En un mercado competitivo y de difícil emprendimiento, cuatro jóvenes arquitectos desarrollan una oficina que, basada en la
diferenciación, aborda especialmente el creciente negocio de la puesta en escena de eventos corporativos.

  • 26 junio, 2008

En un mercado competitivo y de difícil emprendimiento, cuatro jóvenes arquitectos desarrollan una oficina que, basada en la
diferenciación, aborda especialmente el creciente negocio de la puesta en escena de eventos corporativos.

Agustín Quiroga, Cristóbal Noguera, Pedro Castro y Camilo Palma son cuatro jóvenes, arquitectos y emprendedores de entre 27 y 29 años. Después de adquirir experiencia en oficinas de arquitectura ya consagradas, decidieron independizarse y formar su propia empresa. Con la idea de explorar nuevos nichos de mercado y aprovechar las ventajas que ellos tenían frente a la oferta existente, en 2006 formaron MAA Arquitectos y Asociados.

Además de desarrollar proyectos de arquitectura, la oficina tiene una línea de trabajo “diferenciadora”: realizan arquitectura de montajes (de ahí la M de su nombre). Es decir, la puesta en escena para eventos corporativos, encuentros empresariales y foros. Con sólo dos años de existencia en esta área, ya han tenido como clientes a Celfin Capital y BHP Billiton.

El principal desafío que se autoimponen en MAA no es ofrecer una producción cualquiera, sino vincular el diseño del espacio con la información que contiene ese determinado evento.

Los socios de MAA dicen que para ellos es una gran ventaja ser jóvenes, porque se presentan menos prejuiciados al momento de desarrollar un proyecto y tienen una visión más abierta al momento de crear. Sin embargo, no es fácil captar nuevos clientes. Para ganar confianzas, en MAA se han propuesto ser muy metódicos y ordenados a la hora de trabajar. Rompiendo el estereotipo del arquitecto distraído y casi hippie, Quiroga, Noguera, Castro y Palma, pese a su corta edad, no sólo ya son empresarios, sino que algunos también ejercen como profesores universitarios.

Lo que más les gusta de disponer su propia oficina es la libertad para trabajar, el no tener que rendir cuentas a nadie, más que a ellos mismos, y el poder desarrollar más a fondo los intereses e ideas de cada uno. Ahora, esta libertad implica también un mayor compromiso, porque están directamente vinculados con el éxito o fracaso de un proyecto.

Todavía se sienten en una etapa de aprendizaje, aunque dicen que nunca se termina de aprender y estudiar, porque la arquitectura está siempre avanzando. Esperan ir consolidándose en el mercado y no descartan una futura expansión, aunque siempre conservando un tamaño que les permita seguir creando y desarrollando proyectos novedosos y diseños que representen verdaderamente los intereses de sus clientes y lo que ellos mismos quieren expresar.