Matthew Bishop acaba de asumir como director general de la Fundación Rockefeller, después de años investigando sobre filantropía. El exeditor de The Economist dice que las personas toman riesgos en sus apuestas financieras, pero cuando se trata de beneficencia o de intentar solucionar las grandes problemáticas sociales, prefieren optar por modelos probados. “Es una gran pérdida de oportunidades y ocurre porque nosotros, como público, no les celebramos los riesgos como lo hacemos a los emprendedores”, asegura.

  • 11 octubre, 2018

Si usted es el segundo hombre más rico del mundo, la mejor persona para cuidar 31 mil millones de dólares de su fortuna ganada con tanto esfuerzo es probablemente el único hombre en el planeta que ha demostrado ser mejor ganando dinero que usted”. Con esa frase, el entonces periodista de The Economist, Matthew Bishop, presentó el reportaje sobre la primera gran donación de la historia: la de Warren Buffet a la fundación de Bill y Melinda Gates, en 2006. El fenómeno lo tituló Billanthropy, que iluminaría los primeros pasos del movimiento que más tarde llamó Filantrocapitalismo. 

Una década después, el inglés decidió dar un giro a su carrera. A los 53 años, y luego de trabajar 26 años en la revista como editor de la edición estadounidense y NY Bureau Chief, una llamada de la Fundación Rockefeller lo hizo replantearse qué quería para su futuro. “The Economist es la mejor revista del mundo y tuve una excelente carrera ahí, pero llegas a un punto en la vida que te das cuenta de que has hecho todo lo que has querido en tu trabajo, y dices ¿puedo mirar el mundo de una manera diferente?”, cuenta en las oficinas de la Fundación Credicorp, donde estuvo invitado a dar un seminario sobre filantropía. 

Lo que Bishop plantea es utilizar la beneficencia para resolver los grandes problemas de la sociedad, usando los métodos de los negocios. “Creo que hay que hablar de filantropía como innovación social. Una conversación productiva sería preguntar dónde están los emprendedores sociales que estudian las soluciones para las problemáticas y cómo hacemos que más de ellos sean financiados por filántropos que quieran tomar riesgos. La filantropía está muy subestimada en relación con el potencial que tiene”, asegura.

-¿Por qué lo dice?

-Muy seguido la gente toma riesgos en sus vidas financieras, pero cuando tiene que ver con filantropía quieren algo seguro. Y es una pérdida de oportunidades, porque una de las cosas más emocionantes que puedes hacer como filántropo es innovar y arriesgar, y es ahí donde realmente puedes agregar un valor en cuanto a los problemas a los que te acercas y quieres solucionar. 

-¿Le falta apostar más por Silicon Valley?

 -Hay compañías en Silicon Valley enfocadas en resolver problemas de la gente pobre, las que con un poco más de dinero tendrían, probablemente, mejores productos. Pero es más sobre la actitud de Silicon Valley: si ahí no tienes uno o dos fracasos, no eres un emprendedor propiamente tal. En filantropía nadie piensa de esa manera. 

-El filántropo no puede fallar…

-Si fallas, la gente dice “gastaste tu dinero”, en vez de “trataste algo nuevo que podría haber sido genial, no funcionó y está bien. Aprendamos desde ahí e intentémoslo de nuevo”. Eso es lo que hacen los startups. En la filantropía, las personas están asustadas de tomar ese tipo de riesgos y creo que esa es una gran pérdida de oportunidades y esto ocurre porque nosotros, como público, no les celebramos los riesgos como a los emprendedores. Y quizás deberíamos hacerlo. 

 

Jeff Bezos y el círculo de Bill Gates

 

-Cuando Ted Turner, dueño de CNN, donó mil millones de dólares en 1998, usted dijo que marcó un hito en filantropía. Han pasado 20 años, ¿cuál ha sido el impacto? 

-Quiero aclarar que hablo como experto y no como representante de Fundación Rockefeller. La donación de un millón de dólares de Ted Turner elevó la agenda y gatilló que una serie de personas ricas hicieran donaciones. Luego, Bill Gates y Warren Buffet, con la creación del Giving Pledge, formaron este grupo de más de cien billonarios que dijeron que donarán al menos la mitad de sus fortunas. Eso redefine lo que es el éxito. Y quizás antes de lo de Ted Turner o del Giving Pledge, la gente podía ser rica, y el resto podía decir “ok, está bien”, pero ahora si no haces filantropía, no estás en el club de Bill Gates de cierta manera. 

