El economista italiano, profesor de la Universidad de Chicago y autor de “Salvando al capitalismo para los capitalistas”, dice que cuando visitó el país en 2015, notó que existía una gran tensión: “Tenía la sensación de que Chile era un ejemplo de que todo podía salir bien. Pero a la vez, de que todo podía salir mal”.

  • 12 diciembre, 2019

Luigi Zingales defiende a raja tabla el capitalismo. Eso sí, el economista italiano es enfático en diferenciarlo del “capitalismo de amigos”, ese grupo privilegiado “que se turna por períodos el poder político y el económico y que puede terminar deslegitimizando al sistema”. El profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad de Chicago y autor de los libros Salvando al capitalismo de los capitalistas y Capitalismo para la gente, es uno de los expertos en finanzas y gobiernos corporativos más reconocidos del mundo. Es también uno de los referentes en esta materia para el ministro de Hacienda, Ignacio Briones, quien lo ha calificado en sus columnas como un experto “agudo y provocador”. Y, en un tuit publicado el 17 de noviembre, el secretario de Estado aseguró: “simpatizo con la mirada de Zingales sobre la economía, la competencia sin privilegios y los abusos”.

Zingales y Briones se conocieron en 2015, cuando el europeo visitó Chile invitado por la Universidad Adolfo Ibáñez. En esa oportunidad, el actual jefe de la billetera fiscal -entonces decano de la Escuela de Gobierno UAI- entrevistó al profesor de la Universidad de Chicago. “No pudimos conocernos en profundidad, pero disfruté mucho la conversación con él”, cuenta el académico a Revista Capital.

-Usted ha insistido en la importancia de la confianza y propone, en tiempos de crisis, encontrar a alguien fuera del establishment para generar confianzas. ¿Es esa persona Ignacio Briones?

-Ciertamente parece ser esa persona, pero no tengo el conocimiento para dar una opinión 100% informada. Sería estupendo si ese fuera el caso, porque hay mucha necesidad de una persona con esas características para evitar que empeore la situación.

En la sobremesa chilena

Es una fría mañana de jueves de mediados de noviembre en Chicago, ciudad donde vive el economista Luigi Zingales. Son las 9:00 de la mañana y luego de esta entrevista caminará  los tres minutos que separan su casa de su oficina en el Harper Center, el centro de estudios e investigación de la Universidad de Chicago, donde hace clases. Allí dará una conferencia del último paper sobre mercado digital que escribió junto a Krishna Kamepalli y Raghuram Rajan, en que establece que la compra de startups tecnológicas por parte de grandes compañías como Google en altas sumas de dinero no siempre estimulan más innovación.

Al país de le vendió la idea de que si estudias y trabajas duro tendrás éxito, pero no es cierto” .

-Las declaraciones que ha dado a la prensa chilena revelan que usted conoce de cerca la realidad nacional. Se sabe los nombres de los empresarios, incluso los colegios donde estudian. ¿Ha seguido de cerca los últimos acontecimientos que aquí ocurren?

-No manejo detalles específicos de la situación actual, pero sí he seguido lo que está ocurriendo. Siempre me ha llamado mucho la atención su país. Tenía la sensación de que Chile era un ejemplo de todo lo que puede salir bien pero que, a la vez, todo puede salir mal. El país aplicó rigurosamente las recetas económicas provenientes de la tradicional escuela de Chicago, lo que le trajo enormes beneficios macroeconómicos, incluido el crecimiento del ingreso per cápita. Sin embargo, cuando lo visité en 2015, me di cuenta de que Chile también representa las limitaciones del enfoque de Chicago, que no considera los efectos de la concentración del poder económico y político. Al país se le vendió la idea de que si estudias y trabajas duro tendrás éxito, pero no es cierto.

-¿Es de los que imaginó que podríamos vivir una crisis de esta magnitud?

-Es muy difícil pronosticar cuándo se sufrirá una crisis porque las razones que la originan son por lo general circunstanciales, pero se podía percibir claramente una gran tensión. En mi libro Capitalismo para la gente predije que el populismo era inevitable en los Estados Unidos, debido a la forma en que se habían distribuido los beneficios económicos en los últimos 40 años y porque la economía tenía una elite política que había perdido su legitimidad debido a los escándalos y la corrupción. Este no es solo un problema de los Estados Unidos: es un dilema del mundo occidental. En Chile puede ser más grave que en otros países, pero es un problema general.

-¿Qué le llamó la atención en esa oportunidad?

-Lo que me sorprendió es lo pequeña e interrelacionada que es la elite política y económica en Chile, independiente del partido político. Me acuerdo de haber estado invitado a un almuerzo con ministros, ex ministros y presidentes de importantes partidos políticos chilenos de ambos “lados” y me llamó la atención lo cercanos que eran entre ellos. Todos eran amigos, todos venían de los mismos colegios e iban y venían de los negocios a la política en un ambiente muy normalizado.

-¿Notó en nuestro país que se daba ese  “capitalismo  de amigos” (crony capitalism) que usted describe en sus libros?

-Tal cual, como un club social. De hecho, un amigo chileno me graficó la situación chilena a través del concepto “la sobre mesa”, haciendo referencia a que todo se decide en la mesa de las familias más importantes. Entre un club de unos pocos amigos. Eso debe cambiar.

El descontento social

Era cosa de apariencias. Según el economista, Chile parecía tener más meritocracia que en Italia, y que un ejemplo de ello era la rigurosidad y exigencia que a su juicio impera en los exámenes para acceder a la universidad. “Era una muestra de que había oportunidad para todos”, explica.

