El gobierno lanzó un plan para regularizar la situación de 20 mil extranjeros que viven en el país sin documentación, pero hasta el cierre de esta edición las solicitudes ya bordeaban las 40 mil. Para los expertos, es una prueba de que estamos frente a un fenómeno de alto calibre y que urge implementar políticas para evitar futuras situaciones explosivas, como las que encendieron otras latitudes.

  • 2 abril, 2008

 

El gobierno lanzó un plan para regularizar la situación de 20 mil extranjeros que viven en el país sin documentación, pero hasta el cierre de esta edición las solicitudes ya bordeaban las 40 mil. Para los expertos, es una prueba de que estamos frente a un fenómeno de alto calibre y que urge implementar políticas para evitar futuras situaciones explosivas, como las que encendieron otras latitudes. Por Sandra Burgos; fotos, Enrique Stindt

 

Casi como un fenómeno bíblico, de un buen tiempo a esta parte Chile se ha convertido literalmente en una nueva tierra prometida. Con una fuerza inusitada, las corrientes migratorias se enfocaron hacia este rincón perdido del planeta, potenciadas por el endurecimiento de los mecanismos de control de ciudadanos extra comunitarios en Europa y en Estados Unidos, y atraídas por nuestra humilde oferta de estabilidad económica y política.

 

 

Y claro, como ya no estamos hablando de turistas, sino que de personas que vienen a vivir, trabajar, estudiar en Chile, impactando en forma multifacética a nuestra sociedad, el tema ha dejado de ser una materia de sobremesa o una curiosidad periodística y se ha constituido en uno de esos llamados "tema país", o sea, importantes, con ribetes imposibles de soslayar por parte de las autoridades políticas.

Sin ir más lejos, la población migrante que tenemos hoy en términos de porcentaje llega al 1,6% del total, es decir, unas 258.829 personas. Un porcentaje bajo si se compara a nivel mundial, donde la población migrante representa el 3%, sin considerar refugiados ni desplazados, o si se compara con los chilenos que viven en el exterior, que suman 857.781 personas.

Sin embargo, la tendencia en Chile es creciente en los últimos diez años, especialmente en lo que respecta a población proveniente de Perú y Ecuador. Desde esos origenes, los crecimientos son de 300% entre los censos de 1992 y 2002, mientras que el total de extranjeros creció 75% en ese decenio. Además, según un informe de marzo del Observatorio Interamericano de Inmigrantes (OCIM), Chile ha pasado a ser relevante en esta materia, porque es el país que tiene la tendencia creciente mayor de inmigrantes en Sudamérica.

 

 

La amnistía: nos quedamos cortos

 

 

La tendencia avala que el fenómeno de la migración esté de lleno en la agenda pública y explica los últimos movimientos del gobierno, como la implementación de un proceso de regularización migratoria (entre el 5 de noviembre y 22 de febrero) que buscaba beneficiar a 20 mil personas que hoy están en situación irregular. Sin embargo, la cifra parece que se quedó corta. Hasta el cierre de esta edición ya iban más de 34 mil solicitudes de regularización, cifra que en todo caso correspondería a la mitad del total de inmigrantes en condición irregular, según estimaciones de expertos.

Para el subsecretario del Interior, Felipe Harboe, estas cifras demuestran dos cosas importantes: “primero, que el mensaje que hemos dado de la necesidad de regularizarse está llegando y, en segundo lugar, que la gente tiene conciencia también de que estar en situación irregular es un riesgo para ellos”.

 

Sin embargo, para el abogado Diego Carrasco, director ejecutivo internacional de OCIM, demuestra básicamente que el gobierno se quedó corto. Es más, agrega que sus estimaciones son que en Chile hay cerca de 93 mil extranjeros que no tienen cédula de identidad, es decir, están en condición irregular, lo que significa que no tienen derecho a ser atendidos en la seguridad social y que están expuestos a trabajar en negro y caer en las redes de mafias de trata y tráfico de personas. “Creemos que la intención del gobierno es buena, pero sabemos que Chile está haciendo esto porque le toca informar la situación de los migrantes a las Naciones Unidas durante el primer semestre de 2008”, señala Carrasco.

