María Luisa Godoy, animadora del Festival de Viña, asegura que pese a los rumores, nadie del directorio de TVN se quejó –al menos directamente con ella– por no criticar la violencia durante el discurso en la obertura. Y asegura: “Este fue el mayor desafío de mi carrera”.

  • 12 marzo, 2020

En diciembre de 2019 María Luisa Godoy supo que estaba esperando su cuarta guagua –el primer hombre– y que tendría que subirse a la Quinta Vergara, como animadora del Festival de Viña, con cuatro meses de embarazo. Pese al esfuerzo que este trabajo requiere y las horas de trasnoche que exige, la periodista no se complicó. “Al contrario, la maternidad es algo maravilloso, mucho más que cualquier canon de belleza que se les busque imponer a las mujeres. Aspiro a una sociedad en que ser madre no sea un impedimento para que la mujer trabaje, ni el trabajo un impedimento para que la mujer sea madre. Y qué mejor forma de expresarlo que animando con guata desde el escenario más importante de América Latina”, asegura la conductora del Buenos Días a Todos desde una de las salas de reuniones de TVN. Es el lunes posterior al cierre del festival, evento que alcanzó el índice de sintonía más alto de la última década y cuyo escenario tuvo, además de música y humor, discursos políticos protagonizados por los artistas. Algo que un año atrás, dijeron los expertos, hubiera sido insospechado.

-¿Cuál es tu conclusión de todo lo que pasó en el festival?

-Periodistas con mucha trayectoria anticipaban que este sería el festival más difícil de la historia, y probablemente lo fue. Para mí se trató del mayor desafío de mi carrera. Fue un festival distinto, en medio de un país polarizado, ansioso, con rabias y miedos, y que durante meses ha estado expuesto a escenas de mucha violencia de lado y lado. Pero bajo esa superficie había y hay un fondo de esperanza, un ánimo por recuperar una cierta normalidad. El festival era un riesgo por lo primero, pero también nos daba la oportunidad para hacer aflorar lo segundo. Y, modestamente, creo que lo logramos.

Eran cerca de las 9 de la noche de la primera noche, media hora antes de salir al escenario, cuando Mari Godoy –como la llaman todos– terminaba de revisar el libreto del día de inicio. Su equipo de asesores remataba los últimos detalles del vestuario y maquillaje en su camarín. Entonces le pidieron que se dirigiera a “la burbuja”, el lugar donde se reúnen los directores ejecutivos de los canales –Francisco Guijón y Maximiliano Luksic, de TVN y Canal 13, respectivamente– y ejecutivos del evento. “Me dicen: ‘Mari, no va a haber obertura. Así que ustedes dos –ella y su coanimador, Martín Cárcamo– abren en seco’. Yo creí que me estaban tomando el pelo. Y les respondí: ‘Ya pues, qué lateros, dejemos las bromas para más tarde porque estamos a minutos de salir al aire’”.

Al ver la expresión con la que le hablaban, entendió que era cierto. Y se lo explicaron sin anestesia: “Hay disturbios fuertes, cinco autos quemados, mucha barricada”. “Me empiezan a mostrar por los monitores las imágenes del Hotel O’Higgins en llamas, me cuentan que la gente de la obertura no pudo llegar, que los de la competencia tampoco. Ver a muchos de los cantantes y bailarines que llevaban meses ensayando una obertura preciosa llorando por la frustración, tener que explicarle a la niñita que abría que no lo iba a poder hacer, o que mucha gente que había comprado su entrada no pudiera entrar a la Quinta fue muy triste. Y nosotros no nos podíamos quebrar porque teníamos que abrir en minutos”, confiesa emocionada.

-¿Temiste alguna vez que se suspendiera el festival?

-Efectivamente, la primera noche fue muy difícil. Incluso algunos representantes de los artistas que actuarían en días posteriores pusieron en duda si era factible y seguro traerlos. Pero eso nos dio la motivación para sacar adelante el festival al costo que fuera. Concluimos que ese era el mejor favor que le podíamos hacer a Chile en esos días, y el hecho de que este haya sido el más visto de las últimas décadas, nos dio la razón. La inmensa mayoría de los chilenos querían verlo y era responsabilidad de los canales y nuestra que así fuera. Y así fue.

-¿Planteaste alguna vez “es mejor que se suspenda”?

