Cirilo Córdova y Ramón Aboitiz cuentan los avatares de esta empresa a lo largo de siete décadas. Una historia donde la vocación innovadora, la disciplina y el aguante han dado muchos frutos. 

  • 24 agosto, 2007

 

Cirilo Córdova y Ramón Aboitiz cuentan los avatares de esta empresa a lo largo de siete décadas. Una historia donde la vocación innovadora, la disciplina y el aguante han dado muchos frutos. Por Javiera Moraga.

 

Quién no ha tenido en su casa, en la de sus padres o en la de sus abuelos un artefacto Mademsa. ¡Todos!

 

Es indesmentible que los productos de Manufactura de Metales S.A., que es el nombre de esta compañía, ya forma parte del paisaje de bienes durables del país, cruzando a generaciones de familias chilenas a lo largo de 70 años de historia.

 

Además, después de hablar con dos de sus más altos responsables, es claro que la trayectoria de esta compañía está llena de empuje empresarial, y de lo que algunos llaman desde el corazón: vocación. En este caso, vocación industrial.

 

Mademsa fue una de las primeras compañías que fabricó en Chile las cocinas a parafina y con los años fue evolucionando a nuevos productos de la mano de las necesidades de las dueñas de casa hasta llegar a artefactos tan sofisticados e inolvidables como la Margarita de Mademsa, una lavadora que en su tiempo revolucionó el mercado.

 

Lo han hecho bien, dicen ellos. “Hoy, Mademsa posee la primera recordación de marca en la categoría top of mind. Además posee un gran reconocimiento entre los consumidores quienes la asocian con calidad, trayectoria y confiabilidad”, explica Cirilo Córdova, gerente general de CTI.

 

No por nada, la compañía ha logrado sobrevivir a la arremetida de las marcas coreanas, japonesas, europeas y americanas. Esa condición de adaptabilidad evolutiva explica que para Sigdo Koppers Mademsa sea una compañía muy querida. Eso y el que en los anales del grupo se anota que cuando decidieron diversificarse, su primer emprendimiento fue CTI, dueña de la marca Mademsa.

 

“Cuando empezamos a diversificarnos de la parte de ingeniería y construcción, lo hicimos con cosas afines a nuestro quehacer. En ese momento, vimos que CTI tenía un potencial tremendamente grande. Nos contactamos con Cirilo y su grupo de socios. Lo que nos hizo darnos cuenta que no solo la compañía como tal tenía un gran potencial, sino que contábamos con gente que sabía hacer las cosas.

 

Hemos logrado un gran entendimiento y se ha producido lo que los norteamericanos llaman una química”, explica Ramón Aboitiz, presidente de CTI. Mademsa, se puede decir, es una industria atípica, porque en ella las cosas resultan. Como buenos ingenieros, ellos se preocupan hasta de los más mínimos detalles. Cuando se trata de refrigeración trabajan con la Universidad de Santiago; en diseño estético e industrial lo hacen con el DUOC. Nadie se imagina cuánto puede importar el embalaje en una industria como esta, donde trasladar las cosas, al menor precio posible es realmente un tema.

 

Gracias a ese espíritu lograron sortear en los 90 la arremetida coreana. “Entraron con grandes campañas de marketing. Comenzaron a bajar los precios e incluso fueron capaces de cambiar gustos, costumbres y el modo en que lavaban los chilenos. En ese momento empezamos a fabricar ese tipo de lavadoras”, explica Córdova.

 

Otro de los episodios que marcó su historia reciente fue lo que sucedió a principios de esta década con la crisis en Argentina. Cuando estalló la crisis el tema fue complicadísimo para CTI, quienes allá se manejaban bajo la marca Frimetal. “Vino la hecatombe del 2002 y perdimos una cantidad de dinero increíble. En ese momento a Cirilo se le ocurrió dividir las compañías. Y ahora resulta que la que está allá tiene una performance casi mejor que CTI”, remata Aboitiz.

 

Otra cosa notable es que más allá del mito de que Chile no tiene fortalezas industriales y sí, por ejemplo, en commodities, esta empresa está exportando con viento en popa. Hoy llegan a gran parte de América del Sur, parte de Centroamérica y han ido a la conquista del mercado mexicano. Pero eso no es todo. Y aunque parezca increíble donde las exportaciones están yendo de las mil maravillas es en Venezuela. Incluso en la compañía dicen a modo de broma “San Chávez”. Eso, sí los envíos a ese país son por modelos y diseños y allá se venden con marcas propias. Lo que más se exporta son los refrigeradores, para seguir luego con otros productos.

 

 

 

Un negocio de alcance

 

 

Manufactura de Metales S.A. (Mademsa) nació de la mano de dos descendientes de italianos sumamente emprendedores.

 

Se trata de los hermanos Américo y Aurelio Simonetti, quienes heredaron la fábrica de otro italiano que decidió volver a su tierra natal. “Estos hermanos en la industria fueron pioneros. A fines de los 40, le habían agregado un montón de otras cosas a la empresa que partió como una broncería. Al final, terminaron con cuatro plantas. Incluso, al lado de esto armaron Madeco”, explica Cirilo Córdova.

 

Estos dos hermanos además de llevarse muy bien tenían especialidades muy distintas. Aurelio era el hombre de la producción, el encargado de ir a Italia a ver las nuevas tendencias industriales y era el hombre de la iniciativa y quien estaba en las plantas a las 7 de la mañana. Américo, en tanto, era el hombre que veía la parte comercial y la administración y quien tenía que ver con los gremios. De hecho, fue uno de los fundadores de Asimet.

 

Desde sus inicios, Mademsa buscó posicionarse como una marca innovadora, cercana y preocupada por la familia. En los 50, exploraron el entonces desconocido y revolucionario campo de la refrigeración. En la década siguiente inician la fabricación en serie y comienzan la profesionalización de la empresa. Y lo hicieron bien. En los 70, sus productos de línea blanca hacían furor.

 

Poco después, con la apertura del país al exterior y el fin del proteccionismo, se vieron enfrentados a un desafío no menor y sobrevivieron. No solo eso. Luego, Mademsa se relacionó con Aristón de Italia, gracias a lo cual llegaron las primeras lavadoras Margarita de Mademsa a Chile.