en Oxford y eso para los ingleses es como ser aristócrata”, asegura. Añade: “Me acuerdo que cuando me miraba la piel, la encontraba más café que la de ellos. Eran blancos como el papel”. En esa época, dice, hizo grandes amigos. “Andábamos en la pandilla agarrándonos a combos con los cuicos de colegios privados. Les robábamos las bicicletas. Éramos malandras”, recuerda entre risas.

Ahí estuvieron siete años. En 1985, y con Landerretche de nueve recién cumplidos, volvieron a Colombia a pagar la beca. Se instalaron en un barrio de clase media acomodada, similar a Ñuñoa, comuna donde hoy vive junto a su mujer Patricia Medrano y sus cuatro hijos. Su madre entró al Banco Central Hipotecario y a él lo matricularon en el San Carlos, un establecimiento para hombres.

“Es uno de los colegios pitucos de Bogotá y de excelente calidad. Es como que tú agarres el Saint George y lo combines con el Verbo Divino y el Grange. Todos los que nos graduamos de ahí entramos a la Universidad de los Andes, que es la mejor de ese país”.

Según cuenta, ahí se sintió extranjero por primera vez. “Yo era un niñito inglés. Me costaba el español. No era de ninguna de las familias de la elite. Pero el colegio era bien meritocrático y me gané un lugar a punta de notas”, confiesa. En esa época, dice, comenzó a identificarse con Chile. “En la adolescencia me empezó a importar la política, me puse a leer, mis papás me educaron sobre lo que había pasado en Chile y me volví una persona de izquierda. Eso me hacía ser distinto. Además, siempre encontré que la elite colombiana era bien cara de raja”, confiesa.

El ego y equeco

-El 14 de junio planteó en el DF su interés por ser candidato. ¿Lo venía pensando hace tiempo?

-Antes de esbozar mi interés en una candidatura, di una entrevista en The Clinic que fue bien recibida por miembros de la derecha liberal y el Frente Amplio. Después, escribí una columna que generó efecto en el mundo empresarial: mucho retuiteo y viejos carcamales reclamando. Me llegaron WhatsApps diciéndome, “Oye, Óscar, cómo se te ocurre cuestionar al empresariado”. Eso me pareció muy bueno. Y después vino el lanzamiento de mi libro Chacota: la república en la era del populismo, que generó muchas entrevistas. Nunca me había pasado y no es el primer libro que lanzo. Ahí se me presentó la pregunta.

-¿Qué opina su familia? ¿Su padre?

-A nadie le gusta. No entienden por qué sigo insistiendo con tener influencia en el mundo público a pesar de cómo lo pasamos en Codelco (fue presidente entre 2014 y 2018), que fue pésimo, no solo por el atentado. Me encontré con un trato súper injusto de parte de las instituciones, y yo era alguien que estaba tratando de hacer un buen trabajo, limpiando. Yo me entrené para que Chile llegue a ser el país más el descueve del mundo. El primer país latinoamericano en llegar al desarrollo. Quiero que Chile sea como Holanda. Por eso quiero paricipar.

-¿No se enojó Ricardo Lagos Weber? Son amigos y él también quiere ser candidato.

-¡No! Somos re amigos y si le resulta, yo voy a hacer el principal gurkha detrás de él. Lo mismo con Felipe Harboe, Carolina Goic, Claudio Orrego, trabajaría por todos ellos.

-¿Quiénes le han dado apoyo? Bernardo larraín, presidente de la Sofofa, habló positivamente y Daniel Mansuy dijo que su candidatura casi no recibió críticas.

-Esa no es gente que va a votar por mí. Simplemente el aporte que estoy haciendo les parece útil. Nadie ha dicho públicamente Óscar Landerretche es mi candidato. Excepto en Twitter.

-¿Por qué será?

-Porque los dirigentes políticos son cuidadosos y también pelotudos. Saben que las candidaturas principales de la centroizquierda son otras y no van a ser tan torpes como para hacer eso. En privado, muchos han dicho que me ven con buenos ojos y que les encantaría que esto vuele para poder apoyarme.

