Asumir la gerencia de la corredora de bolsa del mayor banco del país no es cosa de niños. Cristián Donoso (30) aceptó el desafío, y tiene fe en que logrará la meta que le plantearon de ser la tercera corredora del mercado antes de tres años.

  • 21 septiembre, 2007

Asumir la gerencia de la corredora de bolsa del mayor banco del país no es cosa de niños. Cristián Donoso (30) aceptó el desafío, y tiene fe en que logrará la meta que le plantearon de ser la tercera corredora del mercado antes de tres años.Por Paula Costa R. Foto, Enrique Stindt.

 

Hace cinco meses y con solo 29 años de edad, Cristián Donoso Larraín asumió la gerencia general de Santander Investment Corredores de Bolsa. Dos cosas inmediatamente llamaron la atención tanto en el mercado, como en el banco: su edad y, por supuesto, su segundo apellido.

 

Se ríe a carcajadas al recordar que en un principio –hace seis años, cuando ingresó a la entidad– sintió un trato levemente diferente, hasta que un confianzudo osó preguntarle si era sobrino de Mauricio Larraín, el presidente del banco. Una vez desmentido el rumor, ya nada volvería a ser como antes…

 

Después de unos minutos con Donoso, la verdad es que no sorprende que su carrera haya sido meteórica. Tal es su energía, que el día de la entrevista partió con una clase de spinning a las 7 de la mañana y lo terminaría en la noche con un partido de fútbol. Y no se olvide que las horas laborales son de adrenalina pura, de compra y venta de acciones, especialmente tras los últimos “vaivenes” de los mercados. Para rematar, cuenta que su segundo hijo, de solo dos meses, lo tiene durmiendo “cero”. No hay derecho.

 

Con esa misma energía ingresó al banco en 2001 directamente de la Universidad Católica donde se recibió de ingeniero comercial. Su debut fue en la mesa de dinero, sorbiendo adrenalina y stress, que a estas alturas parecen ser sus tragos preferidos. “En un principio treideaba monedas. Era la época del ataque del 11 de septiembre. El primer día que me tocó operar solo, se cayó el avión en Brooklyn. Fue como en octubre. Ahí aprendí lo duro que es este negocio.

 

Tras un año en la mesa, pasó al balance del banco y posteriormente a formar parte de la nueva área de estructuración financiera donde permaneció tres años. Luego se fue prestado –según él– por un año a la banca corporativa. En eso estaba cuando le plantearon su actual cargo. Sabía que no sería fácil, mal que mal, Fernando Massú, director de la banca mayorista global del grupo, había definido que la meta era estar entre las top tres en un plazo de tres años.

 

 

-¿Te aterrorizó la meta?

-Te lo planteas como un desafío gigante. Tenía dos posibilidades: tomarlo como bandera de lucha o armar un plan estratégico más cómodo, que muestre un crecimiento, pero que no te ponga un benchmark tan claro. Y preferimos tomarlo como bandera de lucha y echarle para delante. Quisimos que fuera ambicioso.

-Si te va mal, va a tener un costo altísimo y recién tienes 30…

-Sí, pero se planteó la oportunidad y la tomé. La verdad es que Santander es de hartos desafíos. Ya había participado de proyectos desafiantes y creo que hay que atreverse a cruzar el río.

 

 

-¿Cómo fue el recibimiento de las personas?

-(piensa y luego ríe) Deberías preguntárselo a ellos. A la mayoría yo no los conocía, y te diría que fue un recibimiento extraño. Nadie me trató mal, ni nada de eso, fue extraño.

 

 

-¿Qué ha sido lo más difícil de estos cinco meses?

-Materializar el cambio. El plan estratégico apunta a cambiar el foco, a estar dentro de las tres primeras y para eso se requiere el apoyo de todo un grupo. Y eso cuesta trabajo.

 

 

-¿Te frustra si las cosas no avanzan como quieres?

-No, no me frustra, porque siempre lo vimos como un plan a tres años. No olvides que esto se trata de pasar del lugar siete al tres en ingresos y volúmenes transados.