Hace 15 años, el Congreso fijó las nuevas reglas para los matrimonios de menores de 18 años: pueden concretarse desde los 16 y con exclusivo consentimiento de los padres. Lo cierto es que esto no siempre se cumple en Chile: hay 50 matrimonios de niñas de 15 años o menos realizados en el extranjero, pero legalizados en el país. A nivel regional la situación es grave: según la Unicef, para 2030 Latinoamérica será la segunda zona, después de África, con mayor matrimonio infantil del mundo. La organización –que lanzará un informe sobre esta materia– detectó que una de cada cuatro mujeres se casa o empieza a vivir en pareja antes de los 18 años en la región. Y que una de cada 20 está casada o en una unión de hecho antes de los 15.
Por Jorge Poblete
Ilustración: ignacio schiefelbein

  • 2 agosto, 2019

Para Hilda Condori todo comenzó a los 14 años, cuando una amiga le pidió ayuda: su hermano de 21 años estaba borracho y había que acarrearlo hasta su casa, después de una fiesta. Ahí los recibió su madre.

Mientras lo trasladaban al dormitorio, el joven, claramente ebrio, le preguntó: “¿Quieres estar conmigo?”. La hermana del muchacho le recomendó: “Dile que sí para que deje de molestar”. La mamá, en cambio, le advirtió que pensara bien su respuesta. Hilda no la tomó en serio. Y contestó que sí.

Su amiga y la madre salieron de la habitación. Ella trató de abrir la puerta. Entonces se dio cuenta de lo que estaba pasando.

“Me dejaron encerrada toda la noche con él. Traté de salir por la ventana, y como a las seis de la mañana, su papá fue a decirle a mi papá que él y yo ya nos habíamos juntado, que éramos pareja”, dice la joven peruana, que ahora vive en Alto Hospicio.

Su papá estaba furioso. La madre de la niña había muerto cuando tenía ocho años, por lo que ella había dejado el colegio para ayudarlo a cuidar a sus cuatro hermanos. La necesitaba en la casa, pero concordó en que el daño estaba hecho. Acordaron que tenían que casarse.

Tenía 15 años y cuatro meses de embarazo cuando contrajo matrimonio con su novio, de 22, en el caserío de Villa Chipana, cerca del lago Titicaca. La ceremonia se realizó el 3 de agosto de 2011.

Ese mismo año viajaron al norte de Chile en busca de mejores oportunidades. En 2014, y a pesar de que en Chile es ilegal casarse tan joven, lo inscribieron en el Registro Civil de Santiago.

Este es solo uno de los más de 300 casos de matrimonios infantiles de extranjeros legalizados en Chile en la última década.

Una de cada cuatro

Los matrimonios infantiles –o de menores de 18 años– son un problema al que las autoridades han prestado poca atención, a pesar de la creciente inmigración al país. En mayo de este año los extranjeros viviendo en Chile superaban los 1,3 millones y alcanzaban el 7% de la población, muestran los registros del Departamento de Extranjería y Migración.

A nivel regional, una de cada cuatro mujeres se casa o empieza a vivir en pareja antes de los 18 años en Latinoamérica, muestran las cifras de Unicef. Y una de cada 20 está casada o en una unión de hecho antes de los 15, sostienen en el organismo internacional, que en las próximas semanas entregará su último informe sobre matrimonio infantil en la región.

Es un fenómeno que cuantitativamente ha permanecido estancado en Latinoamérica y el Caribe desde “hace 25 años”, explica desde Panamá la asesora regional de género de Unicef (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia), Shelly N. Abdool, quien lleva cinco años estudiando estas uniones y ha investigado problemáticas de género desde hace más de dos décadas.

“Empezamos a mirar los factores detrás de esto y son múltiples. Por una parte, existe falta de información adecuada en Latinoamérica, algunos datos son quizás más antiguos que otros (…). Pero por otro lado existe también la impresión de que esto no es un problema en nuestra región”, dice Abdool.

Y si no es un problema, entonces no se generan políticas públicas para atacarlo, explica.