Para la coordinadora académica de la carrera de Sociología de la Universidad Alberto Hurtado, Carolina Stefoni –que se ha especializado en migración–, “esta amnistía permitirá regular a muchas personas, y eso está muy bien, pero si no se soluciona el problema de contar con una ley, con una institucionalidad que privilegie la integración, en cinco años vamos a tener exactamente el mismo problema”, sentencia.

 

Una opinión parecida tiene Susana Rodera, consultora de la Organización Internacional para las Migraciones, OIM: “con la legislación actual, creo que Chile se va a encontrar con una situación difícil de manejar. No por la cantidad de gente que llegue, sino porque no podrá dar solución a cuestiones que deberá enfrentar en cuanto a demandas sociales”.

 

 

La nueva ley que se está preparando

 

 

La carencia de una buena institucionalidad que sostenga el fenómeno de migración que está llegando a Chile, es asumida por el gobierno. Por eso, Felipe Harboe explica que lo primero que se requiere es modificar la estructura administrativa y jurídica para dar cuenta de la nueva realidad: “Chile es un país atractivo para radicarse y, por tanto, la institucionalidad pública y jurídica debe adecuarse. Por eso estamos trabajando en la nueva ley de extranjería, que toma como uno de sus principios importantes la integración y lo compatibiliza también con la necesaria protección interna”.

Esta nueva legislación ha modernizado el departamento de extranjería, contando hoy con un edificio de 8 pisos con sistemas de identificación biotécnica, con archivo digital, con información digitalizada por la Policía de Investigaciones y el Registro Civil.

“Se han modernizado las estructuras porque una de las externalidades que tiene el fenómeno de la inmigración es que es irregular, lo que altera los mercados laborales y sociales. En consecuencia hemos hecho hincapié en establecer un sistema que facilite la regularización, para beneficio del propio inmigrante, porque una persona que está regular en un país tiene derecho a un contrato de trabajo bajo las leyes chilenas, derecho a la seguridad social, a la salud, educación y puede postular a la vivienda. Lo que queremos es hacer entender al inmigrante que ser regular en Chile lo beneficia”, explica Harboe y agrega que al contrario de lo que la gente cree, la regularización de extranjeros irregulares fortalece el mercado laboral nacional. “Muchas veces hay algunos empresarios que valiéndose de la condición irregular de un extranjero, lo subcontratan o le pagan por debajo del mínimo, sin leyes sociales, lo cual se transforma en la práctica en una competencia desleal para un trabajador chileno”, asevera.

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Esa norma jurídica establecerá también algún tipo de visas de carácter moderno, es decir, se entregarán visas especiales para efectos de incentivar determinado tipo de actividad productiva o desarrollo del país, lo que se conoce como visas de innovación.

“No podemos decir todavía cómo será ese proceso, pero creemos relevante tener algún tipo de incentivo para que determinado tipo de científicos, expertos o un innovador que permita desarrollar algunas perspectivas de desarrollo para el país, pueda tener algún permiso para radicarse en nuestro país, tal como lo han hecho India y Estados Unidos”, señala el subsecretario de Interior. En este proceso, agrega, está trabajando también la Comisión de Innovación: “ya que Chile es un país muy atractivo para vivir, para desarrollarse, también tiene que favorecerse de aquellas personas que tienen capacidades innovadoras o conocimientos muy avanzados”, agrega Harboe.

 

 

 

Efectos económicos

 

 

Para todos los expertos, la migración bien regulada, tiene un efecto positivo para los países. “En las sociedades de destino las migraciones contribuyen al desarrollo, en el caso de España el aporte de los migrantes al PGB llega a cerca del 9% y a 13% en Estados Unidos”, explica Diego Carrasco.

Además, aseguran que está comprobado que en los países de alta migración siempre el desarrollo ha sido enorme, porque necesitan mano de obra. Estados Unidos sin los inmigrantes no podría sostener una parte de su economía y en Europa pasa lo mismo, de hecho los españoles señalan que si no fuera por el aporte de los migrantes la seguridad social colapsaría.