-No, nunca, porque creía que el país lo necesitaba más que nunca y, además, porque este es el evento chileno más visto en el extranjero, con casi 250 millones de espectadores. Cancelarlo significaba una derrota, no solo para los canales, el municipio o los organizadores, sino para la imagen internacional de Chile, para nuestras instituciones, e incluso para el proceso constitucional que estamos iniciando y que es fundamental que se desarrolle en paz, sin violencia y bajo condiciones de normalidad. Cancelar el festival atentaba contra todo eso.

-¿Cómo manejan los nervios?

-Yo nunca estuve nerviosa. Siento humildemente que si algo nos caracterizó con Martín, fue que pudimos mantener el carácter y temple incluso en los momentos más difíciles. Obviamente sentía la tensión en el ambiente, pero no entramos ni inseguros ni dudando de lo que íbamos a decir. En algún momento hubo una equivocación del equipo de audio y tiraron una cortina musical, pero yo seguí adelante nomás.

-¿Cómo es un festival así tras bambalinas?

-Cada noche tenía su afán, porque uno no sabía lo que iba a pasar ni a lo que nos íbamos a enfrentar, y no solo desde el escenario. Por ejemplo, yo tenía mucha confianza de que todo iba a estar bien y llevé a mis hijas a la Quinta la primera noche. Pero después decidimos con mi marido nos llevarlas más, por los disturbios y apedreos en el exterior… Ellas nos reclamaban que querían ir, la mayor me decía “es que yo quiero apoyarte, mamá.” Para ellas era súper importante estar ahí y se pusieron a llorar, decían que era injusto, que querían estar conmigo.

-¿Y qué les explicaste?

-La verdad nomás. Les dije que podía ser peligroso, que no sabíamos qué podía pasar y que yo iba a estar más tranquila con ellas en el hotel. Era la verdad. Incluso, el último día el presidente Piñera dijo había gente que quería quemar la Quinta Vergara.

-¿Te asustó la frase del presidente? Lo criticaron bastante…

-En ese momento no lo entendimos bien. Claro, varios comentamos que no fue afortunado. Pero el gobierno maneja información que uno no tiene y es cierto que en los días previos se habían encontrado acelerantes en los alrededores, y que la violencia en el Hotel O’Higgins y en los accesos de la Quinta daban para pensar cualquier cosa. Por eso no lo juzgaría livianamente.

-¿Qué te pareció la rutina de Kramer, algunos criticaron que homenjeaba a la primera línea?

-Soy una profunda admiradora de Kramer y cualquiera que lo conozca sabe que jamás avalaría la violencia. Fue el artista más visto del festival, con casi 60 puntos de rating. El siquiatra Ricardo Capponi decía que las grandes manifestaciones sociales nunca se equivocan, pues expresan un sentimiento profundo que es verdadero y sincero. Algo parecido ocurre con los fenómenos televisivos, como el de Kramer. Lo que hay que preguntarse es por qué logran conectar masivamente con las audiencias. Por lo demás, no creo que la primera línea sean puros violentistas dispuestos a destruirlo todo, como tampoco creo que todos los carabineros sean violadores de derechos humanos, ni que todos los políticos sean corruptos, ni todos los empresarios codiciosos o todos los rostros de televisión seamos frívolos. Por eso creo que censurar una rutina o a un artista es la peor solución. Si alguien quiere criticarla, está en todo su derecho. Y esa crítica, en sí misma, aunque sea minoritaria, ya es valiosa y justifica que la rutina se haga porque contribuyó a la reflexión y el debate.

-Se comentó que desde el directorio de TVN había molestia por el discurso que dieron la primera noche. Se dijo que había quedado al debe su crítica a la violencia. ¿Les llegó reto?

-Nadie del directorio me lo expresó, ni antes ni después. Este es un festival masivo, transmitido en vivo a decenas de países, y en esta ocasión se desarrollaba en un momento especialmente tenso en Chile. Y si bien yo planteé internamente el punto, los organizadores correctamente se propusieron hacer todo lo posible por no traer esa tensión y polarización a la Quinta, más allá de lo que los artistas quisieran decir y el público expresar. Pero nuestro rol como animadores es distinto. Y si bien yo planteé internamente el punto, los organizadores correctamente se propusieron hacer todo lo posible por no traer esa tensión y polarización a la Quinta. Nuestro rol como animadores es distinto. No estamos para expresar nuestras opiniones o gustos personales.

