Por: Jorge Poblete, @jpobletecapital en Twitter. Fotos: Verónica Ortíz Las voces de apoyo y también las críticas surgieron de inmediato, estas últimas con mayor virulencia en algunos sectores de Estados Unidos. Una de las que más circuló –probablemente por ingeniosa, pero también por apuntar a cuáles debieran o no ser las expectativas de los feligreses […]

  • 15 octubre, 2015

Por: Jorge Poblete, @jpobletecapital en Twitter.
Fotos: Verónica Ortíz

enciclica

Las voces de apoyo y también las críticas surgieron de inmediato, estas últimas con mayor virulencia en algunos sectores de Estados Unidos. Una de las que más circuló –probablemente por ingeniosa, pero también por apuntar a cuáles debieran o no ser las expectativas de los feligreses respecto de sus líderes religiosos–, fue la del precandidato presidencial republicano y miembro del clan familiar, Jeb Bush. “Espero no ser castigado por mi cura al volver a casa, pero no tomo las políticas económicas de mis obispos o mi cardenal o mi Papa”, dijo el ex gobernador de Florida –quien, según él mismo ha contado, se convirtió al catolicismo “en honor a mi esposa” Columba Gárnica–, al ser consultado por las opiniones del Papa Francisco sobre medioambiente y políticas sociales.

Y es que la encíclica Laudato Si ha sido objeto de debate y análisis durante buena parte de 2015, incluso antes de que el texto se diera a conocer, en junio pasado.

Basta revisar algunos párrafos para entender por qué tanta conmoción. En el texto pueden encontrarse preguntas como “¿es realista esperar que quien se obsesiona por el máximo beneficio se detenga a pensar en los efectos ambientales que dejará a las próximas generaciones?”, hasta advertencias como “la estrategia de compraventa de bonos de carbono puede dar lugar a una nueva forma de especulación, y no servir para reducir la emisión global de gases contaminantes”. También hay afirmaciones en torno a que “mientras se deteriora constantemente la calidad del agua disponible, en algunos lugares avanza la tendencia a privatizar este recurso escaso, convertido en mercancía”.

Además de su contenido, hay otras razones para explicar el interés en la publicación. Se trata de la primera encíclica del Papa Francisco y es la primera que un jerarca de la Iglesia Católica publica íntegramente sobre esta materia. Más aún, es un texto que posee un propósito temporal: influir en la COP21, la cumbre medioambiental que se realizará a fin de año en Francia. “El Papa tiene una posición y lo había dicho: quiero sacar esta encíclica antes del encuentro de París, porque quiero influir en el encuentro”, dice el obispo Marcelo Sánchez Sorondo, canciller de la Pontificia Academia de las Ciencias del Vaticano.

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Sánchez Sorondo, que trabaja en el Vaticano desde 1971, es quien está detrás de la institución de la Santa Sede que asesora técnicamente al Papa en materias vinculadas a la ciencia –donde trabaja con economistas como Joseph Eugene Stiglitz y Kenneth Arrow– y entre sus tareas está coordinar la labor de los expertos de la Academia de las Ciencias que estudian materias como los glaciares eternos y el clima en los Himalaya.

Es porteño como Francisco, lo conoce desde sus años como provincial de los jesuitas en Argentina, antes de que Jorge Bergoglio fuera nombrado arzobispo de Buenos Aires y, según asegura, “creo que él tuvo realmente una intervención muy decisiva para que me hicieran obispo”. En otras palabras, es una voz autorizada para hablar de Francisco y la preocupación medioambiental.

-Los papas tienen una historia de desencuentros con la ciencia, partiendo por la controversia con Galileo Galilei. Sin embargo, Laudato Si trata de fenómenos surgidos precisamente desde esta área del conocimiento. ¿Qué le pasó al Papa Francisco, cambió los criterios de la Iglesia?

-Antes era porque no se ocupaba de la ciencia, ahora porque se ocupa (risas). Las críticas siempre vienen. Lo cierto es que, como el Papa dice en el famoso párrafo 23-24 de la encíclica, que son los que tocan este tema: se podrá seguir discutiendo, pero lo que ahora dice la comunidad científica, y lo dice tal como lo planteamos en la academia, es que la actividad humana que utiliza material fósil, es decir petróleo y carbón, es la que produce el cambio climático.

-¿La fuente de esta encíclica no es entonces el Evangelio?

-La encíclica tiene dos fuentes fundamentalmente. Una es la fe y la revelación, que es el hecho, muy marcado en el Génesis, de que el hombre, por ser imagen de Dios, es de alguna manera el custodio, el administrador de la creación, lo cual quiere decir que no tiene que dominarla en el sentido negativo, de dominación contra las leyes de la naturaleza. Porque custodiarla no quiere decir tampoco tenerla como en un museo, sino que acompañarla en la vida, en el desarrollo sostenible, sustentable. Eso por una parte. Por otra, la situación de la Tierra la describe la ciencia, y el Papa usa los datos que le presenta la ciencia, particularmente la Academia de las Ciencias del Vaticano, que hace 30 años que está en esta posición y donde yo soy canciller.

-Más incluso que sus afirmaciones medioambientales, un aspecto que ha causado debate sobre Laudato Si, es su discurso sobre la inequidad que generaría la sobreexplotación de recursos. ¿Qué puede decir de eso?