-Está Beatriz Sánchez liderando encuestas…

-Veremos. Esto es muy joven.

-¿Es un outsider? No tiene carrera electoral, tampoco se ha desempeñado en cargos públicos.

-Nunca me han ofrecido cargos. El único fue Codelco y acepté. Pero soy un outsider, completamente, porque no me he dedicado a la política como actividad profesional. Y sé que genera molestia a los que se dedican a esto. Estoy acostumbrado. Cuando llegué a la Chile a estudiar, me dijeron que nadie de esa universidad se iba al MIT o a Harvard. Pues bien, entré al MIT. Me dijeron que no podía dirigir Codelco porque no había dirigido una empresa ni era minero. Pues bien, lo hice y lo hice bien. Siempre a los exiliados nos dicen que no pertenecemos.

-Lo comparan con Andrés Velasco y Máximo Pacheco.

-No creo ser fácil de encasillar. Creo tener un perfil más complejo que simplemente un tecnócrata. Pueden leer mis libros y se van a dar cuenta de que hay una cosa un poco más complicada. Y tengo además las patas metidas en la tradición de la izquierda chilena muy profundamente. Mi familia vivió el exilio de una manera muy intensa y muy directa. Estuve en la clandestinidad cuando era guagua.

-Después de conocerse su candidatura, del PS señalaron que la piscina no tiene agua para nadie…

-La perspectiva de las personas que se dedican profesionalmente a la política, de los que si no fueran políticos no podrían hacer nada más, es diferente a la mía. Esas personas están viendo el mercado. ¿Hay mercado o no? A mí me importa un pepino.

-Fidel Espinoza dijo que usted no ha ido a puestos de elecciones populares pero sí ocupa al PS para cargos millonarios.

-Hay gente que teme mucho lo que yo voy a hacer. Quizás porque ya lo ha experimentado con mi trabajo en Codelco. Probablemente cuando digo que voy a terminar con prácticas clientelistas, algunos saben que lo voy a hacer y no les gusta mucho.

-¿Qué cosa en concreto no gusta?

-Mi propuesta es tóxica para la política. Considero que la izquierda en Chile tiene que proponerle al país una reforma radical del Estado porque hemos abierto demasiado la puerta a las malas prácticas, la corruptela. Eso también ha pasado en la derecha, pero en la izquierda creemos que el Estado es un elemento esencial para generar los cambios.

-¿Cómo lo haría?

-Igual que en Codelco, con muralla china con el clientelismo de empresarios y políticos. Esto implica reducir a cerca de un décimo los cargos que son de confianza, establecer por ley que cuando un parlamentario llama a un ministro para recomendar a alguien o que se asigne un contrato, debe quedar por escrito en acta o, si no es delito; haría comités paritarios éticos, por ejemplo. Esto es una revolución ética. En esta candidatura quiero plantear cuatro cosas.

-¿Cuáles?

-Una forma constitucional modernizadora distinta a la que propone la izquierda; cambio en el modelo de desarrollo; la revolución ética de la que hablaba y nuevas políticas de paz social y anticriminales. Hay que transformar la policía. Y lo dice alguien que es nieto de carabinero (su abuelo se llamaba Manuel Landerretche) y sobrino de una oficial en retiro.

No entiendo cómo la izquierda no tiene como eje central la pacificación de las poblaciones, la recuperación del espacio público de la gente más pobre. Hay que cambiar la relación de la izquierda con la policía y la justicia.Para mí el tema de los narcos es muy heavy porque viví la guerra civil en Colombia. Un país puede ser destruido por eso. Y Chile está subestimando el tema. Mira lo que vivimos con los bombazos. Me hicieron el atentado a mí y siguieron varios más. Me di cuenta de que cometí un error, le bajé el perfil al atentado donde casi murió gente para proteger a mi familia, necesitaba hacerme cargo de mis hijas. Debí haber colocado presión mediática a la policía, PDI, pero no lo hice por resguardo. Y mira lo que está pasando, el otro día casi mataron a Rodrigo Hinzpeter. No murió alguien por milagro.

