Sin delito ni culpables terminó –después de casi cuatro años de pesquisas– el caso de la presunta falsificación de seis cuadros del afamado pintor chileno Roberto Matta. La semana pasada la Corte de Apelaciones de Santiago declaró el sobreseimiento definitivo de la investigación. La decisión dejó conforme a Luis Paredes, el físico dueño de las obras, pero no a la familia del artista, que insiste en que las obras son falsas.

  • 28 marzo, 2012

 

Sin delito ni culpables terminó –después de casi cuatro años de pesquisas– el caso de la presunta falsificación de seis cuadros del afamado pintor chileno Roberto Matta. La semana pasada la Corte de Apelaciones de Santiago declaró el sobreseimiento definitivo de la investigación. La decisión dejó conforme a Luis Paredes, el físico dueño de las obras, pero no a la familia del artista, que insiste en que las obras son falsas. Por Fernando Vega.

Se cerró el caso de los cuadros falsificados de Roberto Matta. El 12 de marzo pasado, la Corte de Apelaciones de Santiago decidió sobreseer la causa iniciada en septiembre de 2008, cuando Germana Ferrari, la viuda del pintor y una de las dos personas autorizadas para emitir certificados de autenticidad de las obras del afamado artista chileno, denunció el fraude.

Después de casi cuatro años de investigación en que jamás se pudo acreditar totalmente el engaño ni dar con los presuntos plagiadores, el tribunal estableció que lo mejor era terminar con las indagaciones, decretando que “no es posible descartar en forma objetiva una eventual falsificación de pinturas como si fueran del pintor nacional Roberto Matta”. Además, el fallo estableció “inequívocamente la absoluta inocencia” de Luis Paredes Rojas, el físico y coleccionista viñamarino dueño de cinco de los seis cuadros cuestionados.

El fallo de los ministros Cornelio Villarroel, Mauricio Silva y Manuel Antonio Valderrama no dejó conformes a todos. El hijo del pintor, el artista visual Ramuntcho Matta dijo a Capital que “la decisión de la justicia es normal y estoy contento de eso. El asunto de los falsos Matta no es sólo cuestión de justicia, sino una decisión fuerte del Estado chileno para erradicar esta vergüenza de dejar a los falsificadores actuar de manera tan flagrante”.

En noviembre del año pasado Ramuntcho estuvo en Chile para participar en las celebraciones por el centenario del natalicio de su padre. Entre viajes a Valparaíso, encuentros con estudiantes y hasta una visita a La Moneda, aprovechó de revisar las telas, refrendando que eran falsas. “Germana Matta y yo somos los únicos que pueden autentificar obras y es muy fácil contactarnos”; reiteró la semana pasada por correo electrónico.

Según el abogado de Luis Paredes, Matías Insunza, la investigación “demostró la completa inocencia de mi cliente y lo infundado de la denuncia en su contra”.

Sin embargo, el juicio por una sexta obra, que estaba en manos de un martillero, sigue vigente, aunque su cierre está próximo.

Fuentes ligadas al proceso indican que este es uno de los casos más extraños de propiedad intelectual que se hayan visto en tribunales: la persona encargada de certificar al autenticidad de las obras dice que éstas son falsas, pero como no son una copia exacta de alguna obra que exista y hay peritos que creen en su autenticidad, el juez estima que no le corresponde pronunciarse por la veracidad. Así, los cuadros terminaron para siempre en tierra de nadie.

“Esta obra no es de la mano de Matta”

El caso estalló en septiembre de 2008, cuando Germana Matta fue contactada por Luis Paredes para que certificara los cinco cuadros que le había comprado a la anticuaria Violeta Llana hacía dos años, en 25 millones de pesos. La viuda, que por esa tarea cobra 1.200 euros, había llegado a Chile el 9 de ese mes con la finalidad de donar una obra de su marido al Estado, por lo que fijó la cita de autentificación para la mañana del día 19. El lugar elegido fue uno de los salones del Hotel Ritz de Las Condes.

A la reunión también concurrió Pablo Solar, empleado de la casa de remates Raúl Peña Larraguibel, quien también traía un cuadro para su certificado de validez.

Tras revisarlos brevemente, Germana quedó perpleja. Visiblemente molesta, mientras movía la cabeza en señal de reprobación escribió de su puño y letra: “Estimado señor, esta obra no es de la mano de Matta. Se un trata de un falso y la firma es falsa también. Usted no tiene el derecho de ponerlo en el mercado del arte como obra de Matta. Le pido entregarlo a las autoridades judiciales o a la policía”. La reunión terminó sorpresivamente. El desconcierto fue total, cuenta un testigo.