Según los estudios de Unicef, el matrimonio infantil en Latinoamérica ocurre con gran frecuencia en áreas rurales y con mujeres pobres y de baja escolaridad, que generalmente se embarazan antes de cumplir los 18.

Los registros son elaborados con datos de 24 países de Latinoamérica y el Caribe que proveen información pública comparable, entre los que no se encuentra Chile. Desde Unicef Chile aseguran que no tienen cifras locales, pero que estas no son estadísticamente significativas.

Eso no significa que el problema no exista en el país.

Protocolo establecido

Fue en 2004 cuando el Congreso despachó la ley de matrimonio civil que estableció que los menores de 18 años podrían casarse desde los 16, siempre que contaran con el consentimiento de los padres. La legislación anterior, de 1884, solo prohibía el matrimonio de “impúberes”, es decir, niñas menores de 12 y niños menores de 14.

En enero de 2015 un grupo de diputados de la Nueva Mayoría presentó un proyecto de ley para subir a 18 años la edad mínima para casarse en el país, que sigue desde entonces en su primer trámite constitucional.

Mientras, los matrimonios infantiles han seguido ocurriendo en Chile. De acuerdo a las estadísticas del Registro Civil entregadas por Ley de Transparencia, 2.242 menores de 18 años se casaron en Chile entre 2009 y 2018.

Un 92% de los matrimonios fue de mujeres menores de 18 años con adultos, un 6% fue de hombres de hasta 17 años con mujeres mayores, y en un 2% de los casos ninguno de ellos había cumplido la mayoría de edad.

Se trata de cifras bajas si se considera que 61 mil personas se casan anualmente en Chile. El problema es que dentro de esos casos hay faltas a las normas vigentes, lo que abre la pregunta de hasta qué punto se está respetando la ley.

Capital tuvo acceso al registro del matrimonio de una adolescente de 15 años con un hombre de 25 en la circunscripción de Quilacahuín, al norte de Osorno, en septiembre de 2011.

Ana María Kramm, la oficial del Registro Civil que casó a la joven y quien por más de una década ha celebrado los matrimonios en los caseríos de la región lechera, indica que “el papá debe haber estado de acuerdo con el novio. Siempre ha sido así, las familias son las que hacen los matrimonios. Hasta en las telenovelas se ve que los padres obligan a las mujeres a casarse siendo menores de edad”, indica la experta.

Desde el Registro Civil, señalan que “en relación al caso específico consultado ocurrido en 2011, la evidencia demuestra que no se cumplió el protocolo establecido. El Registro Civil se ha ocupado en forma permanente de difundir que se cumplan todos los requisitos para la celebración de matrimonios”.

Legalizados en Chile

Cuando se observa la situación de los matrimonios celebrados en el extranjero que luego son legalizados en Chile, aparecen más casos.

Estadísticas del Registro Civil solicitadas vía Ley de Transparencia revelaron que 317 matrimonios de personas menores de 18 años realizados en otros países fueron inscritos en Chile entre 2009 y 2018. Entre estos, 50 de las novias tenían 15 años o menos al momento de casarse.

Entre ellos, hay una mujer que se casó en Pakistán a los 15 años con un hombre de 32. En marzo de 2016 inscribieron la unión en Chile. El marido vende autos usados en el barrio industrial de Iquique, puerto donde los inmigrantes de ese país comenzaron a llegar en la década de 1990.

El marido se opuso a que su mujer, hoy de 24 años, diera una entrevista a esta revista, asegurando que ella rara vez deja la casa, porque está ocupada cuidando a los niños y porque “no habla mucho español”.

En octubre de 2016, una pareja de mediana edad entró a las oficinas del Registro Civil del centro de Santiago para inscribir su matrimonio. Los funcionarios del servicio hicieron el papeleo de la inscripción, a pesar de que la mujer, hoy de 48 años, se había casado a los 11 años con un adolescente de 19 en la ciudad de Ascope, en el norte de Perú, en 1982. Una escena similar había ocurrido en enero de 2015, cuando se legalizó en las oficinas de este servicio el matrimonio de una mujer ecuatoriana casada a los 12 años. Lo mismo pasó en abril de ese mismo año con otra mujer peruana casada a los 13, y en diciembre de 2017, con una ciudadana venezolana de 14.