Según estudios internacionales, el migrante en general es un perfil sicológico más cumplidor, en promedio producen un 13% más que los trabajadores del país nacional, porque no quieren perder su empleo y regresar a sus países. Aun así, se ven forzados a recibir remuneraciones, que al menos en América latina, están entre un 25% y un 30% de las que recibe un nacional por el mismo trabajo. Uno de los fantasmas que ronda en torno al tema, en materia económica, es que los inmigrantes llegan a competir con los trabajadores nacionales de las clases más bajas. Al respecto, Carrasco señala que no es así, porque vienen a ocupar los puestos de trabajo que deja el nacional, salvo cuando se trata de migración calificada, como lo que sucedió después de la crisis argentina, en que muchos ejecutivos y profesionales argentinos llegaron a Chile. “Si preguntas en la Sofofa te darás cuenta que gran parte de los ejecutivos chilenos, de los gerentes de las más grandes empresas en Chile son prácticamente en un 70% extranjeros”, agrega.

Por otro lado, las cifras demuestran que en Chile cada vez hace falta más mano de obra en trabajos domésticos y también en la agricultura y construcción. El sacerdote Isaldo Antonio Bettin, párroco de la Parroquia Latinoamérica y de los migrantes, que trabaja con el Instituto Católico Chileno de la Migración (Incami) y que tienen una casa que acoge, capacita a mujeres inmigrantes y ayuda a ingresar al mundo laboral, señala que han percibido que hay una clara necesidad de mano de obra, por la baja natalidad y por los tipos de trabajo.

Asegura que las personas que en este último mes han ido a la Casa del Migrante en busca de una asesora de hogar, se han encontrado con que no hay personas. Un tema no menor si se observa que en 2007 lograron insertar a unas 4 mil personas al mercado laboral. “Puede ser un tema estacionario, pero también vemos que el sector agrícola tiene la misma percepción, que falta mano de obra”, explica el sacerdote.

En los últimos años la Asociación de Exportadores ha denunciado esta situación: que los chilenos ya no quieren trabajar en sectores como recolección de fruta y temporeros, por lo cual ha hecho sendos llamados a la autoridad a regularizar la situación de los migrantes peruanos para que se incorporen al mundo laboral. Pero no sólo peruanos están en estas labores, según las organizaciones de migración, hay datos de un gran porcentaje de colombianos que están trabajando como temporeros en el campo chileno. Ellos han llegado por temas de seguridad, ya que han sido desplazados por los movimientos paramilitares de sus tierras.

 

 

 

Aparición de redes de tráfico

 

 

La pregunta surge instintivamente, ¿estamos preparados como país para enfrentar un fenómeno migratorio mayor? Al parecer la respuesta es negativa. Carolina Stefoni señala que con la institucionalidad actual, Chile no está en condiciones de enfrentar todas las demandas que significa la migración. “No es sólo gente que llega, sino además llega con derechos, migrar es un derecho y se debe entregar ciudadanía a esas personas, no son una masa de trabajadores semi esclavos, que van a trabajar por menos salarios, son ciudadanos que vienen a trabajar y que tienen que tener todas las condiciones regulares para hacerlo, para vivir y traer a su familia”

Agrega que el actual reglamento no privilegia la integración. “Es necesario darle un estatus al migrante, no una condición sujeta a un contrato, sino un derecho como lo hizo Argentina que tiene una de las leyes más modernas y progresistas, porque simplemente le reconoce el derecho de ciudadanía a todos por igual. A un país le conviene mucho más tener a los migrantes regulares, porque pagan impuestos, Fonasa, todo. De lo contrario terminan trabajando más barato y generan una tensión con los sindicatos, por todos lados es un costo social tener migración irregular”.

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Y no sólo eso. En Chile ya comienzan a generarse redes de trata y tráfico de personas, especialmente en ciudades como Calama, Santiago, Concepción y Puerto Montt, donde una de las manifestaciones es la prostitución.

