Atención, el australiano no es el único millonario que está comprando medios. En lo que va del año, la compra de estos particulares “commodities” ha significado un movimiento bursátil que supera los 30 mil millones de dólares.

  • 24 agosto, 2007

 

Atención, el australiano no es el único millonario que está comprando medios. En lo que va del año, la compra de estos particulares “commodities” ha significado un movimiento bursátil que supera los 30 mil millones de dólares. Por Federico Willoughby Olivos.

 

Y lo logró. Finalmente y tras una negociación que se inició en abril, Rupert Murdoch se hizo del Wall Street Journal (el pedazo más sabroso de un paquete de medios que incluía el Dow Jones y el semanario económico Barron’s). El multimillonario tuvo que poner 5 mil 800 millones de dólares sobre la mesa para convencer a la dividida familia Bancroft (dueña histórica del diario) que era el momento de vender. Por tratarse de una institución como el WSJ (que junto al New York Times comparte el prestigio de ser uno de los medios periodísticos con mayor tradición y calidad de Estados Unidos) el cambio de dueño de la empresa se convirtió en un suceso que trascendió el espectro económico y se transformó en un debate que involucró temas como la cohabitación de la libertad de expresión con el libre mercado, el peligro de la concentración de medios en un puñado de dueños y otras reflexiones más antojadizas. Más de alguna cuestionó que un australiano, como Murdoch, se apropiase de una de las instituciones más representativas del establishment americano.

 

Es probable que si Murdoch hubiera optado por comprar un diario sin tanta historia no se habría encontrado con tanto ruido y escrutinio. Aclaremos: no es primera vez que compra un medio (de hecho, es a lo que se dedica). Fox, MySpace, el New York Post, DirectTV, HarperCollins son solo parte de un imperio que el 2006 llegaba a un valor cercano a los 24 mil millones de dólares y que tiene activos tanto en los cinco continentes como el espacio exterior (tiene su propia red de transmisión satelital). Además, este mismo año ya otros millonarios habían salido en busca de medios con tradición para comprar y nadie hizo tanta alharaca.

 

El que empezó el juego fue Sam Zell, un tipo de 65 años que vale 4 mil 500 millones de dólares y que hizo su fortuna comprando terrenos baratos durante la depresión que afectó el mercado de bienes raíces a principios de los 80 en Estados Unidos. Conocido como the gravedancer (alguien que baila sobre su tumba y que no tiene miedo a tomar riesgos) tiene capitales en la industria vinícola chilena y el año pasado invirtió 50 millones de dólares en el aumento de capital de Parque Arauco. Y a principios de año, y siendo consecuente con su sobrenombre, Zell vendió una de sus joyitas, la Equity Office Properties para hacer algo de caja y comprar el grupo de medios de comunicación Tribune, compuesto por Los Angeles Times, el Chicago Tribune, The Baltimore Sun, entre otras publicaciones y cadenas de televisión. Una operación que bordeó los 13 mil millones de dólares (8.200 millones en acciones más 5 mil millones de deuda). Otro que salió de compras fue Kenneth Thomson, magnate canadiense, cabeza de la Thomson Corporation, dueña de diversos diarios, incluidos el británico The Sunday Times. En mayo, y después de largas negociaciones, selló la fusión de su grupo con la agencia de noticias Reuters en un negocio que se avaluó en 17.200 millones de dólares. Pocos días después, en junio, Lord Thomson falleció a la edad de 82 años.

 

Ojo, que quedó fuera del pequeño club el productor cinematográfico David Geffen, que a finales del año pasado formalizó una oferta de 2 mil millones de dólares por Los Angeles Times y que no prosperó. Según dicen, el fracaso de la negociación no significó que el magnate haya terminado con sus pretensiones. Por el contrario, distintas versiones indican que sigue interesado en el diario, solo que ahora estaría llevando las negociaciones de manera más directa (y más discreta) con su nuevo dueño, el ya nombrado Sam Zell. Tras tanto movimiento, queda la pregunta de por qué esta fiebre por comprar periódicos y agencias de noticias. No es un misterio para nadie que el mundo editorial está lejos de sus mejores días, que la repartición de publicidad es cada vez más feroz y ninguno de los diarios o medios mencionados podrían constituir una industria garantizada para producir dinero.

 

Entonces ¿por qué mentes tan astutas y zorros tan correteados así y todo decidieron comprar, y comprar caro, por añadidura? En el caso de Murdoch (que terminó pagando más del doble de lo que valía la acción antes que él empezara sus negociaciones) hay un elemento clave. Se llama Fox Business Network, el canal de finanzas que el magnate va a lanzar al aire el 15 de octubre. Su estrategia fue siempre contar con el WSJ como espalda para darle credibilidad a sus contenidos. Para nadie es un misterio que el periódico en lo que se trata a noticias económicas es sinónimo del más alto estándar y será una pieza clave al momento de potenciar la nueva marca de Murdoch.

 

Thomson, por su cuenta, que se hizo de Reuters, tomó una empresa relativamente sana pero que el año pasado registró una reducción del 30% en sus ganancias y que estaba en una frenética búsqueda de nuevos mercados para poder sobrevivir. Con la fusión, la nueva empresa (Thomson- Reuters) se convirtió automáticamente en la líder en el negocio de entrega de información financiera con un 34% del mercado versus el 33% que posee Bloomberg LP.

 

Zell, en cambio, tomó una conglomerado lleno de deudas pero está optimista. Tiene fe en el futuro de los diarios y al igual que Murdoch y Thomson, sabe que el éxito de su negocio está en la sinergía que logre con otros medios. Y para él, esa sinergía ya existe, ya está funcionando y lo que resta es que le empiecen a pagar por ella. “Si todos los diarios de Estados Unidos no dejaran que Google les robara su contenido, ¿cuán rentable sería Google?”, preguntó en un discurso que dio en la Escuela de Derecho de Stanford a tan solo una semana de haber comprado el Chicago Tribune.

 

La tesis de Zell es que los periódicos han dejado que Google indexe sus artículos de manera gratuita, siendo que esos titulares y fotos se han convertido en un valor agregado para los buscadores. Por ende, sería el momento que Google comenzara a pagar. La jugada no deja de ser arriesgada si se considera que alrededor de un cuarto del tráfico de los medios en línea llega a través de servicios de búsqueda como Google o Yahoo. Pero Zell no tiene miedo y quienes lo conocen, aseguran que es muy probable que el tema termine en la corte, cosa que no le gustaría nada a los chicos de Google, que en estos momentos tienen una demanda por mil millones de dólares de parte de Viacom que los acusa, vaya coincidencia, de infringir las leyes de copyright.

 

La función, entonces, recién está comenzando.