“El país no puede validar una vulneración grave de los derechos de las niñas amparándose en que cumplió una legislación exterior”, dice la ex directora del Instituto Nacional de Derechos Humanos, Consuelo Contreras, quien se ha especializado en políticas de infancia desde la década de 1990.

“La Convención de Derechos del Niño fue ratificada por Chile (en 1990), por lo tanto, se entiende que cuando ingresan migrantes, independiente del país del que vengan, deben acatar las leyes locales”, dice.

La encargada de protección de Unicef Chile, Ludmila Palazzo, opina que no reconocer estos matrimonios puede transformarse en “un desmontaje para la población en términos de derechos, incluso de los niños”. “Creo que es una situación que no es real, porque esa persona estaría acá como soltera, y eso no es verdad, porque el matrimonio civil es universal”, agrega.

Los niños primero

El debate también ocurre en Europa. En 2017 la canciller alemana Angela Merkel manifestó su preocupación, porque entre los refugiados que llegaban al país había más de mil mujeres que se casaron siendo menores de 18 y, más de 300, antes de cumplir los 14. El parlamento germano aprobó ese mismo año un proyecto de ley declarando nulos los matrimonios celebrados antes de los 16, aunque se concretaran en el extranjero. Pero el año pasado, la Corte Federal de Justicia alemana acogió un recurso presentado por un inmigrante sirio que se había casado a los 21 años con su novia de 14: resolvió que era inconstitucional no reconocer los matrimonios celebrados en otros países. La discusión se encendió.

La infancia es un tema que ha estado presente en la agenda pública desde la reciente elección presidencial y que el presidente Sebastián Piñera destacó apenas asumió.

En abril de 2018 invitó a La Moneda a 60 escolares de centros del Servicio Nacional de Menores y otras organizaciones, y declaró que “en nuestro gobierno los niños van a estar primeros en la fila”. La ley de imprescriptibilidad de los delitos sexuales contra menores de 18 años, promulgada el jueves 11 de julio, es una muestra de ese interés.

Sobre el matrimonio infantil en Chile, por el contrario, no ha habido declaraciones. En el Ministerio de Justicia, no accedieron a dar entrevistas sobre esta materia. Y desde el Registro Civil solo enviaron una declaración escrita a Capital: “Si el matrimonio es celebrado en país extranjero, en conformidad con las leyes del mismo país, producirá en Chile los mismos efectos que si se hubiere celebrado en territorio chileno, siempre que se trate de la unión entre un hombre y una mujer”, dice el documento enviado, en el que también citan que legalmente no podrán contraer matrimonio “los menores de dieciséis”.

Aplicando el primer criterio, el Registro Civil ha seguido legalizando en 2019 uniones de menores de 18 años celebradas en otros países.

A nivel latinoamericano, la situación está estancada. “Sabemos que no vamos a eliminar el matrimonio infantil para 2030, debido a la situación actual”, dice la asesora regional de género de Unicef, Shelly Abdool, citando el compromiso internacional sobre la materia.

De seguir esta situación, señala, en 2030 Latinoamérica tendrá los mayores niveles de matrimonio infantil en el mundo, solo detrás de África. La esperanza de Unicef está en que más países de la región se sumen al camino seguido por Honduras, Guatemala y El Salvador, y suban a los 18 años la edad mínima para casarse.

Pero no hay seguridad de que eso pase.

Distante de esas discusiones está Hilda Condori, quien ya tiene 23.

Llega cada mañana a una de las ferias persa de Alto Hospicio, donde vende ropa usada y carteras de segunda mano. Divide su tiempo entre el trabajo, por el que recibe unos 10 mil pesos diarios, la iglesia evangélica a la que trata de ir más de una vez por semana, y sus dos hijos, el niño que tuvo cuando llegó a Chile y una niña que nació cuando tenía 18.

Mientras termina de colgar la ropa cuenta que aunque ella está bien, le gustaría que su hija tuviera una vida diferente y que termine el colegio. “Es que a nadie pueden obligar a casarse, porque yo me casé muy joven”, confiesa.