También se están armando “redes de coyotaje”, como se denomina la contratación de mano de obra de migrantes irregulares. Diego Carrasco explica que hay redes de tráfico especialmente en la zona norte, “hemos denunciado esto y entregado los datos a la relatoría de derechos humanos de los migrantes de Naciones Unidas. Yo lo he podido presenciar en el Terminal de Buses de Arica, donde llegan camionetas y camiones a buscar a inmigrantes, los recogen como si fueran ganado y les quitan los pasaportes o documentos de identidad para que no se fuguen”

La organización que dirige Carrasco ha detectado siete fronteras de riesgo de coyotaje en América latina, donde existe la presencia de estas redes: Estados Unidos- México, Guatemala-México, fronteras de Colombia, fronteras de Ecuador, Paraguay- Bolivia, Bolivia-Argentina, Haití- República Dominicana y la trifrontera Chile-Perú-Bolivia.

Los temidos ghettos y xenofobia Pero no sólo redes de tráfico comienzan a aparecer en el país, también se teme que si no se regulariza la situación de inmigrantes y no se establecen leyes de integración que permitan acceso a la salud, vivienda y educación, se comenzarán a formar verdaderos ghettos, lo cual puede ser caldo de cultivo para la creación de mafias y bandas delictivas.

Para Felipe Harboe, en nuestro país se están comenzando a visualizar ghettos. “En general cuando se unen tres condiciones básicas: coincidencia de nacionalidad, marginalidad e irregularidad, las personas se juntan para solventar sus necesidades básicas. Tenemos casos en Recoleta y Estación Central, donde hay grupos de inmigrantes peruanos que cohabitan en cités, en situaciones muy complejas, por eso hemos iniciado el proceso de regularización para que esas personas salgan de la situación de pobreza y puedan desarrollarse”.

Un dato no menor, en la comuna de Independencia, el 16% de sus habitantes ya son inmigrantes, mientras que en un sector de la capital, donde está el conocido “Mall Chino”, se está produciendo la agrupación de migrantes de ese país.

“Estamos trabajando muy fuertemente en abordar los temas de protección social. Cómo se enfrentan por ejemplo las becas en materia de educación o la capacidad de los liceos públicos para acoger a estos hijos de inmigrantes o las salas cunas. Hay una comisión formada por Trabajo, Salud y Vivienda, para adoptar políticas públicas sectoriales en función de los requerimientos. Estamos trabajando en mejorar el sistema en su conjunto para que aquellas personas que vengan no se sientan marginados y no vaya a constituirse un verdadero ghetto extranjero en nuestro país”, explica Harboe.

Carolina Stefoni enfatiza que es importante que la sociedad chilena se haga cargo de los derechos de esas personas, que tengan las mismas oportunidades que el resto, porque de lo contrario se empiezan a formar los ghettos, “con una ciudadanía de segunda clase, que es lo que le ha pasado a los argelinos en Francia o a los latinos en España. Tienes un grupo que empieza a ser excluido de la sociedad, entonces todos los temas de racismo y xenofobia prenden súper fácil”.

Ejemplos de ello hay muchos. El 7 de octubre pasado todo el mundo vio horrorizado cómo un joven catalán golpeaba en el metro de Barcelona a una inmigrante ecuatoriana. El hecho salió en primera plana en varios periódicos del mundo y en Chile causó gran estupor, encendiendo una señal de alarma respecto a signos de xenofobia y racismo en países europeos. Aunque nos sorprenda, situaciones similares no están ajenas a Chile. Tras el partido entre Chile y Perú por las eliminatorias 2010, tres ciudadanos peruanos fueron objeto de hostigamiento y persecución que terminó con una golpiza en el Metro de Santiago. Estos atisbos de xenofobia, también se han extendido a ciudadanos ecuatorianos, colombianos e incluso argentinos, según confidencia Diego Carrasco.

 

 

 

Las lecciones de Francia

 

 

Para los expertos, el tema de la migración debe constituirse en alta prioridad en Chile, tal como lo está siendo en otras partes del mundo, donde se han dado cuenta que una exclusión de los extranjeros en sus sociedades puede generar problemas de violencia e inestabilidad económica en el mediano plazo.