-¿Por qué?

-Porque debemos reflejar la línea editorial de nuestros canales y asegurarnos de que el festival fluya en lo que le es propio. Nos pareció que lo fundamental era intentar unir al país, no dividirlo. Y si bien los chilenos mayoritariamente condenan toda forma de violencia, querámoslo o no, están más divididos sobre quiénes son en mayor o menor medida responsables de esa violencia. Hay violencia en la primera línea, pero también hay casos de abusos absolutamente indesmentibles de algunos carabineros. Y entrar en esa lógica de que para condenar la violencia de algunos había que condenar también las violaciones a los derechos humanos de otros implicaba traernos de lleno el conflicto a la Quinta, que era lo que queríamos a toda costa evitar. Apelamos a los principios y valores que no son subjetivos sino transversales, como que Chile es uno solo, que en este país no sobra nadie, que la única salida es el diálogo. Y la violencia es un asunto más profundo. Como dice Carlos Peña en su último libro citando a no sé quién, quizás nuestro mayor problema es justamente que no logramos entender bien nuestro problema.

-¿Sospechaste lo que iba a ocurrir con los artistas? Había tuits que decían “es lejos el festival más revolucionario de la última década”, “no puedo creer lo que está pasando en Viña”.

-Todos esperábamos que fuera así porque conocíamos las trayectorias y opiniones de los artistas y ninguno dijo algo en el escenario que no hubieran dicho antes. De hecho, en algunos casos, como el de Mon Laferte, se esperaba que fuera mucho más directa de lo que fue.

-¿Qué les pasa a ustedes como animadores cuando Mon Laferte salta con la Quinta al son de la frase “El que no salta es paco”?

-Por supuesto que no estoy de acuerdo con eso. Me parece una generalización injusta y ofensiva. Más todavía considerando que fue gracias a la labor de Carabineros y de la PDI en el exterior de la Quinta que el festival se estaba pudiendo realizar y ella podía estar cantando en el escenario. Por eso te digo que yo no comparto muchas de sus opiniones. Pero nada de eso la desmerece como artista, ni altera su biografía, ni justifica que se le censure su show como pedían algunos por Twitter. Así como ella es libre para decir lo que quiera, cada uno puede pensar y decir lo que quiera sobre sus opiniones, tal como lo estoy haciendo yo ahora.

-¿Es cierto que la producción planteó cortar la transmisión? Se escuchó un “sigamos” al aire…

-Jamás. Todo lo contrario. Tanto de los ejecutivos de TVN como los de Canal 13 la instrucción fue siempre la misma: los shows durarían los tiempos presupuestados y acordados previamente con cada artista. Y cada uno de ellos sería libre.

-Menos político, pero también complicado… ¿cómo evalúas la presentación de Maroon 5?

-Fue un acierto en lo artístico, pero una decepción en lo humano. Primero retrasaron sin ninguna razón su show en 45 minutos, lo que para una transmisión en vivo es un problema mayor. Y los gestos y declaraciones del vocalista a la salida de la Quinta fueron una completa falta de respeto. Después alguien lo llamó al orden y pidió perdón por las redes sociales, pero igual mucha gente quedó decepcionada de su actitud.

-Familiares tuyos han tenido cercanía a la centroderecha, y en concreto, tu marido (Ignacio Rivadeneira) fue ex asesor de Piñera. ¿Te complica en algo?

-Para nada. Cada uno tiene su carrera. Él participó en el primer gobierno del presidente Piñera y lleva seis años ejerciendo como abogado en su estudio, alejado de la contingencia. Nos conocimos cuando yo era reportera de política y él participaba activamente en RN, así que agradezco su pasado político (ríe). Por mi parte, hice mi carrera en noticias y después como periodista-animadora. Él siempre ha sido un apoyo fundamental en la casa y en mi trabajo, tal como yo siempre trato de serlo con él.

-¿Te gustaría participar en política?

-Me encanta la política porque me importa mucho mi país. Y si bien soy joven todavía, no me veo participando activamente en ella. Sé perfectamente el costo personal que tiene.

-¿Cómo se va a llamar tu hijo?

-Ignacio, obvio (y sonríe).