-Por lejos el mayor impacto en la filantropía proviene de los billonarios. ¿Cómo se puede incentivar que la gente común y corriente contribuya?

-Una de las cosas que hice fue cofundar un sitio llamado Giving Tuesday, una campaña de donación online que partió en EE.UU. y ahora está en 50 países. La idea básica fue llamar a la gente común a tuitear o usar Instagram o Facebook para comentar qué causas apoyaba y dónde donaba o era voluntaria. Resulta que cuando las personas hablan de cosas que les apasionan, se sienten bien al respecto, quieren hacer más, y eso se esparce a sus amigos y familia, que se sienten inspirados por esas historias. También nos dimos cuenta de que las fundaciones de caridad que utilizaban el sistema podían obtener mucha más información sobre las personas que los apoyaban y podían comunicarse con ellas durante el año. 

 

 

-¿Para usted donar 10 dólares al mes a una fundación es filantropía o caridad? 

-Es caridad, pero puede ser filantropía. Para mí, filantropía es más sobre resolver problemas, más que aliviar síntomas. 

-¿Cuál es el rol de la filantropía en relación con lo que hacen los estados frente a estas materias, u organismos internacionales como la ONU?

-Para los gobiernos es muy difícil gastar dinero en cosas cuyos resultados no verán antes de las próximas elecciones. La filantropía, en cambio, puede tomar 20 o 30 años creando estrategias. Pero, aunque la cantidad de dinero en filantropía ha ido en aumento, todavía es menor en relación con lo que gastan los gobiernos. Los filántropos tienen que ser inteligentes en cómo utilizar su dinero: enfocarse en una sola idea, testear y demostrar si funciona. Y si es exitosa, es de esperar que el gobierno la tome y escale. 

-Jeff Bezos dijo recientemente que donaría dos mil millones de dólares. Mucha gente se manifestó en contra, criticando que el sueldo de sus trabajadores no les alcanzaba siquiera para arrendar una pieza. ¿Qué opina de la polémica?

-Es interesante que a partir de esas críticas, Amazon anunció que subiría el sueldo mínimo de sus trabajadores significativamente. Entonces, la crítica tuvo un efecto. Hay quienes dicen que Bezos no hubiese sido tan rico como es, si no le hubiese pagado tan poco a sus empleados. Yo creo que hay un elemento de verdad en eso, pero pienso que seguiría siendo muy rico de todas formas. Creo que es bueno que haya decidido empezar a ser un filántropo, ojalá que haga un buen trabajo con ello, pero ya está mejorando el salario de sus trabajadores, está haciendo un llamado a sus competidores a hacer lo mismo y está presionando al gobierno para que eleve el salario mínimo también. Ahora, como empresario operas de acuerdo a la ley, y si la ley en EE.UU. dice que el sueldo mínimo es mucho menor a lo que la gente cree que debería ser, es difícil que un empresario pague más de lo que debe. 

 

Misión: estados frágiles

A fines del año pasado, Matthew Bishop asumió como director gerente de la fundación y tiene a su cargo la supervisión del Centro Bellagio, ubicado en el lago di Como, Italia, que fue donado a la fundación hace 59 años para ser un lugar para la paz y el entendimiento. “Siempre ha sido un centro para reunir gente, pensar y encaminar a la acción. Organizaciones como el banco de semillas, la frase ‘impact investing’ e incluso una reunión significativa del proceso de paz colombiano ocurrió en Bellagio”, explica en perfecto acento británico que mantiene tras más de 20 años radicado en Nueva York. “Creo que los americanos te creen más inteligente de lo que eres cuando hablas con el acento”, dice.

-Dijo que proporcionará “una plataforma para los soñadores, visionarios y hacedores que pueden ayudar a la humanidad a ir más allá de esta era actual de escepticismo populista y obtener progreso real para todos”. ¿En qué piensa en concreto?

-Los dos primeros eventos en los que estoy involucrado son sobre los “estados frágiles” alrededor del mundo, como Siria, Venezuela, Yemen o Zimbabue. Em esos lugares se concentran los mayores problemas de pobreza y son un riesgo cada vez mayor para el sistema global como un todo: ahí se produce el terrorismo, y de ahí también pueden salir las potenciales pandemias porque no tienen buenos sistemas de salud, ni de detección de enfermedades. A menos que sepamos cómo fortalecer estos estados, los mayores problemas del mundo estarán allí.

