Los representantes de futbolistas mueven millones a costa de un trabajo duro, que no conoce de días libres y que los mantiene viajando por el mundo

  • 10 junio, 2009

 

Una cosa es jugar bien al futbol y otra es moverse con éxito en el competitivo mercado internacional de transacciones. Acceder a las grandes ligas -la salvación económica de los clubes locales y el gran sueño de los deportistas chilenos- depende de unos cuantos expertos, cada vez más profesionales y ultra ocupados. ¿Los conoce? Estos son los representantes top. Por Nicolás Vial y Federico Willoughby O.

¿Y esto es necesario?” pregunta Mauricio Valenzuela al enterarse que la fotógrafa de la revista lo va retratar en su oficina del noveno piso de un moderno edificio en Compañía. Y claro que es necesario. Valenzuela, de profesión abogado, es nada menos que la persona responsable de la carrera de jugadores de la talla de Marco Estrada, Carlos Carmona y Jean Beausejour. El primero está a punto de irse a Europa (al Espanyol, por más de un millón de dólares), Carmona está en el Reggina y el tercero voló a finales del año pasado desde Rancagua a México y deslumbra en la selección, por lo que no sorprendería su próximo salto al viejo continente.

Valenzuela es relativamente nuevo en este medio, opera hace un poco más de 3 años pero ha logrado buenos ingresos. Si bien no da números, algo habitual entre los representantes que consideran esa información como “estratégica”, si hacemos el ejercicio de sumar lo que consiguió para estos 3 jugadores por sus transferencias: unos 2,7 millones de dólares; y si a esa suma le calculamos el 5% a 10% (que es lo que cobra Valenzuela del total del traspaso), su ingreso variaría entre 135 mil y 270 mil dólares.

Nada mal si consideramos que es lo que ha ganado con son sólo 3 de los cerca de 20 jugadores que representa. Pero también, siendo justos, Valenzuela no la tiene fácil. Su trabajo lo obliga a estar conectado las 24 horas del día y los 365 días del año a cualquiera de sus tres teléfonos (un iPhone, el que ocupa para sus cosas personales, pero que también está abierto para sus representados; un Nokia plateado para los negocios y con el que habla a Europa, y un Nextel negro que se encarga de comunicarlo con México y Argentina, principalmente), sin contar el de la oficina, donde –en los 40 minutos que duró la entrevista– recibió llamados que provenían desde Noruega hasta del Leo Rodríguez, el ex 10 de la Universidad de Chile, su amigo y también representante de jugadores en Argentina.

“Este trabajo es a tiempo completo. Afortunadamente, el fútbol es mi pasión, pero uno no se desconecta nunca. Mi vida se va en el fútbol. Viendo partidos de liga, de divisiones inferiores, en regiones, preguntando por jugadores que me interesan, viajando a Europa y a México para mover a mis representados, armando videos, hablando con los dirigentes. De hecho, tengo 37 años y estoy separado 2 veces”, confidencia Valenzuela, al tiempo que impide con la mano que una ruma de videos que tiene sobre su escritorio se caiga. Los videos, dentro de estuches blancos, tienen leyendas que hacen referencias a diferentes partidos (Chile 1-Argentina 0, Toluca 2-Universidad de Chile 1) o directamente el nombre de sus clientes: Esteban Paredes y Diego Olate, entre otros.

La obsesión de Valenzuela no es única. De partida, viven para el fútbol, están conectados las 24 horas (lo normal es que en sus tarjetas de presentación uno vea al menos 4 números de teléfonos donde ubicarlos) y están constantemente viajando (Valenzuela acumuló, tan sólo en 2008, más de 270 mil kilómetros arriba de un avión).

 

 

Viajar para ganar

 

Lo de los viajes es lógico. Saben que la plata dulce está afuera. En Chile el mercado es muy chico y las transferencias con suerte superan el millón de dólares. Y cuando eso ocurre, es para comprar jugadores extranjeros (el colombiano Mcnelly Torres tiene el record de la transferencia más cara en el campeonato nacional, con 2,2 millones de dólares pagados por Colo-Colo. Una suma no muy alta comparada con lo que se paga en el exterior por los servicios de un jugador).

“Hay que entender que mientras el modelo de negocios de los equipos chilenos se basa en vender 1 ó 2 jugadores al año para mantenerse, los equipos europeos hacen todo lo contrario. Compran jugadores para potenciar los derechos de televisión, para vender más camisetas, aumentar el número de tickets despachados en la temporada, ser más competitivos, participar en las copas europeas. Cosa de ver el Real Madrid, que tiene para este año un presupuesto para reforzarse que alcanza a los 250 millones de euros. Ellos saben que los millones que gasten en Kaká a la larga son una inversión, si no deportiva, al menos publicitaria”, señala Cristián Ogalde, representante de Claudio Bravo, Mark González y Carlos Villanueva, entre otros. “Entonces, básicamente, tu pega es ser la fuerza de venta de los jugadores. Hay que tener en cuenta que, en España, debido a los inmigrantes, la liga ecuatoriana la trasmite Canal +, una tribuna que el futbolista chileno no tiene”.