¿Su diagnóstico era errado?

-Hay aspectos de Chile que funcionan notablemente bien y hacen que sea la envidia de América Latina y de muchos vecinos. Entre ellos; el bajo nivel de corrupción -comparado con países como México- y el notable aumento en el PIB per cápita que ha sostenido durante un largo período, desde el fin del gobierno de Salvador Allende. Pero la crisis que veo ahora me recuerda a lo sucedido en Europa a fines de los 60, cuando tras años de crecimiento vino un descontento generalizado.

-¿Estamos viviendo las consecuencias del rápido crecimiento de las últimas décadas?

-Es bien sabido que un país pobre, con bajos salarios y un régimen político suficientemente estable puede alcanzar a países más desarrollados a través del crecimiento liderado por las exportaciones. Italia lo hizo en los años 50 y 60 y China en los años 80 y 90. También es bien sabido que estos períodos de rápido crecimiento plantean dos desafíos. El primero es cómo transformar las ventajas del crecimiento para que den respuesta a la demanda interna. El segundo desafío es cómo satisfacer la demanda legítima de la gran mayoría que, habiendo dejado la pobreza, aspira a tener igual dignidad. Chile enfrenta actualmente estos dos desafíos.

-en una reciente entrevista con La Tercera decía que Chile se encontraba en una crisis sin salida. Ahora, y tras el acuerdo constitucional, ¿cuál es su análisis?

-Creo que el hecho de que haya habido un acuerdo es una demostración de que existe, aunque sea mínimo, un nivel de confianza para hacer cambios. Y, me parece que incluso el presidente Sebastián Piñera está entendiendo la gravedad de la situación y la necesidad de ejecutar acciones inmediatas. Definitivamente existe un camino hacia el éxito. Ya veremos qué ocurre las próximas semanas.

-¿el gobierno está leyendo ahora los requerimientos de la sociedad?

-Creo que están abordando algunos de los problemas, pero no necesariamente todos. Hay un sentimiento de ausencia de verdadera representación que genera una desconexión con el país. Mi impresión es que hay una falta de confianza de la sociedad chilena con los políticos, porque la forma en que son elegidos parece estar manipulada. Espero que un cambio en la Constitución pueda dar más representación a las personas y termine con ese club social que dirige el país.

-Con relación a una nueva Constitución, ¿qué transición ve usted posible para un país como Chile?

-Chile está en una encrucijada: hay caminos peligrosos, pero también hay una gran oportunidad. Lo primero es la venganza populista. No importa cuán legítimas sean las solicitudes de la mayoría de la población, si la atención se centra solo en la redistribución, Chile no irá muy lejos. El segundo camino peligroso es descartar la protesta como “hétero”-dirigida (por algunos comunistas, traficantes de drogas u otros) y limitar la respuesta política a algunos cambios cosméticos, con la esperanza de volver al statu quo preexistente lo más rápido posible.

La gran oportunidad es utilizar el descontento popular legítimo para mejorar el modelo capitalista chileno. Estoy trabajando en esto con Agustín Hurtado, uno de nuestros estudiantes chilenos de doctorado, para adaptar estas ideas a la situación actual.

-¿Qué deberíamos agregar en esta nueva Constitución?

-El elemento número uno es hacer que el sistema, incluso el electoral, sea más competitivo. Mi impresión es que la Constitución de Pinochet fue diseñada para crear estabilidad en los partidos de centro fortaleciendo básicamente a esa elite política. Si se logra un sistema electoral más competitivo, entonces, por supuesto, surgirán partidos más radicales. Ese es el costo que pagas. Pero también, a través de esas nuevas opciones, el electorado podrá extraer su descontento a través del voto y no por medio de una rebelión.

-Incluir la meritocracia incluso a nivel electoral para que todos se sientan representados.

-Exacto. La competencia permite que el sistema responda mejor a las necesidades de las personas. Aunque sea a través de un voto de protesta. Si no cuentas con eso, entonces, desafortunadamente, las calles se rebelan. Lo otro es regular muy seriamente el dinero en la política. Soy un gran admirador del sistema de vouchers que Lawrence Lessig, profesor de derecho de Harvard, ha estado abogando durante años. Él propone que en períodos electorales se le dé un cupón con un monto de 20 o 30 dólares a cada ciudadano, a través del cual cada persona decida a qué partido político donar ese dinero. Es una forma de financiamiento público a las campañas, que prohíbe grandes donaciones individuales y que no afecta al sistema político. Este sistema lo adoptaron para la elección de alcalde en la ciudad de Seattle y poco a poco se está volviendo cada vez más común. En un lugar como Chile es un paso necesario para dar credibilidad a las instituciones y a la nueva Constitución.

-¿Qué piensa del impuesto a los súper ricos?

-El problema en un país pequeño como Chile es que si se aplica un impuesto sobre el patrimonio a las personas, fácilmente pueden llevárselo a Uruguay, por ejemplo, y lo que se logra con eso es perder a un grupo de multimillonarios y su inversión. No estoy ideológicamente en contra de los impuestos a la riqueza, la única preocupación es la reubicación de ese dinero. Prefiero que la solución sea tratar de romper los privilegios, aumentar la competencia, y eso naturalmente reducirá mucho lo que sucede ahora.

-¿Qué consejo le daría usted al ministro Briones, quien coincide en su mirada respecto de la economía?

-Por lo que he leído, se está moviendo en la dirección correcta. Creo que el mayor desafío es no declinar ante la idea de implementar grandes medidas producto de la situación de caos que se vive.