El 18 de abril, por recomendación del Fondo Monetario Internacional (FMI), el gobierno de Nicaragua -liderado por Daniel Ortega- presenta una reforma previsional que incrementa las contribuciones y disminuye las pensiones en 5%, desencadenando en varias ciudades manifestaciones lideradas por estudiantes, severamente reprimidas. El 22 de ese mes, Ortega da marcha atrás con la reforma, […]

  • 8 agosto, 2018

El 18 de abril, por recomendación del Fondo Monetario Internacional (FMI), el gobierno de Nicaragua -liderado por Daniel Ortega- presenta una reforma previsional que incrementa las contribuciones y disminuye las pensiones en 5%, desencadenando en varias ciudades manifestaciones lideradas por estudiantes, severamente reprimidas. El 22 de ese mes, Ortega da marcha atrás con la reforma, tras una ola de protestas marcadas por enfrentamientos y saqueos, que dejó 25 muertos en cinco días.

La marcha atrás en la reforma no calma la ira de los nicaragüenses, por lo que el 23 de abril decenas de miles de personas, entre ellas empleados, estudiantes, campesinos y empresarios, se manifiestan en Managua para denunciar la represión.

La ONU llama a Nicaragua a que “inicie investigaciones independientes y transparentes” sobre las víctimas, lamentando posibles “ejecuciones ilegales”.

La crisis política que vive el país ha dejado unos 280 muertos. Compartimos la siguiente nota publicada en The New York Times, por Kirk Semple.

MANAGUA — Afuera de la oficina de pasaportes nicaragüense siempre hay una fila; a toda hora hay cientos de personas esperando con documentos y carpetas color manila en la mano. La fila se empieza a formar desde antes del amanecer y la demanda es tan grande que incluso ha generado una industria artesanal en la capital del país: algunas personas pasan la noche en la acera y le venden su lugar al mejor postor entre aquellos que buscan ingresar a la oficina.

Es una de las muchas señales de que algo está muy mal en Nicaragua.

Ante una violenta crisis política que ha arruinado la economía y se ha convertido en un reto para la permanencia en el poder del presidente Daniel Ortega, la gente ha huido del país de forma masiva.

“Es una realidad terrible”, dijo Miltón, de 36 años, quien estaba entre los últimos de la fila y pidió que no se publicara su apellido por temor a represalias por parte del gobierno. “El país no es sostenible”.

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