Viajamos a California para conocer y conducir la nueva generación del Mercedes-Benz Clase SL, uno de los descapotables más exquisitos del mundo. Su bella estampa se mezcló con increíbles escenarios. Por Leonardo Pacheco Salazar.

  • 15 mayo, 2008

Viajamos a California para conocer y conducir la nueva generación del Mercedes-Benz Clase SL, uno de los descapotables más exquisitos del mundo. Su bella estampa se mezcló con increíbles escenarios. Por Leonardo Pacheco Salazar.

 

 

Las playas de Santa Mónica, Beverly Hills, el paseo de las estrellas en Hollywood y las bellas montañas de San Bernardino fueron algunos de los lugares que recorrimos a bordo de la nueva generación del Mercedes-Benz Clase SL, ejemplar considerado por muchos como uno de los descapotables más refinados del mundo.

El nuevo SL exhibe un diseño que apela al pasado, ya que muestra algunas soluciones previamente vistas en su glorioso antecesor SL 300 de 1954: las dos nervaduras que decoran la superficie del capó y ese par de branquias laterales están entre ellas.

Lo que sigue son innovaciones de alto nivel y valor tecnológico, como las luces de xenón activas con cinco modalidades de iluminación.El formato del frontal fue convenientemente rediseñado, lográndose un aspecto aerodinámico, atrevido.

Pero sin duda uno de los mayores encantos del SL está en el techo. Se trata de una capota rígida escamoteable, capaz de abatirse por completo con sólo presionar un mando electrónico. El habitáculo del SL está formulado para dos ocupantes, algo natural si consideramos que se trata de un vehículo ideal para conquistadores; no por nada fue presentado en California, cuna y madre del buen vivir estadounidense.

 

 

Al volante de un mito

 

 

Esta nueva generación considera una amplia gama de motores, algunos potenciados y otros absolutamente ignotos. Pero sabiendo que podíamos darnos el lujo de elegir entre las muchas unidades que la marca dispuso para las pruebas de manejo, lo natural era irnos directo al SL 500, es decir a aquel impulsado por una planta motriz V8 de 5,5 litros y 388 caballos de potencia.

Desde el primer minuto de haber tomado el volante las sensaciones adrenalínicas se sucedieron una tras la otra. El empuje no era poco, y la suspensión de talante refi nado se encargó de tornar nuestro viaje muy agradable; en aquellas amplias autopistas de Los Angeles el motor dio lo mejor de sí.

El SL 500 es un bólido que se disfruta a pleno. Ya sea por sus impecables terminaciones, por su mecánica depurada o sus muchos sistemas de ayuda a la conducción, este descapotable da la talla para ser considerado como uno de esos automóviles destinados a convertirse en genuinos clásicos; en mitos automotores, si se quiere.

Es que al final de cuentas, todos esos linajudos y costosos ejemplares que forman parte de la historia automotriz mundial nacieron en algún momento, y quienes tuvieron la suerte de verlos en sus primeros años de vida, para luego consolidarse, son quienes más los valoran… y ese ha sido nuestro privilegio.