Cuando en diciembre de 2005 surgieron las protestas en Francia de los hijos de migrantes turcos, saharianos y sub saharianos, que quemaron más de 5 mil vehículos en París, el país se dio cuenta de la deuda histórica que tenía con las ex colonias, ya que todos los jóvenes que protestaron eran ciudadanos franceses, hijos de inmigrantes. Ahí se develó que una sociedad como la francesa que por años se había jactado de ser altamente tolerante y progresista, no había podido integrar culturalmente a sus migrantes.

Precisamente ese punto es el que más preocupa a quienes trabajan en el tema hoy en Chile, porque consideran que el país debe sensibilizar a su población. “De lo contrario va a colapsar el sistema de aquí a cinco años. Va a ser tal la demanda de los servicios públicos que van a verse saturados y probablemente emerjan protestas sociales de grupos migrantes y si esto lo ponemos en el contexto de que en América latina se está formando el poder migrante o transnacional, creemos que estas movilizaciones se van a incrementar generando explosiones sociales”, advierte Diego Carrasco.

Por su parte, Susana Rodera pone énfasis en un tema no menor y que es la desigualdad en el país. “El otro día hablaba la presidenta Bachelet que el PIB per cápita en Chile había aumentado mucho, pero eso no refleja la realidad. Lamentablemente la ciudadanía tiene muchas diferencias de clase y salariales. Si ya tienen ese problema de desigualdad dentro de la propia sociedad, a ver cómo podrán abordar un fenómeno creciente, que más encima no tiene un marco legal para regularlo. Si Chile no asume primero esta diferencia y no ofrece seguridad social y los servicios necesarios a toda la población que está en condiciones mínimas, tendrá un gran problema”, alerta.

La socióloga Carolina Stefoni estima que en Chile se está empezando a formar una exclusión, “por eso creo que es importante enfrentar el problema ahora, porque está recién empezando, no se pueden hacer programas específicos y desarticulados para los migrantes, tiene que haber una institucionalidad mucho mayor que sea el soporte de todos estos programas, si no se hace eso vamos a ir creando un nuevo tipo de exclusión y que se desarrolla en un par de años”, aclara.

 

Una gran tarea pendiente como país.

 

 

 

Los refugiados palestinos

A fines de los 90, Chile dio un triste espectáculo. Sin mediar investigación ni preparación de por medio, abrió las fronteras a un grupo de refugiados bosnios que arrancaban de la guerra en la ex Yugoslavia, ofreciéndoles una tierra prometida a la cual nunca llegaron.

No entendían el idioma ni el trato de la gente, muy pocos consiguieron trabajo, viéndose en la obligación de salir a las calles a pedir limosna o a montar espectáculos artísticos, donde niños pequeños mostraban su especial don para la música. Fue tal el caos, que muchos prefirieron volver a su país y enfrentar la guerra antes que seguir en Chile.

Hoy estamos en medio de un proceso de aceptación de cien refugiados provenientes de Palestina, lo que constituye el grupo más grande de refugiados que ha arribado al país en los últimos años.

Esta vez las cosas se han hecho en forma diferente. Felipe Harboe explica que lo que se ha hecho ahora para acoger a este grupo es decirles lo que es Chile, no el de las postales, el Chile de verdad. “Le hemos dicho que si vienen tendrán que luchar contra la barrera idiomática, no queremos que se generen ghettos, queremos incorporarlos y, por tanto, hemos hecho un trabajo muy meticuloso para que la oferta pública que les hemos hecho sea de acuerdo a la demanda”.

Lo primero que se hizo fue determinar qué tipo de familias venía, cuál es su experiencia laboral, edades, enfermedades, situación familiar; “para que en función de esas necesidades les hagamos una oferta pública que sea coherente, en eso estamos hoy trabajando con la Vicaría de la Pastoral Social, con la ONU, algunos alcaldes y algunos empresarios de la comunidad, para que estas personas se inserten en nuestro país y puedan reconstruir sus vidas, pero en la sociedad chilena, no que constituyan una sociedad palestina dentro de Chile”