Una semana después ella misma se dirigió hasta la Policía de Investigaciones para denunciar los hechos. A las 11.30 horas del 25 de septiembre, según consta en el parte policial, la ciudadana italiana Germana Matta Ferrari declaró ante el inspector Juan Contreras la existencia de las seis obras a su juicio falsas y entregó una ficha de cada una que ella misma confeccionó a mano y con la foto de los cuadros, indicando su ilegitimidad.

Dos herencias

Su viuda, Germana Ferrari, y su hijo, Ramuntcho Matta, son las únicos personas autorizadas para auten-tificar las obras del pintor chileno.

Unas horas después declararon la vendedora de antigüedades Violeta Llana y el empleado de la casa de remates, Pablo Solar. La primera dijo que recibió los cinco cuadros como herencia.

Su padre, Arturo Llana, fue amigo de Roberto Matta, quien le obsequió los trabajos en los combativos años 70. En 2005, Violeta Llana le vendió los lienzos a Luis Paredes en 25 millones de pesos y además le regaló algunos textos manuscritos del pintor que había heredado de su padre. Posteriormente, Paredes le pidió el certificado de autentificación de las obras, para lo cual se comunicó con Germana Matta. Y pasó lo inesperado.

Por su parte, el empleado de la casa de remates aseguró que la pintura llegó a su oficina porque el boliviano Humberto Fernández Vargas la entregó en consignación el 30 de enero de ese año con el fin de venderla en 8 millones de pesos.

Según consta en su declaración, la pintura era del padre de Fernández quien, antes de fallecer, se la regaló a su hijo, el que posteriormente la llevó donde el martillero porque necesitaba dinero. Éste a su vez, pidió a la galerista y curadora Carmen Waugh que la certificara, debido a su vasto conocimiento de la obra del surrealista y porque fue representante de Matta durante algunos años. El 1 de febrero de 2008, Waugh extendió un documento opinando que “en mi parecer la obra fue pintada por Roberto Matta y su fecha de ejecución podría fluctuar entre 1965 y 1971”. En todo caso, no sin antes especificar que la tela estaba en estado de deterioro.

En septiembre de 2009, el martillero Peña Larraguibel se contactó con Germana Matta para pedirle la autentificación final. Y también se encontró con la sorpresa.

Se busca perito

Sin embargo, al final siempre quedó la duda acerca de la autoría de las obras. Aunque Germana y Ramuntcho Matta mantienen hasta ahora sus posturas de que se trata de falsificaciones, se estima que sólo un estudio científico independiente podría entregar una última palabra.

El oneroso análisis, eso sí, sólo puede hacerse en el extranjero. Entidades como el Museo de Arte Moderno (MOMA) de Nueva York lo realizan. Utilizan rayos equis y ultravioletas, análisis de pigmentos, tela y bastidores para poder determinar la antigüedad, el tipo de pintura y una serie de características que deberían corresponderse con los materiales que usaba Matta y con el periodo al que se supone que pertenecen las obras de la discordia. “Desde el punto de vista judicial lo que perseguían los titulares de estas obras era que se estableciera que eran verdaderos Matta y eso no ha ocurrido. Desde el punto de vista del mercado del arte, Germana Matta sigue siendo la titular del derecho moral de certificar la autenticidad de la obras y la única manera de contradecir lo que ella ha dicho es mediante elementos tecnológicos”, dice el abogado de los descendientes del artista, Cristián Arias, del estudio Grasty Quintana, Majlis & Cía.

De acuerdo con el proceso, la fiscalía de La Condes, que estuvo a cargo del caso, se encontró con serias dificultades para determinar la validez de la acusación. Mientras cada una de las partes presentaba como testigos a connotados artistas e investigadores, el ente judicial jamás pudo encontrar un perito. Ni en el Centro de Documentación de Bienes Patrimoniales, ni en el museo de Bellas Artes, ni en la Dibam. En esos tres sitios la respuesta siempre fue que era imposible entregar un pronunciamiento claro. Como si fuera una mala broma, el entonces director del Bellas Artes, Milan Ivelic, recomendó comunicarse con Germana Matta, al igual que en Bienes Nacionales, donde mencionaron además como posible testigo a la galerista y ex directora del Museo de la Solidaridad Carmen Waugh, quien en marzo declaró ante la fiscalía que, pese a haber sido muy amiga de Matta, no era perito, ya que la única persona autorizada para autentificar la obra del pintor era su viuda, Germana.

