Sin coraje político, Chile seguirá siendo un país emergente el 2018 cuando celebremos 200 años de nuestra verdadera independencia. En tanto, Corea, Malasia, República Checa y Polonia, por nombrar algunos, nos mandarán una tarjeta de cumpleaños desde la vereda de los países desarrollados. Por José Ramón Valente Llama la atención la sorpresa y decepción que […]

  • 6 abril, 2007

Sin coraje político, Chile seguirá siendo un país emergente el 2018 cuando celebremos 200 años de nuestra verdadera independencia. En tanto, Corea, Malasia, República Checa y Polonia, por nombrar algunos, nos mandarán una tarjeta de cumpleaños desde la vereda de los países desarrollados.
Por José Ramón Valente

Llama la atención la sorpresa y decepción que han causado las cifra de crecimiento de la economía chilena que dan cuenta de que el PGB se expandirá este año a un ritmo en torno al 5%. ¿Por qué llama la atención? Porque los países no crecen por decreto y tampoco por el solo deseo de que ello ocurra de las autoridades o sus ciudadanos. Para ampliar el número de bienes y servicios producidos en un país hay que incorporar más gente a labores productivas, hay que invertir capital en nuevos proyectos y hay que aplicar la mejor tecnología disponible para permitir que los trabajadores le saquen el mayor partido posible a la infraestructura presente. El mundo está constantemente buscando nuevas y mejores formas de producción para permitir que un mismo trabajador sea capaz de producir más y mejores bienes. Eso es lo que los economistas llamamos productividad.

Pues bien, Chile no tiene ninguno de los elementos que le permitan crecer aceleradamente. La tasa de inversión, esto es la cantidad de capital que estamos destinando a nuevos proyectos, se ha mantenido en torno al 20% del PGB en los últimos ocho años, mientras que los países emergentes de Asia y Europa del este (nuestra competencia relevante) tienen tasas de inversión cercanas al 30% del PGB y consecuentemente en vez de crecer al 5% crecen a tasas de entre 7% y 8% por año. Por su parte, la productividad del trabajo en Chile se ha expandido a un ritmo de apenas 0,8% por año en los últimos 7 años, mientras que en el periodo 1986-1995 ese mismo guarismo era de 3,6%. Cabe destacar que Estados Unidos, un país desarrollado con un ingreso per cápita tres veces superior al de Chile, la productividad de la mano de obra ha crecido a un ritmo de 4,2% por año en los últimos 7 años.

Nada de lo que se ha dicho hasta aquí es nuevo. De hecho, la comisión de expertos que reúne anualmente el Ministerio de Hacienda para determinar el crecimiento de tendencia de la economía chilena ha establecido por varios años que el potencial de crecimiento del PGB en Chile para el mediano plazo es cercano al 5%. Lo que ocurre es que nos ilusionamos con los crecimientos del 2004 y 2005 que fueron superiores a 6% y aparentemente nos autoen-gañamos creyendo que podíamos poner piloto automático y crecer al 6% sin hacer ninguna de las reformas necesarias para lograr dicha cifra.

Pero lo cierto es que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Para crecer al ritmo de los países emergentes de Asia y Europa, tenemos que reformar nuestro sistema educacional, tenemos que hacer una completa reingeniería del sector público, tenemos que modernizar nuestra legislación laboral y tenemos que ajustar nuestra estructura tributaria (esto no necesariamente implica bajar impuestos). Todas estas propuestas llevan años sobre la mesa, pero no gozan de piso político para llevarse a cabo con la profundidad y la seriedad que requieren. De cuando en cuando se anuncian algunas medidas para la galería, pero no ha habido en los dos últimos gobiernos de la Concertación un real compromiso por llevar a cabo las grandes reformas necesarias para catapultar la capacidad de crecimiento del país a niveles del 7% u 8% que es lo que Chile requiere para encaminarse de verdad hacia la liga de los países desarrollados en un horizonte razonablemente cercano.

Me temo que sin el coraje político necesario, Chile seguirá siendo un país emergente el 2018 cuando celebremos 200 años de nuestra verdadera independencia mientras que Corea, Malasia, República Checa y Polonia, por nombrar algunos, nos mandarán una tarjeta de cumpleaños desde la vereda de los países desarrollados.