-Santo Tomás de Aquino dice: ¿De qué se ocupa la teología? De Dios y todo lo que tiene relación con Dios. Y como todo está creado por Dios, todo tiene relación con Dios, particularmente la naturaleza. Así que la fórmula de decir que el Papa se debiera preocupar sólo de la fe y costumbre, es una fórmula reductiva. Esto lo digo por el candidato americano que dijo que en este tema yo no sigo ni a mi párroco ni a mi obispo ni a mi Papa.

-Estas intenciones pueden sonar muy loables, pero cuando el Papa escribe sobre bonos de carbón o protección internacional de áreas marinas o incluso sobre privatización de las aguas, ¿en qué se diferencia su opinión de la de un representante de una ONG?

-En que el Papa no se mete en las cuestiones de un partido político o de una acción directa, sino más bien es una acción indirecta. Él propone una doctrina, que es la Doctrina Social de la Iglesia, que no es una vía concreta, sino que son principios generales que corresponde a cada uno actuar. No dice concretamente cómo hay que hacer, sino que aclara, “atención, si nosotros solamente ponemos el acento en el profit, el dinero, vamos a tener una sociedad que no va a producir el bien común y va a producir más desigualdad y va a producir más pobres”. Porque la pobreza es la causa de todos estos males sociales.

-El Papa Francisco hace juicios bastante específicos sobre economía.

-El Papa ha criticado el chorreo como una visión extremadamente liberal, porque produce desigualdad y pobreza. Eso es un análisis común de la Doctrina Social de la Iglesia y que el Papa lo pone muy claramente.

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-¿Laudato Si es una encíclica económica, entonces?

-Él ha dicho que su encíclica no es una encíclica verde, sino que una social, porque, en definitiva, cuál es el problema de usar mal los recursos de la Tierra: que se estropea el ambiente, y estropeándose el ambiente, crece la pobreza, eso es evidente. Con los ciclones, el Niño, la Niña, los huracanes, la gente sufre el fenómeno de la naturaleza de una forma más habitual y eso es caldo de cultivo para que se extiendan las nuevas formas de esclavitud, que son impresionantes. Hoy se habla de 30 millones de personas, y ésa es la punta del iceberg, que sufren estas nuevas formas de esclavitud: que son el trabajo forzado, la prostitución y la venta de órganos.

 

Influencia internacional

Para Sánchez Sorondo, junto con las temáticas medioambientales, otro de los sellos de la administración del Papa Francisco ha sido su rol en la política internacional. El obispo destaca como “una reacción muy positiva, mucho más de lo esperado” su visita a Estados Unidos y el “encuentro de Naciones Unidas, donde fue aplaudido al menos 15 veces y luego fue aprobado inmediatamente lo del desarrollo sostenible”.

-¿Las gestiones entre Washington y La Habana son el logro más visible del Papa Francisco, a nivel internacional, hasta ahora?

-Juan Pablo II, contra el deseo de todos, fue a Cuba y ahí dijo la famosa frase: Cuba tiene que abrirse al mundo y el mundo tiene que abrirse a Cuba. Y eso se consideró como una crítica al embargo, pero no consiguió levantarlo. El Papa Benedicto, un Papa alemán con una sensibilidad completamente distinta, fue también a Cuba y dialogó con Fidel Castro, también dijo lo mismo y no lo consiguió. Este Papa ha conseguido que se empiece, porque tampoco es una cosa tan automática, pero que se empiece un diálogo serio.

-Tal como en el tema medioambiental, ¿cuál considera que es el límite al opinar de problemas internacionales?

-El Papa ha tenido muchas intervenciones, entre ellas evitando un bombardeo en Siria, ha hecho evidentemente el proceso inicial de la reconciliación entre Cuba y Estados Unidos, está habiendo un diálogo importante con China, en que por primera vez los obispos chinos han sido reconocidos por el Vaticano. Está teniendo una apertura también a Rusia, en un diálogo importante. Es un hombre de diálogo.

Ahora, todavía no ha tenido la influencia del Papa Juan Pablo II, que cambió el curso de la historia, por lo menos de Europa con el comunismo, de modo que los papas tienen influencia. El que quiera decir que el Papa se quede en la sacristía, va contra la historia. No es lo que va a ocurrir.

-¿Qué opina de los dichos del Papa Francisco respecto de la demanda marítima boliviana, cuando afirmó que “no es injusto plantearse una cosa de ese tipo”?

-Eso no lo conozco, porque no pasó por la Academia como el tema del clima, pero le puedo decir lo siguiente: al Papa Juan Pablo II recurrieron Chile y Argentina para establecer la paz entre ellos, y el Papa Alejandro VI puso el famoso límite entre Brasil y los otros países. De manera que los papas han tenido una actuación, también en este orden, como mediadores.

-Recogiendo lo que dice… ¿fue una señal entonces la fotografía que sacaron hace unas semanas el Papa Francisco junto a un cartel de las Malvinas?

-Leí una declaración del jefe de prensa del Vaticano, Federico Lombardi, que dice que al Papa en una actividad, entre tanta cosa, le sacaron una foto que tenía la declaración, no por eso adhirió de un modo especial a la declaración. Ahora, cuando era arzobispo de Buenos Aires, él decía que las Malvinas eran argentinas… •••