Este jueves se dio a conocer su fallecimiento por una insuficiencia cardiaca a sus 86 años. Ahrens se destacó por obtener medalla de plata en Melbourne en 1956 a través de la disciplina de la jabalina. 

  • 18 junio, 2020

Ha sido la única vez que una chilena se subió al podio en los Juegos Olímpicos. Ese 28 de noviembre de 1956, Marlene Ahrens hizo historia y se convirtió en una de las atletas más importantes del país. Hoy, el deporte nacional está de luto por su fallecimiento.

El lanzamiento que la llevó al podio a los 23 años de edad.

Su especialidad fue el lanzamiento de jabalina, con la que no solo ganó plata en los JJOO sin también dos medallas de oro en Juegos Panamericanos -en Chicago en 1959 y en Sao Paulo en 1963-, cuatro en Sudamericanos de Atletismo y una en 1962 en Juegos Iberoamericanos.

Ahrens fue vicepresidenta entre 2000 y 2002 del Comité Olímpico de Chile, entidad que se sumó a los mensajes de despedida en redes sociales.

 

«Marlene Ahrens, sin rival con la jabalina»,. Portada de la revista Estadio del 2 de marzo de 1982.

Una superdotada del deporte

50,38 metros. Esa fue la distancia recorrida por la jabalina en el lanzamiento que entregaría a Chile la única medalla olímpica alcanzada por una mujer. La dueña de la hazaña fue Marlene Ahrens Ostertag, destacada deportista chilena quien a los 86 años y producto de una insuficiencia cardíaca, murió la madrugada de este jueves.

Por Bárbara Vicuña, Revista Socios Club de Polo (artículo publicado en 2017)

Marlene jugaba hockey en el Club Manquehue cuando conoció a su marido, Jorge Ebensperger. Cuando estaban de novios fueron a un paseo de la rama de Hockey a Cachagua. “Ahí él me vio lanzando piedras en la playa. No podía creer cómo esta niña lanzaba igual o más que los hombres que eran deportistas. Llegó a Santiago y habló con el entrenador de atletismo del Manquehue y le dijo: ‘aquí tenemos una lanzadora innata’ y por ahí partió el asunto”, recuerda.

Con Jorge Ebensperger se casó a fines de 1953 y, al año siguiente, fue a un Sudamericano volviendo con el récord de Chile. Se quedó esperando a su primera hija y dejó el deporte por un tiempo. Karin Ebensperger nació en 1955 y Marlene volvió al hockey. Aunque el atletismo no le sacaría los ojos de encima a su gran promesa.

Volvió a entrenar y obtuvo el oro en el Sudamericano de atletismo que se realizó en Santiago. Unos meses después sería la abanderada de la delegación chilena en los Juegos Olímpicos y la única mujer. En este certamen, realizado en Melbourne, Australia, obtuvo medalla de plata, donde marcó 50,38 metros por el lanzamiento de su jabalina. Hasta ahora, es la única atleta chilena que ha logrado medalla en los Juegos Olímpicos.

Al año siguiente, Marlene esperaba a su segundo hijo, Roberto, aunque esto no le impidió seguir cosechando frutos. Entre éstos destacan dos medallas de oro en Juegos Panamericanos, cuatro en Sudamericanos y oro en los Iberoamericanos. En 1963 obtuvo el récord americano y, pese a que estaba en uno de los mejores momentos de su carrera, tuvo que dejar el atletismo por una sanción mal entregada, la que si bien probó ser injusta para ella es un capítulo de su vida que prefiere no recordar.

Pero Marlene no se hizo mayores problemas. Comenzó a jugar tenis y en dos años estaba en el escalafón nacional. “Perdí la final contra la invencible María Ibarra, con marcador 7/5, 9/7. En un momento me dio la mano y me dijo: ‘Marlene, si me ganas el segundo set me ganas el tercero, porque yo no doy más’. Y yo estaba fresca como lechuga”.

En 1967 ganó el torneo de Chile en dobles mixtos junto a Omar Pabst. Sin duda que era un deporte que le fascinaba y para el cual tenía talento, pero que pronto tuvo que abandonar. “Lo dejé porque la rodilla comenzó a pasarme la cuenta. Años antes me habían enterrado una jabalina detrás de la rodilla y se me llenaba de líquido. Me operé, pero tuve que dejar el tenis, que me encantaba”.

Pero Marlene no abandonó su rutina diaria de una hora de deporte y se dedicó a otra de sus aficiones: la equitación, “porque las patas las movía el caballo y no yo”. Comenzó practicando salto y luego adiestramiento. En esta disciplina representó a nuestro país en los Juegos Panamericanos de 1995, en Mar del Plata.

“Yo tenía un caballo que me costó mucho menos que los otros con los que competía el resto. Era como tener una citroneta contra un Mercedes-Benz, pero les hacía pelea. Y el hecho de ser seleccionada para un Panamericano es una gran cosa. Había ido dos veces por atletismo y ahora, más de 30 años después, volvía con la equitación”, afirmó Ahrens.

Su padre fue uno de los socios fundadores del Club de Polo, del que ella siguió siendo socia junto a su familia. “Vi nacer a este Club. Aquí empecé a practicar equitación y mi marido estuvo un tiempo jugando polo, pero después le pasó todo el equipo al yerno que siguió con este deporte”, dijo la deportista entonces.

Su caballo –contaba la periodista en la Revista Socios del Club de Polo– se llamaba Sonrisal. “Tiene 23 años, está precioso y trabaja muy bien. Nadie creería la edad que tiene. El caballo 23 y yo 82 y seguiré practicando mientras él me acompañe. Juntos hemos ido incluso a campeonatos de Chile”, señaló Marlene Ahrens en 2017.

Marlene fue conocida por su amor a la equitación. Quienes la conocen cuentan que era tanto el cariño hacia su caballo, que además de montarlo todas las mañanas, lo visitaba todas las noches para ella misma alimentarlo con hojas de lechuga y zanahorias.

Hoy, todos los chilenos la recordamos con gran orgullo.

Aquí, una galería con imágenes que muestran parte de su historia.

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