En su búsqueda, la fiscalía llegó hasta las escuelas de arte. Pidió a las universidades de Chile, Católica y Finis Terrae algún pronunciamiento. Pero en ninguna apareció alguien que se sintiera capacitado para entregar un veredicto.

Un manto de dudas

En enero de 2009, la defensa de Luis Paredes propuso que se entrevistara al experto en artes Cristián Araos, pero éste nunca pudo ser encontrado por la PDI. Ni en Puerto Varas, donde figuraba su domicilio, ni en Santiago, donde vivió alguna vez.

Paredes sugirió después a Gonzalo Leiva, de quien fue alumno en un par de seminarios de arte y estética. Este profesor declaró que vio las fotos de los cuadros y que en principio le parecieron originales.

En marzo de 2011 Paredes volvió a la carga. Le pidió al investigador y biógrafo oficial de Matta en Chile, Ernesto Gallardo, que

“El asunto de los falsos Matta no es sólo cuestión de justicia, sino una decisión fuerte del Estado chileno para erradicar esta vergüenza de dejar a los falsificadores actuar de manera tan flagrante”, dijo Ramuntcho Matta

revisara los cuadros. Y el dictamen fue claro: en un documento de ocho páginas concluyó en que las cinco obras analizadas eran “sin duda alguna” de Matta y que fueron ejecutadas en su taller de Santiago entre 1954 y 1972, cuando el artista visitó el país y permaneció por seis meses en cada viaje.

En mayo de 2011, la defensa de Germana Matta propuso como posible perito al crítico de arte Gaspar Galaz, quien determinó que por los gestos, las líneas del color y la fluidez de las imágenes, se trataba de cinco Matta. “Se puso un manto de duda sobre cuadros que tenemos la convicción –al igual como lo expresaron dos peritos, entre los cuales está Gaspar Galaz, propuesto por la propia denunciante–, que son verdaderas obras de Matta”, dice Insunza.

El ex amigo del pintor y autor del libro Conversaciones con Matta, Eduardo Carrasco, también declaró ante el fiscal que las obras eran verdaderas.

Mientras todo eso pasaba, los cuadros estuvieron en manos de la policía. Incluso hubo uno que se extravió durante algunos días en el laboratorio del centro de documentación de Bienes Nacionales.

Se cierra, se abre, se cierra

Durante los casi cuatro años que duró el caso, la fiscalía intentó cerrarlo varias veces. El 11 de junio de 2010, la defensa de Matta acudió hasta el mismo fiscal regional Xavier Armendáriz para pedirle la reapertura de la investigación, lo que fue acogido y se decretaron nuevas indagaciones.

El 30 de mayo de 2011, el fiscal Felipe Díaz envió una comunicación formal a Germana Matta indicándole que “a la fecha los antecedentes recibidos resultan insuficientes para lograr el esclarecimiento de los hechos o determinar algún responsable de los mismos” por lo que cerraría la causa.

En agosto de ese año la Corte de Apelaciones de Santiago revocó el sobreseimiento y ordenó seguir investigando, pero el 22 de diciembre de 2011 la Fiscalía Oriente cerró el caso sin formalizados.

Ello provocó fuertes reclamos de los Matta y el 4 de febrero de este año el 4° Juzgado de Garantía de Santiago rechazó cerrar la indagatoria, tras llegar a la convicción de que sí había infracciones a la ley de propiedad intelectual. Pero tanto el Ministerio Público como Paredes apelaron y pidieron a la Corte de Apelaciones poner término definitivo a la investigación. Y eso fue lo que pasó el 12 de marzo pasado.

Tras enterarse del fallo, Ramuntcho dijo que “aquí se trata de síntomas de ausencia de decisión política” para perseguir las falsificaciones y que lo largo de la investigación se debió a que “la justicia y la policía chilena tienen demasiado trabajo por falta de medidas humanas y financieras”.

El abogado Arias añadió que la causa está terminada, pero que puede reabrise en cualquier momento, porque lo que dictamina la justicia penal “es que no se ha podido determinar la veracidad de esos Matta”

En tanto, Insunza explicita que la resolución los deja muy tranquilos, porque “es equivalente a una sentencia absolutoria, pues se estimó que Luis Paredes no cometió delito alguno”.

Mientras, los cuadros están en manos de sus dueños, pero no se pueden vender como obras de Matta.