-¿Cuándo decidirá si será candidato?

-Hasta el momento, para serte sincero, lo que he escuchado es “el rostro de Óscar es interesante porque es una mirada fresca, no está contaminado”. Es un análisis puramente político y comunicacional. No veo gente diciendo “lo que propone Óscar es lo que hay que hacer y estoy dispuesto a jugarme por el”.Cuando vea una masa crítica, solo en ese momento puedo decir “voy”.

-La lista de promesas es larga. ¿No se está poniendo populista?

-No es populista. Estos temas éticos ya los practiqué. Segundo, propongo cambios con instituciones, no prometo ser superhéroe.

Criptonita y comunismo

Landerretche llegó a Chile en 1989 con 19 años. Comenzó a militar en el Partido Socialista, entró a estudiar Ingeniería Comercial en la Universidad de Chile y fue testigo de cómo el país despegaba entre fines de los 80 y los 90. “A diferencia de la colombiana, la elite chilena ha sido más responsable históricamente. A fines de los 80, estaban Büchi y Allamand y la derecha que trataba de facilitar la vuelta a la democracia. Y por el lado de la izquierda, la Concertación hizo una gran cosa. Cuando era cabro era bien crítico, pensaba que eran muy permisivos con los militares, pero con la madurez del tiempo, me he vuelto un admirador de lo que se hizo”, reconoce.

En 1999 se mudó a Estados Unidos para hacer un MBA en el MIT y cuando volvió a Chile entró al Banco Central. Desde entonces ha asesorado a varios gobiernos de la Concertación: Eduardo Frei Ruiz-Tagle, Michelle Bachelet y es cercano a Ricardo Lagos Escobar. Cree que el modelo económico que se diseñó en Chile es bueno, pero que está obsoleto. Y que la única alternativa para que el país salte al desarrollo es a través de una nueva alianza “revolucionadora” entre el Estado y el empresariado.

-El diagnóstico es compartido. Pero cómo hacerlo.

-Se tiene que hacer con los empresarios. Para la izquierda eso es criptonita. Y para la derecha es comunismo y come guaguas. Entonces hay un problema de confianza y de trancas que no nos permite hacer lo que hicieron en Singapur, Corea, Irlanda o Finlandia. Yo no estoy hablando de un acuerdo político para una rebaja tributaria. Hablo de un pacto directo con la empresa. Pongámonos de acuerdo con los impuestos. Armemos juntos un puente, un politécnico. Pero inviertan en áreas que no lo han hecho. Algunos esfuerzos van a fallar y otros no.

-¿Cómo cree que le irá con el empresariado?

-Percibo que, al menos los de mi rango etario, entienden esto. Pero todavía ves al empresario haciéndole pucheros a Piñera porque no le rebaja los impuestos ni le regula el mercado laboral ni ambiental. Lo mismo que hubiera hecho el empresario el año de la ñauca. Y la generación anterior les dice a los más jóvenes: “No les compres a estos comunistas”. Y esto no se hace con las pymes. Tiene que ser con las grandes empresas. Y para que esos acuerdos sean posibles, deben existir condiciones políticas. Los empresarios están enojados con Piñera, todos sabemos eso.

-¿Por qué?

-Es como si no hubieran notado la elección parlamentaria, donde no hay mayoría. Y cuando Piñera dijo en su primera cuenta pública que no rebajaría impuestos, se indignaron y tienen enredado al ministro de Hacienda prometiendo cosas difíciles de conseguir. La burbuja de Sanhattan les hace creer en ciertos sentidos comunes. Escuchan la misma radio, piden asesoría a los que piensan “como uno”. Los directorios están compuestos por puros amigotes que son todos iguales. La diversidad es que ahora incorporan mujeres, pero del mismo perfil, frecuentan los mismos lugares, van a La Parva, etc. Eso no es diversidad. Veo un grado de candidez que se parece mucho a lo que pasa en la izquierda; el que no es trotskista, es anarquista o maoísta.

-En su sector lo describen como un candidato de la elite.