Ogalde, que es abogado y trabaja principalmente en Europa, se ligó al fútbol hace 10 años, cuando colaboraba en la parte formativa de la Universidad Católica. Fanático del fútbol, se dio cuenta de que la representación de jugadores estaba en un nivel amateur y que había una enorme oportunidad, tanto de negocio como de desarrollo de la actividad. De hecho, fue el propio Harold Mayne-Nicholls, entonces dirigente de Universidad Católica, quién lo empujó a especializarse. “Harold me dio una lista de posibles contactos y yo, casi con lo puesto, partí a golpear puertas y ver cómo funcionaba el asunto”.

 

 

Profesionalizar para evitar bochornos

 

El periplo de Ogalde partió tan solo un par de años antes de que se produjera el mayor escándalo al que ha estado expuesta la actividad. Ocurrió el 2000, con la detección de una serie de futbolistas que jugaban en el viejo continente con pasaportes falsos, acreditando tener descendencia europea. En el caso de Chile, el más afectado fue Pablo Contreras, entonces del Mónaco, que admitió que el pasaporte italiano con el que jugaba era falso y que se lo había dado un abogado. El asunto es que no fueron pocos (incluyendo el Sindicato de Futbolistas Profesionales) los que acusaron a su representante de entonces, el argentino Pablo Tallarico de haberle facilitado el pasaporte.

Tallarico es uno de los más clásicos representantes del fútbol en Chile, lleva años moviendo jugadores y es, probablemente, el más importante dentro de la actividad. Intentamos conversar con él, pero así nos respondió desde su celular, cuando marchaba camino a la despedida de Marcelo Salas en el Nacional: “¿sabés cuántas notas me han hecho? Yo por esta vez paso. No te lo tomés a la personal. Un abrazo”.

A Tallarico nunca le pudieron probar nada, pero el escándalo tampoco sorprendió mucho. Durante años se ha hablado de la figura del “hombre del maletín negro” para referirse a un clase de representante que raya lo legal, que ocupa sus influencias con los jugadores para cambiar los resultados y que, en el fondo, hace “negociaciones” más que negocios. Y pensar que no existen (ver recuadro) sería un error, pero por lo menos –hoy por hoy, sobre todo con la entrada de las sociedades anónimas al fútbol– se están tomando acciones para regular en la actividad.

Por ejemplo, en Audax Italiano (club que acaba de vender a Orellana en 3,25 millones de dólares) optaron por profesionalizar no sólo la representación y venta del jugador, sino todo el proceso de desarrollo de los jugadores jóvenes. Para eso concretaron una alianza con la empresa Addpoints, que orienta al club en cuanto a los traspasos. “Ellos han diseñado una completa estrategia para formar integralmente a los jugadores. Esto significa que estamos preocupados de entregarles herramientas que les permitan desenvolverse con éxito en los planos profesional y personal”, cuenta Claudio Tessa, gerente general del club itálico. Y claro, AddPoints no se limita a buscar alianzas con clubes e instituciones para exportar jugadores„ también genera todo un plan de negocios e intercambios a largo plazo que incluye la renovación de los talentos que se van y considera lo que los clubes extranjeros pueden necesitar a futuro. Algo así como preparar desde ya el defensa central que el Real Madrid va necesitar en 2014.

La misma FIFA, con fecha del 10 de diciembre del año 2000, generó un reglamento en torno a la actividad de los representantes. Estipula que los clubes solo podrán transferir sus jugadores a través de representantes que cuenten con una licencia que entrega el organismo. Para conseguirla, éstos tienen que aprobar un examen que se hace dos veces al año y que consta de 20 preguntas, en su mayoría relacionadas con asuntos legales. “No es un examen fácil, no cualquiera lo pasa. En los últimos 5 años solo lo ha aprobado una persona y se han presentado, en total, unos 15. No es llegar y sacarla la licencia”, cuenta Wilfredo Sequeida, abogado de la ANFP. “Actualmente, en los registros de la Asociación, los representantes con licencia FIFA son del orden de 20. Esta licencia obliga a cada representante a entregar una lista de los jugadores que maneja. Es cierto que igual hay representantes que pueden operar sin licencia, pero los jugadores que muevan quedan fuera del marco de protección FIFA y, por lo tanto, expuestos a demandas civiles por parte de algún club que se sienta vulnerado”, añade.

La licencia permite a los representantes firmar contratos con los jugadores, a través de los cuales ellos les dan los derechos de mediación por dos años, no renovables automáticamente. Básicamente, una medida que busca impedir que entre representantes levanten a los jugadores por medio de malas artes (dígase regalos, anticipos u otros).

“A la larga es un tema de ubicarse en tu rol. Yo soy un representante, no el mejor amigo. Y para qué mentir, igual hay tipos que creen que velar por los intereses del jugador es llevarlos al VIP de la Kmasu o presentarles modelos. Terminan haciendo todo lo que piden porque tienen miedo a que se vayan con otro”, confidencia Ogalde.