 

Chile versus EE.UU.

“EE.UU. es el país con mayor filantropía del mundo porque tiene una de las mayores tasas de riqueza global. Silicon Valley está ahí, donde toda la innovación está sucediendo, y Wall Street es donde mucha de la gente rica está, y entre esos dos grupos se está creando mucha filantropía. Pero se está convirtiendo en un fenómeno global, incluso en Chile, en donde cada vez más personas exitosas se han vuelto filántropas”, dice Bishop, mientras toma un vaso de agua.

-Según un estudio de Harvard, Chile posee un índice de filantropía muy bajo. Una de las razones es que tenemos un sistema muy engorroso que complica las donaciones. ¿Cuánto influye el marco regulatorio como incentivo?

-Es muy importante, pero no creo que haga la diferencia para que alguien sea o no filántropo. Es una realidad que vas a tener gente rica y es mejor que donen, a que no lo hagan. Para eso, debes tener un sistema relativamente adelantado y diseñar un impuesto a la caridad que lo incentive. Es interesante que uno de los productos financieros de más rápido crecimiento en EE.UU. es el Donor Advise Fund (Fondo de asesoramiento de donantes). Compañías como Fidelity ofrecen esto y permiten a las personas hacer donaciones en un fondo que invierte en las organizaciones de caridad que tú escojas. Esa es una invención relativamente nueva y es muy popular, porque no necesitas crear tu propia fundación y disminuye el costo de backoffice. En general, la gente rica tiende a tener una mayor asesoría legal y contable que el resto de nosotros. Entonces, si creas un sistema que les sea atractivo y que lo usen de manera rápida, verás mucho dinero moverse.

-Otro de los factores es que en Chile a los ricos no les gusta aparecer haciendo grandes donaciones, ni mostrar su fortuna.

-En EE.UU. tienes el sueño americano. A diferencia de lo que ocurre en otros países, son menos resentidos con las personas que son exitosas: creen que si trabajas duro y tienes un poco de suerte, podrías ser el próximo Bill Gates. En muchos países, la gente no cree eso del mundo de los negocios: piensan que es un sistema cerrado, donde si no eres parte de él, nunca lo serás. En Norteamérica, además, afirman que la gente hace dinero creando innovaciones útiles, en otros países, en cambio, piensan que las grandes fortunas se generan con monopolios, y de alguna manera corrompiendo el sistema. Esa mentalidad ha ido cambiando un poco en EE.UU. con el movimiento ocupa. El socialismo tradicional ni siquiera existía, incluso el Partido Demócrata, que era lo más de izquierda, al compararlo con cualquier partido de izquierda del mundo, parecía conservador y pro negocios. Pero creo que es interesante que ese 1% de la elite está más enfocado en los otros miembros de ese 1%, que en las tradiciones de sus propios países.

-La tendencia en Chile es que las familias de alto patrimonio hereden su dinero a las generaciones que siguen, antes de donarlo. ¿Cómo podría cambiar?

-En América, la mayoría de las personas que dicen que van a entregar todo su dinero vendieron sus compañías. Creo que es diferente cuando tienes un negocio familiar que pasa de generación en generación. Pero escucho cada vez a más familias que tienen empresas que se dan cuenta de que sus hijos no quieren hacerse cargo de los negocios, entonces muchas de estas se van a vender para crear una fortuna familiar que sea líquida, y veremos a estas personas, a grandes fundaciones, entregando parte de su dinero. Además, se están dando cuenta de que las herencias pueden ser malas para sus descendientes: frecuentemente leemos historias de hijos que probablemente tienen todo lo que quieren pero tienen vidas miserables, y caen en drogas, matrimonios infelices, etc. Los Rockefeller han sido buenos al crear una cultura de filantropía para las siguientes generaciones, a cada uno le dan la oportunidad de tener su propia fundación. Creo que la gente en el mundo está mirando el modelo y pensando: “probablemente debemos hacer filantropía como familia, aunque no queramos entregar todo nuestro dinero, porque ayuda a tener una buena vida, ser buenos ciudadanos, y personas felices”.