-Efectivamente trabajé toda mi vida para destacar en los estudios y es verdad que tengo un apellido que suena como vinoso, pero no heredé nada. No sé qué es ser de la elite. Entonces es la descalificación clásica del que no tiene ningún otro argumento Pero lo entiendo: saben de qué soy capaz, me vieron hacerlo en Codelco.

El ego

-¿Le entusiasma esta candidatura?

-Pero le temo mucho al ego. Entiendo el rol que juegan el ego, la vanidad y el narcisismo en esto.

-¿Por qué? ¿Es usted muy pretencioso?

-Trato de no serlo. Porque sé que en el narcisismo y la vanidad está la raíz del error. Me entrené así como científico. Cuando te empiezas a creer la muerte, piensas que todo lo que haces está bien. Y para ser candidato tienes que ser un poco narcisista, arrogante y vanidoso, lo que conduce a errores.

-¿Le da miedo convertirse en eso?

-Me da miedo. Si uno va a jugar un rol de liderazgo, siempre debe tener una relación cuidadosa y sospechosa con su propio narcisismo, arrogancia y vanidad. Eso es lo que me aproblema de este momento. Porque sé que voy a cometer errores si eso pasa. No podré ser autocrítico, ni cuidadoso.

-¿Le ha pasado antes?

-Por supuesto. Como a todos. La política siempre acelera lo mejor y lo peor de tu personalidad. Entiendo cómo es el poder. Por eso tengo mucho cuidado. Tiene que ver con mi formación política; como le ocurre a todo joven inquieto, pasé por todas las variantes de izquierda, y una cosa que me influyó mucho fue el pensamiento anarquista, Bakunin y Trotsky. Me parece una manera de izquierda saludable porque sospecha del poder. Yo sospecho mucho del poder. Incluso de lo que me pueda hacer a mí mismo. Cuando estuve en Codelco fue un tema.

-¿Cómo así?

-Tenía que estar todo el tiempo siendo muy autocrítico, muy cuidadoso. La gente que trabaja conmigo siempre te va a decir que aunque parezco ser un gallo muy duro, en la interna escucho mucho. A los que incipientemente están trabajando en esta candidatura, les digo: “Para empezar, tú me vas a llamar Óscar. Oscarín, incluso”. En Codelco algunos me decían “Cabezón”. Y les digo: “Esto es a chuchá limpia, con sinceridad total. Pueden decirme que estoy cagándola”. Lo otro es inútil. Cuando uno se rodea de asesores que dicen que sí a todo, como le ha pasado un poquito al presidente Piñera, es vanidad. Sus asesores le debieron advertir “es una mala idea su viaje a Alphabet o llevar a sus hijos a la gira”.

-¿Cuáles son sus debilidades?

Tengo muchas. Soy malo para el fútbol. ¿Debilidades para la candidatura? Tengo dos que son casi imposibles de superar. Una es de técnica comunicacional. La política es una actividad televisiva, profesional, mediática, que muchas veces corre en los códigos de la farándula, de la industria del entretenimiento. Y yo no he hecho esa pega y no me veo haciéndola.

-¿No se ve en un matinal, por ejemplo?

-No me veo disfrazándome de equeco para hacer la pachamama, ni bailando cumbia para divertir a la gente y generar un meme entretenido, no va con mi personalidad. Sería falso, no sería yo. Hay muchos que son así. La pregunta es: si esta candidatura volara, tendría que hacer algo de esa pega pero sin ser un payaso. Ahí hay amigos del mundo de las comunicaciones con los que estamos conversando.

-¿Quiénes?

-Distintas personas, pero nada de lo que hay en mi entorno son los viejos de la Concertación. Mi papá no más.

-¿Miembros del Frente Amplio?

-Como dicen en House of Cards, eso no te lo voy a desmentir ni confirmar.

-¿Y si le va mal en esta candidatura?

-La candidatura es improbable que se convierta en algo que fragüe para ganar la presidencia. Pienso honestamente que el escenario central es que la derecha gane las elecciones. Lo más probable es que esté los próximos seis años en esto. Siendo un intelectual público que trata de empujar sus ideas, escribiendo libros de distintos temas y formatos.