Ya es tiempo que el mercado advierta que hay muchas otras habilidades que agregan valor a los directorios; que las empresas se abran a nuevos perfiles y que los headhuntersdejen de ser tan rígidos a la hora de buscar candidatas.
Por Susana Sierra, directora ejecutiva de BH Compliance.

  • 15 febrero, 2019

Por: Susana Sierra

Se han hecho múltiples esfuerzos por reducir la brecha de género. Sin embargo, la percepción es que se avanzamuy lento. El ranking Mujeres en la Alta Dirección 2018, realizado por ComunidadMujer y Virtus Partners, señaló que solo el 6,4% de los asientos en los directorios de las compañías del IPSA son ocupados por mujeres, es decir, 21 de 327 cupos. El avance no es tan malo si se considera que en 2011 apenas el 1% de ellas pertenecía a mesas del IPSA. Pero es bastante desalentador si se compara con la realidad internacional, que dice que para fines de 2017, 3% de los puestos en directorios eran ocupados por mujeres.

La lucha por la paridad lleva años. Hay quienes la defienden a toda costa. Otros piensan que no es necesario forzar la presencia femenina en cargos de responsabilidad, pues con la llegada masiva de mujeres a las empresas la equiparación se alcanzaría por su propio peso. Y otros dicen que, a igualdad de méritos y capacidad, las cuotas son injustas para los hombres, desplazados de un puesto que merecen, y dolorosas para las mujeres, sujetas a la sospecha de que lo que consiguen es gracias a la cuota.

Pero la evidencia es categórica: cuanto más se sube en la escala, menor es la proporción de mujeres.

El mismo estudio Mujeres en Alta Dirección dice que solo un 4% de las empresas chilenas tiene a una mujer como gerente general; apenas un 17% de los principales puestos ejecutivos son ocupados por mujeres y un 49% no tiene mujeres en sus directorios. Pero al mismo tiempo, las estadísticas indican que tener mujeres, en cualquier lugar del escalafón de una empresa, es muy buen “negocio”. Según un estudio elaborado por McKinsey, que contempló el análisis de 345 empresas latinoamericanas abiertas en la bolsa, aquellas compañías que tenían en sus directorios una o más mujeres obtuvieron un rendimiento de capital 44% más alto y márgenes antes de intereses e impuestos 47% mayores a las que tenían mesas conformadas solo por hombres.

El aporte de las mujeres es indiscutible. Y más hoy día, que no hay diferencia en la forma en que hombres y mujeres enfrentan el mercado laboral. Ambos estudian, se capacitan a medida que pasa el tiempo, son capaces de desarrollar una trayectoria profesional creciente y, dentro de sus áreas de competencia, pueden llegar donde propongan, incluso a gobernar un país.

Por eso, aplaudo la iniciativa de la subsecretaria de la Mujer, Carolina Cuevas, que adelantándose a que en abril de este año 14 empresas IPSA renuevan sus directorios -de los cuales siete no tienen ninguna mujer en sus mesas directivas-, anunció la creación de listas públicas de mujeres que estén disponibles para asumir ese desafío. La base de datos se confeccionará por dos vías. La primera, unificando las diferentes bases de datos de distintas organizaciones de la sociedad civil, con nombre de candidatas, y la segunda, abriendo un registro público, que, bajo criterios objetivos, recibirá incripciones de todas las mujeres que tengan disponibilidad y condiciones para asumir cargos de alta responsabilidad. Esa información se pondrá a disposición de todas las empresas IPSA.

Es de esperar que muchas mujeres se atrevan a postular. Y que no solo lo hagan las ejecutivas formadas en las carreras de ingeniería, economía o derecho. Sería grandioso que lo hicieran todas las que se sienten capaces. Las emprendedoras, las ejecutivas formadas en profesiones no tradicionales, las del mundo de la academia. Todas. Ya es tiempo que el mercado advierta que hay muchas otras habilidades que agregan valor a los directorios; que las empresas se abran a nuevos perfiles y que los headhuntersdejen de ser tan rígidos a la hora de buscar candidatas.

Si logramos ese cambio,estoy segura que las nuevas generaciones asumirán roles de liderazgo en función de sus competencias, accediendo de manera igualitaria al mundo de las ciencias, la industria, los gremios, la academia, la política, y todas esas tareas que siempre han estado asociadas a un género u otro.