Más de alguno dirá que los representantes no sirven para nada, que a la larga son solamente una traba en el desarrollo de la actividad, pero lo cierto es que sin esta fuerza de venta, la capacidad de los clubes para generar una de sus mayores fuentes de ingreso (la venta de jugadores) sería bastante menor. Y por eso los buscan. Justo después que a Valenzuela le sacaran la foto para la revista lo llamó un importante club chileno para pedirle un central, un delantero y un diez. Todo antes de las 12.

 

 

 

 

 

El extraño caso del señor Morales

La materia prima de los representantes son las divisiones inferiores. Por eso no es raro que extraños personajes se asomen a ver los partidos de los futuros cracks. Claro, en eso no hay nada malo. El problema es cuando surgen los personajes “del maletín negro”, que llenan de promesas a estas promesas y los hacen firmar papeles que a) no son legales ante la FIFA y b) los pueden poner en un lío legal al momento de recibir una oferta real. Conocido es el caso del señor Morales, un tipo que el año pasado se presentó en Unión Española y otros clubes ofreciendo a los jugadores el oro y el moro. La ANFP, alertada por los dirigentes, mandó una circular y puso sobre aviso a los clubes. Del señor Morales nunca más se supo. Más grave es el caso del ex jugador Frank Lobos y el club Lota Schwager: “vino una vez a ver un partido, le gustó uno de nuestros jugadores, habló con su padre y se lo llevaron. Y me refiero a que se lo llevaron físicamente, lo subieron en un bus y se lo llevaron a Santiago a jugar a un club amateur para después venderlo al extranjero. Pasaron a llevar al club y llenaron de promesas a la familia del jugador, fue una suerte de secuestro legal de nuestro patrimonio”, se queja Oscar Solís, gerente de Operaciones de Lota Schwager.

 

El drama de no ser comunitarios

El gran drama del futbolista chileno en lo que a potencial de exportación se refiere (más que su físico, falta de idiomas o lejanía de la familia) radica en que no cuenta con pasaporte comunitario. Europa establece un máximo de jugadores no europeos que pueden jugar por cada equipo. Un límite que favorece a los futbolistas que pueden acreditar origen foráneo, a pesar de carecer de grandes resultados. ¿Un ejemplo? Mire la extensa carrera internacional del siempre polémico Mauricio Pinilla. “Es alto, de repente hace goles y tiene pasaporte comunitario”, dice Ogalde.

 

 

 

Los diez mas grandes

1. Jorge Mendes: de nacionalidad portuguesa, su agencia Gestifute ostenta a 75 jugadores, entre los que destacan Cristiano Ronaldo, Anderson y Simao. Recibe un sueldo anual de 7,5 millones de dólares gracias a una cartera de jugadores que está avaluada en 566 millones de dólares.

2. David Manasés y Ertan Göksu: el delantero del Chelsea, Ashley Cole, y Pter Crouch, son algunas de las joyas de esta dupla de agentes. Su agencia Futbol Stella LTD maneja un total de 221 jugadores, grupo evaluado en casi 360 millones de dólares.

3. Gestión WMG: con una cartera transada en 355 millones de dólares, esta agencia tiene entre sus 89 jugadores al capitán del Liverpool, Steven Gerard, el legendario Michael Owen y el delantero coreano militante en el Manchester United, Park Ji-Sung. Manejan un total de 89 representados.

4. Marcelo Cuppari: el argentino Diego Milito, Sebastián Battaglia y Damian Escudero, figuran en las plantillas de su agencia. Sus 105 jugadores están avaluados en 335 millones de dólares.

5. Franjo Vranjkovic:
el croata, a través de la empresa Firsteleve ISN, maneja a 74 jugadores por 293 millones de dólares, entre los que se cuentan John Mensah, Yaya Touré y Yoann Gourcuff. Recibe un ingreso anual de cuatro millones de dólares.

6. Pierre Frelot: propietarios de la agencia Promoción Mudial, sus jugadores más destacados son Didier Drogba, Malouda Floren y William Gallas.

7. Jerome Andersson: su agencia Sem Group PLC maneja 91 representados, avaluados en 237 millones de dólares. Jugadores de la talla de Thierry Henry, Rio Ferdinand y David Bentley le permiten recibir un sueldo al año de 2,5 millones de dólares.

8. Juan Figer: con un ingreso al año de 8,6 millones de dólares, este empresario maneja a través de la firma MJF Publicidad y Promociones LTD a Robinho, Julio Baptista y Zé Roberto, sumando un total de 25 jugadores valorados en 216 millones de dólares.

9. ROGON SPORTMANAGEMENT GmbH & Co. KG: compuesto por diferentes agentes, maneja a 51 deportistas, como Kevin Kuranyi y Halil Altintop. El valor de su cartera llega a los 216 millones de dólares.

10. Miguel Santos: maneja menos jugadores (17), pero su renta anual por 12 millones de dólares no lo deja corto. Samuel Eto’o, David Villa y Xabi Alonso son algunos de sus representados a través de la firma Grupo Idbus Santos.